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Peláez y Gardeazábal agosto 1 de 2018
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PARÁLISIS POLÍTICA

OPINIÓN | Por: FRANCISCO SANTOS | Publicado: dic. 23, 2012 
Las reformas tributaria y a la justicia muestran el grado de captura que tiene hoy nuestro Congreso.
La crisis política y de corrupción, yace precisamente en que el Congreso y el poder judicial hoy no están al servicio de los colombianos sino de intereses mezquinos políticos y personales.
Las reformas económicas o políticas de un país se hacen a las buenas o a las malas. El mejor ejemplo de una reforma a las malas es lo que hoy sucede en Grecia. Allí, un sistema político capturado por los grandes intereses económicos, políticos y sindicales llevaron al país a tener un esquema tributario tan inequitativo y unas leyes con tantos beneficios para unos pocos que ahora todos sus ciudadanos enfrentan décadas de sufrimiento económico.

Otro ejemplo de esa parálisis es Estados Unidos. Un grupo específico de interés que representa la industria de armamento ha logrado un espacio político e ideológico tan importante que hoy hace que en ese país sea más fácil comprar un arma de asalto que una botella de licor. Es casi imposible poner restricciones legales a este negocio mortal que hoy deja como víctimas a estos niños de una escuela en Newton. Lo mismo sucede con la crisis fiscal que hoy tiene ese país. Un sector del partido Republicano impide que le suban los impuestos a aquellos que ganan más de 70 millones mensuales. Parecen congresistas colombianos.

¿A qué vienen estos ejemplos? Pues ambos aplican a lo que hoy sucede en nuestro país. Las reformas tributaria y a la justicia muestran el grado de captura que tiene hoy nuestro Congreso, nuestra política, nuestro país en general en los más altos niveles de decisión. Hoy es imposible hacer las reformas estructurales que Colombia necesita para solventar estas dos grandes trabas que tiene para su despegue económico. No ayuda, claro está, que el Gobierno con el mayor apoyo político en el Congreso de las últimas décadas haya sido tan torpe al presentar estas reformas que la verdad nada bueno le dejan al país. O que haya negociado la oportunidad de lograr cambios profundos para obtener una pírrica victoria política de última hora.

La crisis política y de corrupción, por cierto, que tiene el país, yace precisamente en que el Congreso y el poder judicial hoy no están al servicio de los colombianos sino de intereses mezquinos políticos y personales. Los carruseles de pensiones, las decisiones amañadas para beneficiar a unos pocos (y volvemos al tema de pensiones) y el carrusel de puestos de una corte a otra dejan ver un poder judicial que unos pocos manejan a su antojo.

Lo mismo sucede con el Congreso. Cada cual por su lado, la política al detal continúa y las decisiones se logran a base de ‘mermelada’. Imposible acabar con las prebendas pensionales y de otra naturaleza que hoy, a costa de todos los colombianos, gozan ellos y los magistrados. Donde pueden meten micos que los benefician directamente o a quien pague el favor. No hay decisión o elección, y la del Procurador es apenas la última vergüenza, que no tenga de una manera u otra algún costo de peaje.

Hay que recuperar la dignidad del Congreso y acabar con la impunidad en la Rama Judicial. Hoy el mejor negocio en Colombia, dicen por ahí, es ser juez. Mejor aún que el de congresista. Eso no puede ser. Por ahora hay que aguantar este desastre año y medio más. A Dios gracias el 2014 está a la vuelta de la esquina para recuperar, como se hizo con la seguridad en el 2002, esas dos ramas del poder público que hoy naufragan en una crisis de legitimidad producto de la corrupción, el abuso de poder, la soberbia y la total ineficacia.
Twitter: @fsantoscal
Este es un espacio de opinión destinado a columnistas, blogueros, comunidades y similares. Las opiniones aquí expresadas pertenecen exclusivamente a los autores que ocupan los espacios destinados a este fin  y no siempre reflejan la opinión o posición de LA OTRA MITAD DE LAS VERDADES A MEDIAS.

¿Valores Democráticos en Decadencia?

8 de junio de 2012 |OPINIÓN| Por: JUAN DAVID VÉLEZ

Hoy, después de dos años de las elecciones presidenciales y del Congreso, estamos siendo gobernados por personajes que defendían y prometían continuar una plataforma política que hoy ha sido abandonada, engañando al electorado, a la Patria.
Si el electorado sigue siendo engañado por sus gobernantes, se irán poco a poco desapareciendo los valores democráticos.
Colombia siempre ha sido un país orgulloso de su sólida democracia, somos llamados la “democracia más antigua del continente” y siempre se ha mantenido un respeto entre las diferentes ramas del poder. Sin embargo, Colombia hoy está perdiendo los valores fundamentales de la democracia y estamos corriendo el riesgo de llegar a ser un Estado Fallido, manejado por aquellos que no entienden de democracia, no se comprometen con ella y nunca han luchado por mantenerla: los terroristas de las FARC y su élite política cómplice.
Los colombianos nos hemos mantenido activos en cada una de las elecciones durante las últimas décadas, hemos elegido candidatos que se han comprometido por trabajar por el bien del país y otros candidatos que han sido elegidos o por cargar ataúdes o por astutas maniobras en sus campañas. Hoy, después de dos años de las elecciones presidenciales y del Congreso, estamos siendo gobernados por personajes que defendían y prometían continuar una plataforma política que hoy ha sido abandonada, engañando al electorado, a la Patria y a uno de los principios fundamentales de la democracia y de la vida; la verdad. Podemos seguir teniendo elecciones como Venezuela, Ecuador y otros países que hablan de democracia pero no que resiste ningún análisis. Si el electorado sigue siendo engañado por sus gobernantes, se irán poco a poco desapareciendo los valores democráticos.  
Adicionalmente, la libertad de prensa está siendo grotescamente manipulada con pautas publicitarias estatales, impidiendo desarrollar su papel fundamental que es decir la verdad y el derecho ineludible de ser bien informados. Hoy los colombianos somos sometidos a una selección minuciosa de noticias donde nos quieren vender una realidad totalmente diferente a la que vivimos. En caso de que se hable de forma crítica al gobierno, éste no duda en mandar “emisarios de buena voluntad” (Caso concreto el periódico El Colombiano) para silenciar las válidas y necesarias críticas. Un parecido más a Venezuela y Ecuador, países que sacan pecho hablando de democracia mientras su presidente cierra y demanda a los medios de comunicación que critican su equivocaciones y desafuero. Una prensa libre genera valores democráticos mientras se mantenga la  imparcialidad, prudencia, veracidad y responsabilidad en su información.
La llamada Justicia transicional carece de principios fundamentales y está cohesionada en ser selectiva y en contaminarse de corrupción y maldad creando un problema mayor para Colombia. Para nadie es un secreto que la justicia en Colombia ha cohabitado con el narcotráfico y el terrorismo que la infiltró debilitándola profundamente. Muchos procesos judiciales de personajes públicos se han convertido en una oportunidad para los criminales de  vengarse de quienes han sido sus mayores luchadores de forma democrática. Casos como el de Andrés Felipe Arias, Coronel Plazas Vega, Bernardo Moreno, Luis Carlos Restrepo, General Uscategui y miles de militares están siendo vulnerados por falsos testimonios, venganzas personales o calumnias de aquellos que fueron por ellos combatidos por atentar contra el país. La justicia está al servicio de los delincuentes que encuentran en ella una forma más de combinar todas sus formas de lucha.
Siendo tan incontrovertibles los señalamientos como el deterioro de la libertad de prensa, el transfuguismo político de hacerse elegir con unos planteamientos y gobernar con otros, y un deterioro alarmante de una justicia selectiva; las nuevas generaciones de colombianos debemos entender la importancia de los valores democráticos en nuestra nación. Comprometámonos todos los colombianos a defender las instituciones, respaldando las Fuerzas Militares de Colombia, a participar activamente en la democracia, a buscar y defender la verdad. Es nuestra responsabilidad mantener los valores con respeto, convicción y tolerancia para poder defender desde cualquier lugar los intereses de la Patria. Exijamos a políticos a poner en práctica las palabras de Winston Churchill: “Un político se convierte en estadista cuando comienza a pensar en las próximas generaciones, no en las próximas elecciones".
Publicado: Junio 08, 2012
Twitter: @juandavelez

Paradojas

6 de mayo de 2012 | La Claridad | Por: Paloma Valencia Laserna
La seguridad en el país ha venido desmejorando; es alarmante y preocupa, y por eso conviene buscar las posibles causas. Esta semana se han dejado ver un par de paradojas que afectan la seguridad y la justicia, y conviene denunciarlas.
Al Gobierno Nacional no le gusta la crítica política y la oposición está condenada a epítetos para descalificarla como los de ‘mano negra’ o ‘idiotas útiles
En el Congreso se tramita el fuero militar y se discuten los mecanismos para evitar que los delitos de lesa humanidad y los crímenes atroces de los militares sean juzgados por la Justicia Penal Militar -pues según la Comisión de expertos, eso daría lugar a la impunidad; y al mismo tiempo, se avanza en la aprobación del Marco Jurídico para la Paz que otorga beneficios a los miembros de grupos armados al margen de la ley y consagra la impunidad para ellos. La contradicción es evidente: los guerrilleros dedicados al narcoterrorismo y que han sembrado el dolor en tantos pueblos y ciudades colombianas, tienen en Roy Barreras y la Unidad Nacional la garantía para obtener mecanismos para su reinserción en condiciones de impunidad. Esto contrasta con la situación de militares: para ellos no hay rebajas y concesiones; se busca endurecer sus juicios a pesar de que ellos están dedicados a la defensa de la democracia y la protección de la ciudadanía.
Sobre el mismo Marco Jurídico para la Paz muchos colombianos venimos haciendo la advertencia de que se trata de un proyecto que no debe ser aprobado, pues consagra elementos que darán lugar a la impunidad. El texto dice que la Justicia Transicional tendrá criterios de priorización y selección; y corresponderá a la Fiscalía determinar contra quienes suspenderán la ejecución de la pena y contra quienes cesarán la persecución judicial. Y además establece el terrible principio de que sólo se procesará a los máximos responsables de delitos que adquieran la connotación de crímenes de lesa humanidad o crímenes de guerra. No hay que ser un estudioso del derecho para entender que el castigo de estos crímenes será sólo para algunos cabecillas; o incluso los cabecillas podrán responsabilizar a mandos medios para salir libres.
En ese mismo sentido, se expresó el expresidente Uribe y, además, recalcó la necesidad de que los derechos políticos de los reinsertados fueran limitados para evitar que la violencia sea -otra vez- un vehículo político. Sin embargo, aquellos comentarios fueron ignorados; no le merecieron al Gobierno ninguna respuesta. Paradójicamente apareció Human Rights Watch y opinó lo mismo; pero la voz de Vivanco removió al Gobierno, lo que ha dado lugar a nutridas respuestas y justificaciones del proyecto.
El hecho es desconcertante; corrobora que al Gobierno Nacional no le gusta la crítica política y que la oposición está condenada a epítetos para descalificarla como los de ‘mano negra’ o ‘idiotas útiles’, y muestra esa tendencia a prestar más importancia a los organismos internacionales que a los propios nacionales. Sobre la ausencia de oposición y la necesidad de que este Gobierno oiga a sus críticos se ha dicho mucho, así que conviene adentrarlos en el análisis de la internacionalización de nuestros problemas.
La idea, ya muy arraigada entre nosotros, de que la comunidad internacional vive pendiente de lo que sucede en Colombia es falsa, y confunde esa comunidad con la sociedad global. Lo cierto es que los colombianos somos los únicos llamados a solucionar nuestro conflicto, pues nos afecta a nosotros. Se trata de la construcción de nuestra sociedad y nuestra nación. Las colaboraciones internacionales son bien recibidas, pero no pueden marcar la pauta de nuestro debate y nuestras decisiones.
Fecha: Mayo 4, 2012