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Fueron las Farc

21 de mayo de 2012 |OPINIÓN| Por: Saúl Hernández Bolívar

Y tan grave como el atentado es que se quiera absolver a las Farc de su responsabilidad para esconder lo inmoral que resulta el estar negociando con ellas.
La izquierda salió rápidamente con el argumento de que el atentado contra Londoño era un mensaje en contra de la aprobación del marco legal para la paz.
Es muy curioso que el atentado que sufrió el exministro Fernando Londoño Hoyos, hace una semana en Bogotá, haya suscitado las mismas hipótesis fantasiosas del carro bomba que estalló frente a las instalaciones de Caracol Radio en agosto del 2010.
Un locutor de esa cadena adujo que esa bomba provenía de sectores de ultraderecha muy cercanos al expresidente Uribe, y analistas de izquierda argumentaron que la extrema derecha dizque tenía el propósito de torpedear una incierta negociación con la guerrilla y sabotear el relanzamiento de relaciones diplomáticas con Venezuela.
En esta ocasión ocurrió algo similar. La izquierda salió rápidamente con el argumento de que el atentado contra Londoño era un mensaje en contra de la aprobación del marco legal para la paz, que se iba a votar ese mismo día en el sexto de los ocho debates requeridos. Todo un contrasentido, porque Londoño ha sido uno de los mayores críticos de esa iniciativa y porque él es caracterizado como uno de los más conspicuos faros de la derecha colombiana. Por tanto, asesinarlo, así fuera para desestabilizar al país, no tiene sentido; si ese fuera el objetivo, habrían atentado contra alguien de la otra orilla, no contra un 'amigo'.
Lamentablemente, el gobierno de Santos ha preferido acogerse a esta versión que aceptar la verdad: que el atentado lo cometieron las Farc y que poco o nada les importa que Santos se esté jugando su lugar en la historia agenciándoles gabelas que, en vez de paz, les traerán más sufrimientos a los colombianos. Y se acoge a esa versión, porque aceptar la verdad traería como consecuencia la cancelación obligada de cualquier acercamiento de paz con las Farc: tendría Santos que tirar la llave al mar.
Pero es que así le paga el diablo a quien bien le sirve. Así como se demostró que el carro bomba de Caracol fue detonado por las Farc, con el atentado contra Londoño Hoyos va a ocurrir lo mismo, porque todos los indicios apuntan hacia allá y fueron inequívocos desde un comienzo, aunque el Gobierno no lo quiera reconocer. 1) El que se hallara un carro bomba en la mañana, en manos de un 'desmovilizado' de las Farc. 2) El que se usara una nueva técnica criminal como las bombas 'lapa', en la que tienen vasta experiencia grupos extremistas como la Eta y el Ira, que en el pasado han entrenado a las Farc y les han transferido tecnología. 3) Que la víctima fuera el exministro Londoño, quien ha sido un objetivo militar de alto valor para las Farc desde hace mucho tiempo, acaso solo superado por el mismo expresidente Uribe.
Por otra parte, es infantil argumentar que las Farc no saben hacer inteligencia urbana y que los 'paras' sí, con lo que se concluye que si las Farc tuvieron alguna responsabilidad fue en asocio con bandas criminales o sectores de ultraderecha. Algo ridículo si se considera que las Farc han ejecutado exitosos operativos urbanos, como el del secuestro del edificio Miraflores en Neiva, el del atentado contra el club El Nogal, el secuestro de los diputados del Valle o el del avión en el que viajaba el senador Gechem, con el que se dieron por concluidos los diálogos del Caguán.
No, ahora los centros urbanos son el nuevo objetivo de las Farc; tumbar pueblos en Cauca y atacar patrullas policiales en Caquetá no tiene la misma repercusión que hacer atentados en la capital.
Finalmente, recordemos que el accionar de las Farc no obedece a la lógica racional que nos es más o menos común a todos, su juicio es desquiciado como el de quien ha perdido contacto con la realidad. Si algún mensaje contenía el hecho de atacar en plena discusión del marco para la paz, era el de callar a los opositores de ese engendro, que equivale a decir al uribismo.
Y tan grave como el atentado es que se quiera absolver a las Farc de su responsabilidad para esconder lo inmoral que resulta el estar negociando con ellas.

SAÚL HERNÁNDEZ BOLÍVAR

Twitter: @SaulHernandezB

Publicado: Mayo 22, 2012

Concesiones a la carta

17 de enero de 2012 | OPINIÓN | Por: Saúl Hernández Bolívar

Hacerles concesiones graciosas a simples bandidos siempre será una receta ponzoñosa.

Algo se cocina de espaldas al país, pero no es la paz.

    Los paramilitares eran grupos contrainsurgentes, pero nos quieren meter el cuento de que no, de que eran meros narcotraficantes que se hicieron pasar por delincuentes políticos, como si la guerrilla no conociera un porro. Y se desmovilizaron, pero ahora nos quieren meter el cuento de que no, de que las llamadas bacrim son los mismos 'paras' con chapa nueva.
    Tal aseveración entraña el ocultamiento de que tras todo conflicto irregular sobrevienen violentas transiciones que pueden llegar a ser peores que la disputa de origen. Eso es parte del 'postconflicto', y en ese contexto se originan las bacrim. Las desmovilizaciones dejan cientos de asesinos entrenados que no sirven para nada más, y armas por montones que no suelen entregarse para mantener una garantía frente al Estado. Venir a desconocer eso es una temeridad.
    Los tuertos suelen olvidar -o callar- que los procesos de paz con las guerrillas han sido peores, como el del Epl, en 1991, del que quedó una sanguinaria facción disidente que siguió echando tiros y se alió con las Farc para exterminar a sus antiguos compañeros desmovilizados, que montaron un partido político en Urabá: Esperanza, Paz y Libertad.
    Precisamente, los hermanos Úsuga, líderes de 'los Urabeños', iniciaron su bandidaje en el Epl e hicieron parte de esa disidencia que, de consuno con las Farc, perpetró esa carnicería. Luego se pasaron al bando de las Autodefensas y combatieron a las guerrillas, pero hoy conviven con ellas pacíficamente en aras del negocio del narcotráfico: producen el 20 por ciento de la cocaína que sale del país, nada mal. O sea que si los Úsuga representan el supuesto fracaso del desmonte del paramilitarismo, también serían la prueba de que la desmovilización del Epl fue un fiasco.
    Al margen de lo anterior, lo cierto es que estos angelitos que tanto en nombre de Mao como del dios dólar han cometido costalados de crímenes se deben de estar muriendo de la risa por la indecisión estatal de combatirlos con todo el poderío de la Fuerza Pública. Según algunos entendidos, dizque el DIH prohíbe el uso desmedido de la fuerza en contra de delincuentes 'comunes' y que estos sean combatidos por el Ejército y no por la Policía, que es la encargada del orden interno. Tampoco se les puede bombardear en sus campamentos ni atacar por sorpresa. ¿Qué tal las majaderías?
    Si lo que se requiere es darles a 'los Urabeños' -y a 'Rastrojos', 'Águilas Negras' y similares- el rótulo de 'terroristas', ya tienen méritos suficientes. No son una banda de cosquilleros sino una peligrosa organización criminal que ejerce soberanía en extensos territorios, con notoria incidencia en las fronteras, y somete a las comunidades, incluso de grandes ciudades, donde cooptan a las bandas delincuenciales para controlar el microtráfico en los barrios. De su ostensible y preocupante dominio dan cuenta los alcances del reciente paro armado y el concurrido y lamentado funeral de alias 'Giovanni'.
    Paralelamente, las Farc continúan con una escalada de violencia ambientada por las pomposas epístolas del comandante 'Timochenko', esas que sus amigos -a una- tratan de hacer ver como "un evidente (y esperanzador) cambio de tono". Con ínfulas de vencedor, 'Timo' pide retomar la agenda del Caguán -tan perversa como el despeje mismo- con la nada sorprendente aprobación del ex presidente Pastrana y el atrevimiento de Chávez de ofrecerse como mediador, como si nadie recordara que en la anterior ocasión se atrevió a telefonear a nuestros generales y terminó amenazándonos con los Sukhoi.
    Para colmo, el rumor de que Santos tiene acercamientos secretos con las Farc dejó de ser un rumor y se convirtió en franca recomendación. Algo se cocina de espaldas al país, pero no es la paz. Hacerles concesiones graciosas a simples bandidos siempre será una receta ponzoñosa.
@SaulHernandezB

Se necesita el fuero militar


11 de octubre de 2011 | OPINIÓN | Por: SAÚL HERNÁNDEZ BOLÍVAR

No se trata de cerrar los ojos y dejar pasar errores (u horrores), sino de entender que, aunque la Fuerza Pública cumple protocolos, reglas y formalidades, nunca es posible reducir los errores a cero.

 

Eso sí, hay que insistir en la formación en derechos humanos para erradicar las violaciones.

Fue un error creer que limitando la Justicia Penal Militar y acabando con el fuero, como ha ocurrido en la práctica, se atacaría la impunidad y se reducirían las violaciones de los derechos humanos y al DIH. En realidad, lo que se logró fue criminalizar los errores no intencionados cometidos en el servicio sin considerar que todo ser humano es imperfecto y que no es justo caerles a quienes en suerte les tocó semejante responsabilidad sin tener una formación óptima ni recibir a cambio una remuneración acorde con los riesgos que conlleva la misma.
    El resultado final ha sido un garrote jurídico con el que las guerrillas y cualquier otra organización criminal amedrentan a la Fuerza Pública y le ganan batallas sin disparar tiros, lo que constituye una grave amenaza para la seguridad de todos los colombianos, bien sea que padezcamos un desafío terrorista, un conflicto armado o un problema de delincuencia desbordada, y más aún cuando se busca un marco especial para la paz.
    ¿Por qué a los integrantes de la Fuerza Pública los debe cobijar un fuero especial? La mayoría de nosotros tiene la fortuna de poderse equivocar y enmendar, sin tener que lamentarse de las consecuencias. Muchos otros, en cambio, desempeñan oficios potencialmente riesgosos. Y, en esos casos, cuando un civil comete un error, se presume su buena fe, incluso en ocasiones en que se observa una conducta negligente que raya con lo criminal. ¿Por qué, entonces, no hay la misma indulgencia con los uniformados?
    Los errores médicos, por ejemplo, suelen taparse con tierra pero, salvo casos excepcionales, prevalece el criterio de que mal podría tildarse de asesino a quien intenta preservar la vida de los demás. Luego, como su intención es bondadosa, hasta se les excusan probables omisiones. Y, a menos que haya una falta clara, no se considera lógico ni justo llevarlos a un estrado judicial.
    Asimismo, no sería sensato que el conductor de la recicladora de asfalto que les ocasionó la muerte a 21 niños del colegio Agustiniano fuera visto como un asesino múltiple o un sicópata comparable con Luis Alfredo Garavito.
    Es obvio que nadie tenía la intención de provocar semejante accidente, y un accidente es tal aunque se rompan muchas normas y se salten todos los controles. Una desgracia como esa tiene que ser producto de una cadena de errores y de sucesos fortuitos que difícilmente se podrían repetir.
    Con los militares y policías pasa lo mismo: se equivocan; y, como su actividad es de alto riesgo, se producen consecuencias lamentables. Por eso, lo más justo sería distinguir no solo si se trató de un acto del servicio, sino cuál era la intención del acto, si hubo dolo, si hubo mala fe.
    Violar a una niña y asesinarla junto a sus dos hermanitos no es un acto del servicio ni es un error de 'buena fe'. Tampoco lo es el asesinar civiles y hacerlos pasar como guerrilleros caídos en combate para mostrar resultados sin arriesgar el pellejo. Ni siquiera el miedo justifica tan deshonrosa cobardía.
    Pero el DIH establece claramente que hay actos excusables a pesar de que sus efectos sean espantosos. No se trata de cerrar los ojos y dejar pasar todos los errores (u horrores), sino de entender que a pesar de que la Fuerza Pública cumple protocolos, reglas y formalidades, nunca es posible reducir los errores a cero. Eso sí, hay que insistir en la formación en derechos humanos para erradicar las violaciones e incrementar la legitimidad de las instituciones.
    Muchas faltas cometidas por miembros de organismos de seguridad del Estado son imperdonables no solo por su gravedad intrínseca, sino por constituir una traición al honor militar, a la memoria de los compañeros caídos y al pueblo que deben defender, pero la ausencia del fuero no puede seguir actuando como una espada de Damocles que les impida cumplir su deber.
@SaulHernandezB

Un fraude al desnudo

29 de agosto de 2011 | OPINIÓN | Por: SAÚL HERNÁNDEZ BOLÍVAR
Se ha sembrado, con propósitos políticos y económicos, el mito de que "Colombia es el país más peligroso de la Tierra para el sindicalismo".

Nadie niega que hay crímenes de sindicalistas; valga decir, por su actividad sindical.

El embeleco de la paz

19 de Julio de 2011 | Opinión | Por: Saúl Hernández Bolívar
Este debe ser el único país del mundo donde una persona, Piedad Córdoba, con nexos evidentes con un grupo criminal se da el lujo de tratar de imponer una agenda que solo busca beneficiar a los Farco- terroristas…

A otro hueso con ese perro

14 de febrero del 2011 | OPINIÓN| Por: Saúl Hernández Bolívar
Así como el Gobierno no piensa negociar con las bacrim, tampoco debería hacerlo con las Farc. La realidad es que las Farc están lejos de un verdadero gesto de paz y que la cacareada posibilidad de iniciar diálogos es otro engaño.

El porqué del escándalo

6 de diciembre del 2010 | OPINIÓN| Por Saúl Hernández Bolívar

No hay que ser muy astuto para advertir que el tema de las supuestas ‘chuzadas’ del DAS es una trama muy bien urdida para desacreditar al gobierno de Uribe y, en lo posible, llevarlo a prisión para acabar su obra. Lo hemos dicho a menudo. Pero es cuando menos curioso que la revista Semana, que ha sido uno de los medios abanderados de esta campaña, venga ahora –no sin perder la oportunidad de seguir dando mandobles– a preguntarse, precisamente, “¿cómo se explica la dimensión del escándalo que se ha armado?” (‘La encrucijada de su vida’, 27/11/2010).