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El paro de Bogotá

20 de febrero del 2011 | El observador | Por: Luis Guillermo Restrepo S.

Cuando el pasado viernes prendí el radio en RCN para escuchar las noticias, me encontré a una periodista gritando que el paro de camioneros y su desenlace significaban el fin de la luna de miel entre el presidente Juan Manuel Santos y los colombianos. ¿Tendrá razón?
En esas frases se asomó la rabia de los periodistas bogotanos, a quienes les pareció indigno que los bloqueos de los camioneros se produjeran en su ciudad. Era como si el resto de Colombia no importara. Por supuesto, las consecuencias que se viven en Buenaventura por el descabellado movimiento tuvieron apenas fugaz cabida en los noticieros nacionales y apenas en los pequeños espacios que le dan a las emisoras locales hablaron de los bloqueos en Cali, o en la Línea, donde sólo los golpes propinados a una reportera lo convirtieron en noticia importante.

En una reunión del pasado jueves, un conocedor de los temas nacionales dijo algo que tiene todo sentido: con una o dos excepciones, el gabinete del presidente Santos es de bogotanos o de “bogoteños”, palabra que describe a los provincianos que emigraron a la capital y hoy miran a la provincia desde 2.600 metros más cerca de las estrellas. Otro asistente afirmó que la gran enfermedad de Colombia está en que para el Gobierno Nacional, Colombia llega hasta Soacha.

Comprendí entonces por qué los dirigentes del paro escogieron el sur de Bogotá para realizar sus bloqueos: sabían que allí les dolería más que taponar cualquier carretera. Los temores de usar la autoridad y la forma en que Santos permitió que su vice Angelino se tomara el escenario y desautorizara a su ministro de Obras, demuestran que para intimidar al Gobierno no es necesario irse para Cartagena o Barranquilla y menos a Medellín o Cali, o a Pasto. Basta con tocar la capital.

El final del paro fue otra derrota más de la política de poner todos los huevitos en una sola canasta. Es decir, de ese centralismo agobiante que no entiende la necesidad de desarrollar el transporte férreo para abaratar costos, para ser competitivos y para no volver a caer en el chantaje de los camioneros y combatir el lavado de activos de los narcos a través de las tractomulas. Fue una derrota similar a la que sufrió el gobierno de Álvaro Uribe en el 2008, con los mismos métodos y ante los mismos contrincantes.

Además de los camioneros, ganaron la demagogia de Angelino Garzón y sus aspiraciones presidenciales. Y una vez más quedó demostrada la absurda concentración del poder en la capital y la persistencia de los medios capitalinos en que lo importante es lo que ocurra en Bogotá. Por eso, la descalificación de la periodista del noticiero dirigido por Francisco Santos, primo del presidente Santos y ex vicepresidente de la República, debe tomarse como una notificación perentoria.

Hace poco fue revelado el Plan de Desarrollo que divide al país según la visión centralista empeñada en realzar la pobreza, basado en la política asistencialista que pretende mantener el atraso de la provincia, en vez de reconocer sus riquezas y realidades. Lo que hay que preguntar es hasta dónde llegará un gobierno conformado sólo por un centralismo ciego, que cae presa del chantaje apenas tocan a Bogotá. Si eso continúa, la luna de miel del presidente Santos con Bogotá y los periodistas de la capital acabará muy rápido, dándole la razón a la señora de RCN.

El País – Cali - Colombia

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