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Ballesteros

24 de febrero del 2011 | REFLECTOR | Por: Fernando Londoño Hoyos
Un ambicioso sin freno o un majadero comodín para piruetas ajenas.
    Mientras más acercaba su cara a la del bandido que tenía en frente, de mejor calidad era la filmación y más perfecto el sonido. Queriendo extremar la privacidad del crimen que cometía, el desgraciado multiplicaba su publicidad.

    Se hizo Ramón Ballesteros a la sombra de Horacio Serpa y obró, según cuentan, como su secretario privado en las jornadas dolorosas del Proceso 8.000. 

    Solo un patronato de tales alcances puede explicar que llegara a ser director alterno del Partido Liberal, ese mismo que ha guardado tan meticuloso silencio en este asunto. Siendo egresado de la Universidad Autónoma, se instala raudo en una cátedra en la Universidad Externado de Colombia, la que con su callar también autoriza graves sospechas. ¿Quién lo llevó tan alto y tan aprisa?

    Lo hallamos en la exclusiva lista de quienes concurren a la Casa de Nariño para celebrar el triunfo de otro personaje, Mario Iguarán, de condiciones muy parejas a las suyas. No resulta tan sorprendente, entonces, que la esposa de don Ramón encuentre alero de cobijo como empleada de la Fiscalía. Lo que no impedirá, parece que al contrario recomendaría, que nuestro hombre acampare en ese organismo para apoderar las mejores causas que por allá se ventilaren.

    Los abogados que se prestaron para conspirar en la mayor estafa cometida en la historia de Colombia, la de DMG, encontraron que Ballesteros era el personaje ideal para guiar la estratagema por dentro. Aquí surge su cercanía con Jaime Bernal Cuéllar, y otros personajes sacados de la misma cantera, para diseñar el sistema que mejor conviniera a la colosal pirámide.

    Esa congregación de caballeros del ideal consigue tres cosas fundamentales: que con el nombre de David Murcia Guzmán como garantía se les pudieran robar más de dos billones de pesos a centenares de miles de colombianos codiciosos e incautos; que el Fiscal guardara silencio por el tiempo suficiente para que el desfalco ganara colosales dimensiones; y que descubierto el fraude, tan tardíamente como convenía, la acusación de la Fiscalía llegara por la insignificante conducta de la captación ilegal de depósitos del público.

    No faltaron sino la estafa y el concierto para delinquir, figuras que en ninguna parte del mundo se ahorran cuando de estas conocidas trapisondas se trata.

    Cuando el ordenado equipo en el que Ballesteros empezaba a ser infaltable urdió la trama de la 'Yidispolítica', lo encontró ideal para la misión. Nadie parecía más a propósito para tratar de organizar, sin la menor vergüenza, a la torpe, insaciable y amoral Yidis, que irrumpe en el escenario, a veces vestida y a veces no, con sus mentiras grotescas y su desenfado sin par. 

    Es posible que a Ballesteros se le fuera la mano. El número de las contradicciones de la histriónica diablesa excede todo margen de lo razonable. Hasta nuestra Corte tendría problemas para basar condenas en sus dichos.

    Ballesteros no descansa. Mejor dicho, no descansa su ambición. Y aparece interviniendo en el tema del tercer canal de televisión, probable motivo para la parquedad noticiosa de los dos ganadores sobre este tema. Y remata la jurídica faena con su salto al ruedo de la 'parapolítica', donde padeció la cornada que comentamos.

    Pero no es todo. Porque lo incluyen como candidato al Ministerio de Justicia. El otro era Alfonso Gómez Méndez, lo que permite el remate de la faena: Ballesteros ya fue su tesorero de campaña. Otro patrocinador de quilates para un peón dispuesto a cualquier brega. No es frecuente, pero los peones también caen a veces entre las astas del toro. Solo que la cuadrilla corre al auxilio y Ballesteros apenas es acusado por el delito de soborno. La misma técnica que en DMG. Y los mismos técnicos, sin duda.

El Tiempo– Bogotá - Colombia

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