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Dic 10 de 1948
Peláez y Gardeazábal agosto 1 de 2018
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La nueva amenaza

8 de enero de 2012 | OPINIÓN | Por: FRANCISCO SANTOS
Ojalá esos conocidos analistas y esas ONG que tienen un solo objetivo, Álvaro Uribe, no caigan en la trampa de darles piso político a ‘los urabeños’ al graduarlos de paramilitares.
Mal precedente el del exitoso paro armado del grupo mafioso ‘los urabeños’ de la semana que hoy termina. Y floja la respuesta del gobierno al no responder a la acusación de asesinato de alias Giovani y al subestimar la capacidad de intimidación de este grupo.
Hay quienes desde el facilismo del análisis y con claras intenciones políticas quieren hacer ver a ‘los urabeños’ como un grupo paramilitar. Es una equivocación caer en esa trampa pues al errar en la tipificación del fenómeno se equivoca en la respuesta.
‘Los urabeños’ son un fenómeno criminal que surge cuando hay un vacío de poder en el control de la ilegalidad como el que se dio en el país tras la desmovilización de los paras y la extradición de sus líderes. En Guatemala y en El Salvador sucedió algo similar tras los tratados de paz. Los negocios ilícitos no se esfuman así como así y la capacidad instalada criminal no desaparece de un día para otro. Se transforma.
El comunicado que envían, lleno de errores gramaticales y profundos vacíos conceptuales, deja de todas maneras entrever una búsqueda de identidad más allá de la característica mafiosa que hoy tienen. Hay un riesgo, pues de la mirada primaria del comunicado a un discurso ideológico sólo hay un corto trecho que recorrer y que otros ya han recorrido.
Por eso no hay que equivocarse en la caracterización del fenómeno pues le puede dar paso a la auto justificación de la lucha que quieren lograr ‘los urabeños’. El lenguaje se convierte así en un instrumento vital de confrontación. Ojalá esos conocidos analistas y esas ONG que tienen un solo objetivo, Álvaro Uribe, no caigan en la trampa de darles piso político a ‘los urabeños’ al graduarlos de paramilitares. No, son un grupo mafioso inmensamente peligroso para la sociedad colombiana que amerita una respuesta militar pero especialmente policial y judicial. ‘Los urabeños’ son más parecidos a una cosa nostra o una ndrangetta en esteroides (por su capacidad armada) e incluso a las maras centroamericanas que a los paramilitares que surgen de la debilidad del Estado con complacencia social y unas instituciones armadas que por lo menos se hacían los de la vista gorda.
Acá hay un fenómeno de reto al Estado, a las autoridades e incluso a la sociedad donde habitan y conviven. Son algo más insurgente, por ponerlo de alguna manera, que los paramilitares que fueron casi siempre contrainsurgentes.
¿Y la respuesta? Así como con la Justicia sin rostro se enfrentó la violencia de Escobar hay que buscar una Justicia dura, implacable y rápida que hoy no existe. Una Justicia especializada en mafias donde hasta el que hace la llamada por pertenecer a un grupo acaba largos años en prisión. Hoy no se puede con el andamiaje judicial que tenemos. Primero que todo se necesita una Fiscalía adscrita al Ejecutivo que trabaje en llave con el aparato represivo del Estado. Que tenga directrices, metas y resultados que el mismo Ejecutivo le imponga. Que enfoque esfuerzos donde sea necesario para enfrentar un reto de estos y que sea flexible para adaptarse a una delincuencia organizada que aprende y cambia de accionar. Una Fiscalía además que asuma un costo político por su acción o inacción. Hoy nada de eso sucede ni es posible. Este es un debate que se debe dar ya. En segunda instancia se necesitan unos jueces especializados como los que hubo en esa lucha contra el narcoterrorismo con unos códigos menos garantistas con el delincuente.
Nos enfrentamos a un reto similar al del narcoterrismo. Nada más ni nada menos. Por eso este paro hay que tomarlo en serio. Para que Medellín no acabe como Nápoles o Santa Marta como Sicilia.

Tener miedo es un derecho

6 de enero de 2012 | La Claridad | Por: PALOMA VALENCIA LASERNA
La confianza en la Fuerza Pública no se puede exigir; se tiene que ganar. Las declaraciones del Presidente sobre el paro, son similares a las que hizo sobre la extorsión, donde pretende criminalizar a quienes asustados hacen los pagos.
Los urabeños’ ordenaron un paro, la sociedad asustada siguió las instrucciones de los violentos y el Estado no pudo evitarlo. Dos ciudades de la importancia de Medellín y Santa Marta tuvieron parte del transporte y el comercio paralizados; más de 16 municipios de Chocó, Sucre, Magdalena y Antioquia estuvieron sitiados bajo la amenaza. Es un hecho sin precedentes; los paros de los violentos habían sido sobre poblaciones alejadas y pequeñas.
Aquello muestra que el miedo aún domina a muchos colombianos. Luego de estos largos períodos de violencia que nos ha tocado vivir, donde el Estado ha sido –la mayoría del tiempo- incapaz de brindarles una adecuada protección a los ciudadanos, la gente se siente vulnerable. Las amenazas de los violentos son creíbles, porque conocemos su capacidad destructiva y hemos visto la incapacidad del Estado para detenerlos. En este contexto el llamado del Gobierno para que los ciudadanos no hagan caso de las amenazas y no paguen extorsiones, “no se dejen amedrentar”, parece descontextualizado.
La lucha contra los violentos tiene dos aspectos: el primero, es el enfrentamiento directo, y en lo que se refiere a ‘los urabeños’, el Gobierno está acertando; el líder fue dado de baja y muchos de sus miembros han sido detenidos. El otro aspecto es la percepción de seguridad que tienen los ciudadanos; la certidumbre de que el Estado está dispuesto a protegerlos y de que tiene la capacidad de hacerlo eficazmente. En esto parece estar fallando el Gobierno. Así lo dicen las encuestas donde la mayoría de la población cree que en seguridad estamos empeorando, y lo demostró este paro; los ciudadanos se sintieron amenazados de manera real.
El miedo es un factor muy poderoso; es un dispositivo que se activa como mecanismo para proteger la vida. Sería, por supuesto, deseable que la sociedad no considerara creíbles las amenazas y que los ciudadanos tuvieran la confianza en el Estado para desafiar abiertamente esas órdenes; pero no es así. Pese a los esfuerzos realizados para recobrar la seguridad este es un bien jurídico frágil y sensible. Los colombianos temen y con razón a los violentos; y el Estado lejos de convencer con palabras sobre su capacidad, debe demostrarlo con sus actos.
La confianza en la Fuerza Pública no se puede exigir; se tiene que ganar. Las declaraciones del Presidente sobre el paro, son similares a las que hizo sobre la extorsión, donde pretende criminalizar a quienes asustados hacen los pagos. El argumento se parece al que se usó -ya hace unos años- para prohibir el pago de los rescates por secuestros. Esa normatividad fue declarada inconstitucional por la Corte, pues la decisión sobre si pagar o no por un secuestrado, no la puede tomar el Estado. Corresponde a cada individuo medir los riesgos que está dispuesto a correr, evaluar la credibilidad que le otorga a las amenazas o el miedo que le infunden los violentos. Se trata de un cálculo donde están de por medio la vida y los derechos más íntimos y personales. Tener miedo es una conducta tan natural e instintiva como tener hambre. El Estado no puede desconocerla ni pretender que existe una obligación de los ciudadanos de superarla.
Para vencer el miedo el Gobierno debe actuar, derrotar las causas del temor y demostrar que está en la capacidad de protegernos. Mientras la percepción de inseguridad siga creciendo, el temor seguirá mandando. Hace unos días la comunidad de Soacha protestó e impidió la salida de una base militar ubicada en la zona. Los vecinos temían quedar a merced de los delincuentes. Así se sienten la mayoría de los colombianos que no tienen la Fuerza Pública muy cerca.

¡Qué falta hace expresidente Uribe!

8 de enero de 2012 | OPINIÓN | Por: LUIS FERNANDO VILLA
Recordamos con nostalgia cómo gobernaba el país Álvaro Uribe y tristemente nos reafirmamos en el concepto de que se pierde día a día esa tranquilidad...
Ante los hechos acontecidos el pasado jueves en el cual la banda narcotraficante " Los Urabeños " decidió guardar luto a su líder "ordenando" parar muchas de las actividades económicas nacionales, recordamos con nostalgia cómo gobernaba el país Álvaro Uribe y tristemente nos reafirmamos en el concepto de que se pierde día a día esa tranquilidad que experimentábamos al sentirnos protegidos.

Cuando los enemigos de su política de seguridad trataron de desestabilizarla siempre tomó decisiones drásticas, sin complacencias y sin temor; con sus vecinos nunca guardó diplomacias baratas, con mano tendida ofreció un proceso de desmovilización pero también con inflexibilidad extraditó a intocables, en su momento, como Mancuso, Berna, Jorge 40, H.H., y otros que seguían delinquiendo.

Pues sí, ese sosiego que vivimos durante ocho años se sigue resquebrajando; ante un líder que muestra debilidad, la guerrilla se toma un nuevo aire y lo demuestra con tomas guerrilleras, voladuras de torres y secuestros? y la última joya: una banda criminal, mediante panfletos, paralizando medio país. Fue la Seguridad Democrática la encargada de corregir la ruta que conducía a este país a la inviabilidad, la que alentó la confianza inversionista y la que aceleró la cohesión social. Cómo extrañamos todo esto.