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FARC ORDENA SECUESTRO MASIVO DE NIÑOS PARA LA GUERRA

ACTUALIDAD | Por: RAFAEL GUARÍN  | Publicado: feb.9, 2013 
En medio del proceso de paz la guerrilla se reentrena, reorganiza, reabastece y rearma para continuar los ataques contra la población y la fuerza pública.
El "reclutamiento de menores" es en realidad un masivo secuestro de niños para la guerra. En escuelas, fincas, pequeños poblados enrolan obligados a los niños.
El comandante de la Fuerza Aérea Colombiana Tito Saúl Pinilla denunció que las FARC ordenaron el reclutamiento masivo de niños para fortalecer frentes en diversas regiones del país. 
El "reclutamiento de menores" es en realidad un masivo secuestro de niños para la guerra. En escuelas, fincas, pequeños poblados enrolan obligados a los niños e imponen a los padres una "cuota" de hijos con los que deben contribuir a las FARC. Este es un crimen que NO debe quedar impune. 
Vea aquí el video de NTN24:

No hay que equivocarse, ni suavizar los delitos de la guerrilla. Con argumentos jurídicos se cambia el nombre de las cosas. ¡Secuestro es secuestro!

La denuncia muestra que las FARC mantienen su voluntad de adelantar acciones violentas a lo largo del país y que no, precisamente, se alista para la desmovilización.

En medio del proceso de paz la guerrilla se reentrena, reorganiza, reabastece y rearma para continuar los ataques contra la población y la fuerza pública, mientras el gobierno defiende las conversaciones en La Habana con el argumento del Presidente Santos de que esas fueron las reglas de juego, que él aceptó.

Lamentable que el asesinato y secuestro de policías y soldados sea admitido por el gobierno como una regla de juego.

Deplorable que no exista una posición clara de condena del gobierno respecto a esta nueva ola de secuestros masivos de niños.

Defender y mantenerse en el proceso a pesar de estos hechos no hace otra cosa que legitimar la violencia como medio de acción política en una democracia.

Sobre el tema, lea: 
Defensoría del Pueblo emite alerta sobre reclutamiento deniños 
Twitter: @RafaGuarin
Este es un espacio de opinión destinado a columnistas, blogueros, comunidades y similares. Las opiniones aquí expresadas pertenecen exclusivamente a los autores que ocupan los espacios destinados a este fin  y no siempre reflejan la opinión o posición de LA OTRA MITAD DE LAS VERDADES A MEDIAS.

¿LA RETÓRICA DE LA PAZ POR ENCIMA DE LA VERDAD?

OPINIÓN | Por: RAFAEL GUARÍN | Publicado: nov.13, 2012 
En la Casa de Nariño pusieron a firmar una columna al exministro de Defensa Gabriel Silva para demostrar que el cambio de la Seguridad Democrática por el diálogo con los terroristas no ha deteriorado la seguridad.
Como exviceministro de defensa de la administración Santos y testigo, en primera fila, de lo ocurrido, debo corregir a Silva.
muchos políticos les importa más la retórica de la paz que la verdad y la realidad de las víctimas. Prefieren ocultar o minimizar los atentados terroristas de las FARC o el secuestro de niños, antes que unir a la sociedad en su condena.

Le duele demasiado al gobierno que se critique su política frente a la criminalidad. Tal es la preocupación en la Casa de Nariño que pusieron a firmar una columna al exministro de Defensa Gabriel Silva para demostrar que el cambio de la Seguridad Democrática por el diálogo con los terroristas no ha deteriorado la seguridad.

Como exviceministro de defensa de la administración Santos y testigo, en primera fila, de lo ocurrido, debo corregir a Silva.

Si Silva le cree a las estadísticas del propio Ministerio de Defensa no puede decir que se ha “mantenido la cadena de éxitos que se inició con Uribe”. Según Mindefensa, lo que hay es un grave deterioro en seguridad. De 1 de enero a 31 de agosto de 2012, comparado con el mismo periodo de 2011, aumentaron los actos de terrorismo en 61%, la voladura de oleoductos en 457%, los ataques a instalaciones de la fuerza pública en 113%, los hostigamientos en 41%, las embocadas en 47%. En total, según el propio gobierno, en un año aumentaron las acciones de las guerrillas en 45%. Para no hablar del regreso del miedo a los ciudadanos, el aumento de la extorsión o del número de hectáreas de cultivos ilícitos. ¿Quién miente?

Como ministro de Defensa en el cierre del gobierno de Álvaro Uribe, sabe muy bien que la retaguardia estratégica de las FARC y el ELN no está en el Catatumbo sino en Venezuela. En nombre del diálogo el Gobierno admitió que las FARC empleen, con la anuencia y complicidad del gobierno Chávez, el territorio de Venezuela como retaguardia. La novedosa forma de acabar con esta fue aceptarla. ¡Eso es claudicar, dr Silva!

También como exministro le consta que las FARC en el gobierno Uribe, con el liderazgo del general Leonardo Barrero, llegó a estar replegada en las montañas del Cauca y no empeñada en atacar brutalmente a Popayán, los cascos urbanos y la carretera panamericana. Además que se concertó con organizaciones indígenas como la OPIC, mientras no se admitían las vías de hecho y la presión que las FARC pretenden ejercer sobre esos pueblos, ni el abuso y violación de los derechos humanos de nuestros soldados.

Las propias cifras del gobierno son las que desmienten a Silva. Según el expresidente Álvaro Uribe las Bacrim “en los últimos dos años han duplicado el número de integrantes”. Los registros del Ministerio de Defensa señalan que sólo desde el 1 de enero de 2011 hasta el 31 de octubre de 2012 han sido “neutralizados” 7535 miembros de bacrim, a los cuales hay que adicionarles los que corresponden al primer semestre del actual gobierno y 4170 que hoy las conforman. Eso datos demuestran que se pasó de 3831 integrantes de esas bandas a 30 de junio de 2010 a cerca de 13.000 individuos que han estado en sus filas durante estos dos últimos años. ¡Uribe se quedó corto en el cálculo! ¡No se duplicaron, se triplicaron!

Lo que no dice Silva es que la decisión del presidente Santos de adelantar diálogos con las FARC amarró a las FFMM y a la Policía en el combate a las Bacrim. El propio presidente siendo ministro expidió una directiva que permitía bombardear a los Rastrojos o los Urabeños, pero, a partir de febrero de 2011, muy a pesar de nuestras advertencias, se prohibió esa posibilidad argumentando que utilizar la fuerza en el marco del derecho internacional humanitario elevaría a esos grupos a la condición de “partes del conflicto”, similar condición a las de las FARC. Masacres como las de Santa Rosa de Osos son posibles gracias a que las estructuras de Bacrim que delinquen en zonas rurales y selváticas, donde solo ese tipo de operaciones garantizan efectividad, saben que están blindadas.

En nombre de la paz también el gobierno retiró la reforma al fuero penal militar ante presiones de ONG, mientras se la jugó toda para dar impunidad a las FARC con el Marco Jurídico para la Paz. Ahora impulsa un nuevo proyecto que resultará inane, tal y como está, frente a los problemas de seguridad jurídica de los militares. No es cierto que el Acuerdo con la Fiscalía debilitara el fuero. Eliminarlo no resuelve nada porque la policía judicial depende directamente del Fiscal, no de la justicia penal militar. No han podido entenderlo.

Es cierto que hubo disposición de contacto en el gobierno de Álvaro Uribe con las FARC para buscar su sometimiento a la justicia, no para negociar la agenda de Colombia. Disposición, pero sin reformar la constitución para dar impunidad a los crímenes atroces, nunca validando la violencia y, menos, sin que existiera la decisión de abandonarla y deponer las armas.

En cambio, el gobierno consiguió que el Congreso reformara la Constitución para garantizar a perpetradores de crímenes de lesa humanidad y de guerra la “renuncia a la persecución penal” en aquellos casos que no sean seleccionados para ser objeto de investigación judicial, que serán la mayoría, conforme a la exposición de motivos del acto legislativo.

Esa amnistía disfrazada, más la posibilidad que autores de crímenes de lesa humanidad no condenados y de guerra, aún condenados, puedan ser elegidos al Congreso y a la Presidencia de la República, significa que el gobierno legitimó la violencia como medio de acción política en una democracia.

La diferencia que no quiere ver entre ese Marco Jurídico para la Paz y la Ley de Justicia y Paz es que con esta se busca que se judicialicen efectivamente los crímenes, mientras con el Marco se reformó la Constitución para renunciar a la persecución penal. ¿Y si son lo mismo, dr Silva, por qué el gobierno no admite que se aplique a las FARC y al ELN esa ley, que no era solamente para los paramilitares?

Al igual que la opinión pública, Silva no sabe, que para no enviar señales inconvenientes a las FARC la propia Presidencia de la República ordenó hundir el delito de pertenencia a organización de crimen transnacional, que logramos aprobar en el Senado dentro del proyecto de ley de Seguridad Ciudadana y que tenía asegurada la mayoría en la Cámara. Tipo penal que establecía penas entre 16 y 25 años con el fin de desarticular la farcpolítica y las milicias.

Tampoco se sabe que la Presidencia vetó la presentación por parte del Ministerio de Defensa al Congreso de una iniciativa que endurecía las penas para los crímenes de práctica cotidiana y permanente de las guerrillas, como el reclutamiento de niños, al igual que de otra que buscaba resolver problemas jurídicos que afectan la desmovilización, para evitar su reducción.

Si hubo un problema, que comenzó a solucionarse hasta 2010, fue la ineptitud en responder la adaptación de FARC a la estrategia militar y policial. Esa, ante todo, era responsabilidad de los ministros Santos y Silva, que nos correspondió comenzar a corregir. Lástima que lo que se hizo en el plano militar, la Presidencia lo afectara al desmontar una política de firmeza para apostar por una de debilidad.

Dr Silva, no le tocará aceptar que hay dos Uribes, en cambio, a nosotros sí nos tocó aceptar que hay dos Santos. Uno que engaño para elegirse en hombros de la Seguridad Democrática y otro que la repudió para dialogar con las FARC, a costa de la seguridad de los ciudadanos.
Twitter: @RafaGuarin

Este es un espacio de opinión destinado a columnistas, blogueros, comunidades y similares. Las opiniones aquí expresadas pertenecen exclusivamente a los autores que ocupan los espacios destinados a este fin  y no reflejan la opinión o posición de LA OTRA MITAD DE LAS VERDADES A MEDIAS.

El próximo paso

5 de julio de 2012 |OPINIÓN| Por: Rafael Guarín

La propuesta de unidad ciudadana contra el terrorismo es cada vez más importante. No como bandera partidista, sino como espacio de convergencia de los más diversos sectores para enfrentar el crimen.
Cuando los ciudadanos no se doblegan el terrorismo pierde eficacia coercitiva y por tanto se torna inútil.
En medio de la creciente polarización se anunció la presentación del Frente de Unidad en contra de los Terroristas. No se trata de un hecho aislado sino de un componente muy importante que marcará el debate político en el tiempo por venir, cuando de seguridad y paz se trate. El gobierno, por su parte, se queja de que no cuenta con el apoyo de todos los sectores políticos ante la andanada de las FARC y que las criticas ayudan al terrorismo. Algunas de sus declaraciones ponen en el lugar de los malos no a quienes detonan las bombas sino a quienes reclaman que eso no suceda.

El último informe de logros de la Política de Seguridad emitido por el Ministerio de Defensa registra avances en diferentes áreas pero también el desafío de los grupos terroristas. Comparados los primeros 4 meses de 2011 con 2012 el aumento de las acciones criminales es preocupante: los actos de terrorismo aumentaron 66%, la voladura de oleoductos 185%, la voladura de vías 36%, ataques a instalaciones militares 75%, hostigamientos 63%, emboscadas 67%, retenes ilegales 100%, en total las acciones de grupos armados al margen de la ley se incrementaron en 57%.

La respuesta del Estado es contradictoria a la luz de la estrategia contrainsurgente. En lo militar se articula en el Plan Espada de Honor que aunque parece bien enfocado es muy temprano para evaluar seriamente sus resultados, mientras que en el plano político el gobierno ha retrocedido brutalmente. No sólo reconoce legitimidad política a las FARC sino que al reformar la Constitución con el Marco Jurídico para la Paz validó el crimen de lesa humanidad como medio de acción política para destruir la misma Constitución.

En ese contexto, la propuesta de unidad ciudadana contra el terrorismo es cada vez más importante. No como bandera partidista, sino como espacio de convergencia de los más diversos sectores para enfrentar el crimen.

Su importancia desde la perspectiva de la lucha contra las organizaciones violentas se puede resumir en los siguientes diez puntos:

1. La unidad ciudadana contra el terrorismo es una actitud de rebeldía que destruye el miedo con el cual quieren los violentos someter a la sociedad. Cuando los ciudadanos no se doblegan el terrorismo pierde eficacia coercitiva y por tanto se torna inútil, lo cual, en una situación como la colombiana contribuye a que las FARC y el ELN decidan abandonar la violencia.
2. La unidad contra el terrorismo fortalece el Estado de derecho al rechazar la impunidad a crímenes atroces, sean de las FARC, el ELN o las AUC. Esta repercute también en que no se acepte para las Bacrim o respecto a delincuentes insertados en la fuerza pública. Solo una fuerza ciudadana consciente y dispuesta a hacerse escuchar puede evitar que los criminales sean premiados con impunidad, así sea acudiendo a la Corte Penal Internacional.

3. Sirve para negar cualquier atisbo de legitimidad al terrorismo como actor político y es decisiva para aislar políticamente a las FARC y al ELN. La presión militar no basta para desarticular estos grupos. Se requiere que la sociedad se mueva activamente para golpearlos en todos sus flancos, al mismo tiempo y con la mayor contundencia posible. Con las armas de la Constitución se deben enfrentar la narrativa violenta y la penetración que con propaganda y manipulación los terroristas buscan siempre desplegar en la sociedad, para ganar legitimidad y deslegitimar las instituciones democráticas.

4. Contribuye a mantener la voluntad de lucha del Estado contra las guerrillas, las Bacrim y el delito, la cual depende de la voluntad popular. Somos los ciudadanos quienes elegimos y apoyamos gobiernos firmes contra el crimen o quienes admitimos a los que prefieren claudicar ante la violencia.

5. Mantiene y aviva el apoyo a la Fuerzas Militares y de Policía, al tiempo que les exige transparencia para preservar su legitimidad. Al igual, potencia el justo reclamo de eficaces garantías jurídicas para el cumplimiento de la actividad de los integrantes de la fuerza pública. La lucha contra el terrorismo requiere el concurso activo de los ciudadanos, un Estado fuerte, un gobierno sin vacilaciones y una fuerza pública eficaz, eficiente y respetuosa de los derechos humanos.

6. Controvierte la apología al terrorismo, la ambigüedad en la condena al crimen, la comprensión de la violencia, el altruismo como justificación y la tolerancia con los violentos.

7. La movilización ciudadana se convierte en un eficaz muro de contención frente a las tentaciones de los gobiernos de ceder ante el terrorismo y de adoptar discursos comprensivos de la violencia de las FARC y el ELN. En otras palabras, evita que se repitan fracasados capítulos como los procesos de paz de Belisario Betancur y Andrés Pastrana que fueron utilizados por las FARC como táctica en el marco de su estrategia de guerra. Sin duda, es útil para evitar que el país siga retrocediendo en materia de seguridad.

8. Frena el apaciguamiento y rechaza la política de debilidad que cambia la decisión de derrotar a las guerrillas por negociar la Constitución y la garantía de impunidad a los crímenes atroces. La unidad ciudadana permitirá en su momento fortalecer la justicia e impulsar una legislación fuerte para combatir el terrorismo.

9. Exige al gobierno transparencia en la lucha contra el terrorismo y repudia discursos que con interés político tapan o hacen invisibles los crímenes, como sucede con los 13 niños secuestrados en Putumayo hace varias semanas o con la insistente negación de que las FARC estaba detrás de los atentados terroristas en Bogotá. La unidad posibilitará constituir una fuerza ciudadana vigilante y capaz de exigir responsabilidad al Gobierno de turno y a la justicia en la lucha contra el terrorismo.

10. Sirve a la construcción de un Estado fuerte basado en la legitimidad democrática y la legalidad, al igual que a la consecución de una paz justa que respete los derechos de las víctimas, no beneficie con impunidad a los criminales y no permita la repetición de atrocidades.

A diferencia de algunos de los que agitan la consigna del diálogo con el fin de romper la cohesión social contra el terrorismo y reconocer legitimidad a las FARC y el ELN, la unidad de los ciudadanos contra el terrorismo se propone cohesionar, no dividir. Por este motivo no puede ser bandera de un solo sector político o social, sino que debe congregar con espíritu pluralista la mayor diversidad posible, siempre que coincida en la defensa de la Constitución de 1991 y en la firmeza contra los violentos.

En esa medida, la unidad contra el terrorismo debe promover consensos, lo cual excluye el sectarismo, el extremismo y a los recalcitrantes. Negar cualquier tipo de avance o de acierto del Gobierno o solo ver los crímenes de las guerrillas y no los que cometió las AUC o los abusos algunas veces efectuados por miembros de la fuerza pública, no contribuye a una verdadera Política de Firmeza que no debe discriminar entre quienes violan la ley. La firmeza contra el terrorismo no requiere de extremismos sino de severidad en aplicación de la Constitución.

El gobierno dio un paso fatal al legitimar el crimen como medio de acción política contra la Constitución al promover y aprobar el Marco Jurídico para la Paz, con lo cual se descalificó para ser el líder natural de la movilización permanente contra el terrorismo. No obstante, el Gobierno debería estar dispuesto a corregir lo hecho y sumarse a la unión contra el terrorismo.
Publicado: Julio 6, 2012

Twitter: @RafaGuarin

Rafael Guarín, el escudero del referendo y el uribismo




Judicial| 27 Ago 2010 - 10:00 pm   Por: Redacción Judicial

Nuevo viceministro de Defensa tiene una larga trayectoria en temas de seguridad, así como fuertes posiciones en contra de la Corte.


Foto: Ministerio de Defensa El viceministro Rafael Guarín (izquierda), el día de su posesión ante el ministro Rodrigo Rivera.
Hace unos días, el abogado Rafael Guarín Cotrino, con 38 años de edad, entró a formar parte de la cartera de Defensa. Graduado de la Universidad

El Plan de paz de Chavez

Por: Rafael Guarín*  
Publicado el 28 de julio de 2010

La denuncia de Álvaro Uribe sobre la existencia de campamentos de las Farc en territorio venezolano generó una nueva crisis diplomática y suscitó otra vez el discurso bélico de Hugo Chávez.