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Santos en su laberinto

OPINIÓN| Por: FERNANDO LONDOÑO HOYOS | Publicado: febrero 26, 2014 
Sin saber a qué horas, Santos se quedó irreparablemente solo. Apenas le queda Maduro: ¡qué consuelo!
Si aplaude a Maduro, se cae con Maduro. Si lo censura, Maduro le tumba la mesa de La Habana. Si no toma distancia con los Castro, se va a ir a pique con ellos. Si la toma, sabrá que algunas traiciones no se perdonan.

El problema de los laberintos no está a la entrada, sino a la salida. Los ambiciosos se pierden para siempre buscando el tesoro, y nunca se sabrá si lo encontraron. Los pilotos chambones se matan mirando adelante, sin verificar los caminos de retorno. Por eso no entendimos la jugada de declararle amor al comandante Chávez, cuando ya el sol caía a sus espaldas. Que Santos era desleal, lo puso en evidencia; que jugaba fuerte a las cartas, nadie lo ignoraba; pero que insensato, era dato nuevo, en la sorprendente biografía de Don Juan Manuel.

Cuando desde su posesión declaró amistad sin reservas al tiranuelo de Venezuela, ya estaba marcado el destino de ese sorprendente amigo. Ya tenía quebrada la nación más rica de este continente y todo era cuestión de tiempo en el camino del desastre. Ya había cometido todas las locuras. Ya había hecho todos los regalos, permitido todas las truhanerías de su séquito insaciable y ya se había arrimado a todas las violencias. ¿Por qué se metía Santos en ese laberinto?
No teníamos esa respuesta. Ignorábamos que el ludópata se estaba jugando la carta que supuestamente lo llevaría a la gloria, la de la paz con las Farc. Su hermano Enrique, el mismo que en años mozos posaba con ‘Tirofijo’, cuando al parecer no era delito sino cosa distinguida arrimarse a los bandidos, tenía preparada la escena. Cuba sería el paisaje, porque las Farc necesitaban sentirse entre amigos y porque el golpe fantástico incluía el rescate moral de los hermanos Castro. ¡Menuda empresa!
Y Santos emprendió su camino sin regreso. Si hubiera leído una página de mitología griega, se abría armado de un hilo como el de Ariadna. Pero nunca oyó hablar de esa señora. Ya vería por dónde buscar una puerta de salida.
Y Chávez se murió, después de cumplir su cometido de poner en La Habana los deplorables despojos de la comandancia fariana. Y Santos persistió en su representación, ante la mirada socarrona de los listos y el aplauso de los que se llenaban de mermelada por aplaudir. Pero el tiempo seguía su marcha implacable. Y el chavismo se enredaba más cada día, cometía más violencias, más robos, más idioteces. Y le llegó la hora final. Y Santos no sabe cómo despedirse.
Si aplaude a Maduro, se cae con Maduro. Si lo censura, Maduro le tumba la mesa de La Habana. Si no toma distancia con los Castro, se va a ir a pique con ellos. Si la toma, sabrá que algunas traiciones no se perdonan. Si vuelve los ojos hacia sus amigos del sur, los encuentra más enredados que él mismo. La Kirchner quiere renunciar, pero no puede. Correa perdió las elecciones. Del Foro de São Paulo no quedan sino cenizas. La Rousseff tiene bastante con sus problemas y la Bachelet es socialista, pero no tonta. Sin saber cómo ni a qué horas, Santos se quedó solo, perdido en su laberinto.
Claro que su gran problema es Maduro. Las barricadas no paran de levantarse en todas las ciudades de Venezuela. El pueblo tiene hambre y el Gobierno no tiene con qué darle ni migajas de pan. El mundo entero se hastía del tirano y Diosdado juega su propia partida. ¿Qué hará Santos cuando caiga el telón de esa tiranía? De una cosa estamos seguros. El pueblo de Venezuela no lo dejará subir al carro de la victoria. Ya lo traicionó lo suficiente.
Mientras todo esto pasa, el solitario Presidente le da algo de circo a la opinión colombiana. Les tira carne de general a los lobos, se inventa conspiraciones, ensaya promesas y busca a quién más comprar, y con quién encontrar un punto de consuelo. No sabe qué camino tomar. La oscuridad es infinita y muy cerca se oyen los bufidos horrendos del Minotauro.
Ahora comprende que por su loca ambición se metió en el laberinto. No en balde puso Dante a los traidores en el noveno círculo de los infiernos.
Fernando Londoño Hoyos
Este es un espacio de opinión destinado a columnistas, blogueros, comunidades y similares. Las opiniones aquí expresadas pertenecen exclusivamente a los autores que ocupan los espacios destinados a este fin  y no siempre reflejan la opinión o posición de LA OTRA MITAD DE LAS VERDADES A MEDIAS.

Encuestas y rechiflas

OPINIÓN| Por: ALFREDO RANGEL| Publicado: agosto 10, 2013 
Foto: SEMANA.COM
En pocos días se concentró la publicación de los resultados de tres importantes encuestas, las cuales coincidieron en un rechazo a la reelección del presidente Santos.
Parece que de ahora en adelante Santos ya no se podrá exponer ante grandes multitudes, por temor a que se multipliquen las rechiflas en su contra.
En las últimas semanas el Gobierno ha recibido las peores noticias para su propósito reeleccionista. Todas las encuestas recientes registraron un rechazo popular a la reelección de Santos. También ha soportado las más grandes manifestaciones de rechazo popular. Parece que de ahora en adelante Santos ya no se podrá exponer ante grandes multitudes, por temor a que se multipliquen las rechiflas en su contra. Definitivamente empezó su último año con el Cristo de espaldas. 
Efectivamente, en pocos días se concentró la publicación de los resultados de tres importantes encuestas, todas las cuales coincidieron en una calificación negativa de la gestión del Gobierno, así como en un rechazo a las posibilidades de reelección del presidente Santos. En la encuesta de Ipsos, el 60 % de los encuestados expresó que Colombia va por mal camino, el 62 % declaró que Santos no había cumplido lo prometido en su programa de gobierno, y el 60 % manifestó que estar en contra de su reelección. En la encuesta de Datexco, el Gobierno se raja en 14 de los 17 sectores sobre los cuales se indaga la calificación ciudadana; en esta misma encuesta el 70 % de los colombianos cree que el país ha empeorado o sigue igual, y el 65 % no votaría por Santos si se lanzara a la reelección. En la encuesta de Polimétrica, el 29 % votaría por un candidato uribista y sólo en 24 % lo haría por Santos; el 63 % está en contra de su reelección. Para rematar, en un sondeo de opinión de la FM, el 88 % repudia la reelección de Santos.

Lo que dicen las encuestas ya se empieza a palpar en las concentraciones públicas. Santos fue abucheado en la inauguración y en la clausura de los Juegos Mundiales de Cali. También lo fue en la celebración del 7 de Agosto en Medellín. En los desfiles del 20 de julio en Bogotá, y del 7 de agosto en Boyacá y en Medellín, se impidió la presencia de público en las cercanías de la tribuna presidencial, temiendo nuevas rechiflas. Anillos de seguridad anti abucheos forman ahora parte del protocolo presidencial de Santos. La fría soledad del poder empieza a rodear al presidente. En adelante tendrá que gobernar en la sombra, sin darle la cara al público.

Las encuestas y las rechiflas se han convertido en las únicas formas de expresión de la inconformidad de la opinión pública en torno la gestión del Gobierno y sus ansias reeleccionistas. La inmensa mayoría de los medios de comunicación ha dejado de comunicar esa inconformidad, pues en ellos predomina el unanimismo laudatorio hacia el Gobierno. Esta actitud genuflexa de los medios está sin duda relacionada con los más de un billón y medio de pesos que en propaganda y publicidad está gastando el gobierno nacional, dineros que obviamente mejoran los balances económicos de dichos medios, aun a costa de sacrificar el sagrado deber de informar objetivamente lo que está pasando. Por ejemplo, la reiteración de las rechiflas.

El Gobierno y sus áulicos en los medios parecen ausentes de la realidad y se niegan a aceptarla. Ante el rechazo abrumador de la iniciativa reeleccionista, unos se van por la tangente argumentando que esas encuestas las responde gente que no vota, y que en las urnas se verá otra cosa. De nada les vale que alguna encuesta les niegue el argumento, pues las preguntas sobre intención de voto las hizo a las personas electoralmente activas, o sea, que habían han votado en las últimas elecciones presidenciales. El rechazo a la reelección de Santos entre este grupo de población votante es el mismo que cuando se pregunta al conjunto de la población.

Otro argumento peregrino es que el rechazo a la reelección de Santos se debe a que Colombia es un país anti reeleccionista. Falso. Los hechos recientes lo demuestran. Uribe ha sido elegido tres veces en los últimos ocho años; la última vez, claro, en cuerpo ajeno, como lo sabemos los nueve millones de colombianos que votamos en la última elección presidencial. Es más, seguramente Uribe sería elegido nuevamente, por cuarta vez, si la Constitución lo permitiera. Entonces no es cierto que el país sea anti reeleccionista. La reelección en Colombia, como en cualquier país democrático, es un premio o un castigo: el pueblo la otorga como premio para los buenos gobernantes, y la niega como castigo contra los malos gobernantes.

El presidente está nervioso y asustado. Y transmite esa inseguridad a todo su equipo y a su bancada parlamentaria, que se quedó prácticamente sin agenda en lo que queda de mandato. Ante esta situación, Santos ha reaccionado descalificando con agresividad y atacando con grosería a la oposición uribista y al Polo. Y, para distraer la atención, como si el fracaso en los diálogos con las FARC no fuera suficiente, ahora se saca de la manga unos diálogos con el ELN, y alguna promesa rimbombante sacará del cubilete. Vano esfuerzo: la gente ya no le cree y le perdió la confianza. Por todas las anteriores razones, insisto en que Santos tal vez no se presentará a la reelección, lo que, en medio de todo, no deja de ser una buena noticia para el país
Twitter: @AlRangelS
Este es un espacio de opinión destinado a columnistas, blogueros, comunidades y similares. Las opiniones aquí expresadas pertenecen exclusivamente a los autores que ocupan los espacios destinados a este fin  y no siempre reflejan la opinión o posición de LA OTRA MITAD DE LAS VERDADES A MEDIAS.

A SANTOS LE LLEGÓ LA HORA DE LA VERDAD

21 de mayo de 2012 |OPINIÓN| Por: CRISTINA DE TORO

Al Presidente le llegó la hora de admitir que el atentado contra el exministro Londoño Hoyos no es un hecho aislado. Es parte de la cadena de barbarie que han venido cometiendo los narcoterroristas de las Farc.
Al presidente Santos le llegó la hora de jugar limpio, de mostrar todas las cartas y decirle al país si es cierto o no que se están haciendo negociaciones por debajo de la mesa.
Los nocivos efectos del aleve y repugnante atentado de que fuera objeto el exministro y periodista Fernando Londoño Hoyos se extendieron como una ola expansiva y dejaron sembrado nuevamente, a lo largo y ancho del país, el miedo, la angustia y, lo que es peor aún, la desesperanza.

Un atentado que acabó con la vida de Ricardo Rodríguez y de Rósemberg Burbano e hirió a treinta y nueve indefensos y desprevenidos ciudadanos,

Al presidente Juan Manuel Santos le llegó la hora de situar, por encima de su soberbia y de sus sueños de grandeza y de reconocimientos internacionales, los derechos y anhelos del pueblo colombiano, recordando que el caudal de votos que lo llevó a ocupar el cargo que hoy ostenta le fue endosado cuando se comprometió a continuar con políticas implementadas y desarrolladas con éxito en el anterior gobierno.

Le llegó la hora entonces de reconocer que los problemas de seguridad que los colombianos hemos venido denunciando, ni eran ni son asunto de percepción. Son realidad y, aunque nadie desconoce los certeros golpes que les ha dado a las Farc (algunos concebidos desde el anterior mandato), tiene que aceptar que la seguridad no ha hecho más que retroceder hasta llegar a la preocupante situación en la que nos encontramos hoy.

La prometida Seguridad Democrática no se está cumpliendo.

Al Presidente le llegó la hora de admitir que el atentado contra el exministro Londoño Hoyos no es un hecho aislado. Es parte de la cadena de barbarie que han venido cometiendo los narcoterroristas de las Farc desde hace dos años (en Meta, Guaviare, Cauca, Norte de Santander, Putumayo, etc.).

Tal vez este de Bogotá es el más alarmante, por cuanto demuestra que esos criminales ya consiguieron mediante alianzas con otras bandas de narcoterroristas tender sus tenebrosas redes en la Capital.

Al presidente Santos le llegó la hora de jugar limpio, de mostrar todas las cartas y decirle al país si es cierto o no que se están haciendo negociaciones por debajo de la mesa.

De allí ese afán de tener lista la bienvenida para los terroristas, el tal marco jurídico para la paz, que al parecer será el mecanismo legal con el que van a validar la impunidad de sus crímenes, y que, aunque cuesta mucho trabajo creerlo, fue aprobado por sexta vez en el Senado (le faltan dos en las que ojalá no pase), mientras la sangre de los colombianos que cayeron en el atentado aún corría por la avenida Caracas (¿tendrá algún significado el nombre de esa calle?).

Sí, es hora de que el presidente entienda que los colombianos queremos la paz pero no a cualquier precio y por ello no hay espacio para indultos ni amnistías.

No queremos avalar a esos asesinos para que mañana dirijan el destino de nuestra Nación. Creemos que más importante que elaborar un marco jurídico para la paz es construir un clima político para la paz, puesto que ésta no se impone. Se concibe en la actitud de la ciudadanía.

Le llegó, pues, la hora de demostrar que el Estado es más fuerte que los terroristas y que puede defender con decisión, la libertad de prensa y el derecho a disentir, pilares fundamentales de la democracia, encarnados ambos por el exministro Londoño.

Hora de rectificar el rumbo de su gobierno antes de que sea demasiado tarde.

Donde no hay seguridad, no puede haber prosperidad.

Al presidente Juan Manuel Santos le llegó. La hora de La Verdad.
Publicado: Mayo 20, 2012