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Santos, en caída libre

12 de marzo del 2011 | OPINIÓN| Por: Carlos Andrés Pérez
El porcentaje de colombianos que pensamos que la inseguridad está empeorando creció 16 puntos en sólo siete meses (lo que lleva Santos)
Cuando algo o alguien tienden a caer no necesariamente se advierte que eso está sucediendo desde que se inicia el descenso, es más, muchas veces el golpe es fuerte porque nadie intuía que podría venir un desplome. Tengo la intuición de que esto le está pasando al presidente Juan Manuel Santos y aunque los números en sus encuestas siguen siendo favorables, sí se ha notado una ligera disminución en la tendencia alcista con la que venía desde que superó a Mockus en la primera vuelta y había seguido en los siete meses de gobierno. Pero eso que podría ser normal, da paso a hechos preocupantes.

La percepción que muestra la inseguridad como el principal problema del país está subiendo a niveles que no se veían desde hace tres años, según Gallup el porcentaje de colombianos que pensamos que la inseguridad está empeorando creció 16 puntos en sólo siete meses (lo que lleva Santos). Igual sucede con la idea de que la guerrilla y el narcotráfico están incrementando su capacidad de hacer daño.

Según la medición de esta firma encuestadora, lo único que mejoró notablemente fue la evaluación de las relaciones internacionales. Pero de temas como ese no vive el colombiano de a pie; más allá de los abrazos entre mandatarios en televisión que producen novelería, la diplomacia es una materia muy alejada de los verdaderos intereses de la gente.

Adicional a todo lo anterior, Santos tiene dos enemigos que no salían en las primeras evaluaciones que se hicieron de él, pero ahora aparecen con fuerza. El primero: la economía, pero no la de los grandes analistas sino la que toca los bolsillos de la gente. Desde que empezó su gobierno se ha casi que duplicado la valoración negativa del manejo que el Presidente le está dando al costo de la vida.

El segundo problema: hace unos días empezó la segunda parte de la tan anunciada ola invernal que el año pasado se cobró la trágica suma de 2'440.000 afectados y casi 360.000 casas dañadas.

Un mal manejo de cualquiera de estos dos temas podría minar la confianza que la gente tenga en el Presidente que es quien encarna al Estado, y se puede empezar a desbordar sin control su capacidad de maniobra en las crisis económica e invernal.

Las pautas de comportamiento analizadas empíricamente por la sociología política en la Universidad de Columbia dicen que cuando se pertenece a comunidades organizadas se tiende a encontrar un culpable en quién descargar frustraciones y ese -generalmente- es el gobernante, porque asumimos que su elección se hace para que responda por todos los problemas, no por una parte.

Hoy no es muy evidente el declive de Juan Manuel Santos, pero hay señales que indican rompimiento con la esperanza que había logrado vender: es que aún con la fuerza de su antecesor fresca en la memoria de los colombianos, Santos impuso un sello diferente al de Uribe desde el inicio de su gestión, y había calado. Hoy -por el contrario- se ha duplicado el número de colombianos que creen que el actual mandatario hará un peor gobierno que el anterior (Gallup, febrero).

Nadie quiere que le vaya mal al presidente de su país, porque directa o indirectamente el coletazo del mal gobierno terminaría por tocar a la ciudadanía. Lo importante es que aún es temprano y se puede rectificar el rumbo, sin embargo, en el horizonte parece que faltan dos elementos para solucionar las cosas: aceptar que se va mal y dejar de mirar sólo los números positivos, que se tienen de manera temporal.

P.S.: En la revista Semana salió que José Obdulio Gaviria ha dicho a sus cercanos que si le dictan orden de captura tiene una píldora para suicidarse. Eso mismo contó Samper en su libro cuando existía la opción de ser juzgado en los Estados Unidos. Este par se están pareciendo cada vez más.

El Colombiano– Medellín - Colombia

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