ATENCIÓN:
Todos las publicaciones, mensajes y/o comentarios de este Magazine están bajo la
protección del Art. 19 de la Declaración de Derechos Humanos, que estipula:
"Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones opiniones y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión".
Declaración Universal de los Derechos Humanos; Asamblea General de la ONU 
Dic 10 de 1948
Peláez y Gardeazábal agosto 1 de 2018
Escucha"#PEGA Peláez y Gardeazábal, agosto 1 2018" en Spreaker.
Mostrando entradas con la etiqueta Gobierno de INDIGNIDAD Nacional. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Gobierno de INDIGNIDAD Nacional. Mostrar todas las entradas

Tres sombras

 La Claridad | Por: PALOMA VALENCIA LASERNA | Publicado: dic. 21, 2012 
Terminamos el año embarcados en una mesa de negociación con las Farc. Algunos siguen ilusionados en que aquello nos acerca a la paz…
..Otros sentimos que el solo hecho de haberle dado interlocución a un grupo tan temible de narcoterroristas está dándole vigencia a la idea de que la violencia puede tener réditos políticos.
Esta semana reaparecieron tres sombras sobre la realidad nacional. La economía no creció como se suponía que lo haría; dice el Gobierno que se explica por la baja en la construcción. Es una manera solapada de culpar a Petro, pues el Gobierno viene insistiendo que las complicaciones que ha impuesto la Alcaldía han detenido el crecimiento de la construcción en la capital. Si bien el argumento tiene algo de razón, hay otras señales que no pueden pasar desapercibidas. El recaudo tributario ha empezado a retroceder, aquello muestra que las empresas y las personas no están solventes. Los indicadores sobre el crecimiento industrial no son alentadores. El Gobierno que ha insistido en que todo está bien, ahora dice que precisamente por eso presentó la reforma tributaria.
Por otra parte terminamos el año embarcados en una mesa de negociación con las Farc. Algunos siguen ilusionados en que aquello nos acerca a la paz. Otros sentimos que el solo hecho de haberle dado interlocución a un grupo tan temible de narcoterroristas está dándole vigencia a la idea de que la violencia puede tener réditos políticos.
Fedegan no asistió al Foro que habían programado la Universidad Nacional y la ONU. Santos calificó a su presidente como irracional, en tanto que ‘Iván Márquez’ lo tildó de paramilitar y lo acusó de intentar sabotear el foro y el proceso. ¿Qué tal las Farc intentando señalar, cuando sus manos están llenas de sangre de los colombianos? La estigmatización que intentan hacer las Farc es ridícula: ellos el mayor cartel de tráfico de drogas y los autores de crímenes como secuestros, voladura de pueblos, de infraestructura, asesinatos, extorsiones… En Colombia todos las organizaciones y grupos económicos han tenido infiltración de algún grupo ilegal; eso no convierte a esos grupos en cómplices de las atrocidades de los que pretenden poder a través de las armas.
Las razones que tienen los ganaderos para no ir son válidas y hacen parte del debate democrático. ¿Qué pensaría el sector financiero si tuviera que enfrentar una eventual expropiación por decisión de las Farc? ¿Qué, los empresarios, los constructores o los médicos? Todos queremos la paz, en especial los ganaderos que han sido una de las mayores víctimas de las Farc, pero eso no necesariamente tiene que llevarlos a darle a la guerrilla la vocería para opinar o decidir cómo debe ser el desarrollo agropecuario del país. El Gobierno no puede pretender que los verdugos vengan ahora a jugar de redentores, menos de jueces morales. La ley que proscribe y castiga esos terribles crímenes que han cometido las Farc debe aplicárseles; eso es lo que piden los ganaderos, y con ellos varios colombianos.
La terrible sentencia de La Haya que nos despojó en un solo golpe de una fracción muy importante nos mostró la precariedad de nuestra diplomacia. Nuevamente la Nación resultó condenada en las Cortes Internacionales, por hechos que han sido bien conocidos en el país, por ser una farsa. La condena por el supuesto bombardeo a Santo Domingo lesiona el buen nombre de nuestras instituciones, y como lo han señalado muchas voces se sospecha de ONG que se han dedicado a buscar la manera de obtener recursos a través de las demandas al Estado, incluso con falsas víctimas. Es hora de que Colombia abandoné los tribunales internacionales. No nos va bien; basta recordar que el abogado para este importante caso se nombró dos días antes de que vencieran los términos para presentar los alegatos.
Este es un espacio de opinión destinado a columnistas, blogueros, comunidades y similares. Las opiniones aquí expresadas pertenecen exclusivamente a los autores que ocupan los espacios destinados a este fin  y no siempre reflejan la opinión o posición de LA OTRA MITAD DE LAS VERDADES A MEDIAS.

EUFEMISMOS SANTOS

3 de mayo de 2012 | OPINIÓN | Por: DIEGO MORA
El presidente Santos se convirtió en foco de comentarios y críticas durante su gobierno más por sus desaciertos que por sus buenas ejecuciones, aunque estas han sido pocas.
Se caracteriza el Presidente por emitir un discurso cuadriculado, con cálculo político y ahora populista, pero a la vez incoherente.
¿Qué tal regalar 100 mil casas para contrarrestar las encuestas?

Ese discurso también está lleno de eufemismos. La "mano negra", para señalar, al aire, a aquellas personas que discrepan del gobierno y que según Santos solo quieren hacerle daño al país.

La "maldita niña", refiriéndose al duro invierno que nos azotó, azota y azotará y el cual no tiene ninguna solución, un ejemplo claro es Gramalote, que espera y exige que Santos les cumpla lo que les prometió.

Los "idiotas útiles", que maximizan el accionar del terrorismo, porque para Santos los muertos diarios y los atentados terroristas siguen siendo un asunto de percepción.

Después de la masacre en Caquetá que deja tres militares y un policía muertos, además un periodista francés secuestrado, el gobierno en cabeza del Ministro de Defensa expresó, en una clara referencia a Uribe, que "los enemigos del gobierno no pueden usar a los soldados caídos para hacer política".

Señala el gobierno del presidente Santos a Uribe como su enemigo y además lo acusa de estar haciendo política al rechazar, vehementemente, el accionar terrorista en el país y por lamentar la muerte de aquellos héroes de la patria que cada día se juegan la vida por salvar la nuestra.

Hacer esta referencia e involucrar directamente a Uribe significa que Santos no fue capaz de aguantar la crítica, merecida, de su predecesor. Uribe se ganó a pulso el derecho de opinar en Colombia, sobre todo si sus comentarios van dirigidos a un gobierno que se eligió con sus bases y con la promesa de continuar su legado, pero que en cuanto pudo le dio la espalda y lo mandó al pasado.

¿Quién critica al gobierno es su enemigo? Si en este caso Twitter es el medio debería, presidente Santos, pedirle a quien maneja su perfil en esa red social que le lea algunos mensajes de los que recibe a diario y así se dará cuenta, según su rasero, de que tiene más enemigos de los que cree.

Por último: Uribe lleva más de 30 años de vida pública, es y ha sido coherente en su discurso y siempre está haciendo política, así que esta acusación desconoce de tajo quién es él, lo que representa para el país y su amor por Colombia. Eso no se hace presidente Santos, eso no se hace.

Fecha: Mayo 2, 2012

Sin el uribismo no le alcanza

15 de abril de 2012 | Registro | Por: RAFAEL NIETO LOAIZA

Por Uribe pasamos de ser ‘estado fallido’ a la niña que todos pretenden. Si Colombia está de vuelta, para usar la expresión de la carátula de Time, es por cuenta del liderazgo, tesón y trabajo de Uribe.
La gente votó por Santos porque se presentó como el continuador de las políticas de Uribe.
Con su entrevista a CNN, Santos quería provocar a Uribe. Y lo consiguió. El expresidente embiste si le muestran la muleta. ¿Por qué abandonó su mantra de no pelear con Uribe? No lo sé y no logro entenderlo. Pero ya no podrá decir que Uribe pelea solo. Ahora quien abrió fuego fue él y de manera innecesaria. En su impacto más grave, erró en el cálculo político.
Decir que los trinos de Uribe “lo tienen sin cuidado” fue descortés. Aunque no puede gobernarse por la opinión pública y es deber del Presidente tomar decisiones adecuadas aunque sean impopulares, el comentario cojea por varios flancos. Por un lado, porque si un presidente vive pendiente de encuestas y de la opinión es Santos. La hipersensibilidad de algunos de sus asesores por lo que columnistas dicen es bien conocida, como son conocidas las llamadas para pedir que se modifiquen noticias y enfoques que no les gustan. Por el otro, porque la opinión de Uribe tiene un valor especial que debería ser considerado por cualquier gobierno y en particular por éste. Por Uribe pasamos de ser ‘estado fallido’ a la niña que todos pretenden. Si Colombia está de vuelta, para usar la expresión de la carátula de Time, es por cuenta del liderazgo, tesón y trabajo de Uribe. Así que mal hace un gobernante si desprecia las opiniones de quien tiene tanta experiencia y conocimiento y el país tanto le debe.
Pero además Santos es Presidente por Uribe. Fue Uribe quien lo revivió políticamente al darle la tarea de fundar el Partido de la U y al ofrecerle el Ministerio de Defensa. Y cuando la candidatura presidencial de Santos hacía agua, parecía no tener nada que ver con el Gobierno, fue el giro de identificación total con Uribe lo que lo devolvió a la vida y lo catapultó al triunfo. La gente votó por Santos porque se presentó como el continuador de las políticas de Uribe.
Por supuesto, Santos es Santos y no es Uribe. No es un clon ni una marioneta. Tiene el derecho y el deber de hacer su propia gestión y de marcar su impronta. Pero debe hacerlo sin darle la espalda al mandato de sus electores. Claro que los presidentes no están obligados a hacer todo lo que ofrecen en campaña. Es indispensable análisis permanente de prudencia, conveniencia y coyuntura. Pero tampoco pueden dejar a un lado los principios por los cuales fueron elegidos, las políticas por las que los votantes acudieron a las urnas. La traición a los electores es inaceptable porque pone en peligro las bases mismas del sistema democrático. Si un gobernante pudiera alegar que después de elegido no se debe sino a sí mismo, sembraría aún más desconfianza en el sistema.
Ahora, lo verdaderamente preocupante es la afirmación de Santos de que Uribe “es parte del pasado”. Uribe no es Presidente, pero está lejos de no tener futuro. Su fuerza política es innegable, como innegable es su calado popular, las simpatías y el fervor que despierta en las masas. Santos se equivoca al medir a Uribe por los comentarios de la prensa bogotana. Es en las regiones donde el expresidente tiene su respaldo. Graduarlo definitivamente como enemigo era innecesario e inconveniente. Nada bueno sale para el país del enfrentamiento entre sus únicos líderes nacionales. Y puede ser peligroso. Si quiere la reelección no podrá conseguirla moviéndose al centro izquierdo. Sin el uribismo, no le alcanzan las mayorías.

PREMATURA Y COSTOSA CAMPAÑA REELECCIONISTA

14 de abril de 2012 | OPINIÓN | Por: ENORIS RESTREPO DE MARTÍNEZ
El Tiempo lo protege como a su bien amado delfín. Es como si antes no hubiera existido ningún gobernante
Creo que desde cuando Juan Manuel Santos empezó su periodo presidencial, él inició la campaña para su reelección y aunque la revista Time recientemente le dio carátula, con todo respeto la impugno por diferentes motivos:
No me gustan sus ambigüedades, como si quisiera quedar bien con todo el mundo. No se trata de casar peleas, pero tampoco de entregar todo por pequeños o grandes halagos. No pretendo que gobierne con la austeridad de Uribe pero me disgusta el estilo rimbombante y altisonante de este gobierno.

Rechazo sus frecuentes manifestaciones de afecto hacia Chávez, a pesar de las reconocidas simpatías de ese presidente y su régimen con las guerrillas colombianas.

Critico la falta de firmeza ante los homenajes en Venezuela a Tirofijo, al publicitado refugio que tienen esos grupos en el vecino país y la aceptación callada del reciente nombramiento de Henry Rangel (ministro de Defensa venezolano) el gran amigo de Timochenko. Tampoco me gustan las constantes genuflexiones ante la izquierda internacional y nacional. Está bien buscar el centro, pero sin matricularse a la izquierda extrema.

Aunque en el panorama político también se ven aspiraciones presidenciales (Angelino, Juan Camilo, Vargas Lleras, Córdoba, Petro, Fajardo, etc.) ninguno tiene la "sartén por el mango" como Santos.

Todos tienen derecho a soñar, pero no con publicidad política pagada por el Estado, en horarios triple A, en los grandes canales de TV. Las famosas campañas Prosperidad para Todos y Colombia Humanitaria nos repiten constantemente las maravillas de este Gobierno para reforzar la imagen de Santos.

Además, El Tiempo lo protege como a su bien amado delfín. Es como si antes no hubiera existido ningún gobernante, ni la seguridad democrática de Uribe hubiera influido en la recuperación económica del país.

Tampoco me gustan los mecanismos de suspenso que manejan desde la Casa de Nariño, ni las supuestas o reales conversaciones de paz tras bastidores.

Ha habido un poco de freno a la guerrilla, pero ya no se habla de sensación de inseguridad sino de una situación real de violencia. Las Farc, por un lado organizan teatros, y por el otro, ataca. Así mismo, preocupa el avance de las bacrim y de las bandas de atracadores. O sea que gústenos o no, la paz está lejana. También me desagrada esa manera de buscar culpables por todo a como dé lugar, sobre todo si es de gente que trabajó con Uribe (aunque en esto último la justicia tenga su gran participación).

Ni me parecen adecuadas las acusaciones generalizadas contra ciertos gremios.

La falta de lealtad de Santos con Uribe, imagino, se volverá proverbial y no sabemos quién sufrirá la próxima deslealtad.

Soy una voz insignificante en el campo político y respeto el apoyo que tres destacados dirigentes le dieron hace poco al Presidente. Ellos tienen una gran responsabilidad empresarial y desde esa posición es comprensible. Pero no la comparto.

Santos quiere borrar a Uribe

14 de abril de 2012 | EDITORIAL | Por: EL COLOMBIANO
Borrar, como "cosa del pasado", al artífice del rescate de la dignidad nacional, que ahora Santos pretende presentar como cosa suya, es no sólo una injusticia histórica, sino una torpeza política.
No creemos que los múltiples ataques de estos días contra el Expresidente Álvaro Uribe Vélez sean mera coincidencia.

No recordamos antecedentes de un expresidente que, a más de año y medio de haber terminado su mandato, siga siendo objeto de toda una estrategia de demolición de su imagen, dignidad y prestigio.

Para ello, se ha echado mano de toda clase de mañas y golpes arteros. Los impulsores de tan dañina estrategia saben que no se enfrentan a un contrincante débil ni cobarde. Por eso afilan con mayor sevicia sus navajas.

Un día, un dirigente de extrema izquierda presenta, con gran aparato publicitario, supuestas pruebas sobre participación del Expresidente en hechos punibles, pruebas que no resisten un análisis crítico de la técnica forense.

Con apenas horas de diferencia con el espectáculo anterior, el canal de televisión del chavismo había presentado un documental lleno de inexactitudes, con participación obsecuente de opinadores colombianos, algunos de ellos no caracterizados por su honradez intelectual, sino por sus ideologías cegadas por el sectarismo y el odio.

Acompañado siempre todo esto por el obsesivo martilleo diario de muchos columnistas. Quienes si bien ejercen su libertad de opinión -ni más faltaba que fuéramos a abogar por lo contrario-, hacen que sus lectores echen de menos la aplicación de sus inteligencias y plumas a otros temas distintos a la reiteración permanente de sus animadversiones personales y políticas.

Y vienen a unirse a todo esto, las desafortunadas declaraciones del Presidente Juan Manuel Santos a la prensa internacional contra el Expresidente Uribe. No tan sorpresivas, en el fondo, pues sobre la deslealtad y el ejercicio oportunista de la política ha edificado íntegramente su carrera.

No alcanzaría el espacio para reproducir todas las advertencias hechas en su momento sobre el largo historial de volteadas y triples saltos políticos de Juan Manuel Santos en su recorrido por el poder.

Lo que es nuevo ahora, es el momento escogido para atacar a su exjefe: las vísperas de una Cumbre internacional en nuestro país, con amplia cobertura de prensa mundial y presencia de gobernantes de todo el continente.

Cumbre en la cual se hace todo lo posible por presentar una imagen renovada de Colombia, sus avances, retos y perspectivas.

Y eso no será factible si, como se pretende, se borran de tajo los cambios ejecutados en los dos mandatos del gobernante a quien ahora se pretende hacer "parte del pasado".

Porque no nos parece creíble que se trate de una simple respuesta de Santos a cuestionamientos hechos por Uribe Vélez en su activo twitter.

Santos está en su derecho de defender sus programas de Gobierno, así como de reivindicar su oportunidad para ejercer el mando bajo su propio estilo.

Pero Santos también sabe perfectamente por qué fue elegido con una votación tan grande, si nunca había tenido trayectoria de elección popular. Siempre había sido nombrado, nunca elegido.

Y lo fue en esa ocasión, por personificar, así fuera con disfraz, la política de Seguridad Democrática.

Lo dijo en su discurso de posesión: "(Hay) un hombre que brillará en la historia patria como aquel que devolvió a los colombianos la esperanza en el mañana y la posibilidad de recorrer sin miedo nuestro hermoso país: el Presidente Álvaro Uribe Vélez. Las próximas generaciones de colombianos mirarán hacia atrás y descubrirán, con admiración, que fue el liderazgo del Presidente Uribe, un colombiano genial e irrepetible, el que sentó las bases del país próspero y en paz que vivirán".

A Santos, evidentemente, no le importa borrar sus propias palabras y cambiar de postura cuando su particular interés se lo demande.

Pero hay millones de colombianos con memoria. Y conscientes de que en una refriega de esta naturaleza es todo el país el que pierde.

EN VÍSPERAS DE OTRO PROCESO

8 de abril de 2012 | COLUMNA | Por: RAFAEL NIETO LOAIZA
Los diez militares y policías que seguían en poder de las Farc fueron liberados. Rehenes de una guerrilla inhumana que los mantuvo encadenados como animales, perdieron decenas de años de sus vidas, años que nunca podrán recuperar.
Si antes fueron secuestrados para negociar con ellos, ahora son liberados con el mismo propósito. Las Farc y el Gobierno buscan generar hechos que les permitan anunciar diálogos de paz.
No hay nada que agradecer. Los diez militares y policías que seguían en poder de las Farc fueron liberados. Rehenes de una guerrilla inhumana que los mantuvo encadenados como animales, perdieron decenas de años de sus vidas, años que nunca podrán recuperar. Durante su cautiverio sus hijos crecieron sin padre, murieron los suyos, sus hermanos y amigos, se les fueron las vivencias y memorias que tenemos todos los mortales. Al menos, podrán decir, no corrieron la suerte de los asesinados en cautiverio. Por eso se aplaude que hayan recuperado su libertad.

Pero no más. En su liberación no hay gracia alguna o buena voluntad. Si antes fueron secuestrados para negociar con ellos, ahora son liberados con el mismo propósito. Las Farc y el Gobierno buscan generar hechos que les permitan anunciar diálogos de paz. Digo anunciar porque no tengo duda de que las conversaciones ya han empezado. Si hace un año sostuve en esta columna que creía que se estaban montando todas las piezas para una negociación, hoy tengo certezas. Hay hechos que no se explican sino en ese contexto como, por ejemplo, mantener de asesor de las operaciones de paz en Colombia a Baltasar Garzón, condenado por la justicia española. O que a Teodora la sala penal de la Corte Suprema no la haya sancionado por sus vínculos con las Farc o que tampoco haya noticia o proceso judicial alguno sobre los vínculos políticos y sociales de la guerrilla, con informaciones abundantes en los computadores de Cano y Jojoy, pruebas que confirman las que desecharon nuestros orondos magistrados en las memorias informáticas de Raúl Reyes.

Y lo ratifica la autorización que habría dado el Gobierno para el traslado a Cuba de Mauricio, el médico, miembro del secretariado de las Farc. Lo dijo el polémico José Obdulio en su columna y nadie lo desmiente. Y, curioso, tampoco nadie le hace eco. La prensa bogotana sigue engolosinada consigo misma y con el Presidente y se niega siquiera a registrar la información que cree que pueda no convenirle al Ejecutivo. Que en ello se le vaya la credibilidad no parece importarle. En fin, el viaje de El Médico a Cuba explicaría la visita de Santos a La Habana, so pretexto de verse con el Teniente Coronel de al lado. Se confirmarían así los rumores sobre el verdadero propósito de la intempestiva escapada de Santos.

Así que estamos en conversaciones con las Farc y en la víspera de un proceso de paz. Yo, advierto, estoy a favor de una salida negociada del conflicto. Habría que ser cruel y obtuso para estar en contra de la paz. Entre más pronto y menos muertos haya, tanto mejor. Cada vida salvada bien vale la pena el esfuerzo. Pero ese deseo no va en contravía de tomar todas las precauciones para no cometer los mismos errores del pasado y, por cuenta de las negociaciones, prolongar la violencia. Olvidar las décadas de intentonas de paz fallidas no solo es un error sino que es estúpido.

De manera que, para empezar, no puede cederse ni un centímetro en el combate militar y policial de la insurgencia. Si antes las Farc pedían "canje" por los rehenes y hoy los entregan unilateralmente es porque ahora no están en condiciones de exigir nada a cambio. Después, el propósito de las conversaciones no puede ser sino el de la desmovilización, el desarme y la reinserción. Nada, absolutamente nada más puede negociarse con los criminales. No hay en ellos autoridad ninguna para pactar asambleas constituyentes, acuerdos refundacionales o cambios en la estructura del Estado. Sería legitimar la violencia, otra vez, como mecanismo de lucha política. Y reiniciar el ciclo.

Y en el camino, más vale no entregar de entrada lo que no debería ni siquiera concederse en el final: las amnistías e indultos generales, perdón y olvido para crímenes de lesa humanidad y de guerra, para lo que llamamos delitos atroces. Es lo que se pretende con el acto legislativo que, por solicitud del Gobierno, tramita Roy Barreras. El "marco jurídico para la paz", como se le denomina pomposamente, no puede ser el de la impunidad.

Metamorfosis de Santos


5 de abril de 2012 | OPINIÓN | Por: Ernesto Macías Tovar
Comenzando el año 2010 se produjo el retiro voluntario de varios colaboradores del Gobierno con el único fin de apoyar la candidatura "oficial" a la Presidencia; movidos por el notorio desvelo del presidente Álvaro Uribe quien no ocultaba su preocupación frente a una realidad evidente: el nombre de Juan Manuel Santos no despertaba simpatías.
Imposible olvidar aquellas horas de angustia cuando las encuestas mostraban al candidato “naranja” por debajo del “verde”.
Comenzó así el duro trabajo proselitista para convencer a las bases uribistas de respaldar una candidatura que no despegaba. Pero, la consigna “Santos representa la continuidad de las tesis de Uribe” fue creando confianza y sepultando la apatía.

Imposible olvidar aquellas horas de angustia cuando las encuestas mostraban al candidato “naranja” por debajo del “verde”. Y que la dirigencia regional se resistía a ‘catequizar’ al electorado para votar por “Santos Presidente”.

Además, el candidato oficialista era diezmado por los ataques de sus competidores -Vargas y Pardo- calificándolo de “padre de falsos positivos”; por columnistas -Juan Camilo Restrepo- tratándolo de mentiroso; por las voces de expresidentes -Gaviria, Samper y Pastrana- induciendo al electorado contra un “ingrato y conspirador”. Y por los epítetos de Chávez advirtiendo que la elección de Santos representaba ‘una amenaza para la región’.

Ante tal situación surgió la necesidad de aplicar una reingeniería a la campaña la cual consistió en darle un giro a la publicidad -de naranja a La U-. Y, sobre todo, un cambio del discurso. A partir de ahí “Juan Manuel” repetía continuamente el nombre de Uribe en sus intervenciones e insistía en el encargo solemne de continuar las políticas de seguridad democrática, confianza inversionista y cohesión social.

La estrategia, sin duda, funcionó y catapultó la candidatura. La categórica victoria electoral en la primera vuelta, a la cual Santos llegó solo con el apoyo del uribismo, era la respuesta al éxito de las políticas que habían producido el gran cambio en el país. Los ciudadanos acudimos a las urnas convencidos de elegir el legado de Uribe. Ese era el mandato popular.

Dos años después de aquella victoria contra todos aquellos, hay que hacer un gran esfuerzo para aceptar que el Presidente de hoy es el mismo candidato por el que votamos nueve millones de colombianos. Inadmisible pensar que los programas de gobierno en ejecución sean las propuestas derrotadas en las urnas. Casi imposible entender que aquellos quienes ayer lo señalaron con el dedo acusador de ser el autor de graves oprobios son los voceros de su gobierno. Muy difícil admitir que sus faros políticos sean los expresidentes que se la jugaron para impedir su llegada al poder. Insólito ver que aquel quien lo tildó de “amenaza para la región” sea su ‘nuevo mejor amigo’. Y, lo peor, para el ciudadano del común es inverosímil imaginar que quien fuera su mentor y autor de su llegada a la Presidencia sea el objetivo a perseguir del gobierno y el blanco de las infamias de sus funcionarios.

Si bien es cierto, según sus palabras, Santos vive erróneamente convencido que 'sólo los imbéciles no cambian de opinión cuando cambian las circunstancias', el cambio de candidato a presidente no le puede producir una metamorfosis tan drástica.


Twitter: @emaciastovar

La cumbre de la nada

24 de marzo de 2012 | COLUMNA | Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Santos cayó en la celada que tendió su avispado colega del Ecuador al enarbolar la bandera de la injusticia que se comete al no invitar al castrismo.
Rafael Correa despotrica de la Cumbre y es incapaz de esconder su odio hacia nuestro país, prolongando el suspenso sobre su asistencia.
Pobre la Cumbre de las Américas. Para ayudar al Gobierno colombiano y evitar que la reunión de mandatarios se concentre en la crítica al imperialismo y el anacrónico modelo de relaciones en el Continente, Barack Obama sacó del cubilete la posibilidad de discutir sobre las drogas ilícitas.
Fue el gran salvavidas para el presidente Santos, encartado como está en la realización de un evento que no le dejará nada útil. Y donde Cuba es ya la protagonista sin estar presente, porque Chávez, Evo, Correa y Ortega aprovechan para exigir la invitación al hermano de Fidel, quien nunca pensó en asistir. Así, Santos cayó en la celada que tendió su avispado colega del Ecuador al enarbolar la bandera de la injusticia que se comete al no invitar al castrismo, como si la culpa fuera de Colombia.
“No es nada personal, ni es contra Colombia”, dice Rafael Correa, mientras despotrica de la Cumbre y es incapaz de esconder su odio hacia nuestro país, prolongando el suspenso sobre su asistencia. “Voy pero no voy”, dice Evo, un día después de aceptar en Bogotá el nombramiento que le hizo nuestro Gobierno como presidente de una de las comisiones. Y Chávez dice un día sí y otro día no, fiel a su estilo de alargar su protagonismo. Lo cierto es que ellos serán los primeros en ir porque son los más interesados en usar el tinglado que se montará en Cartagena.
Y como hay que hacer algo que le ayude al Gobierno de Colombia a salvar la cara, Obama soltó el irresistible salvavidas de las drogas. De pronto, sus voceros dicen que sí se puede hablar de ello, después de que afirmaron que la política de Estados Unidos seguía inamovible. Lo cierto es que la marihuana dará mucho de qué hablar en la desvencijada Cumbre, pero nada saldrá de ahí, salvo una nube de humo con la cual tratarán de evitar que el convite se concentre en Cuba.
Aclaro que el humo que saldrá es el de la paja que se ha hablado en las últimas semanas y se hablará por montones en Cartagena. Porque da para pensar que el presidente Santos haya planteado la despenalización, o la regulación, o como quieran llamar lo que están proponiendo hacer con la lucha antinarcóticos, para que después el mismo Presidente declare que no liderará ningún cambio, que no se trata de echar por la borda el sacrificio hecho por Colombia en los últimos treinta años y que su interés al promover el debate es interpretar el sentimiento latinoamericano.
O sea, nada de nada. Para quienes no conocen cómo funcionan esas cumbres, hay que advertir que allí no se discutirá nada porque todo estará discutido y aprobado con antelación. En esas condiciones, Colombia deberá soportar otro mar de palabras sin soluciones sobre el narcotráfico, su gran enemigo. Entonces, nada de formarse ilusiones sobre un cambio de América frente al régimen castrista, o sobre una revolución en el tratamiento a las drogas ilícitas, a los consumidores y a los productores.
Nada de eso. Además de las usuales insolencias de Chávez o las miradas de ira de Correa y lo discursos antiyanquis de Evo, lo que se producirá en Cartagena será un desfile de delegaciones gigantescas y costosas, unas fotos incómodas con abrazos y felicitaciones de mentiras y una nueva frustración para el sueño imperial de Bolívar de tener una América unida y solidaria.

Balances y tristezas

6 de marzo de 2012 | OPINIÓN | Por: FERNANDO LONDOÑO HOYOS


El Cauca es un campo de batalla; sacar un barril de petróleo del Caquetá, una hazaña; el Chocó está secuestrado; Arauca, como en sus peores épocas…
Cuando anda el gobierno del presidente Santos en el 40% de su vigencia, son inevitables los primeros balances. La última encuesta de Invamer Gallup es un buen motivo, porque tiene la virtud de denunciar alta la imagen del Presidente, y muy baja la de sus ejecutorias.
Es una contradicción que explica la carga de publicidad oficial y para oficial, pagada con el dinero de todos, claro está, que lamentablemente no alcanza sino para medio sostener al Jefe, cuando la estantería se derrumba.
Los colombianos se sienten en las peores horas de la inseguridad. La de las ciudades es dramática, y la de los campos, tan mala como en vísperas del Gobierno Uribe, hasta ahora y por fortuna no totalmente extendida por la geografía nacional. El Cauca es un campo de batalla; sacar un barril de petróleo del Caquetá, una hazaña; el Chocó está secuestrado; Arauca, como en sus peores épocas; la región del Catatumbo, en Norte de Santander, está perdida; Cali, rodeada de guerrilla por todas partes; la región del Pacífico arde entre explosivos y cocaína; y la frontera del Ecuador sirve para que miles de colombianos busquen la paz en el destierro.
Llenos de billones por todas partes, no hemos sido capaces de construir las casas que perdieron miles de desgraciados en la temporada invernal de hace un año. El consuelo para ellos está en que la culpa es de los alcaldes y no del gobierno central. Así serán menos malas las noches en los infames campamentos de miseria, suponemos.
Tampoco han valido los billones para que resolvamos el problema de la doble calzada a Girardot, ni el problema de la doble calzada a Tunja. En la primera, porque está de por medio el señor Char, y al ministro Vargas Lleras no se le puede tocar al mejor amigo. Y en la segunda, no sabemos quién está de por medio. Y esas son apenas perlas para la muestra. No hay ni señales de mejoramiento en nuestra infraestructura, la peor de América, sea dicho con perdón.
La producción agropecuaria viene empezando un peligroso proceso de caída libre. Ya lo entendió el ministro Restrepo, solo ocupado en perseguir furiosamente a los terratenientes, excepto a los de Ubaté, porque a nadie le gusta que el tiro le pegue en el pie. La culpa tampoco es del gobierno. Será del Banco de la República por subir las tasas de interés. Las mismas que por crecientes demuestran que la política económica es la mejor del mundo.
Las exportaciones son muy altas, nos dicen con gran orgullo. Callando, o diciendo muy quedo, que se explican en más del setenta y cinco por ciento por las ventas de minerales. Volvimos, 45 años después, a la mono exportación que combatió Carlos Lleras Restrepo. ¡Y dicen que no hay milagros económicos!
Las importaciones suben a ritmo de vértigo. Sin contar la sub facturación que nadie menciona, tal vez porque no se mienta la soga en casa del ahorcado. Y detrás de esa cifra fabulosa, que supera de verdad y con mucho los sesenta mil millones de dólares anuales, está la tragedia de miles de pequeños y medianos negocios que se cierran todos los días, asfixiados por la competencia internacional que llega promovida por la moneda más dura del mundo.
La mermelada alcanza para toda la tostada, dijo nadie menos que el señor Ministro de Hacienda. El gobierno nada en la abundancia. Es el ricachón desafiante en la casa de los pobres. Porque tenemos el desempleo más alto de América Latina, y eso que todavía se deja adornar con los datos del empleo informal ignominioso que padecen centenares de miles de hogares colombianos.
Pero la mermelada tiene empalagados a todos los políticos, que cómodamente sentados en la mesa de la unidad nacional se engullen en silencio las apetitosas porciones del presupuesto que les arroja el Gobierno para que sacien su voraz apetito.
Lo mejor es la política internacional. Tan hábil y diserta, que nos ha dejado de amigos de Chávez y Correa, y por reflejo de Ahmadinejad y Bashar Al Assad. Uno tiene los amigos que merece. Y también el Gobierno que tolera. Y peor aún, el que aplaude.

SOY UN IDIOTA ÚTIL

29 de febrero de 2012 | OPINIÓN | Por: DIEGO MORA

Discúlpeme, señor Presidente Juan Manuel Santos, por ser un idiota útil y magnificar los actos terroristas de las Farc.
Discúlpeme, usted, por sentir que nos jugó sucio y nos utilizó a más de nueve millones de personas que votamos para que fuera Presidente
Le pido, por favor, que sepa perdonar semejante osadía al opinar sobre la situación actual del país y espero también que sepa disculpar a algunos otros millones de idiotas útiles en Colombia y en el mundo que no saben callar ante los recientes hechos violentos.

Discúlpeme, Presidente Santos, por no hacerle caso y negarme a creer que todo es cuestión de "percepción", tal y como usted, a través de los medios y las redes sociales, lo ha expresado. Me gustaría saber si los familiares de los muertos recientes en Nariño, Cauca y Tolima creen que la pérdida de sus seres queridos es solo percepción.

Discúlpeme, señor Santos, por sentir dolor e impotencia al ver cómo un país que avanzaba a paso firme por el camino de derrotar la violencia, se detiene y retrocede gracias a su mala conducción y a la falta de coherencia en su discurso, que ha permitido que el terrorismo se tome confianza nuevamente e intente negociar sembrando el terror y la desesperanza en nuestra sociedad.

Discúlpeme, usted, por sentir que nos jugó sucio y nos utilizó a más de nueve millones de personas que votamos para que fuera Presidente, a punta de mentiras y haciéndonos creer que mantendría vivas las tesis del Presidente Uribe, continuando por el camino que él nos mostró; mejorando lo malo, haciendo lo que faltó y fortaleciendo lo bueno.

Pero no, en cada oportunidad, en cada salida, en cada discurso, usted desvirtúa la plataforma que lo llevó a la Casa de Nariño, y a mí me enseñaron que eso es deslealtad.

Discúlpeme por estar decepcionado de lo que usted representa en estos momentos, por haber participado en su campaña, por haberme puesto su camiseta. No diré que me arrepiento del voto, pues de las opciones que había, usted era la mejor; no me quiero imaginar cómo estaría el país en manos de Antanas Mockus.

Hoy quisiera poder retroceder el tiempo y votar en blanco, pero como no puedo hacerlo debo asumir la decisión que tomé, pero entienda que eso no significa ser un ciudadano pasivo, lo que me convierte, según usted, en un idiota útil. ¿Y sabe? Me siento orgulloso de serlo y lo seré hasta el 7 de agosto de 2014, cuando usted deje el gobierno. Por último, no se le olvide que se gobierna desde las calles y con la gente, no desde los micrófonos y los medios de comunicación o los clubes de golf posando para la foto.

Fue una equivocación

1 de diciembre de 2011 | Reflector | Por: FERNANDO LONDOÑO HOYOS
Con Chávez a cuestas, nuestro Presidente se hunde más en el tremedal que se buscó.
Recordando a Fouché, cuando comentaba con su espíritu sagaz y malévolo el crimen del Duque d'Enghien por Bonaparte, diríamos que el viaje del presidente Santos a Caracas fue la peor equivocación de su gobierno.

El grosero y belicoso silencio de Chávez contra nuestros héroes y mártires del sur del Caquetá, cuando todavía estaban calientes sus cuerpos lacerados, lo podrán perdonar muy pocos y no lo olvidará nadie.

Verdad sabida y buena fe guardada, no hay quién ignore que los más altos comandantes de las Farc -'Timochenko', 'Márquez', 'Granda' y 'Grannobles', cuando menos- tienen albergue permanente en Venezuela. Para nadie es un secreto que los jefes del Eln -'Antonio García', 'Bautista', 'Pablito' y otros- gozan de la misma hospitalidad desde hace muchos años. Y nos vamos enterando con indignación creciente de cómo se ha vuelto invivible la frontera, desde el Catatumbo hasta la serranía del Perijá, con escalas intermedias en Arauca y La Guajira. Estamos perdiendo, por esa condescendencia incalificable, lo que costó tantos años reconquistar.

El homenaje de Chávez a 'Raúl Reyes', cuando fue abatido en la gloriosa operación Fénix, quedó marcado en nuestras almas. El minuto de silencio de la Asamblea Nacional por ese bandido y los homenajes a 'Tirofijo', en su momento, y a 'Cano' después de la operación Odiseo, son, por lo menos, para calificarlos suavemente, apología del terrorismo. La ira de Chávez cuando nuestro embajador ante la OEA demostró con videos y grabaciones y coordenadas los campamentos guerrilleros protegidos por el gobierno y el ejército de Venezuela sacó en limpio aquello de que el ladrón suele esconderse tras el bufón. Por eso no hemos sido capaces de digerir los amores de nuestro Presidente con ese tirano, que se constituyeron en el primer e irreparable motivo de distanciamiento con su antecesor. Los hechos que sobrevinieron demuestran el acierto de Uribe. La cercanía de Chávez con las personas y los regímenes de Ahmadinejad, Gadafi y Bashar Al Assad bastaría para desengañar incautos y confirmar dudosos.

Pues se fue nuestro Presidente para Venezuela. Y no consiguió una palabra amable del coronel paracaidista para las familias de los mártires, para los colombianos que nos sentimos todos heridos en la mitad del corazón, ni un reproche para los sanguinarios ejecutores del delito más canalla y miserable que se haya cometido. Hasta el representante de la ONU en Colombia, que no es el campeón de la derecha, declaró de lesa humanidad el delito y llamó terroristas a las Farc, repugnado por ese acto cobarde, vil y salvaje. Pero el nuevo mejor amigo de Santos guardó estridente silencio. Y esa agresión perversa la ejecutó Chávez, a plena conciencia, en presencia de nuestro Ministro de Defensa y nuestro Comandante de la Policía Nacional. A buen callar llaman, Sancho.
Cuando uno la busca y la encuentra, se la merece.

El presidente Santos ha querido ocultar esa monstruosidad hablando de un comercio que sabe muy bien imposible. El tema de vender no está en despachar, sino en cobrar. Y Santos, especialista consumado en la materia, se conforma con los aranceles y no pregunta por los giros. Está seguro de la respuesta.
Le queda 'Valenciano'. Le queda la prueba de que la mafia colombiana se guarece en Venezuela y quiere cambiar ese villano por la dignidad nacional, ultrajada en Caracas. Ni siquiera se habló del 'Cantante', porque la furibunda izquierda chavista no permite que lo toquen. Y mucho menos de 'Timochenko', sus secuaces y sus socios. En casa de ahorcado no se mienta la soga.
Definitivamente, aquella amistad también es, peor que un crimen, una equivocación.