El asilo fue una decisión soberana y autónoma, basada en su propia valoración de los hechos, decisión que ese gobierno no está obligado a explicar.
El asilo fue una decisión soberana y autónoma, basada en su propia valoración de los hechos, decisión que ese gobierno no está obligado a explicar.
El pasado 18 de noviembre la ex directora del DAS, María del Pilar Hurtado, se asiló en Panamá. Si alguien se pregunta por qué lo hizo, basta con leer la edición de El Espectador del domingo 20 de noviembre, que publicó el texto completo del interrogatorio que la ex funcionaria rindió ante la Fiscalía General los días 13 y 14 de julio de 2010.
El pedido de asilo de Hurtado es prueba irrefutable de la politización de nuestra justicia.
Veremos en los próximos días al señor Iván Cepeda, quien funge ahora como gran inquisidor, alentar a su pelotón de linchamiento moral para que presionen nacional e internacionalmente al gobierno panameño. Y con ellos estarán los que defienden la condición de “presos políticos” para miembros de la guerrilla responsables de delitos atroces, pero niegan a María del Pilar el sagrado derecho al asilo que, por tradición, nuestro país siempre ha respetado