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¡BIENVENIDO, GRAN COLOMBIANO!

OPINIÓN| Por: CRISTINA DE TORO | Publicado: septiembre 22, 2013 
El palpable nerviosismo que ha despertado la noticia en el sector oficial, es muy comprensible. Claro. Llegó el propietario de los votos que indebidamente utilizó el presidente Santos, a reclamar lo suyo y eso los tiene muy inquietos.
De allí que aquellos medios de comunicación que están embadurnados de mermelada y, por ende, sometidos, hayan emprendido un virulento ataque de críticas contra el Expresidente y contra muchos de los miembros del grupo acompañante.
La noticia del regreso del expresidente Uribe a la plaza pública fue recibida con mucho optimismo, no solamente por sus seguidores colombianos que somos una abrumadora mayoría, sino también, por los países democráticos de América Latina, que ven con preocupación cómo, de seguir las cosas como van, en poco tiempo Colombia quedará a merced de los narcoterroristas y sus filiales del Socialismo del Siglo XXI, presa fácil para su voraz apetito expansionista (ideológico y territorial), como el que han mostrado Cuba, Venezuela y ahora Nicaragua.

Alivia saber, entonces, que el ciudadano Álvaro Uribe Vélez, renunciando a los honores y a la comodidad de su condición de expresidente, vuelve a postularse para el Senado con el fin de abanderar el proyecto que pretende defender los intereses de la Nación. Para devolverle la confianza y la dignidad al país, para "ayudar a enfrentar el deterioro de la seguridad, la creciente incertidumbre de la inversión, el estancamiento de la política social (…) el derroche de los recursos oficiales y el abandono del diálogo popular sustituido por el riesgo de entrega del país al terrorismo y al castro-chavismo" (postulados consignados en el comunicado de su lanzamiento oficial).

Y, para esa loable y compleja empresa se someterá como lo exigen las leyes, bueno, las que rigen para todos menos para los protegidos de Santos, a la elección popular, acompañado de un grupo de personas decentes, idóneas y, sobre todo, leales a él y a sus doctrinas. Personas que, aunque carecen de recorrido electoral, como anotan sus mordaces críticos, sí cuentan con un excelente bagaje de experiencia en el sector privado y representan diferentes regiones de la geografía nacional. 

El palpable nerviosismo que ha despertado la noticia en el sector oficial, es muy comprensible. Claro. Llegó el propietario de los votos que indebidamente utilizó el presidente Santos, a reclamar lo suyo y eso los tiene muy inquietos. De allí que aquellos medios de comunicación que están embadurnados de mermelada y, por ende, sometidos, hayan emprendido un virulento ataque de críticas contra el Expresidente y contra muchos de los miembros del grupo acompañante. Sin embargo, olvidan que muy buena parte del poder ya no está en los medios, sino en las nuevas tecnologías, donde se mueven grandes masas.

Ese respaldo irrestricto que los millones de esperanzados colombianos daremos en las urnas al expresidente Uribe será, a su vez, un mensaje lapidario para el presidente Santos. Sí. Será la forma en que le expresaremos cuánto nos ha dolido su engaño. Cuán hartos estamos de sus solapadas jugarretas políticas con fines meramente personales. Hartos de su vanidad, de su apatía y de sus fingidos acercamientos al pueblo. Hartos de su falta de pudor para revivir y luego entronizar algunos de los 8.000 vergonzosos cadáveres políticos (incluido el elefante). Hartos de la ineptitud de su Gobierno que no hace más que dar palos de ciego. Hartos además, de las piruetas populistas que hace cada que necesita subir sus índices de favorabilidad, como por ejemplo: las recientes bravuconadas patrioteras por el problema con Nicaragua. Creíbles, tal vez, si las hubiera hecho hace nueve o diez meses, cuando era menester.

En fin, en buena hora renace, pues, la esperanza de que nuestro país vuelva a tomar el camino que jamás debió haber abandonado. ¡Bienvenido, Gran Colombiano….
Este es un espacio de opinión destinado a columnistas, blogueros, comunidades y similares. Las opiniones aquí expresadas pertenecen exclusivamente a los autores que ocupan los espacios destinados a este fin  y no siempre reflejan la opinión o posición de LA OTRA MITAD DE LAS VERDADES A MEDIAS.


¿SE ESTÁ MADURANDO SANTOS?

OPINIÓN| Por: CRISTINA DE TORO| Publicado: mayo 19, 2013 
El cuentico ese de que "quiere que la paz sea reelegida" hace parte de su vulgar manipulación del tema de la paz. El presidente Santos ha explotado a tal punto ese asunto que, hasta un evento meramente religioso como la canonización de santa Laura Montoya, fue utilizado con fines políticos.
Calificar de "enemigos", de "guerreristas", de gestores de "propaganda negra" a quienes hemos cuestionado el proceso de La Habana, fuera de calumnioso, es temerario, porque nos expone peligrosamente.
“Para evitar suspicacias, quiero en esta misma ocasión decirles que sí deseo, clara y firmemente, que las políticas que hemos promovido continúen más allá del 7 de agosto de 2014". "Quiero que la paz sea reelegida". "Seré respetuoso sobre las reglas de juego y por lo tanto no tomaré ninguna decisión formal sobre mi futuro sino hasta la fecha indicada en la Ley 996 de 2005".
¡Vaya por Dios… Definitivamente, el presidente Juan Manuel Santos es un caradura o nos cree más tontos de lo que somos.

"Clara y firmemente" sabíamos que el Presidente estaba buscando su reelección. De hecho, ha estado en campaña desde el día mismo de su posesión.

A qué obedece, si no, esa constante preocupación por los resultados de las encuestas de opinión que, dicho sea de paso, no le ha permitido gobernar porque, cualquier anuncio o ejecución que no sea de buen recibo y pueda afectar su índice de favorabilidad, inmediatamente es "reculado". Utilizo ese término porque es un verbo que utiliza y, sobre todo, practica con frecuencia el Presidente.

Y la permanente y desmesurada promoción de su gobierno, que está costando miles de millones de pesos ¿qué objeto tiene? Y ¿las casas que regala como si fueran hechas con plata de su bolsillo y no con la de los contribuyentes?

Lo que no es claro ni firme es cuáles son las políticas que quiere que continúen más allá del 7 de agosto del año entrante. No hablará de la de Seguridad, puesto que el país cada vez está más vulnerable a los embates de los narcoterroristas (Farc, ELN, bacrim y delincuencia común). De Justicia, Educación y Salud, con sus fallidas reformas, tampoco. De política de desarrollo con las locomotoras varadas y la Económica, con un crecimiento cada vez más lento, imposible. Me imagino, entonces, que se refiere a la política de Relaciones Internacionales, a esa amistad que ha logrado consolidar con los gobiernos castrochavistas con quienes tiene hipotecado el proceso de paz. Ni pensar lo que nos espera de seguir por ahí.

Ahora bien, el cuentico ese de que "quiere que la paz sea reelegida" hace parte de su vulgar manipulación del tema de la paz. El presidente Santos ha explotado a tal punto ese asunto que, hasta un evento meramente religioso como la canonización de santa Laura Montoya, fue utilizado con fines políticos. Para él, la canonización fue "una señal poderosa" para el momento que vive Colombia (léase, para el proceso de paz); "el papa quiere la paz para Colombia" (léase, apoya el proceso de paz). Nada más obvio, el papa Francisco, como cualquier otro papa, quiera la paz para Colombia, paz para el mundo entero, lo mismo que quieren la paz esos a quienes el presidente Santos ofensiva e irresponsablemente nos llama: "los enemigos de la paz".

Calificar de "enemigos", de "guerreristas", de gestores de "propaganda negra" a quienes hemos cuestionado el proceso de La Habana, fuera de calumnioso, es temerario, porque nos expone peligrosamente. Presidente: ¡Mida sus palabras… Porque se está pareciendo mucho a su vecino.

Los verdaderos enemigos de la paz han sido y seguirán siendo los narcoterroristas y la corrupción. Todos los servidores públicos que ponen sus intereses personales (dinero, títulos, premios, etc.) por encima de los de la comunidad. ¿Se está Madurando Santos?

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PARA SACIAR SU VANIDAD

OPINIÓN| Por: CRISTINA DE TORO | Publicado: marzo. 31, 2013 
El comunicado de los narcoterroristas de las Farc publicado en internet el pasado martes 26 de marzo, hace caer en cuenta a los colombianos de la gravedad de lo que se está cocinando en La Habana.
Califican al gobierno Santos de ingenuo “por haber creído que llevaba a la Mesa, una guerrilla derrotada…” y de cínico “porque descarga sobre los hombros de las Farc la responsabilidad del conflicto…”.
Después de conocer el comunicado que los narco-terroristas de las Farc publicaron en su página de internet con el fin de conmemorar el quinto aniversario de la muerte de alias “Tirofijo” (el pasado martes 26 de marzo), los colombianos podemos darnos cuenta de la gravedad de lo que se está cocinando en La Habana.
Es un hecho que este Gobierno ya les hizo toda clase de ofertas “dos o tres puestos en el Congreso, el paseo por unos meses de un comandante en el cargo de ministro de trabajo o de salud”, unos cargos públicos medios y “unas cuantas promesas”, (vaya uno a saber de qué magnitud), que para ellos son nimiedades que no están dispuestos a recibir a cambio de su rendición incondicional, entrega de las armas y sometimiento a las políticas del Estado, tal como lo dejan consignado en ese documento.
Califican al gobierno del presidente Santos de ingenuo “por haber creído que llevaba a la Mesa, una guerrilla derrotada y desconectada de la realidad carente de propuestas e iniciativa política” y de cínico “porque pretenden descargar sobre los hombros de la insurgencia la responsabilidad del conflicto, presentando al Estado terrorista como víctima y a la resistencia popular como victimario”.
El presidente Santos será cualquier cosa menos ingenuo, él, mejor que nadie, conocía las situación de los terroristas, era consciente de que, a pesar de haberlos arrinconado, todavía faltaba, sin embargo, su afán por sobrepasar los logros de su antecesor y alcanzar la gloria predominó.
Igualmente, sabía que la paz no se logra por el mero hecho de firmar un pedazo de papel titulado Acuerdo general para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera, y menos aún, si es conseguida a costa de abusivas concesiones, así él diga que la justicia no puede ser impedimento para la consecución de la paz.
Lo que está haciendo es extremadamente grave, porque está dejando sentando el precedente de que la violencia es un negocio muy rentable puesto que, además de impunidad, da licencia para intervenir en la agenda nacional, para legalizar dineros y bienes producto del narcotráfico, para obtener el dominio político y económico de extensas zonas rurales (zonas de reserva campesina), acceder al Congreso, ser ministro, etc.
No en vano el moribundo ELN (Ejército de Liberación Nacional) revivió y ha mostrado tanto interés en entablar conversaciones, no demorarán en hacer lo mismo las distintas bandas de criminales y de narcotraficantes que operan en el país.
Ahora bien, si desde el comienzo fue más que evidente que los narcoterroristas iban a manejar los tiempos y el contenido de lo supuestamente pactado en los tales Diálogos Exploratorios, hoy no cabe la menor duda de que tienen la sartén por el mango y van a hacer cuanto esté a su alcance para sacar el mayor provecho. Y, cómo no, si hace rato saben que tanto la reelección, como el ansiado premio Nobel de Paz, credencial que busca desesperadamente el presidente Juan Manuel Santos, para acceder a un lugar de privilegio en los anales de la historia nacional, está en sus manos.
Por fortuna quien hoy le dice no a la impunidad y clama por la rendición incondicional de los narcoterroristas, no es la “clase dominante”, como creen esos criminales, no, es el dolido pueblo colombiano que ha sido víctima de sus atroces crímenes y está dispuesto, si es preciso, a apelar a la Corte Penal Internacional.
Patético ver hasta dónde es capaz de llegar un individuo con tal de saciar su vanidad.
Fuente: EL COLOMBIANO - Medellín – Colombia

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¡VA A QUEDAR DEBIENDO!

OPINIÓN|CRISTINA DE TORO| Publicado: Julio 8- 2012

El presidente Santos nos defraudó desde el comienzo, nos asaltó en nuestra buena fe desde el comienzo mismo, cuando menospreció la plataforma política con la cual se hizo elegir.
La lealtad, atributo que mide la dignidad de cualquier ser humano, esa nobleza que nos muestra la calidad del individuo, no la conoce el presidente Juan Manuel Santos.
Como si la crisis institucional y el enrarecimiento del ambiente político desatados a raíz de hundimiento de la desastrosa reforma de la justicia no fueran lo suficientemente delicadas, el presidente Juan Manuel Santos se encargó de echar más leña al fuego, dando esta semana unas declaraciones que no solamente acabaron de complicar el panorama, sino de perjudicar, todavía más, su maltrecha imagen.

En vez de haber aprovechado esos espacios para reconocer finalmente su inmensa equivocación, para presentarles excusas a los colombianos y asumir con humildad su cuota de responsabilidad como cabeza del Ejecutivo (tienen la suya el Legislativo y el Judicial, que solapadamente calla), lo que hubiera contribuido enormemente a apaciguar los ánimos y a facilitar una reconciliación nacional, se volvió a lavar las manos echándoles a los demás la culpa de sus yerros.

Cuándo entenderá el presidente Santos que la pérdida del ministro Juan Carlos Esguerra, a quien prácticamente tachó de incompetente y sobre quien ha descargado una y otra vez toda la responsabilidad, y el "bajonazo" en sus índices de favorabilidad, no fueron el precio pagado por la aceptación de su falta, por el contrario, ese fue precisamente el resultado de no haberlo hecho.

Quién iba a pensar que el hombre que trabajó con denuedo al lado del expresidente Álvaro Uribe en su lucha contra el narcoterrorismo, aquel en quien el expresidente depositó toda su confianza hasta el punto de haberle endosado sus votos y su exitosa plataforma de gobierno para que pudiera alcanzar la primera magistratura, es el mismo que hoy, de la manera más despreciable, se atreve a decir que por ahora no le va a "sacar los trapos al sol" al expresidente y que éste representa la más alta fuente de información negativa del país, inclusive, superior a la que generan los narcoterroristas de las Farc.

Igualmente repugnante que mientras su vicepresidente Angelino Garzón permanece en su lecho de enfermo y hace ingentes esfuerzos para superar las graves dolencias que lo aquejan, fuera capaz de decir en una de las dichosas entrevistas: "le doy esta chiva, estoy evaluando la posibilidad de acabar con la figura de la vicepresidencia, porque era mejor la designatura".

Definitivamente la lealtad, atributo que mide la dignidad de cualquier ser humano, esa nobleza que nos muestra la calidad del individuo, no la conoce el presidente Juan Manuel Santos , y esa carencia es muy grave porque las fallas, las debilidades, son perdonables pero la traición ¡no!

El presidente Santos nos defraudó desde el comienzo, no como dicen algunos que el problema fue que no hubiéramos aceptado que él era el nuevo presidente y que tenía una forma diferente de ejercer, o que hubiéramos pretendido que actuara como el clon del expresidente Uribe. No, el Presidente nos asaltó en nuestra buena fe desde el comienzo mismo de su mandato, cuando menospreció la plataforma política con la cual se hizo elegir.

Engaño que ha dado pie además a que quien fuera su mentor, hoy se encuentre a la cabeza del movimiento Puro Centro Democrático que participará en la campaña política del 2014, apoyando "un gran candidato" a la presidencia.

Ojalá esta división en los movimientos de centro no permita que la izquierda que es auspiciada por el Comunismo del Siglo XXI consiga hacerse al poder, porque las posibilidades de que el presidente Santos sea reelegido son cada día más remotas. Si la popularidad es para gastársela, como él dice, dentro de muy poco ¡va a quedar debiendo!

A FLOTE

1 de julio de 2012 |OPINIÓN| Por: CRISTINA DE TORO

Gracias a los medios de comunicación que alertaron e informaron a la opinión pública y a las redes sociales que facilitaron una movilización rápida y masiva, la tristemente célebre reforma (o, deforma) a la Justicia, se hundió.
Sorprende, entonces, que el presidente Juan Manuel Santos siga diciendo que objetó la reforma oportunamente por considerarla "inconveniente".
Afortunadamente, y gracias a los medios de comunicación que alertaron e informaron a la opinión pública y a las redes sociales que facilitaron una movilización rápida y masiva, la tristemente célebre reforma (o, deforma) a la Justicia, se hundió, al menos por ahora, pues no faltará el picapleitos que a punta de demandas al Presidente o al Legislativo la reviva, porque nadie parece saber a ciencia cierta si el Presidente tiene la facultad para oponerse a las reformas constitucionales una vez aprobadas por el Congreso Nacional.

Sorprende, entonces, que el presidente Juan Manuel Santos siga diciendo que objetó la reforma oportunamente por considerarla "inconveniente".

Se necesita una buena dosis de cinismo para hacer semejante afirmación, cuando de todos es sabido que lo único "inconveniente" que logró hacerlo reaccionar, fue la indignada opinión pública que se le atravesó dispuesta a llevar el incidente hasta sus últimas consecuencias, de lo contrario, estaríamos padeciendo ya los desmanes de los orondos magistrados y de los sinvergüenzas parlamentarios (casi todos). Además, oyéndolo a él vanagloriarse de que sería recordado como el único Presidente que consiguió hacer una histórica (todo lo de él es grande o histórico) reforma integral a la administración de justicia.

Sí, el mismo cinismo que se requiere para hacerse el sorprendido ante unos micos que conocía de tiempo atrás, tal vez, algunos no tan creciditos como cuando se los presentaron, que seguramente engordaron a la par del voraz apetito de los congresistas que los engendraron; o bien, para ordenarle al Congreso que hundiera la reforma que con tanta urgencia y hasta el último minuto le pidió que aprobara.

Sin embargo, cuando hizo gala del más refinado sarcasmo fue cuando se dio cuenta de que su imagen podría salir lastimada, e intentó capitalizar políticamente el funesto suceso para aparecer como el bueno de la película, el héroe capaz de salvarnos de las garras legislativas y parlamentarias, ofreciendo, inclusive, el sacrificio del ministro Esguerra. Intento que resultó fallido, como quedó consignado en la reciente encuesta de Datexco, en la que su imagen favorable cayó al 55.44%.

Ahora bien, como en cualquier naufragio después del hundimiento salen a flote todo tipo de cosas, inclusive, algunas que no se conocían y otras ya olvidadas. En este caso particular aparecieron en la superficie, por ejemplo, las verdaderas caras de todas las ramas del poder, pudimos apreciar que siguen con las mismas mañas de siempre, vimos en su real dimensión lo corruptas y clientelistas que son; además se evidenció la desfachatez con la que evaden responsabilidades y cómo se incriminan unos a otros; salió a flote la astucia de las Altas Cortes y la manera tan solapada como pretendieron pasar de "agache", como si no hubiesen tenido nada que ver en el asunto, pobres mártires que les iba a tocar, entre otras, resignarse a la ampliación de sus períodos y de la edad de jubilación; igualmente, apareció flotando el desmesurado poder y los escandalosos sueldos de los secretarios de Senado y Cámara (ganan más de $300 millones al año), los señores Emilio Otero y Jesús A. Rodríguez , que, curiosamente, cuentan con el respaldo incondicional de la mayoría de congresistas.

Afortunadamente, entre tanto escombro, tanta basura, salió a flote una joya, sí, la conciencia que hemos adquirido de que es en nuestras manos donde está la soberanía, que somos el poder constituyente y podemos cambiar el rumbo del país en un par de días, tal como quedó demostrado esta semana.
Publicado: Julio 1, 2012

LA RESPONSABILIDAD ES DE TODOS

24 de junio de 2012 |OPINIÓN| Por: CRISTINA DE TORO

El error es de todos y cada quien tiene su cuota de responsabilidad y debe asumir las consecuencias, incluido el presidente Santos que, aunque ha dado a entender que todo se hizo a sus espaldas, sabía perfectamente lo que estaba sucediendo.
Bochornoso episodio que comenzó con carantoñas e intercambio de beneficios entre el Ejecutivo y los magistrados a las Cortes.
Aunque se veía venir, es lamentable tener que aceptar que el proyecto estrella del presidente Juan Manuel Santos , la reforma integral a la administración de Justicia, que le prometió al pueblo colombiano desde su campaña y que pretendía solucionar los problemas de lentitud, congestión y acceso a la justicia, terminara siendo un estrepitoso fracaso y el más grave escándalo de su gobierno por cuenta de la repugnante componenda en la que congresistas, altos magistrados y Gobierno, se repartieron una torta de favores, en las narices de todo el mundo.

Un bochornoso episodio que comenzó con carantoñas e intercambio de beneficios entre el Ejecutivo y los magistrados a las Cortes, para que pusieran fin al enfrentamiento que habían mantenido con el presidente Uribe Vélez y nombraran Fiscal General de la Nación, que continuó con entrega de gabelas a lo largo de todo el proceso para que ninguno de los actores se retirara de la mesa de discusión, y que deja bastante maltrecho al Gobierno y ratifica el merecido desprestigio del Congreso y de las Altas Cortes.

Si bien es cierto que el proyecto de reforma fue presentado por el Gobierno y estuvo liderado por el ministro de Justicia Juan Carlos Esguerra (al comienzo por el entonces ministro de gobierno Vargas Lleras), éste era un compromiso de todos los participantes, por lo tanto el error es de todos y cada quien tiene su cuota de responsabilidad y debe asumir las consecuencias, incluido el presidente Santos que, aunque ha dado a entender que todo se hizo a sus espaldas, sabía perfectamente lo que estaba sucediendo desde un comienzo y, contrario a lo que dijo su ministro de Gobierno, no ha "enmendado el error a tiempo", puesto que su indignación y haber dicho que devolverá la reforma al Congreso, no soluciona nada, prueba de ello es la incertidumbre en la que nos encontramos y que no tiene precedentes en nuestra historia ¡qué deshonra para este gobierno!

También nosotros, los colombianos electores que tantas veces pecamos por acción o por omisión, o aquellos que venden su conciencia por un plato de lentejas (o dos ladrillos, una teja, etc.) somos culpables.

Ahora bien, si al ministro Esguerra el haber pensado ingenuamente que los "micos" (que sí conoció), podían corregirse en la Corte Constitucional le costó el puesto, a los presidentes de Senado y Cámara, que defraudaron gravemente a sus electores y a todo el país, debe costarles lo mismo.

Simón Gaviria , presidente del Partido Liberal y a su vez presidente de la Cámara de Representantes, es responsable de haber nombrado ese grupo de marrulleros conciliadores, además, no tiene presentación que diga que leyó "por encimita" el texto de la conciliación de la reforma constitucional, porque "no es un texto fácil de entender". La confesión de su incapacidad amerita la dejación de su cargo. Igualmente inaceptable es el "reconozco un error grave, lo acepto y pido excusas pero nosotros confiamos en el gobierno".

Otro tanto sucede con el desvergonzado presidente de Senado Juan Manuel Corzo (aquel al que no le alcanzan los veinte y pico millones de sueldo para comprar la gasolina del carro que le da el Estado), quien al día siguiente de semejante despropósito se fue de viaje.

Es, pues, extremadamente grave que el gobierno, los administradores de justicia y los legisladores, quienes están como representantes del pueblo, hayan sido capaces de manosear tan vulgarmente la Constitución para legislar en causa propia.

Este país necesita urgentemente un cambio para que los "zarrapastrosos", que somos prácticamente todos, podamos ver el fruto de nuestro trabajo reflejado en prosperidad y bienestar y no subvencionando estas bazofias disfrazadas de magistrados y de políticos.
Publicado: Junio 24, 2012

A SANTOS LE LLEGÓ LA HORA DE LA VERDAD

21 de mayo de 2012 |OPINIÓN| Por: CRISTINA DE TORO

Al Presidente le llegó la hora de admitir que el atentado contra el exministro Londoño Hoyos no es un hecho aislado. Es parte de la cadena de barbarie que han venido cometiendo los narcoterroristas de las Farc.
Al presidente Santos le llegó la hora de jugar limpio, de mostrar todas las cartas y decirle al país si es cierto o no que se están haciendo negociaciones por debajo de la mesa.
Los nocivos efectos del aleve y repugnante atentado de que fuera objeto el exministro y periodista Fernando Londoño Hoyos se extendieron como una ola expansiva y dejaron sembrado nuevamente, a lo largo y ancho del país, el miedo, la angustia y, lo que es peor aún, la desesperanza.

Un atentado que acabó con la vida de Ricardo Rodríguez y de Rósemberg Burbano e hirió a treinta y nueve indefensos y desprevenidos ciudadanos,

Al presidente Juan Manuel Santos le llegó la hora de situar, por encima de su soberbia y de sus sueños de grandeza y de reconocimientos internacionales, los derechos y anhelos del pueblo colombiano, recordando que el caudal de votos que lo llevó a ocupar el cargo que hoy ostenta le fue endosado cuando se comprometió a continuar con políticas implementadas y desarrolladas con éxito en el anterior gobierno.

Le llegó la hora entonces de reconocer que los problemas de seguridad que los colombianos hemos venido denunciando, ni eran ni son asunto de percepción. Son realidad y, aunque nadie desconoce los certeros golpes que les ha dado a las Farc (algunos concebidos desde el anterior mandato), tiene que aceptar que la seguridad no ha hecho más que retroceder hasta llegar a la preocupante situación en la que nos encontramos hoy.

La prometida Seguridad Democrática no se está cumpliendo.

Al Presidente le llegó la hora de admitir que el atentado contra el exministro Londoño Hoyos no es un hecho aislado. Es parte de la cadena de barbarie que han venido cometiendo los narcoterroristas de las Farc desde hace dos años (en Meta, Guaviare, Cauca, Norte de Santander, Putumayo, etc.).

Tal vez este de Bogotá es el más alarmante, por cuanto demuestra que esos criminales ya consiguieron mediante alianzas con otras bandas de narcoterroristas tender sus tenebrosas redes en la Capital.

Al presidente Santos le llegó la hora de jugar limpio, de mostrar todas las cartas y decirle al país si es cierto o no que se están haciendo negociaciones por debajo de la mesa.

De allí ese afán de tener lista la bienvenida para los terroristas, el tal marco jurídico para la paz, que al parecer será el mecanismo legal con el que van a validar la impunidad de sus crímenes, y que, aunque cuesta mucho trabajo creerlo, fue aprobado por sexta vez en el Senado (le faltan dos en las que ojalá no pase), mientras la sangre de los colombianos que cayeron en el atentado aún corría por la avenida Caracas (¿tendrá algún significado el nombre de esa calle?).

Sí, es hora de que el presidente entienda que los colombianos queremos la paz pero no a cualquier precio y por ello no hay espacio para indultos ni amnistías.

No queremos avalar a esos asesinos para que mañana dirijan el destino de nuestra Nación. Creemos que más importante que elaborar un marco jurídico para la paz es construir un clima político para la paz, puesto que ésta no se impone. Se concibe en la actitud de la ciudadanía.

Le llegó, pues, la hora de demostrar que el Estado es más fuerte que los terroristas y que puede defender con decisión, la libertad de prensa y el derecho a disentir, pilares fundamentales de la democracia, encarnados ambos por el exministro Londoño.

Hora de rectificar el rumbo de su gobierno antes de que sea demasiado tarde.

Donde no hay seguridad, no puede haber prosperidad.

Al presidente Juan Manuel Santos le llegó. La hora de La Verdad.
Publicado: Mayo 20, 2012

LES AGUARON LA FUNCIÓN

8 de abril de 2012 | OPINIÓN | Por: CRISTINA DE TORO
Los terroristas de las Farc, la señora Piedad Esneda Córdoba y su grupo de auxiliadores (nacionales e internacionales) suelen hacer con estos eventos, nada tiene de humanitario, es, simplemente, una manera, por demás mezquina, de hacer política.
Los terroristas, cada que necesitan ganar tiempo, (para reorganizarse o bien, para tomar un segundo aire), buscan acercamientos y hacen propuestas de paz.
Gracias al rigor y a la mesura con las que el gobierno del presidente Juan Manuel Santos, manejó el proceso de la liberación de los 10 militares, hoy, no solamente, celebramos alborozados el tenerlos libres, sino también que el carnavalesco espectáculo que las Farc y el colectivo de amigas y amigos (con sus apéndices internacionales) tenían montado, fracasara.

En buena hora el Gobierno se les atravesó y puso coto a esta aberrante manera de hacer política. Sí, porque lo que los terroristas de las Farc, la señora Piedad Esneda Córdoba y su grupo de auxiliadores (nacionales e internacionales) suelen hacer con estos eventos, nada tiene de humanitario, es, simplemente, una manera, por demás mezquina, de hacer política, de mejorar la imagen negativa que de ellos se tiene y, a su vez, de conseguir resonancia internacional.

Por todos es sabido que los terroristas, cada que necesitan ganar tiempo, (para reorganizarse o bien, para tomar un segundo aire), buscan acercamientos y hacen propuestas de paz.

Esta vez, con la certeza de que el Estado no estaba interesado en ningún tipo de "canje de prisioneros" (como llaman ellos a los secuestrados), y con la apremiante necesidad de aligerarse logísticamente, para poder desplazarse con rapidez y esquivar la persecución del Ejército Nacional, los narcoterroristas de las Farc (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Comerciantes de Coca), tenían que deshacerse de los militares y, qué mejor manera de hacerlo que canjear esa desvalorizada y engorrosa mercancía (eso representaban ya los menguados secuestrados para ellos), por reconocimiento del pueblo colombiano y de toda la comunidad internacional.

Además, en un momento muy propicio, pues bien se sabe de las maniobras políticas y jurídicas que vienen presionando para llevarnos a un acuerdo de paz, en el que, dicho sea de paso, ellos no están interesados más que por las prebendas y por la impunidad que necesitan.

Para ello, y con la colaboración del colectivo de amigos y amigas, montaron un gran espectáculo en el que no escatimaron detalles. Interesante saber de dónde provienen los dineros con los que financiaron tan oneroso montaje (múltiples desplazamientos, alojamiento de participantes, etc.). El papel de garantes de la entrega les fue asignado a las señoras Rigoberta Menchú, premio Nobel de Paz (Guatemala); Socorro Gomes, presidenta del Consejo Mundial para la Paz (Brasil); Xiomara Castro de Zelaya (Honduras), y Margarita Zapata , nieta de revolucionario mexicano Emiliano Zapata (México), miembros (o "miembras", según su peculiar manera de expresarse), del grupo Mujeres del Mundo por la Paz, fundado por la destituida senadora Córdoba, quien a su vez, tenía asignado el cargo de directora de orquesta y, por supuesto, el importantísimo rol de heroína. Hacían parte del elenco, también, los magnánimos "muchachos de las Farc".

Ahora solo resta, para acabar de aguarles la función, que el Gobierno se mantenga firme en su decisión de impedir que ese colectivo y sus invitadas internacionales (todas, curiosamente, de filiación política de izquierda), visiten los narcoterroristas que se encuentran presos en las cárceles nacionales. Y, en caso tal de que sigan insistiendo, pues que surtan los trámites legales que rigen para todos los ciudadanos y comprueben que, a pesar de las muy precarias condiciones en las que viven todos los presos de este país, esos delincuentes, que no presos políticos ni de conciencia, están en mejores condiciones que los 725 secuestrados civiles (según la Fundación Nueva Esperanza), que todavía permanecen en poder de las Farc.