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Dic 10 de 1948
Peláez y Gardeazábal agosto 1 de 2018
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La reforma que no fue

16 de octubre de 2011 | COLUMNA | Por: Rafael Nieto Loaiza

Las cortes mantienen su poder de elegir al Fiscal General y de nominar al Procurador y al Contralor, una fuente permanente de politización que les ha hecho un mal inmenso a los tribunales
En su afán de distinguirse de Uribe, el presidente Santos mete las de andar. Así, por ejemplo, ocurre con el proyecto de reforma a la justicia que se tramita en el Congreso de la República. Por un lado, fiel a su estilo, busca el consenso. Por el otro, evita sistemáticamente la confrontación con las Cortes. Como resultado, lo que salió de la Comisión Primera del Senado de la República es un engendro que, de tener vida, espantaría hasta al más guapo.

Aunque antes había sostenido que "los demás poderes debemos someternos a lo que el Congreso diga, porque el Congreso es el que hace las leyes, no las hace el Poder Ejecutivo y no las hace el Poder Judicial, las hace el Congreso de la República y eso hay que respetarlo", un reconocimiento al papel fundamental que en una democracia debe jugar el Legislativo, y después había agregado que la reforma a la justicia "se tiene que aprobar", lo que parecía un mensaje presidencial para impulsar el proyecto aún sin acuerdo con las cortes, al final Santos cedió en toda la línea frente a los altos tribunales. La popularidad y los discursos presidenciales y el acuerdo de Unidad Nacional, que controla el 90% del Congreso de la República, no sirvieron para nada. El Gobierno no ganó ni una.

Miremos: renunció al establecimiento de precedentes judiciales. El precedente judicial, un mecanismo en virtud del cual los jueces no pueden apartarse de la línea jurisprudencial sino en circunstancias excepcionales, buscaba poner fin a la situación actual, atroz de inseguridad jurídica y en la que es imposible saber de qué manera interpretarán los jueces las reglas jurídicas. Hoy la norma es que no hay norma y que los jueces cambian su posición sobre hechos similares de acuerdo con la conveniencia política de la coyuntura.

Se mantienen el Consejo Superior de la Judicatura, un organismo costosísimo, en que la excepción es el juez honesto y bien preparado, y en el que se cruzan los apetitos burocráticos de los congresistas con el clientelismo descarado de los magistrados.

La tutela contra sentencias, fuente de choque de trenes entre las altas cortes, se mantiene intacta. Y el cambio para el juzgamiento de congresistas es cosmético: se introduce la doble instancia, pero en la misma Corte Suprema, de manera que no hay garantía ninguna de independencia e imparcialidad. ¿La prueba? El acuerdo vigente y vergonzoso de los magistrados de la Sala Penal de votar sin disidencias.

Las cortes mantienen su poder de elegir al Fiscal General y de nominar al Procurador y al Contralor, una fuente permanente de politización que les ha hecho un mal inmenso a los tribunales y en nada ha contribuido a mejorar la calidad de los funcionarios. ¿Hacemos la lista de los contralores y procuradores nominados por las cortes y condenados a prisión?

Además, suben su período de ocho a doce años, un premio inmerecido para unos magistrados que, con contadas excepciones, son mediocres, están altamente politizados y se han dedicado a subir sus pensiones de jubilación sin vergüenza o recato. Y si todo ello no bastara, el Gobierno anuncia un billón de pesos más de presupuesto para los próximos años. Santos calificó los acuerdos alcanzados como un "ejemplo maravilloso de coherencia y armonía entre las instituciones del Estado". Los magistrados habrán de ser sus nuevos mejores amigos.

La reformita

10 de octubre de 2011 | OPINIÓN | Por: MAURICIO VARGAS

Gobierno, cortes y Congreso acordaron que la reforma de la justicia sea un cambio que nada cambie.

La reforma no tocará la fuente del botín burocrático de la justicia.

Hace cerca de un año, cuando el Gobierno y las altas cortes iniciaban sus consultas en busca de un acuerdo para la muy urgente reforma de la justicia, dije en esta columna que el presidente Juan Manuel Santos debía evitar la búsqueda del consenso por el consenso mismo. Recordé una frase de Virgilio Barco, un reformista convencido que llegó tarde a la Presidencia, en el sentido de que "el consenso mata las reformas", pues, al tratar de dejar contento a todo el mundo, los promotores del consenso evitan los cambios de fondo que son los que pisan callos.

Con el proyecto de reforma de la justicia, todos los que la negociaron parecen muy contentos. Y eso se debe a que no pisa callo alguno. El principal objetivo de los reformadores tenía que ser acabar con el Consejo Superior de la Judicatura, ese ente ineficiente, politizado y burocratizado que tanto daño le ha hecho al funcionamiento y a la imagen del poder judicial. Pues lo dejaron casi intacto, salvo por un cambio menor que acaba con la sala administrativa y la reemplaza por una especie de supercorte que, de entrada, luce pesada e ineficaz y, por lo tanto, incapaz de impulsar la administración gerencial que el sector judicial necesita con urgencia.

Con esto, los magistrados del Consejo Superior y sus aliados del Consejo de Estado quedaron felices: la reforma no tocará la fuente del botín burocrático de la justicia. Los congresistas, que también alimentan y se alimentan de ese botín, quedaron dichosos. Y el Gobierno quedó tranquilo con su reversazo, ya que, al proponer eliminar el Consejo Superior, se había trenzado en una dura polémica con buen número de magistrados y eso no le convenía. Todos contentos. Ningún callo pisado. Cero reforma de fondo.

Otro gran objetivo era zanjar con reglas claras el choque de trenes entre las altas cortes por cuenta de la tutela contra sentencias. Como era un tema muy delicado (cuando Álvaro Uribe se metió en ese berenjenal, y lo hizo a favor de la Corte Constitucional, se ganó para siempre el odio de la Corte Suprema), quedó de lado. Ningún callo pisado. Cero reforma. Y el choque de trenes seguirá.

Numerosos expertos nacionales e internacionales recomendaban la doble instancia para el juzgamiento de los congresistas que hoy lleva a cabo, como investigador y juez, la sala penal de la Corte Suprema. Es una elemental garantía en los Estados de derecho que todo procesado tenga oportunidad de que una instancia distinta a su primer juez revise su caso. En la reforma hay un cambio, más bien menor, que establece la doble instancia en la misma sala penal. Unos magistrados de la sala penal revisan lo que otros, sus colegas, hicieron. Un yo con yo. Una reformita.

El cambio más importante es el remplazo de la actual Comisión de Acusación por un tribunal de nueve juristas, para que la comisión deje de ser de absoluciones. Pero, aun con ese paso positivo, ¿se puede llamar a esto una reforma de la justicia? Para nada. Los grandes problemas de la impunidad no son atacados: la politización de las cortes queda intacta y la gran falencia del sistema en el campo penal -la falta de investigación judicial que obliga a fiscales y a jueces a depender exclusivamente de confesiones y delaciones, de lo que digan los malos- no se corrige.

¡Ah!, se me olvidaba: en la negociación, los magistrados consiguieron más plata del presupuesto para el poder judicial. De nada servirá, pues, si el sistema está enfermo, politizado, burocratizado: los nuevos recursos irán a un barril sin fondo. Ante la avalancha de críticas, el presidente Santos salió el viernes a defender la reforma. Dijo que su mayor fortaleza es ser fruto del consenso. Se equivoca. Es su mayor debilidad. Todos los involucrados quedaron contentos porque la reforma deja casi todo como estaba.

mvargaslina@hotmail.com

Te doy puestos y tú me alabas

18 de sep. de 2011  | OPINIÓN | Por: Francisco Javier Saldarriaga A. 

Requerimos una constituyente para reformar la aplicación de la justicia y el orden territorial. Usemos las redes sociales para promover esta iniciativa.

Fiesta para tres

17 de septiembre de 2011  | OPINIÓN | Por: Carlos Andrés Pérez
Los conservadores parece que no se han dado cuenta de que el tren se les está yendo a una velocidad cada vez mayor y que les dejaron sólo el último vagón…

El periodismo entró a la Unidad Nacional

11 de septiembre de 2011 | REPORTAJE | Por: MARÍA JIMENA DUZÁN
EN PLATA BLANCA Con ocasión de un nuevo aniversario de su programa 'Hora 20', de Caracol Radio, Néstor Morales habla de cómo surgió este, del gobierno anterior y del estado de la actividad en el país.

Buen gobierno

27 de agosto de 2011 | OPINIÓN | Por: Francisco Santos
Santos por su parte coloca en la ley de víctimas en el mismo nivel a los terroristas y a las Fuerzas Militares con aplausos internacionales y de los opinadores. Habla de paz nuevamente (más aplausos) y ante la desprotección jurídica que hoy tiene desmoralizada la tropa no ha dicho una palabra.

Destinito cantado

24 de Julio de 2011 | Registro | Por: Rafael Nieto Loaiza
A Mockus le interesan Bogotá y sus propias aspiraciones, aunque para impulsarlas deba hacer papilla las expectativas de quienes se montaron, ingenuos, en la ‘ola verde’.

La movida de Lucho

24 de Julio de 2011 | Opinión | Por: MARÍA ISABEL RUEDA
Puede que Lucho Garzón no entre inmediatamente al Gobierno. Pero es seguro que, pasadas las próximas elecciones, esa opción se convertirá en una muy interesante alternativa a partir del año entrante.

Santos multicolor

23 de Julio de 2011 | Opinión | Por: Paloma Valencia Laserna
La idea de que la unidad es buena es falaz; la democracia funciona cuando el Gobierno tiene oposición, las instituciones están diseñadas para el debate, el control político es necesario...

¿Dónde están las superestrellas de Santos?

23 de Julio de 2011 | Opinión | Por: Carlos Andrés Pérez
Y ni hace falta hablar de Rodrigo Rivera, uno de los fiascos más grandes que haya pasado por gobierno alguno. El hombre al que desde el principio le quedó grande el traje…

El éxito de la Unidad Nacional

26 de Junio de 2011 | COLUMNA | Por: Rafael Nieto Loaiza

El Acuerdo de Unidad Nacional es pieza sin la cual es imposible entender el gobierno del presidente Santos y los éxitos alcanzados hasta hoy.

Con los pies en la tierra

14 de marzo del 2011 | OPINIÓN | Por: SAÚL HERNÁNDEZ BOLÍVAR

Aquí todo marcha a paso de tortuga y falta mucho para ver una senda de progreso sostenido y para todos.
Tiene razón Andrés Oppenheimer en que hay un exceso de triunfalismo que podría estar obnubilándonos.

¿Más de lo mismo?

13 de marzo del 2011 | El observador | Por: Luis Guillermo Restrepo S.

Se creyó entonces que la grandeza retornaba a la política. Pero, al parecer, se trata de hacer lo mismo con otra fachada.
Si se quiere saber en qué anda la política, basta revisar lo que ocurre en la ‘Unión Nacional’,

Es hora de corregir el rumbo

27 de febrero del 2011 | EDITORIAL | Por El Colombiano
La inseguridad y la corrupción afectaron de manera negativa la percepción de los colombianos, que también están decepcionados por la falta de soluciones al problema del desempleo y la pérdida de poder adquisitivo. El pesimismo gana terreno y las personas que consideran que el país está empeorando están a punto de igualar a quienes creen que mejora. Estamos a tiempo para corregir el rumbo.

¿Unanimidad nacional?


Miércoles 15 de septiembre de 2010  Por: José Obdulio Gaviria


La consigna de Unidad nacional para apoyar a la Fuerza Pública y en contra de los terroristas está probada y es buena. ¿Por qué abandonarla?

En una democracia, la unanimidad no es posible. ¡Bueno!, ni siquiera es deseable.