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Peláez y Gardeazábal agosto 1 de 2018
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El 'show' que no debe continuar


3 de enero de 2012 | OPINIÓN | Por: SAÚL HERNÁNDEZ BOLÍVAR
Hay que estirar la verdad como un caucho para creer que la liberación con cuentagotas es un acto de paz y no parte de la estrategia de supervivencia de la guerrilla.

Los medios no deberían prestarse más para amplificar el 'show' de las Farc de liberar secuestrados.

    Como si la Historia no avanzara, en cada transición entre un año que termina y el nuevo que llega se repite el mismo rollo, la misma película de terror: un nuevo show de liberación de secuestrados por parte de las Farc.
    Y aunque suene absurdo decirlo -puesto que estoy escribiendo sobre el tema-, creo que los medios de comunicación no deberían prestarse más para amplificar este asunto. Si este suplicio se manejara con discreción europea, en lugar del tropicalismo nuestro, donde los medios se convierten en la colorida carpa del circo, es probable que las Farc hubieran descartado hace tiempo esta práctica como estrategia de presión contra el Gobierno de turno y como ardid para alcanzar otros objetivos.
    Lamentablemente, este manoseo que hacen las Farc de las víctimas, las familias y la opinión pública les es tremendamente rentable, ya que las oxigena y las mantiene vigentes, a pesar de su declive militar. De ahí que tengan que convertir una rutina que conocen de sobra en un espectáculo indignante.
    Cuando una víctima de secuestro extorsivo es puesta en libertad, su regreso se produce en el término de la distancia, en cuestión de horas. Puede que se tarden dos o tres días en sacarla de la espesura y dejarla a un par de kilómetros de un corregimiento o una cabecera municipal, pero no más. Casi nunca se requiere una comitiva de recepción, ni helicópteros, lanchas o similares. Muchas vuelven a lomo de mula o a bordo de un bus gracias a algún buen samaritano que las descubre deambulando por ahí, a medio camino de la civilización.
    Entonces, ¿por qué se toman tanto tiempo para liberar a tres secuestrados cuya devolución estaba decidida -supuestamente- desde antes de la masacre del 26 de noviembre dentro de un grupo de seis? Tratando de comprender la justificación de los actos de la guerrilla, habría que aceptar que las Farc pretenden curarse en salud en dos aspectos: uno, garantizar el regreso de los secuestrados sanos y salvos al entregarlos a mediadores de confianza para ellos; y dos, evitar que la Fuerza Pública tome ventaja militar de la información que pueda recabarse, para lo cual hay que complicar y distorsionar los hechos.
    Sin embargo, ambos argumentos resultan traídos de los cabellos. En primer lugar, la insólita lentitud en la logística de las liberaciones devela un cálculo artero, sobre todo cuando a los sitios de liberación -siempre inhóspitos e inaccesibles- llegan primero ciertos periodistas y las cámaras de Telesur que aquellos garantes que fungen como únicos depositarios de las coordenadas, tan celosamente guardadas que hasta los experimentados pilotos brasileños terminan volando a otra parte.
    El otro argumento se cae de su peso al echarles un vistazo a operativos militares de rescate de secuestrados, pues en ninguno ha habido ensañamiento con los victimarios. Si por algo fue aplaudida la operación Jaque fue por no haberse disparado un solo tiro, lo que le dio más valor a la proeza. Claro que si los artillados entran y barren a cien guerrilleros, no habría sido menos legítima; son terroristas y el Estado tiene el deber de combatirlos, aunque después se quejen ciertos arzobispos y ONG de fachada de los terroristas.
    Hay que estirar la verdad como un caucho para creer que la liberación con cuentagotas es un acto de paz y no parte de la estrategia de supervivencia de la guerrilla, una manera de demostrar que conserva mucha capacidad de hacer daño y de chantajear a la sociedad y al Estado. Los once uniformados que mantiene en su poder son suficientes para engatusar al gobierno de Santos por el tiempo que le resta (según encuestas, no será reelegido), pero si necesitan más, tomarán a otros. ¿Alguien cree, honestamente, que quienes acaban de despedir el año asesinando a la esposa y el bebé de un policía en Orito (Putumayo) están interesados en la paz?
@SaulHernandezB

Cero diálogo

12 de febrero del 2011 | OPINIÓN | Por: Andrés Felipe Arias
Hace bien el Ministro del Interior al fijar como posición del Gobierno la no posibilidad de diálogo con las tenebrosas Bandas Criminales (Bacrim). Con semejantes terroristas, asesinos y narcotraficantes no se puede negociar.

POR FIN TERMINÓ EL VERGONZOSO SHOW DE TEODORA BOLIVAR Y COLOMBIANOS(AS) POR LAS FARC

Restos del Mayor de la Policía Julián Ernesto Guevara Castro, secuestrado por las Farc en 1998 y muerto en cautiverio en 2006. 


Comisión humanitaria regresó con restos que, según las Farc, son del mayor Guevara
AP.Restos del Mayor de la Policía Julián Ernesto Guevara Castro, secuestrado por las Farc en 1998 y muerto en cautiverio en 2006.


LIBERACIONES Medicina Legal determinará si corresponden a los del policía que murió secuestrado por las Farc. Así comienza el final del drama de Emperatriz Castro de Guevara, la madre del uniformado.

Luego de un año de haberlo prometido, la guerrilla terrorista de las Farc entregó a la comisión humanitaria liderada por el Comité Internacional de la Cruz Roja, la senadora alias teodora bolivar, la Iglesia y miembros de la Fuerza Aérea de Brasil, los restos que según esta guerrilla (jajajaja) corresponden a Julián Ernesto Guevara, oficial de la policía que murió en cautiverio tras haber sido secuestrado en noviembre de 1998.

Con esta entrega, culminó la tercera fase del show oprobioso y vergonzoso que montaron los terroristas de las farc, su mensajera y embajadora comandanta Teodora Bolivar, sus secuaces colombianos (as) por las farc de los mamertos y apoyadores de terroristas cepeda y cuartas, y todo con la irresponsable cooperación de algunos medis escritos, de radio y de televisión, al servicio de la mamertería y que sirven a oscuros y amañados intereses.

Tan pronto arribó el helicóptero de Brasil a la pista del aeropuerto La Vanguardia, de Villavicencio, la señora Emperatriz Castro de Guevara recibió el féretro y junto a algunos de sus familiares, tuvo espacio para hacer duelo a su hijo Julián Ernesto.

A las 3 y 30 que llegó el ferétro, se oyó un minuto de silencio. Fueron momentosa intensos y emotivos en los que doña Emperatriz se abrazó a los miembros de la Comisión. Varios de ellos no pudieron controlar las lágrimas.

Para la señora Emperatriz comenzó el final de su drama, porque tendrá que esperar máximo una semana para que la justicia colombiana determine si los restos entregados por las Farc en realidad corresponden a los de su hijo.

El comisionado para la paz del gobierno, Frank Pearl, informó que dos agentes del CTI de la Fiscalía son los encargados de custodiar los restos que pasarán a manos de Medicina Legal.

Ese instituto, bajo la coordinación de la fiscal 16 de la Unidad de Derechos Humanos, será encargado de establecer si los restos son de Julián Ernesto Guevara. Este procedimiento busca determinar si el ADN que permanece en los huesos corresponde con el de Emperatriz castro de Guevara, madre del oficial.

Pearl también aclaró que este procedimiento puede extenderse entre dos y siete días. Un equipo de diez médicos forenses ya fueron encomendados de esta misión.

Si los análisis científicos determinan que los restos sí corresponden a los de Julián Ernesto, Medicina Legal, con la autorización de la Fiscalía, los entregará a su familia. Solo ahí terminaría el drama de una madre que, desde las navidades de 1998, espera recibir a su hijo en libertad, y casi doce años después tuvo que conformarse con recibir el cadáver del oficial de la Policía que murió en pleno cautiverio.

Historia de un drama
El drama de la familia Guevara empezó la noche del primero de noviembre de 1998, cuando la guerrilla de las Farc se tomó Mitú, capital del Vaupés. Allí mató a 16 policías y secuestró a 42 uniformados. Entre ellos estaba el capitán Julián Ernesto Guevara, ascendido a mayor durante su largo cautiverio.

A comienzos de 2006, esta historia, de por sí dramática e inhumana, se puso peor. “El 28 de enero del presente año, murió a causa de una desconocida enfermedad el prisionero de guerra de la policía de Mitú, capitán Julián Ernesto Guevara”, se leía en el primer punto de un comunicado que el grupo insurgente dio a conocer en su página de Internet el 23 de febrero de ese mismo año.

Desde esa fecha hasta hoy, sus familiares no han tenido un día de esperanza. Las Farc dijeron tener voluntad para entregar los restos del policía y la Cruz Roja Internacional se mostró dispuesta a ir al lugar que fuera necesario para recuperar el cadáver. Pero nada de esto ha pasado. La madre del oficial secuestrado ha implorado una y otra vez que le devuelvan a su hijo. Ha guardado silencio para ver si las Farc “se animan” a entregarlo. También se ha quejado ante Colombia y el mundo para ver si presionando logra enterrarlo dignamente, en un sitio donde ella, su nieta Ana María Guevara (única hija del mayor), sus ocho hermanos y los amigos de Julián puedan llevarle flores y llorarlo en paz.

Con el rescate que el 2 de julio de 2008 le puso fin al secuestro de Íngrid Betancourt, tres norteamericanos y once policías y militares, se conocieron detalles espeluznantes de la manera como las Farc dejaron morir al mayor Guevara.

“Durante todos esos días que él no podía ir al baño, yo lo llevaba a caballito al chonto y lo bañaba”, relató a Caracol Radio el sargento Jhon Jairo Durán Turbay, uno de los liberados que ofició como enfermero de Guevara durante su cautiverio. “El 19 de enero de 2006 fue el último día que lo pude ver vivo. Lo bañé, le pregunté que si lo afeitaba y me dijo que no. Le di los alimentos porque él ya no comía, entonces le dije que hiciera el esfuerzo de comer algo porque entonces no aguantaría un momento más”, dijo entre lágrimas Durán, quien recordó que el 20 de enero ya no volvió a oír la tos del mayor moribundo. Después las Farc les anunciaron sin pudor a los secuestrados que estaban en el lugar que el oficial había muerto.

Doña Emperatriz sufrió más el día que se enteró de todos los vejámenes que padeció su hijo, que la mañana en que supo que había muerto. "Yo sí supuse que Julián había sufrido, pero no tanto".

Cuando parecía que Emperatriz Castro de Guevara podría sepultar once años de agonía, las Farc decidieron alargar su drama al anunciar que la entrega de los restos de su hijo, el mayor Julián Ernesto Guevara, muerto en cautiverio, no se producirá junto con las liberaciones del sargento Pablo Emilio Moncayo y el soldado Josué Daniel Calvo.

Las Farc, en un comunicado conocido el viernes 26 de marzo, dijeron que el Ejército “ocupa” el área donde, presuntamente, están los restos del mayor Guevara.

Emperatriz, como en estos once años, asumió la noticia con una extraña mezcla de dolor y fortaleza: “puedo seguir esperando”. Pero la sensación que empezó a nacer en su alma, en la mañana de este viernes, es si los restos en realidad existen.

“Quiero pensar lo mejor. Lo único que necesito es saber la verdad. Si los restos existen o no. Estoy dispuesta a ir por mi hijo a dónde sea. Quiero que el señor Alfonso Cano me mande un mensaje, que me diga qué debo hacer. Es sólo el querer de una mamá. Quiero recoger lo que es mío”.

La ilusión volvió a nacer con la liberación de Moncayo, el pasado martes. La senadora Piedad Córdoba regresó con las coordenadas para que la entrega se produjera, finalmente, este jueves santo, como así sucedió.

Doña Emperatriz, la joven Ana María y sus demás familiares tendrán que esperar unos días para darle a su hijo la despedida, sepultar un drama, guardar el duelo y pensar que el alma de Julián Ernesto por fin va a descansar en paz.