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La marcha patriótica y el eterno retorno


18 de abril de 2012 | Zona Franca | Por: JOSÉ OBDULIO GAVIRIA
¿Será infiltrada la "marcha patriótica"?
Santos ha vuelto a poner en el escenario las mismas ideas y los mismos personajes que nos arruinaron.
Desde el 2002, Uribe enfrentó a los enemigos y acabó con el embeleco de que había que esperar la paz por vía de una "solución negociada" con el enemigo.
Los vuelos retrasados suelen hacernos emprender lecturas impertinentes. Comienza uno por hojear el libro que tiene entre manos; pero, como no hay forma de concentrarse, pasa a ojear los periódicos.

En esas estaba el pasado domingo cuando, oh sorpresa, encontré en El Espectador esta frase: "Hace 10 años éramos casi un Estado fallido, al borde de la suspensión de pagos". Me impactó que quien lo confesaba era Juan Manuel Santos. Es que él, hace 10 años, era el ministro de Hacienda.

La mente es juguetona. El ocio aeroportuario me puso a especular con esa frase de Santos. La asocié con Borges y sus disquisiciones sobre el "eterno retorno", el "tiempo circular": "(...) el universo tiene que repetirse. De nuevo nacerás de un vientre, de nuevo crecerá tu esqueleto, de nuevo arribará esta misma página a tus manos iguales, de nuevo cursarás todas las horas hasta la de tu muerte increíble".

En el 2002, la Providencia quiso que Colombia pudiera rectificar, corregir el rumbo trazado por gobiernos anteriores. Desde el 2002, Uribe enfrentó a los enemigos internos y externos de la sociedad y del Estado y acabó con el embeleco de que había que esperar la paz por vía de una "solución negociada" con el enemigo, cosa que nos había convertido en una sociedad sin seguridad, totalmente anarquizada. Uribe fue el primero, en décadas, que aceptó con hombría el mandato constitucional de ejercer con firmeza la autoridad estatal.

Una columna periodística no es el espacio para hacer el resumen histórico de lo que la presidencia de Uribe supuso para Colombia.
Sinteticémoslo, simplemente, con dos conceptos muy autorizados sobre "el antes" y "el después". El antes: en el 2002, la revista Foreign Policy nos incluyó, al lado de Haití, entre doce Estados fallidos del mundo.

¡Claro! ¡Cómo no, si los gobiernos se negaban a enfrentar al terrorismo porque estaban "a un cacho" de negociar con ellos!
El después: en el 2010, el presidente del HSBC reconoció los efectos de practicar una política antagónica a la de "solución negociada". Dijo que Colombia encabezaba los CIVETS (con Indonesia, Vietnam, Egipto, Turquía y Sudáfrica), los países con mejor proyección después de los BRIC.

Por qué si Santos había vivido como ministro el efecto de plegarse a la consigna de la "solución negociada" de las Farc (él fue quien tuvo que entregar a Uribe ese Estado fallido y al borde de la cesación de pagos), por qué, pregunto, se le ocurrió regresar a las ideas y las prácticas que en el 2002 nos tenían arruinados.

¡Ah! ¡El tiempo circular! Santos ha vuelto a poner en el escenario las mismas ideas y los mismos personajes que nos arruinaron. Él cree justo concederles a los terroristas, por la sola promesa (falsa) de que abandonarán las armas, las reivindicaciones (absurdas) que ellos nunca pudieron alcanzar con las armas.

¡Ah! ¡El eterno retorno! Santos, como Pastrana y antecesores, vibra por que las Farc sean otra vez protagonistas de la política (eso, cree, legitimará sus negociaciones de paz). Raro que no recuerde la clase de bestia que está metiendo en la casa. Desde el 21 de abril, hasta finalizar el mandato, en el 2014, las Farc le van a hacer la vida imposible. Un alto funcionario me hizo conocer un correo cruzado entre 'Iván Márquez' y 'Cano'. Se lee allí que acordaron crear un gran movimiento de masas para aprovechar el "espacio político que le ha abierto Santos". Lo bautizaron 'Marcha Patriótica'. Su intención es arrebatarle protagonismo en temas como tierras y víctimas, y en el 2014, dicen confiados, serán un gobierno más del Alba, donde están sus "verdaderos y viejos mejores amigos". Amigos siempre dispuestos a desestabilizar al gobierno de Colombia, sea Uribe o Santos quien lo presida.

LES AGUARON LA FUNCIÓN

8 de abril de 2012 | OPINIÓN | Por: CRISTINA DE TORO
Los terroristas de las Farc, la señora Piedad Esneda Córdoba y su grupo de auxiliadores (nacionales e internacionales) suelen hacer con estos eventos, nada tiene de humanitario, es, simplemente, una manera, por demás mezquina, de hacer política.
Los terroristas, cada que necesitan ganar tiempo, (para reorganizarse o bien, para tomar un segundo aire), buscan acercamientos y hacen propuestas de paz.
Gracias al rigor y a la mesura con las que el gobierno del presidente Juan Manuel Santos, manejó el proceso de la liberación de los 10 militares, hoy, no solamente, celebramos alborozados el tenerlos libres, sino también que el carnavalesco espectáculo que las Farc y el colectivo de amigas y amigos (con sus apéndices internacionales) tenían montado, fracasara.

En buena hora el Gobierno se les atravesó y puso coto a esta aberrante manera de hacer política. Sí, porque lo que los terroristas de las Farc, la señora Piedad Esneda Córdoba y su grupo de auxiliadores (nacionales e internacionales) suelen hacer con estos eventos, nada tiene de humanitario, es, simplemente, una manera, por demás mezquina, de hacer política, de mejorar la imagen negativa que de ellos se tiene y, a su vez, de conseguir resonancia internacional.

Por todos es sabido que los terroristas, cada que necesitan ganar tiempo, (para reorganizarse o bien, para tomar un segundo aire), buscan acercamientos y hacen propuestas de paz.

Esta vez, con la certeza de que el Estado no estaba interesado en ningún tipo de "canje de prisioneros" (como llaman ellos a los secuestrados), y con la apremiante necesidad de aligerarse logísticamente, para poder desplazarse con rapidez y esquivar la persecución del Ejército Nacional, los narcoterroristas de las Farc (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Comerciantes de Coca), tenían que deshacerse de los militares y, qué mejor manera de hacerlo que canjear esa desvalorizada y engorrosa mercancía (eso representaban ya los menguados secuestrados para ellos), por reconocimiento del pueblo colombiano y de toda la comunidad internacional.

Además, en un momento muy propicio, pues bien se sabe de las maniobras políticas y jurídicas que vienen presionando para llevarnos a un acuerdo de paz, en el que, dicho sea de paso, ellos no están interesados más que por las prebendas y por la impunidad que necesitan.

Para ello, y con la colaboración del colectivo de amigos y amigas, montaron un gran espectáculo en el que no escatimaron detalles. Interesante saber de dónde provienen los dineros con los que financiaron tan oneroso montaje (múltiples desplazamientos, alojamiento de participantes, etc.). El papel de garantes de la entrega les fue asignado a las señoras Rigoberta Menchú, premio Nobel de Paz (Guatemala); Socorro Gomes, presidenta del Consejo Mundial para la Paz (Brasil); Xiomara Castro de Zelaya (Honduras), y Margarita Zapata , nieta de revolucionario mexicano Emiliano Zapata (México), miembros (o "miembras", según su peculiar manera de expresarse), del grupo Mujeres del Mundo por la Paz, fundado por la destituida senadora Córdoba, quien a su vez, tenía asignado el cargo de directora de orquesta y, por supuesto, el importantísimo rol de heroína. Hacían parte del elenco, también, los magnánimos "muchachos de las Farc".

Ahora solo resta, para acabar de aguarles la función, que el Gobierno se mantenga firme en su decisión de impedir que ese colectivo y sus invitadas internacionales (todas, curiosamente, de filiación política de izquierda), visiten los narcoterroristas que se encuentran presos en las cárceles nacionales. Y, en caso tal de que sigan insistiendo, pues que surtan los trámites legales que rigen para todos los ciudadanos y comprueben que, a pesar de las muy precarias condiciones en las que viven todos los presos de este país, esos delincuentes, que no presos políticos ni de conciencia, están en mejores condiciones que los 725 secuestrados civiles (según la Fundación Nueva Esperanza), que todavía permanecen en poder de las Farc.