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Peláez y Gardeazábal agosto 1 de 2018
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¡Aleluya!

 Zona franca | Por: JOSÉ OBDULIO GAVIRIA | Publicado: agosto 29, 2012 

Por fin se abandona la Seguridad Democrática de Uribe, esa fastidiosa política que nos involucraba en el combate y persecución intensa contra los terroristas.
Colombia regresa a la política de "solución negociada" de Samper y Pastrana. Aunque suponga, una arremetida de los violentos...
Desde una esforzada Seguridad sin "Paz", parte Colombia hacia una alegre "Paz" sin seguridad (hablo de seguridad uribista y paz pastranista). Por fin se abandona la Seguridad Democrática de Uribe, esa fastidiosa política que nos involucraba en el combate y persecución intensa contra los terroristas. ¡Aleluya!
Colombia regresa a la política de "solución negociada" de Samper y Pastrana. Aunque suponga, ¡qué vaina!, una arremetida violenta de los "actores armados ilegales", gozaremos de un delicioso y 'camarografiado' "diálogo social y político para una salida negociada del conflicto". ¡Aleluya!
De una tenebrosa seguridad sin "acuerdos políticos" como la que ideó el maléfico Uribe, transbordaremos a la bienaventurada inseguridad con "mesas de diálogo" y visitas del Presidente a los altruistas "actores del conflicto". ¡Aleluya!
De una "cantaleta guerrerista" que inducía a las Fuerzas Armadas a estar vigilantes y activas, "avanzamos" hacia la "aplicación civilizada y progresista del cansancio de la guerra" proclamado por el comandante en jefe, Juan Santos. ¡Aleluya!
De 'nefandos' conceptos uribistas como "soldados y policías de la Patria", "cooperantes", "recompensas", "amenaza terrorista", "confianza inversionista", "cohesión social", que nos dieron seguridad pero nos quitaron "imagen internacional" ante oenegés, Chávez y medios de comunicación de la izquierda caviar, regresamos al lenguaje del 2002, "políticamente correcto" y de buen recibo en los "círculos bien" del mundo: "solución negociada", "causas objetivas", "actores armados", "guerreristas". ¡Aleluya!
De la vieja idea de que la paz es consecuencia de la seguridad y de que los agentes estatales tienen obligación de ejercer con firmeza la autoridad, hemos regresado al secuestro consentido (¿volverán a "reglamentar entre las partes" la edad o la condición de gestación en la mujer víctima?), voladura de torres, muerte de los trabajadores del sector minero-energético, asesinatos con bombas lapa. De predicar la cohesión social y dar la bienvenida a la inversión (local y extranjera), regresamos a hablar de "factores objetivos" causantes de la violencia y a obligar a los capitalistas a sentirse culpables de la violencia por su manida costumbre de querer ganar plata con el sudor del pobre. ¡Aleluya!
De perseguir a las Farc por narcotraficar, secuestrar, asesinar, desplazar, reclutar niños, violar mujeres y obligarlas a abortar, se regresa a las venias -como si fueran dignatarios de un "Estado embrionario"- en las reuniones que habrán de programarse con oenegés y embajadores que mirarán a nuestros funcionarios y empresarios con ojo acusador, "como al muchacho que armó un tierrero con sus metidas de pata en la administración de asuntos sociales". De discutir la agenda social con el pueblo en esforzados Consejos Comunitarios, se pasará a ventilar una "agenda política" con las Farc, porque, como anunció el ideólogo de la "solución política", Andrés Pastrana, "la acción del Estado se concentrará en las causas objetivas de la violencia: la pobreza y la inequitativa distribución del ingreso". ¡Aleluya!
Del fingido optimismo de la Seguridad Democrática que malbarató ocho años intentando que Colombia simulara tener alta autoestima como nación, volvimos al realista desborde de la criminalidad, definida por el inefable consejero Jaramillo y el 'ideólogo' del régimen, León Valencia, como "conflicto interno armado" o "guerra civil". Del pérfido espíritu de combate de las Fuerzas Armadas, regresamos a lo que certifica Serpa, otro ideólogo del gobierno Santos -cuyas ideas, empero, nunca merecieron el triunfo en las urnas-: "La paz nace del convencimiento de que nadie tiene la victoria militar (...). El conflicto no tiene vencedores a la vista". ¡Aleluya!

Twitter: @JOSEOBDULIO

Adiós a las Farc

17 de noviembre de 2011 | Reflector | Por: FERNANDO LONDOÑO HOYOS

Esta guerra se acabó. Que no inventemos otra.
No es fácil vaticinar lo que será esa masa informe de bandidos que ha quedado como despojo de lo que las Farc fueron. Nada queda de esa organización espantable, sometida al tiránico poder de un hombre, 'Tirofijo', con sus acólitos del secretariado; nada de esos grupos dispersos en la geografía, pero unidos por una disciplina común y por un mal discurso que les daba cierta entidad; y nada, mucho menos, de la guerrilla triunfante que puso de rodillas al Estado y alcanzó a dominar con su aparato de terror más de la mitad del territorio nacional. De todo aquello no queda nada. O apenas, como diría nuestro poeta inmortal, "tiras de piel, cadáveres de cosas".

El presidente Uribe Vélez derrotó a las Farc. En un año de gobierno armó para combatirlas un ejército, adicional al que teníamos, de cien mil hombres, entre soldados y policías, hecho sin antecedentes ni réplica posible en el continente americano. Y lo equipó, lo adiestró y, sobre todo, le dio espíritu de combate, ansia de victoria, sentido histórico a su lucha. Pero las Farc no habían muerto. Su caudillo seguía vivo y habían tomado a su nombre las riendas del poder dos hombres ambiciosos, sin escrúpulos y capaces de cualquier barbarie. 'Raúl Reyes' y el 'Mono Jojoy' se habrían bastado para mantener con vida ese organismo putrefacto.
Cuando cayeron esos personajes, todo estaba perdido. Pero el secretariado tomó la única decisión posible para alargar la agonía. Fue el nombramiento de 'Cano'.

Los curtidos guerrilleros de las Farc despreciaban a su nuevo jefe. Su ineptitud para las armas lo hacían motivo de irrisión. Pero se jugaron la carta del intelectual, nada merecida, sea dicho, pero la única posible. 'Cano' vivo daba la impresión de un ejército y un comandante. En el fondo, no había ni lo uno ni lo otro. Pero parecía que lo hubiera. Y eso bastaba. Por eso defendieron las Farc tan ferozmente a 'Cano'. No por lo que valiera en sí mismo, que a los efectos prácticos era nada, sino por lo que representaba. Cuando se vino abajo el grupo pertinaz del cañón de las Hermosas, quedó claro el agotamiento bélico de las Farc. Y la muerte de 'Cano' fue el acta de su destrucción militar y política.

Quedan unos grupos de delincuentes aislados, sin sentido de pertenencia, sin fe, sin noción de unidad y sin mando.
'Timochenko' seguirá cuidando su diabetes en Venezuela y será su última idea crear un nuevo frente parecido al que mantuvo a 'Cano' con vida los últimos meses. Y su lejanía producirá no solo la obvia sensación de abandono, sino lo peor que puede padecer la negra alma de un grupo de bandidos: desprecio por el jefe.

A las Farc les quedan reductos de impenitentes y feroces guerrilleros que atenderán su propio interés. Y ello, solo porque no tienen alternativa. Que el 'sargento Pascuas', o 'Pablo Catatumbo', o 'Fabián Ramírez' renuncien a ser lo que han sido es un imposible moral y físico. La cocaína, como hasta ahora, les permitirá mantenerse en armas. Pero sin orden y sin esperanza. De modo que a las Farc no les queda sino el discurso. El que mantendrán a su nombre los del Partido Comunista que sustituyan a Gilberto Vieira, Álvaro Vásquez, Manuel Cepeda, Manlio Lafont o Luis Morantes (alias 'Jacobo Arenas'). Esos tales existen y tienen aspiraciones de reemprender el camino. Pero les faltan 'Tirofijo' y una idea menos anacrónica y torpe de lo que hoy representa una guerrilla castrista.

Los que están hablando de una paz negociada cañan con par jotas, diríamos con expresión de mucha usanza en los círculos del poder. Y solo un monumental error de perspectiva o un acto deliberado de traición al país abriría el espacio para la resurrección de las Farc. ¿Por qué no se reclama la victoria?

¿El renacer de las Farc o Farcbacrim?

17 de noviembre de 2011 | OPINIÓN | Por: Guillermo Rodríguez

El considerado grupo terrorista está aislado, incomunicado y con uno de sus líderes ideológicos más fuertes en dos décadas, muerto.
Tras el golpe más fuerte contra las Farc por parte de las Fuerzas Armadas de Colombia se prueba que el considerado grupo terrorista está aislado, incomunicado y con uno de sus líderes ideológicos más fuertes en dos décadas, muerto. La banda guerrillera se apresura a señalar a través de un comunicado que insistirá en su llamado plan estratégico para llegar al poder.La pregunta que varios sectores políticos y militares se hacen hoy en Colombia es ¿hasta cuándo estará ese grupo ilegal dispuesto en insistir en el secuestro, en la activación de bombas, en la siembra de minas antipersona, en el uso de otras armas no convencionales para llegar a ese objetivo?
El mensaje es claro para los miembros de las Farc: dejar las armas a un lado, regresar a la sociedad civil, hacer parte de un colectivo social que insatisfecho por la actuación de los gobiernos ha salido a protestar y a través de las ideas, más no de la violencia y mucho menos por la vía armada y el terror, solicitan y reclaman al unísono sus derechos.
Muchos le han apostado a la paz, han dirigido su esfuerzo intelectual y político y lo han conseguido, como el electo alcalde de Bogotá, Gustavo Petro. Gústenos o no, ese día triunfó la democracia, porque ganó el voto de quienes escogieron a este exguerrillero que prefirió la negociación para convertirse en un fuerte líder político.
Es preferible acudir a esa vía, a la de silenciar los fusiles y siguiendo uno a uno los pasos propuestos por sus viejos amigos de ETA, quienes los instruyeron en la activación de artefactos explosivos y en la expansión de su llamada diplomacia internacional; pídanles ahora que se apresuren a planear una verdadera estrategia política que los aleje cada vez más de la vía armada y que sea puesta sobre el tapete una propuesta que lleve incluso una futura amnistía.
Después de la operación que permitió dar de baja a alias “Raúl Reyes” y la muerte natural de Manuel Marulanda, su legendario líder, las Farc, según informaciones de inteligencia, pusieron a rodar el llamado plan Renacer para fortalecer la ofensiva terrorista y diplomática con el propósito fundamental, según ellos mismos, de presionar a través de la mal llamada figura del canje.
Como quien dice, ahora no será Cano quien decida la suerte de 18 policías y militares, la mayoría secuestrados desde hace más de una década, atrapados en condiciones inhumanas en jaulas peor que monos y encadenados a los árboles. La vida y condiciones de estos hombres dependerán de alias “Timochenko” quien pasa a reemplazar al recién abatido Alfonso Cano.
¿A dónde tendrá que dirigirse la voz de los familiares que sufren en silencio el secuestro de los suyos? ¿Al Secretariado General de las Farc para que en un gesto de buena voluntad, si es que lo tiene en el momento, libere unilateralmente a los llamados secuestrados canjeables o por lo menos a un primer grupo inicial, para quitarse de encima la presión militar? ¿O a los héroes de las fuerzas armadas colombianas que trabajan en silencio las 24 horas del día en peligrosas misiones para que les rescate a sus seres queridos, como sucedió durante el gobierno del presidente Álvaro Uribe?
Señor Timochenko, ¿no será mejor quedar en la historia de Colombia como el hombre que terminó liderando una de las guerrillas más antiguas de Latinoamérica y que finalmente le apostó a la paz para llegar a través de la vía democrática al poder? O pasar a la historia siguiendo los pasos de sus otros camaradas. Es mejor apostarle a la vía de la negociación y como primer gesto de voluntad dé las primeras señales para conversar, tal y como lo ha venido ofreciendo desde que comenzó su gestión el presidente Juan Manuel Santos.