ATENCIÓN:
Todos las publicaciones, mensajes y/o comentarios de este Magazine están bajo la
protección del Art. 19 de la Declaración de Derechos Humanos, que estipula:
"Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones opiniones y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión".
Declaración Universal de los Derechos Humanos; Asamblea General de la ONU 
Dic 10 de 1948
Peláez y Gardeazábal agosto 1 de 2018
Escucha"#PEGA Peláez y Gardeazábal, agosto 1 2018" en Spreaker.
Mostrando entradas con la etiqueta “nuevo mejor amigo”. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta “nuevo mejor amigo”. Mostrar todas las entradas

El otro mantra de Santos

19 de enero de 2012 | EDITORIAL | Por: EL COLOMBIANO

El Gobierno colombiano, a través de la Canciller, ha salido a decirnos lo que precisamente no queremos que nos diga: que Colombia no se pronunciará respecto de las desafiantes declaraciones del Presidente de Venezuela, Hugo Chávez, durante la posesión de su cuestionado ministro de Defensa, Henry Rangel Silva, señalado de ser cercano a la cúpula de las Farc. Algo está pasando.
No hemos dicho nunca que la diplomacia del micrófono sea la mejor vía para mantener un clima de confianza y de respeto con los demás países y, mucho menos, que no anhelemos la paz para Colombia. Claro que la queremos, pero no a cualquier precio ni como producto de las manipulaciones y los chantajes, vinieren de donde vinieren.

Es peligroso y lleno de inquietantes interrogantes el silencio que hoy practica el Gobierno colombiano en un tema tan delicado como el planteado por el movimiento Colombianos y colombianas por la paz, para que haya un cese el fuego bilateral por 90 días con las Farc. Sobre todo en momentos en que el Presidente de Venezuela, Hugo Chávez, no solo nombra como su ministro de Defensa a un general cuestionado por sus presuntos vínculos con esta guerrilla, sino que ofrece su país como posible territorio de diálogo.

¿Será que nuestra diplomacia tiene dos teléfonos activados: uno con Venezuela, por el que se tratan los temas menos neurálgicos y de índole comercial, y otro por el que se están buscando acercamientos con las Farc, sin descartar la posibilidad de que Venezuela pueda ser un puerto seguro para avanzar en un eventual diálogo con la guerrilla?

No lo sabemos, pero sería bueno conocer qué está pasando, pues no son pocas las manifestaciones ni menores los síntomas de que se está moviendo algo. ¿Estará el Gobierno colombiano atrapado en su propio discurso?

Es decir, que cuando se tiene que decir algo, y este es el momento para decir algo sobre lo que está pasando con Venezuela y con las Farc, no se diga nada, porque eso implicaría darles la razón a quienes como el exPresidente Álvaro Uribe y muchos otros, entre ellos este diario, sostienen que Juan Manuel Santos ha comenzado a ser víctima de su propia doctrina, la del "nuevo mejor amigo".

Decir, por ejemplo, que el nombramiento del general Henry Rangel Silva como ministro de Defensa de Chávez debería causar alguna preocupación en Colombia, y que el silencio oficial del lado colombiano contrasta con la locuacidad y las amenazas presidenciales en el otro lado de la frontera, no es más que la confirmación de que en las nuevas relaciones con el vecino, el que está imponiendo las condiciones es Chávez, quien ahora marca territorio y levanta la voz para decir que cualquier ataque a Rangel Silva lo entenderá como un ataque a Venezuela.

¿Olvidará Santos que fue el propio Chávez el que puso en alerta a sus tropas ante la posibilidad de que Colombia votara por él para Presidente? ¿O que fue él, Santos, el que como ministro defendió, como debía ser, la validez de las informaciones halladas en el computador de alias Raúl Reyes, que aún comprometen tanto a Chávez como a varios de sus colaboradores, entre ellos Rangel, y ahora no opine lo mismo?

Parece que Santos, tal como le pasó a Pastrana, también está obsesionado con ganarse el Nobel de Paz y, para tal fin, ahora tiene, entre otros, un nuevo mantra: "No peleo con Chávez, no peleo con Chávez...". Y no es pelear por pelear, Presidente. Se trata de la protección de nuestra seguridad y la defensa de nuestra institucionalidad.

Jugando con fuego

12 de enero de 2012 | Reflector | Por: FERNANDO LONDOÑO HOYOS
No la hizo a la entrada, pero sí a la salida. Chávez, moribundo, nos deja sus enemigos en el poder.
    Que de malos comienzos suelen seguirse peores finales es observación muy aguda del agudo Don Baltasar Gracián, y es vieja de cuatrocientos años. Por eso advertimos que la pésima idea de establecer amores con el tirano de Venezuela no nos traería sino desencantos y problemas.
    Apenas por un pelo nos escapamos de la visita de Ahmadinejad, el horroroso déspota de Irán, que por reflejo termina siendo nuestro amigo. De los últimos que le quedan, como que ha podido visitarlos todos en cinco días, pues que se limitan a tres, Venezuela, Nicaragua y Ecuador. El cuarto no anda para recibir visitas de protocolo, ese tal Bashar Al Assad, más ocupado en mantenerse matando súbditos que en regodearse en ajetreos diplomáticos.
    Ahmadinejad es la expresión más despreciable de un régimen oprobioso, de esos que se montan y ejercen en nombre de Dios. No hay nada más sanguinario ni retrógrado que una teocracia. Con recordar que nos escapamos de la Teología de la Liberación como sistema político, bastaría para prevenirnos de semejantes calamidades.
    Pero cómo estarán las cosas para el gorila venezolano, que Ahmadinejad es de sus problemas más livianos. Mucho peor es la expectativa de una sucesión tan turbulenta como ha sido su gobierno. Chávez, políticamente, no tiene dónde caerse muerto. Pero como alguna decisión debía tomar, acaba de constituir heredero universal en el ala más virulenta y deplorable de su entorno. Nos referimos al grupo más recalcitrante, intransigente y grotesco de sus compañeros de viaje, los que constituyen el sector militarista, narcotraficante y anticolombiano de su grupo. Con la designación de Diosdado Cabello como Vicepresidente y del General Henry Rangel Silva como Ministro de Defensa, ha jugado sus últimas cartas.
    Y qué cartas aquellas. Cabello y Rangel Silva son golpistas del 92 y capitanes de la corrupción socialista que destroza a Venezuela. Es la línea de Carvajal y Rodríguez Chacín, que tiene muy pocas ideas, pero muy firmes: la fuerza como soporte del poder, desprecio absoluto por la Democracia, destrucción del enemigo a cualquier costa. Y el enemigo es cualquiera que en el interior intente ser libre y en el exterior cualquiera que sostenga, predique o practique principios de democracia liberal.
    Chávez tiene simpatizantes y seguidores que conservan alguna vocación civilista. En su gran mayoría se han ido, como se fueron sus inspiradores y mentores de los comienzos. Pero algunos quedaban, así limitaran su credo político a lo que signifique ponerse una camisa roja y llevar una gorra que diga PSUV. Y esos eran nuestros amigos. En esa aventura chavista estábamos anotados a la muy lamentable carta de Maduro, que algunos ilusos juzgaron con vocación hereditaria.
    Cabello y Rangel son herederos universales. Y entre los bienes relictos de la mortuoria descuella el odio brutal por Colombia, que manifiestan en su agresivo armamentismo y en su apoyo irrestricto a las Farc. Venezuela no compra misiles y tanques y fragatas para una eventual invasión de las Guyanas. Cada artefacto de esos nos tiene como destino seguro. Y mientras tanto, nada como acudir al innoble acercamiento con los 'Timochenkos' y 'Márquez' y Granda y 'Grannobles'.
    Volvimos al Caguán, dirigido internamente por Piedad Córdoba y sus alcahuetas de la Corte Suprema de Justicia y sus cómplices del Colectivo de Abogados. Y en el exterior, apoyado desde Venezuela. Ahora sí, que salga el Presidente a explicar los primores de su diplomacia. A justificar su cercanía refleja con Ahmadinejad y lo que en el mundo significa ese sujeto. Y a defenderse de los herederos de su mejor amigo, los enemigos mortales de Colombia y de su manera de ser y de vivir.

Una joyita de Ministro

9 de enero de 2012 | OPINIÓN | Por: MAURICIO VARGAS
Nuevo Mindefensa de Chávez está acusado por EE. UU. de nexos con las Farc y el narcotráfico. ¿Qué dice Colombia?

Ni Santos ni la canciller María Ángela Holguín van a decir nada.

No lo afirman los uribistas, ni la oposición venezolana, ni un deslenguado militar colombiano. Lo revela, con lujo de detalles, uno de los diarios más prestigiosos del planeta: The New York Times. Asegura, desde hace un par de años, que el general Henry Rangel Silva trabajó de la mano del comandante de las Farc 'Iván Márquez', para que el grupo terrorista pudiese comprar en Venezuela fusiles, radios y misiles tierra-aire, de esos que les permitirían a los guerrilleros tumbar aviones y helicópteros. Si los hubieran conseguido -parece que el negocio al final falló- los bombardeos a 'Jojoy' y a 'Cano' habrían fracasado y ellos estarían vivos.
El papel de Rangel Silva consistió, según el diario, en proporcionar documentos de identidad falsos tanto a miembros de las Farc como a traficantes de armas, para facilitar el negocio en el vecino país. Según el periódico, la operación se iba a realizar a orillas del río Negro, en el estado venezolano de Amazonas. El New York Times -que no es precisamente un diario de derecha ni una publicación al servicio de la CIA, a la que le ha destapado varios escándalos- se basa en un mensaje escrito por 'Iván Márquez', que complementa con algunos correos electrónicos de 'Raúl Reyes', todos ellos en poder de la inteligencia estadounidense, y que dan detalles sobre la compra de armas y el papel de Rangel Silva.
Pero hay más. En septiembre del 2008, el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos ordenó congelar cualquier cuenta bancaria o bienes que Rangel Silva pudiese poseer en ese país. ¿El motivo? Esa agencia del gobierno de Barack Obama tiene evidencias de que el militar ha apoyado materialmente a las Farc en sus operaciones de narcotráfico. En el 2011, cuando aumentaban los rumores sobre el cáncer que sufría el teniente coronel, Rangel Silva aseguró que las FF. AA. estaban "casadas con el proyecto político socialista" de Chávez, y dejó en claro que no permitirían un eventual gobierno de la oposición. Por esa razón, y porque fue su leal compañero en el fallido golpe de Estado de febrero de 1992, el mandatario venezolano decidió nombrar, la semana pasada, a semejante joyita como su nuevo ministro de Defensa.
Un premio a la lealtad a toda prueba, en momentos en que la enfermedad de Chávez genera inquietud en sus huestes. Inquietud y divisiones. Este fin de semana, el semanario The Economist aseguró que hay un pulso entre los chavistas y que lo están ganando los militares y los negociantes, los llamados 'boliburgueses' o 'boligarcas'. Y que el gran perdedor es el canciller Nicolás Maduro, el gran amigo de Colombia, a quien Chávez -según acaba de sugerir en declaraciones públicas- va a mandar como candidato a gobernador de Carabobo.
El teniente coronel ya consiguió los acuerdos comerciales con el presidente Juan Manuel Santos, que le garantizan un abastecimiento fundamental de víveres este año, para evitar que la campaña electoral con miras a las presidenciales de octubre se dé en medio de la escasez. Y el pago a tanta amabilidad, confianza y generosidad del gobierno colombiano es nombrar Ministro de Defensa a quien está señalado como el gran socio de las Farc, el hombre clave de sus intentos de comprar misiles tierra-aire y de sus negocios de narcotráfico.
Ni Santos ni la canciller María Ángela Holguín van a decir nada. Su apuesta ha sido esa, la del apaciguamiento, la misma que trataron de usar contra Hitler el inglés Neville Chamberlain y el francés Édouard Daladier, con la esperanza de que el líder nazi no expandiera más sus fronteras en Europa. Un año después, Hitler invadió Polonia. Guardadas las proporciones, Chávez apenas esperó unas semanas: tras la firma de los acuerdos comerciales con Santos, nombró como Mindefensa al mayor enemigo que Colombia tiene en la cúpula chavista. 

Makled, de nuevo

3 de abril de 2011 | Registro| Por: Rafael Nieto Loaiza

El Presidente hace varios meses ofreció entregarlo a Venezuela. Fue un gesto prematuro. Eran los tiempos del coqueteo y de florituras verbales como las del “nuevo mejor amigo”.