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Peláez y Gardeazábal agosto 1 de 2018
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El submarino de la paz

3 de abril de 2012 | ANÁLISIS | Por: Miguel Gómez Martínez
Como un submarino, invisible y silencioso, avanza la estrategia del gobierno para llevar al país a un nuevo proceso de paz.
Como en un rompecabezas, las fichas van encajando sin que la opinión pública conozca el diseño final.
La primera fase consiste en reactivar la tesis de que la única salida real para el conflicto es la negociación. Desde el discurso de posesión, el presidente Santos ha venido acariciando el tema alrededor de la figura de la llave que tiene en el bolsillo que abriría el diálogo con la guerrilla. Para ello ha contado con el coro de áulicos encabezados por Piedad Córdoba, Ernesto Samper, Andrés Pastrana, Horacio Serpa, El Espectador, El Tiempo, El Nuevo Siglo, La Silla Vacía, casi todas las emisoras y canales, los programas de opinión, los intelectuales, las ONG, Chávez, Correa, Evo, Dilma, Ollanta, Raúl, Cristina y otros cuyos nombres se me escapan.
El segundo capítulo es el marco jurídico para la paz. Como vamos a negociar con violadores de los derechos humanos y criminales de guerra, hay que ofrecerles impunidad. El marco jurídico para la paz es la ley de los victimarios. Mediante una sofisticada jerga jurídica se propone en la Constitución que una ley definirá “los casos en los que procedería la suspensión de la pena y se autoriza la renuncia a la persecución judicial penal”. Esto, en lenguaje de legos, es garantizar que los que se sometan al proceso de paz no irán a la cárcel. Otros prefieren llamarlo amnistía.
Para que todo esto cuaje, se requiere la benevolencia de las ONG, siempre dispuestas a exigir lo máximo cuando se trata de violadores de los derechos humanos paramilitares pero suaves cuando se trata de violadores de derechos humanos de la guerrilla. Por ello el reversazo del fuero militar luego de las protestas escuchadas en Washington. El nuevo proyecto de fuero es una obra maestra de ilusionismo. En apariencia amplia el marco de protección para los miembros de la fuerza pública pero en realidad, dados los compromisos internacionales firmados por Colombia y que forman parte del  bloque de constitucionalidad, los militares no gozarán de mayor seguridad jurídica. Además, como se trata de un acto legislativo que deberá ser reglamentado por una ley estatutaria, estamos hablando de un año adicional de demora, tiempo valioso para seguir recorriendo el camino hacia el diálogo con la guerrilla.
¿Por qué utiliza el gobierno esta estrategia submarina? Esa es una pregunta importante. La razón fundamental es de tipo mediático. Si los colombianos se huelen, así sea de lejos, que volvemos a una estrategia similar a la tragedia del Caguán se opondrían radicalmente. Hay por lo tanto que volver a ambientar la idea de que la paz está al alcance de la mano y que la guerrilla esta vez sí es honesta y transparente en sus intenciones.
La guerra se perdió hace muchos años cuando renunciamos a la victoria militar. El mayor triunfo de la guerrilla es haber convencido a los líderes de opinión en Colombia que la guerra no puede ser ganada. Y como bien decía Richard Nixon, “si no estás listo para hacer la guerra, haz la paz.”

Buenas intenciones

28 de enero de 2012 | El observador | Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

No parece prudente es que guardemos silencio aquí ante el nombramiento de semejante personaje en el cargo más sensible para Colombia. Porque no me digan que lo importante es el de Comercio cuando nadie quiere vender una aguja a Venezuela.
Nombraron al socio de ‘Timochenko’ como Ministro de Defensa de Venezuela y no pasó nada. Ahora lo condecoran por su colaboración en la lucha contra el narcotráfico y tampoco fue posible escuchar del Gobierno Nacional un comentario sobre lo que la designación significa para Colombia.
El coronel Chávez tiene todo el derecho de nombrar a quien quiera sin que se pueda interferir en sus decisiones. No es la primera vez que lo hace. Antes tuvo a un tal Rodríguez Chacín, chafarote como él y compinche de Henry Rangel Silva en sus bellaquerías con las Farc. ¿Quién no se acuerda de los lanza misiles que Suecia le vendió al Gobierno de Venezuela y fueron a parar a manos de la guerrilla? ¿Olvidamos que Rodríguez, especialista en inteligencia militar, se paseó por Colombia interviniendo en la liberación de secuestrados mientras les proporcionaba armas a los secuestradores?
Es decir, Chávez ha hecho lo que le ha dado la gana con sus compinches de golpe. Así desbarató las Fuerzas Armadas de su país, permitiendo que se cree el “cartel de los soles”, organización de oficiales dedicada al narcotráfico denunciada por los propios mafiosos. Al final, como cualquier dictadorzuelo haitiano, él puede convertir a las Fuerzas Militares en su guardia personal al estilo de los tonton macute de la familia Duvalier. Y en su mezcla de grandeza y paranoia, puede imaginarse que la obligación de defender a Venezuela es igual a satisfacer sus delirios.
Lo que no parece prudente es que guardemos silencio aquí ante el nombramiento de semejante personaje en el cargo más sensible para Colombia. Porque no me digan que lo importante es el de Comercio cuando nadie quiere vender una aguja a Venezuela. El Ministro de Defensa es quien encabeza la lucha contra el crimen, lo que significa combatir entre otros a las Farc y el ELN que convirtieron a los venezolanos en víctimas de los secuestros y extorsiones. Y debe evitar que sus fronteras sean violadas como lo hacen ‘Timochenko’, ‘Iván Márquez’ y sus secuaces cada que les place o lo necesitan.
Eso no sería grave si no fuera porque esos delincuentes se burlan de nuestro país aprovechando la complicidad de personajes como Rodríguez Chacín y el ahora Ministro. Y porque usan a Venezuela para planear sus fechorías contra nosotros o para huir de nuestras autoridades o para manejar el narcotráfico con el “cartel de los soles”. Por eso, el Gobierno colombiano debería decir algo antes de que el afán por mantener relaciones de “amistad” con Chávez se voltee contra sus buenas intenciones.
Seamos claros: que nombren a Rangel, vaya y venga, así el tipo haya amenazado con un baño de sangre a su Nación si el chavismo pierde las elecciones. Pero no parece que sea bueno el silencio cuando lo condecoran dizque “por su aporte a la lucha contra el narcotráfico” mientras el resto del mundo lo acusa de narcotraficante. Y no parece sano que, en aras de la supuesta amistad, nuestro Ministro de Defensa deba sentarse con ese señor a compartir información y acordar las medidas de seguridad, mientras el tipo tiene relaciones con las Farc, el ELN y la ilegalidad en la frontera.
Por eso es necesario que el Gobierno explique su posición frente al Ministro de Defensa de Venezuela. Aunque sea recomendable tener buenas relaciones en el vecindario, no debe olvidarse que “de buenas intenciones está empedrado el camino al infierno”.