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Dic 10 de 1948
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Mamerto y Socialbacán

MAMERTO: (bogotanismo de los años 60s) 

Individuo de fijaciones comunistoides anacrónicas, por lo general acérrimo seguidor de Silvio Rodríguez, Mercedes Sosa y Pablo Milanés, y fanático irrestricto de mochilas arhuacas, palos de santo e indumentarias artesanales diversas.
1. Comunista.
2. Defensor o militante de doctrinas izquierdistas.
3. Crítico del establecimiento.
4. Intelectualoide.

En su acepción original el término fue empleado para aludir a los miembros del Partido Comunista Colombiano, PCC. La tradición oral se remite a Francisco Garnica, joven dirigente del Partido Comunista de Colombia (colectividad diferente al PCC), quien se mostró públicamente inconforme al haber sido incluido, de manera equivocada, entre los miembros del PCC. Con cierto humor, en alusión a Filiberto Barrero y Gilberto Vieira, Garnica exigió no ser "confundido con Filibertos, Gilbertos y demás 'Mamertos'".


Por extensión, la palabra se utilizó para referirse a cualquier individuo de ideas izquierdistas. El estereotipo de mamerto (simbiosis elaborada de la nada), hacia la década de los 70, apuntaba a un individuo de fijaciones comunistoides anacrónicas, por lo general seguidor de los cantantes Silvio Rodríguez, Mercedes Sosa y Pablo Milanés, y fanático de mochilas arhuacas, palos de santo, sahumerios e indumentarias artesanales diversas.


A los ojos de muchos, el mamerto podría ser un estudiante radicalizado de universidad pública o un profesor de sociología o antropología, experto en lanzar arengas contra Estados Unidos, el capitalismo, los monopolios y el gobierno de turno. Lector acérrimo de Marx y a la vez comprador compulsivo de tratados comunistas, el tradicional mamerto llevaba barba hirsuta y fumaba cigarrillos sin filtro y marihuana, más por convicción que por gusto.


Su mayor desahogo consistía en escribir consignas con aerosol en las paredes de entidades universitarias o en lanzar piedras contra miembros de la fuerza pública. Se vestía de manera simplista y no solía ser del todo adepto al aseo o al baño diario. Sus pertenencias incluían prendas de vestir o afiches de deficiente calidad estampados con la figura de Ernesto Guevara de la Serna.


Es justo tener en cuenta la deformación de la que el vocablo ha sido objeto, al usarse para desacreditar a cualquier crítico acérrimo del establecimiento; o a quien –dados sus intereses académicos, intelectuales o humanitarios– tiende a ser visto con desprecio por los neo liberales, militantes de derecha y demás. 


Aunque la expresión suele ser utilizada en tono ofensivo, hay quienes se auto declaran orgullosos mamertos.
 

SOCIALBACÁN: (La Socialbacanería)

  • individuo moderno de ideas izquierdistas, despojado de las maneras hostiles y rudas de sus antecesores.

Son agnósticos --eso de ateos es para analfabetas funcionales-- y aborrecen al ex procurador Ordoñez a quién tildan de "seminarista camandulero".

Son partidarios del aborto sin restricciones, del matrimonio entre parejas homosexuales, de la dosis personal y de la legalización sin límites de las drogas alucinógenas.
Pregonan el respeto a la tolerancia, pero cuando alguien piensa diferente a ellos, le caen con todo el peso de su retórica estigmatizante.
Cuando se reúnen con sus camaradas, añoran sus viejas escaramuzas y planean nuevas conspiraciones que jamás realizarán. En esas tertulias consumen ron cubano --de 25 años de añejamiento, eso sí-- cantan a coro La Masa de Silvio Rodríguez y recitan versos de Gonzalo Arango. Y los más osados les pegan un par de ‘pitazos’ a un porro.
Denostan a diario del ‘imperialismo Yanqui’, pero tienen visa vigente por diez años y recitan de memoria los nombres de los mejores restaurantes de Park Avenue.

Al que ve con escepticismo los diálogos de paz de La Habana lo tildan de guerrerista y consideran a todos los ganaderos unos latifundistas ‘paracos’.
Se echaron una lágrima furtiva por Chávez. Y si bien no se atreven a compararlo con Bolívar - ni siquiera con Fidel - sí exaltan el trabajo que realizó en favor de los más pobres de Venezuela. Y a Piedad Córdoba la consideran una vieja berraca.

Están convencidos de que Petro no ha sido mal alcalde y de que su mala imagen obedece a una confabulación que montaron contra él los grandes medios de comunicación.
Así son los militantes de lo que el ex presidente Álvaro Uribe denomina la ‘social bacanería’, que es el mismo antipático segmento social que mi mamá llamaba comunistas de caviar.
Son aquellos individuos que no tuvieron los pantalones para empuñar un fusil e irse al monte a hacer la revolución y se quedaron entre nosotros disparando su artillería dialéctica, cada vez más trasnochada.
Son los mismos que, como diría Mafalda --de quien también son fervientes admiradores-- por no apresurarse a cambiar el mundo, el mundo los terminó cambiando a ellos.
Rebeldes de cóctel, entre whisky y whisky, denostan de todo lo que para ellos huela a derecha. O sea, lo que implique defender principios como la disciplina, la autoridad y el orden. Claro, es mucho más taquillero pregonar entelequias como el eterno cambio, el rompimiento del ‘statu quo’, y la transformación social.
Pero así como la ‘socialbacanería’ es una actitud bien vista en los cócteles, suele ser funesta a la hora de gobernar.
Porque quienes ejercen el poder no pueden estar en plan de darle gusto a todo el mundo y tienen que tomar decisiones impopulares. Por eso, como le ocurrió a Petro, los militantes de la socialbacanería suelen ser muy buenos para destruir y hacer oposición, pero pésimos para construir y gobernar.

El socialbacán se mantiene fiel a dichos ideales, pero su actitud es sin duda más sofisticada, moderna y afín a la cultura, y menos antipática que la de los izquierdistas de viejo cuño.

Pero mamerto... Es mamerto.



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