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Dic 10 de 1948
Peláez y Gardeazábal agosto 1 de 2018
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Reincidir en la falacia

José Obdulio Gaviria

¿Qué no han intentado contra mí? Pocos colombianos de bien hemos tenido que soportar, estoicamente, tan duro ataque y en gavilla
Desde niño he participado en el debate público: con juego recio, pero limpio; citando al contradictor literalmente y sin descontextualizarlo; ese es mi talante. Antes de mi presencia en el gobierno no era común -o era imposible- que un asesor hablara con tanta libertad y, aunque casi siempre lo hacía a título personal, solía ilustrar bien al público sobre las políticas gubernamentales.

Recibí constantes críticas -sobre todo de aquellos a quienes derrotaba en los debates-, pero los más me animaron a seguir dando la pelea. En mi libro A Uribe lo que es de Uribe (2006) fijé esta posición: No acepto el ambiente de las viejas cortes europeas y asiáticas que nunca fueron deliberantes, porque en aquellos tiempos la vida no era propicia para tener y expresar conceptos, sino para estar -bien acomedidos y calladitos- en ceremonias protocolarias.

Un gobierno como el de Uribe tenía (tiene) que ser deliberante. ¡Cómo no, si él puso patas arriba decenas de conceptos que eran admitidos, hasta el 2002, como incontrovertibles por la academia, la dirigencia política, casi todos los 'opinadores' y hasta los gobiernos! El menú de temas sobre los que Uribe y, consecuentemente, yo controvertimos con la 'opinión políticamente correcta' son muchos: legitimidad o ilegitimidad del Estado colombiano; vigencia del concepto de patriotismo; seguridad democrática como prerrequisito para la justicia y la paz; Estado comunitario; estado de opinión; consejos comunales de gobierno como metodología; herramientas de equidad; confianza inversionista y capitalismo social, entre muchos otros.

Del simple desagrado, ciertos 'opinadores' pasaron a decirse escandalizados por mi presencia en la palestra y luego comenzaron a perseguirme con sevicia. ¿Qué no han intentado contra mí? Pocos colombianos de bien hemos tenido que soportar, estoicamente, tan duro ataque y en gavilla. Como no pudieron acabarme en el escenario conceptual, me han tratado de acallar en la Procuraduría; me han hecho subir escalas en la Fiscalía y se han propuesto desconceptualizar mi labor investigativa -fundada únicamente en documentos y libros-, calificándola como espionaje.

¿Citar libros, folletos y declaraciones públicas, ¡espionaje!? Reto a que alguien desmienta una cualquiera de las transcripciones que hago en mi libro Sofismas del terrorismo, en las que varias entidades expresan un apoyo de palabra a la acción guerrillera y atacan sistemáticamente, también de palabra, la acción legítima del Estado contra la guerrilla.

Hace algunos meses, un inescrupuloso reportero del Canal RCN dijo conocer una declaración del señor capitán Lagos, alto oficial de la Armada y experto internacional en contrainteligencia. El reportero inventó que estaba comprobada la existencia de órdenes desde la Presidencia para perseguir a magistrados de la Corte Suprema y hasta inventó que yo había bautizado tal operación como 'Paseo'. Dijo que el Capitán había pedido entrar al programa de protección a testigos, pues temía que el Gobierno lo hiciera matar; en fin, ¿qué no inventó ese reportero?

Con sadismo, La FM, de RCN, y el director de Radio Caracol repitieron hasta el cansancio las infamias. EL TIEMPO publicó íntegramente la declaración de Lagos: resultó que todo había sido un invento falaz del reportero.

De inmediato, La W Radio hizo rectificación formal y explicó que habían sido asaltados en su buena fe.

El director de Caracol y la directora de La FM no sólo no rectificaron sino que siguen creyendo que el reportero decía la verdad y que lo publicado por EL TIEMPO es apócrifo.

Esta semana se ha oído por los medios que dizque hay un testigo, el doctor Carlos Alberto Arzayuz, que le daría la razón al reportero de marras. Leí su declaración: ¡Falso! Volvieron a mentir. Nunca el testigo incriminó a funcionarios de la Casa de Nariño ni se autoincriminó. "No soy testigo de ninguna chuzada", afirmó.

¡Otro tiro que les sale por la culata! 

Antes de Uribe, los gobiernos se mantenían atentos al qué dirán, con lo que el poder terminaba en manos de los chismosos

'Ridículo', película de Patrice Leconte (1996), es una espléndida recreación del poder fatuo. Quien la ve no puede dejar de comparar esa corte de Luis XVI con el ambiente palaciego de algunos de nuestros anteriores gobernantes.
Mientras el mundo giraba y el pueblo trabajaba, el rey de Francia pasaba la vida entre comilonas y francachelas, adobadas con conversaciones insulsas y ridículas. Poncelidon, el protagonista, se enfrenta al chisme y la murmuración. Los cortesanos miran con curiosidad a ese 'espécimen' progresista y tratan, en vano, de que su ingenio les reviva las ya de por sí aburridas veladas. Poncelidon, ante la indiferencia del poder por los asuntos prácticos del pueblo, buscará otros caminos de redención.

Uribe es como un Poncelidon para Colombia. Él es químicamente negado para la vida regalada. Donde está hay reflexión y trabajo. Los chismes y descalificaciones le son ajenos. Antes de su presidencia, la inercia era la contraria. Los gobiernos se mantenían atentos al qué dirán, con lo que el verdadero poder terminaba en manos de los chismosos y los autores de 'confidenciales' y de carátulas escandalosas, que extorsionaban a los presidentes, a los ministros, a todo el mundo. Con sus amenazas conseguían emisoras, programación en televisión, contratos en los ministerios, etcétera.
Conocí a Daniel Coronell en marzo del 2005. Cuando enfermó gravemente Su Santidad Juan Pablo II fuimos invitados a grabar un programa en Caracol. Lo primero que me impresionó fue su parecido con los personajes de Ridículo. No tenía idea de lo que hablaba, pero lo hacía con tal propiedad, que parecía un pontífice. Y me escandalizó su maldad. Todo el mundo, según él, era el demonio. Acusó a Su Santidad, a Uribe y, por ahí derecho a mí, de ser partidarios o auxiliadores de Pinochet.
Cada tema le daba para hacer las peores insinuaciones sobre alianzas mafiosas o paramilitares. Sin ton ni son, aludía a parientes o conocidos míos -su pobre interlocutor ocasional sobre la historia del Papa-, y, por ahí derecho me ascendía a jefe de bandas criminales. Se enfureció conmigo porque nunca me le amilané y lo batí redondamente en el asunto al que nos citaron: la historia de los Papas.
Apenas ahora, al leer El Colombiano del pasado domingo, vine a entender el "método deductivo Coronell". Se basa en que el ladrón debe juzgar por su condición. Si yo, por circunstancias completamente accidentales, conozco a una persona, seré, necesariamente, su socio y cómplice. Porque él, según El Colombiano, sí actúa así: se conoció y se asoció con un bandido y con los presuntos testaferros de otro.
Ahora, su curioso método se le deberá aplicar a todos, menos a él o a los que él ama. "(...) Lo que pasa es que, obviamente si uno presenta maliciosamente una serie de cosas sin dar la oportunidad de explicarle al otro, pues claro, se forma una cosa sospechosísima". ¡Caramba!, ¡qué casualidad! ¿No es acaso lo que él ha hecho con sus víctimas? Esa frase se la dijo Coronell a Vicky Dávila en uno de los episodios más bochornosos de toda la historia periodística de Colombia.
Rafael Nieto aconsejó a la directora de La FM ser más profesional; que si quería hablar de una denuncia de Coronell contra Andrés Arias, hablara también de las andanzas de Coronell, el inquisidor general, según la publicación de El Colombiano. La señora se puso histérica y trató de acallar a Nieto. Lo lamentable, señores curiosos, es que no van a poder oír tal entrevista porque la directora prohibió que fuera colgada en la web.
Impresionante el poder de amedrentamiento que tenía Coronell. Pero le han salido gallos finos: Uribe, el primero; Ana Mercedes Gómez, Fernando Londoño... Síganle la pista a otro: José Manuel Acevedo. ¡Qué carácter y qué altura intelectual! Ahí van apareciendo los relevos.

Jose Obdulio Gaviria