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Cabeza de caballo

29 de enero de 2012 | OPINIÓN | Por: María Isabel Rueda


Considero mi deber interpretar a miles de colombianos que se aterraron de saber que el esposo de la Fiscal General era el encargado de diseñarles a las autodefensas de Colombia fórmulas para refundar la patria.

No me considero satisfecha con las respuestas que les da a las preguntas de mi columna anterior.

Los mafiosos mandan cabezas de caballo. A mí me mandaron una citación judicial. Señora Fiscal: queda demostrado que usted puede hostigarme judicialmente poniendo a su servicio personal el aparato de la Fiscalía y hacerme todas las "citaciones judiciales flash" que quiera. Como los demás ciudadanos, faltaba más, atenderé esta y las que vengan. Pero he solicitado la garantía del acompañamiento disciplinario de la Procuraduría.
Señora Fiscal: no les temo a las cabezas de caballo. (Aunque mi papá, que es un hombre sabio de 87 años, me dice que debería...)
El problema es este. Considero mi deber interpretar a miles de colombianos que se aterraron de saber que el esposo de la Fiscal General era el encargado de diseñarles a las autodefensas de Colombia fórmulas para refundar la patria.
Por ese motivo, no me considero satisfecha con las respuestas que, en su carta al director de EL TIEMPO, les da a las preguntas de mi columna anterior. Incluso, me suscitan unas nuevas.
1. En su carta nos informa que el abogado Abelardo de la Espriella presentó denuncia penal contra el testigo Alejandro Zorrilla Díaz, con C.C. 80097317, porque se sintió calumniado por él. ¿Su esposo Carlos Alonso Lucio también se sintió calumniado? ¿Presentó denuncia contra Zorrilla? ¿Por qué no? Si a usted Zorrilla le parece un testigo mentiroso, ¿cuántos otros paramilitares o narcotraficantes distintos a Zorrilla han mencionado en sus declaraciones a su esposo? ¿Todos mentirosos?
2. ¿Usted o su esposo fueron interrogados alguna vez por la justicia sobre el testimonio de Zorrilla? Responde: "... nunca fui vinculada a esa investigación, porque no había mérito para ello, y tampoco fui llamada a declarar por autoridad alguna respecto de los hechos referidos por el señor Zorrilla". Dice usted en su carta que por ello los 120 millones de pesos que el Estado colombiano le pagó a Zorrilla por su colaboración con la justicia "fueron un gasto innecesario, porque no fue eficaz". ¿Cómo podía ser eficaz, si usted y su esposo nunca fueron llamados a declarar? ¿Sabe usted cómo evaluó la Corte Suprema de Justicia el testimonio de Zorilla?
3. ¿Estuvo usted efectivamente en ese "foro académico" en Cali pagado por las Auc? Responde: "A este evento acompañé a mi esposo Carlos Alonso Lucio, quien ofreció una conferencia sobre procesos de paz". ¿Cuando usted fue a ese "foro académico" sabía que su esposo era asesor de los paramilitares? ¿Se enteró de que otras personas devolvieron sus pasajes al enterarse de que estaban pagados por los paramilitares?
4. ¿Qué medio de transporte utilizó para llegar al foro de Cali? ¿Aéreo? ¿Quién pagó los pasajes? No responde. ¿En qué avión viajaba Lucio en la época en que daba esas "conferencias sobre procesos de paz"? ¿Lo oyó alguna vez hablar de 'Macaco'? ¿De 'Julián Bolívar'? ¿En qué contexto?
5. ¿Entregó usted conceptos constitucionales a las Auc? Responde: "Nunca ofrecí asesoría ni absolví consultas a ningún tipo de grupo armado ilegal".
6. ¿Su esposo, Carlos Alonso Lucio, sí absolvía consultas de grupos armados ilegales? ¿Él le pidió algún tipo de conceptos constitucionales para llevarles a las Auc? ¿Podría jurar sobre una Biblia que su esposo no recibió algún tipo de honorarios, estipendios, propinas, pasajes, invitaciones o viáticos de algún jefe de las autodefensas, por sus asesorías? En calidad de esposa de Lucio, se benefició, por ejemplo, de algunos pasajes?
Por último, pongámonos de acuerdo sobre lo que viene. Cuando se le ocurra volverme a citar a alguna diligencia judicial ante su despacho, respetuosamente le pido que lo haga en mi casa; que me conceda un plazo algo más razonable que 48 horas para que pueda acatarlas, como todos los demás ciudadanos. Y, por favor, no me vuelva a mandar razones de carácter judicial a través de La W.
De usted, atentamente, esta humilde ciudadana.

Ahí está, su cabeza en un plato

24 de diciembre de 2011 | La Claridad | Por: Paloma Valencia Laserna
Fue una gestión muy hábil la de acusar al excomisionado de Paz Luis Carlos Restrepo, para calmar parte de las voces que exigían por su renuncia. Entrega a Restrepo para salvar su cargo.
Aunque en Colombia hemos tenido fiscales tan extraños como Iguarán -que contrató un brujo que le indicara quién era culpable-; la aparición de una Fiscal casada con un personaje con tantos vínculos oscuros, como Lucio, es un exabrupto. Desdibuja completamente la necesidad de neutralidad de este ente investigativo.
Viviane Morales ha tenido aciertos incuestionables en su gestión; pero aquello no la exime de la serie de dudas que empiezan a aparecer en torno a sus decisiones y la relación con su esposo. No se trata de evaluar si lo ha hecho bien o no; lo determinante es que le aparecieron tantos conflictos de intereses, que su gestión se hizo inviable. Su familia está vinculada en demasía con todos los agentes delictivos notorios del país: guerrilla, paramilitares, narcotráfico, en fin, que su neutralidad sobre los asuntos está más que cuestionada.
En eso coincidíamos todos; la Fiscal debería apartarse de su cargo y poner por encima de sus intereses personales, la estabilidad jurídica del país. Esos actos de generosidad y decencia no se ven en el país desde hace mucho, y la tradición política a la que pertenece la Fiscal tiene tradición en aferrarse a los cargos aún contra lo que conviene al país.
Así que esa aspiración era sólo un clamor ilusionado. Lo sorprendente del caso, es que muchos de quienes pidieron su renuncia, ahora parecen casi defendiendo la Fiscal. Dicho en términos claros; ella está siendo dura con el uribismo y los antiuribistas prefieren tragarse el sapo de Lucio, con tal de mantener una Fiscal que ataque al gobierno pasado.
Es una triste postura la de estos analistas, que además se atreven a sostener que la justicia no está politizada. Fue una gestión muy hábil la de acusar al excomisionado de Paz Luis Carlos Restrepo, para calmar parte de las voces que exigían por su renuncia. Entrega a Restrepo para salvar su cargo.
Y sabemos que se trata de una entrega injustificada e injustificable, no sólo por la intachable carrera académica de Restrepo, sino porque cualquiera que lea la reglamentación de la Ley de Justicia y Paz encuentra el artículo 3 del decreto 4760 de 2005 que establece que “la verificación del cumplimiento de los requisitos de elegibilidad corresponderá a las autoridades judiciales, quienes contarán con la colaboración que deberán prestar los demás organismos del Estado”.
Acusar a Restrepo por las declaraciones de Mancuso o cualquier otro paramilitar es una afrenta para el investigado; es evidente que aquellos paras y sus amigos hoy en la cárcel y presos en EE.UU. tienen muchas razones para estar molestos con Restrepo. ¿Qué móvil tendría, en cambio, Restrepo para ayudar a falsos guerrilleros a desmovilizarse? ¿Para traficar con armas?
En desarrollo de una avispamiento del que nos enorgullecemos, los colombianos hacemos trampa cada vez que haya oportunidad. Eso no es ninguna sorpresa, lo raro es que Restrepo sea el único llamado a responder por las falsedades cuando esa ni siquiera es su función.