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Peláez y Gardeazábal agosto 1 de 2018
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FARC EN VENEZUELA

24 de mayo de 2012 |COLUMNA| Por: JUAN DAVID VELEZ
La canciller con su diplomacia meliflua aseguró que el nuevo inquilino de la Casa de Nariño, había desactivado ese supuesto “espíritu guerrerista” del anterior gobierno.
El gobierno de Juan Manuel Santos, le aseguró a la nación que la guerrilla de las FARC  no se encontraba en Venezuela.
Hace apenas 22 meses el gobierno de Juan Manuel Santos, le aseguró a la nación que la guerrilla de las FARC  no se encontraba en Venezuela, que los campamentos se habían desmantelado y que no existía presencia de guerrilleros o cabecillas terroristas en suelo venezolano. La noticia tuvo mucho despliegue, se presentó como un éxito de la diplomacia del nuevo gobierno, se desestimaron las pruebas presentadas por el gobierno anterior ante la OEA.  
Pero,  quedaron muchos interrogantes: - ¿Para dónde se fueron los guerrilleros? -¿Pasaron la frontera a Colombia o se fueron para el centro de Venezuela? - ¿Por qué nunca se mostró fotos o vídeos de los desplazamientos guerrilleros? - ¿Se encontró algún tipo de información? - ¿Cómo salieron, existió presión militar venezolana para su desplazamiento? 
Eran muchas las dudas que dejaba ese ingenuo discurso de Santos y su ministra de Relaciones Exteriores; afirmando a las pocas semanas que habíamos encontrado una  Venezuela colaboradora, que su gobierno nunca había apoyado a los narcoterroristas de las FARC.  La canciller con su diplomacia meliflua aseguró que el nuevo inquilino de la Casa de Nariño, había desactivado ese supuesto “espíritu guerrerista” del anterior gobierno, se vendió a los colombianos y al mundo que teníamos a un nuevo mejor amigo, un campeón de la democracia, que fue acosado injustamente desde Colombia, y se aseguró que estaba comprometido en  la lucha contra el terrorismo. 
Pero para verdades el tiempo, hace unos pocos días; doce soldados de la patria fueron asesinados por los terroristas en la Guajira, frontera con Venezuela. Los informes militares y los testigos aseguran que los guerrilleros, luego de cometer el asesinato, regresaron al santuario venezolano. Más preocupante son las denuncias de políticos y testigos de la hermana Republica que afirman que estos grupos guerrilleros, reciben apoyo por parte de la fuerza nacional de ese país. Entonces nos preguntamos ahora, ¿se fueron los guerrilleros de Venezuela, o recibieron un status de protección mayor con complicidad del gobierno Santos? 
Los narco terroristas de las FARC no están interesados en sentarse a dialogar la paz. Su único interés es tomarse el poder y seguir controlando el narcotráfico, con una fuerte alianza que tienen con los narcotraficantes y con el gobierno de Venezuela. Ya se afirma que son muchos de los altos mandos militares de ese país involucrado en este terrible negocio ilícito. 
Vale la pena recordar que ETA fue combatida en Francia cuando ese país se dio cuenta que el terrorismo era un problema global, de ahí se generaron verdaderos programas de cooperación entre España y Francia que conllevó a la captura de muchos líderes de la banda terrorista separatista. Adicionalmente, cuando el PSOE subió al poder después de los atentados de Madrid, tenían una propuesta de negociación con ETA, la cual fracasó pues el verdadero ideario de los terroristas es asumir el poder combinando todas las formas de lucha, como se lee en su credo. 
Los terroristas no conocen la democracia, ni les interesa; no entienden de derechos humanos, no saben que es responsabilidad social y carecen de visión de futuro y democracia. Al terrorismo se debe combatir y vencer con cooperación internacional verdadera y eficaz. No se puede confiar de un gobierno auspiciador de las FARC como el de Chávez. Es hora de replantear las relaciones con el país vecino, si Colombia desea conseguir la paz, ésta será el fruto de una mesa de unidad donde participe el país nacional, ese país que respalda la plataforma política implantada y probada con éxito durante los ocho años del presidente Uribe; donde se comprobó y demostró en forma contundente, que cuando existe voluntad política y rumbo claro, el terrorismo retrocede y se va extinguiendo.
Twitter: @juandavelez

FUENTE: Coherencia y Claridad - Primero Colombia Publicado: Mayo 24, 2012

CÁNCER Y MITO

26 de febrero de 2012 | OPINIÓN | Por: RAFAEL NIETO LOAIZA

La enfermedad le ha servido políticamente a Chávez. Despierta solidaridad y muestra una faceta vulnerable del Teniente Coronel que, bien manejada, le hace ganar puntos.

La oposición venezolana tiene que apostar a derrotar a Chávez en las urnas, no a que se muera.
La afirmación del Teniente Coronel de que tiene una "lesión" en la misma zona donde le extirparon un tumor, en junio pasado, pareciera confirmar que está más grave de lo que el régimen está dispuesto a reconocer.

Aunque nadie sabe con certeza en qué órganos está el cáncer y qué tan avanzada está la enfermedad, los oncólogos sostienen que la aparición de un nuevo tumor en el área en que estaba el anterior prueba que, como mínimo, la quimioterapia no funcionó.

La tentación, por tanto, está en esperar que el deterioro se agudice y Chávez no pueda participar en las elecciones de octubre. Sería un error.

Para empezar, porque la ausencia de información sobre la región del cuerpo en que está localizado y el tipo de cáncer que padece hace imposible predecir con alguna certeza el desarrollo de la enfermedad.

Es posible tanto que el tratamiento obligue a Chávez a dar un paso al costado, como que pueda hacer campaña y competir sin mayores apremios. Además, la enfermedad le ha servido políticamente a Chávez.

Despierta solidaridad y muestra una faceta vulnerable del Teniente Coronel que, bien manejada, le hace ganar puntos.

Y no cabe duda de que lo está haciendo muy bien. Basta ver la caravana del viernes para confirmarlo. La puesta en escena contenía elementos religiosos y simbólicos muy poderosos, con imágenes de Cristo y frases como "yo estoy contigo" que estrechan lazos con masivos sectores populares y reafirman el imaginario del jefe de Estado como un nuevo mesías.

Ahora Chávez hace constantes referencias a Dios y machaca mensajes que van construyendo un mito.

Derrotar electoralmente a las figuras mitológicas es siempre muy difícil.

Como si fuera poco, la enfermedad hace antipático, por decir lo menos, atacar a Chávez.
La gente tiende a proteger a los enfermos y a castigar a quienes son duros con ellos.

La oposición debe caminar por una línea estrecha en la que distinga de manera sistemática y sin esguinces entre la obra de gobierno del Teniente Coronel y la figura misma del jefe de Estado.

Y además debe hacerlo rescatando aquellos programas que, más allá de su impacto real y su sostenibilidad, tienen hondo calado popular. Venirse contra las "misiones" sería un craso error que espantaría a buena parte de la base chavista que hoy está descontenta y tampoco sería útil frente a los "ninis" (ni con Chávez, ni contra él).

La enfermedad, además, distrae la campaña.

La ausencia de información y la distancia promueven las especulaciones y la discusión se centra en el estado de salud y la evolución del paciente.

La agenda ya no es política, sino afectiva. Y en ese campo la oposición lleva las de perder, no sólo por la compenetración emocional de Chávez con amplios sectores populares sino porque queda obligada a luchar contra un fantasma y contra la poderosísima maquinaria de propaganda oficial.

Finalmente, el acrecentamiento del mito de Chávez por la enfermedad le da la posibilidad de endosar los votos y la popularidad de manera mucho más efectiva.

"Chávez no se acabó, y, es más, debo decirles que cuando de verdad este cuerpo se acabe, Chávez no se acabará porque Chávez ya no soy yo; Chávez está en las calles y se hizo pueblo, se hizo esencia nacional", dijo.

El crecimiento del mito de Chávez aumenta la posibilidad de éxito electoral del eventual sucesor designado.

Por último, si Chávez sobrevive, su retorno tendrá enorme fuerza.

No sólo no se habrá desgastado por la inercia de un gobierno altamente ineficaz ni habrá sufrido los costos de la campaña, sino que podrá reforzar el mito sobre la base de su indestructibilidad.

No la tiene fácil Henrique Capriles. Pero ha actuado de manera inteligente.

Si durante las primarias de la oposición se cuidó de atacar a Chávez, ahora ha dicho en Twitter que "a mi contendor, como hijo de Dios que soy, le deseo una exitosa operación, una pronta recuperación y larga vida".

La enfermedad no debe ser un tema de campaña.

Buenas intenciones

28 de enero de 2012 | El observador | Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

No parece prudente es que guardemos silencio aquí ante el nombramiento de semejante personaje en el cargo más sensible para Colombia. Porque no me digan que lo importante es el de Comercio cuando nadie quiere vender una aguja a Venezuela.
Nombraron al socio de ‘Timochenko’ como Ministro de Defensa de Venezuela y no pasó nada. Ahora lo condecoran por su colaboración en la lucha contra el narcotráfico y tampoco fue posible escuchar del Gobierno Nacional un comentario sobre lo que la designación significa para Colombia.
El coronel Chávez tiene todo el derecho de nombrar a quien quiera sin que se pueda interferir en sus decisiones. No es la primera vez que lo hace. Antes tuvo a un tal Rodríguez Chacín, chafarote como él y compinche de Henry Rangel Silva en sus bellaquerías con las Farc. ¿Quién no se acuerda de los lanza misiles que Suecia le vendió al Gobierno de Venezuela y fueron a parar a manos de la guerrilla? ¿Olvidamos que Rodríguez, especialista en inteligencia militar, se paseó por Colombia interviniendo en la liberación de secuestrados mientras les proporcionaba armas a los secuestradores?
Es decir, Chávez ha hecho lo que le ha dado la gana con sus compinches de golpe. Así desbarató las Fuerzas Armadas de su país, permitiendo que se cree el “cartel de los soles”, organización de oficiales dedicada al narcotráfico denunciada por los propios mafiosos. Al final, como cualquier dictadorzuelo haitiano, él puede convertir a las Fuerzas Militares en su guardia personal al estilo de los tonton macute de la familia Duvalier. Y en su mezcla de grandeza y paranoia, puede imaginarse que la obligación de defender a Venezuela es igual a satisfacer sus delirios.
Lo que no parece prudente es que guardemos silencio aquí ante el nombramiento de semejante personaje en el cargo más sensible para Colombia. Porque no me digan que lo importante es el de Comercio cuando nadie quiere vender una aguja a Venezuela. El Ministro de Defensa es quien encabeza la lucha contra el crimen, lo que significa combatir entre otros a las Farc y el ELN que convirtieron a los venezolanos en víctimas de los secuestros y extorsiones. Y debe evitar que sus fronteras sean violadas como lo hacen ‘Timochenko’, ‘Iván Márquez’ y sus secuaces cada que les place o lo necesitan.
Eso no sería grave si no fuera porque esos delincuentes se burlan de nuestro país aprovechando la complicidad de personajes como Rodríguez Chacín y el ahora Ministro. Y porque usan a Venezuela para planear sus fechorías contra nosotros o para huir de nuestras autoridades o para manejar el narcotráfico con el “cartel de los soles”. Por eso, el Gobierno colombiano debería decir algo antes de que el afán por mantener relaciones de “amistad” con Chávez se voltee contra sus buenas intenciones.
Seamos claros: que nombren a Rangel, vaya y venga, así el tipo haya amenazado con un baño de sangre a su Nación si el chavismo pierde las elecciones. Pero no parece que sea bueno el silencio cuando lo condecoran dizque “por su aporte a la lucha contra el narcotráfico” mientras el resto del mundo lo acusa de narcotraficante. Y no parece sano que, en aras de la supuesta amistad, nuestro Ministro de Defensa deba sentarse con ese señor a compartir información y acordar las medidas de seguridad, mientras el tipo tiene relaciones con las Farc, el ELN y la ilegalidad en la frontera.
Por eso es necesario que el Gobierno explique su posición frente al Ministro de Defensa de Venezuela. Aunque sea recomendable tener buenas relaciones en el vecindario, no debe olvidarse que “de buenas intenciones está empedrado el camino al infierno”.

¡Magia!

22 de enero de 2012 | OPINIÓN | Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Aparecen los colombianos y colombianas por la paz con la perla: una tregua de 90 días dizque para “dar inicio a aproximaciones orientadas a diálogos y acuerdos humanitarios”.
Todo da a entender que a los colombianos se nos vino encima, otra vez, el cuento de negociar con las Farc. Al parecer, sólo la Divina Providencia podrá evitar que nos enfrasquemos en otro de aquellos procesos que siempre fracasan, dejándonos llenos de frustraciones y de mentiras.
La trayectoria de Juan Manuel Santos indica que él es especialista en mensajes a Bolívar para que los entienda Santander. En el caso de la guerrilla, desde su posesión dijo que la puerta del diálogo está cerrada pero que las llaves no las ha botado al mar. Desde ahí no cesa el acoso por obligarnos a aceptar esa fracasada estrategia de hablar con las Farc de igual a igual mientras se rearma y fortalece.
Tras la muerte de ‘Alfonso Cano’ apareció la verborrea de su sucesor ‘Timochenko’. Empezó entonces el esfuerzo por mostrar un jefe ilustrado especialista en citas con las cuales pretende ocultar su historia sangrienta. Y no demoraron en aparecer quienes tratan de convencernos de las convicciones democráticas del gacetillero. Fue cuando se inició el intento por convencernos que había un mensaje de paz en la abundancia de mentiras. “Cómo será el cambio que ha mandado tres cartas en un mes”, nos dijeron.
Y de pronto, ¡magia! Aparecen los colombianos y colombianas por la paz con la perla: una tregua de 90 días dizque para “dar inicio a aproximaciones orientadas a diálogos y acuerdos humanitarios”. Y anuncian buenas noticias. Habrá liberaciones. O sea, las Farc dan muestras de su “indeclinable voluntad de diálogo”. Le toca al Gobierno.
Sabedores del desgaste de doña Piedad, la mandaron a pasear por cuenta de la paz. De pronto es el terrible Iván Cepeda o es el camarada Lozano del Partido Comunista quienes avisan que vienen más liberaciones. Y dicen que a cambio de nada, aunque insisten en igualar al Estado legítimo con las Farc, vaya usted a saber por qué.
Es decir, empezó el show. Pero, esta vez, parece que tienen audiencia en la Casa de Nariño, en donde repitieron el catálogo de requisitos. Y, cómo no, el de la liberación de los secuestrados es el primero. ¿Quién se opone a esa liberación? Nadie, empezando por las Farc, para cuyos cabecillas se convirtieron en un encarte que masacran sin piedad.
Ahora las víctimas tienen una nueva utilidad porque su liberación es la muestra que pide el presidente Santos. Mientras tanto, el Mandatario pone a su Ministro de Defensa a decir que el compromiso en el combate a los bandidos es “irrenunciable”. O sea, nada de negociaciones. El siguiente acto está a cargo del expresidente Andrés Pastrana quien trata de convencer que lo del Caguán no fue un fracaso y exige que los diálogos sean “en el exterior y en secreto”. ¿Acaso serán en Venezuela, como lo insinúa Chávez?
Así, el plato está servido. O mejor, lo están sirviendo pero por debajo de la mesa. Y sólo falta que traigan un chamán como el que contrataron en Bogotá para que con sus conjuros evitara un aguacero el día de la clausura del Mundial de Fútbol Sub 20. En este caso, lo tendrán que usar para convencernos a los colombianos que ahora sí se le puede creer al grupo que más atrocidades ha cometido y al que más mentiras nos ha dicho.
Puede que a uno lo califiquen de ‘furiuribista’ por no estar de acuerdo con lo que está sucediendo. Pero, como dijo el presidente Santos, “que no nos crean tan pendejos”.