Julio 13th, 2010
Luis Carlos Villegas
Hace cuarenta y ocho años, Colombia despedía con cariño y agradecimiento a Alberto Lleras Camargo. Los actos se sucedían en ciudades y pueblos, en instalaciones militares y templos, en calles y plazas. Después de los turbulentos años de la llamada Violencia , en la que los partidos tradicionales creyeron erradamente que podían resolver sus disputas políticas por el aniquilamiento del otro, y luego del gobierno militar que derrocó al Presidente Gómez, y de la Junta que derrocó al general Rojas, los acuerdos de España permitieron que Lleras Camargo fuese elegido como un bálsamo para las heridas nacionales. Su voz calmó ánimos pendencieros; su acción abrió esperanzas de progreso; su visión internacional recuperó para Colombia un puesto en el continente; su modestia y su honestidad cautivaron a los colombianos; su capacidad para rodearse bien, impulsó la economía.












