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Dic 10 de 1948
Peláez y Gardeazábal agosto 1 de 2018
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Movice y Sintraunicol quisieron salvar a Cano

9 de noviembre de 2011 | COLUMNA| Por: JOSÉ OBDULIO GAVIRIA
Unas oenegés adscritas o cómplices de las Farc pusieron trabas a la acción de las autoridades.
En 20 de abril del 2010, el general González, comandante del Ejército, redondeó los preparativos para activar la fuerza de trabajo conjunta contra Alfonso Cano. Luego de la ceremonia inaugural -con asistencia del presidente Uribe-, el general Joya Duarte y su segundo, el coronel Herrera, abordaron un helicóptero; no querían perder un minuto. El afán produjo descoordinación, chocaron dos aeronaves y ambos oficiales murieron.

Los guerreros recogen los despojos, encomiendan a Dios el alma de sus compañeros, secan una lágrima furtiva y ocupan la trinchera de los caídos. Esa misma noche, el general Suárez ya estaba al frente de la Fuerza.

Combatir a los terroristas no es juego de niños. Muchos soldados cayeron asesinados en las operaciones contra Cano, quien ordenó minar los caminos, desplazar campesinos desafectos -o sospechosos de serlo-, asesinar indígenas y confiscarles casas, muebles y animales. Cano concentró toda la capacidad de fuego posible para defender su santuario -o, mejor, su guarida-. Durante los 18 meses de ofensiva de la civilización, representada por el Ejército, contra la barbarie de las Farc, la defensa y los ataques más activos y letales de Cano no provinieron de las montañas, sino desde Bogotá, Cali y Popayán. Unas oenegés adscritas o cómplices de las Farc, hicieron denuncias y pusieron trabas a la acción de las autoridades; mientras otras, que imitaban aquel canto de las sirenas que casi enloqueció a Odiseo, prometían 'solución política negociada' o liberación de secuestrados, pero, eso sí, si se dejaba tranquilo a Cano.

Los primeros días de este noviembre cundía el pánico entre los leales amigos 'legales' de Cano. No quedaba otra opción que la fuga. Había sido inútil enviar a centenares de combatientes desde la cercana costa pacífica. Se sentía la derrota. Desolado, el jefe de las Farc aceptó la humillación de tener que separarse de sus 'marxistas' barbas y de sus gafas de carey y asumió la pinta de un lampiño cooperador oenegero internacional. El 4, por la mañana, se dispuso a esperar un vehículo que lo alejara del infierno. Inteligencia militar, mientras tanto, nutría la acción de la tropa. No se permitió el acercamiento de carros de los 'cooperadores' y, al contrario, comenzó un desembarco masivo de hombres que realizarían una operación rastrillo definitiva.

Al comprobar esto, desesperados, los 'cooperadores' pidieron lanzar un SOS para salvar a Cano. A las 9:45 apareció el comunicado 'denunciando ante la comunidad nacional e internacional' que "desde las 9:00 a.m. (4 de noviembre), 24 helicópteros del Ejército bombardean indiscriminadamente las veredas (...) Chirriadero y Yarumal del Resguardo Indígena de Honduras (...). A su paso, el bombardeo ha dejado animales muertos y multitudes de niños, niñas, mujeres y hombres atemorizados...".

Mentían. La balacera fue desde tierra, contra los helicópteros y sus ocupantes. Los tipos del comunicado se jugaron el todo por el todo para obstruir la acción de las autoridades. Pidieron una avalancha de protestas para amilanarlas, porque bastaría un día sin presencia militar para salvar a su líder. Esa desembozada acción criminal no les sirvió. Cano murió y ahora las autoridades los investigan a ellos.

Entre las 'organizaciones firmantes' de la 'denuncia' vi a Sintraunicol. ¡Claro! Recordé que fueron ellos quienes otorgaron poder al Colectivo de Abogados para denunciarme por calumnia, aquella vez que participaron en una asamblea terrorista en Quito. ¡Ah, y otra vez el Colectivo! Escribí 'nomadesc' en Google y, ¡qué casualidad!, apareció su blog como un link del José Alvear Restrepo. Y, claro, no podía faltar 'movice', la tapadera fundada por Iván Cepeda, aquella que citó, conjuntamente con el Secretariado, la marcha del 6 de marzo contra el 'terrorismo de Estado'.

'Cano', ¿el golpe de gracia?

8 de noviembre de 2011 | OPINIÓN| Por: SAUL HERNANDEZ BOLIVAR
La muerte de 'Alfonso Cano' es un logro de la política de seguridad democrática que implementó el presidente Uribe y de la que el presidente Santos es el más eximio exponente.

Hay varios elementos que entorpecen el abandono de la lucha armada.

Mientras un antiguo guerrillero se apoltronaba en el segundo cargo de la nación, el bárbaro que comandaba la más nefasta agrupación terrorista del continente caía abatido por la Fuerza Pública. Pero la simultaneidad de estos hechos no implica, necesariamente, una paradoja. La pandilla de Petro -el 'presidente' electo de Bogotá- se cansó de la guerra hace más de dos décadas ya, de manera que muchos de sus electores -miles- ni habían nacido cuando los compinches del nuevo alcalde todavía cometían atrocidades como la de quemar el Palacio de Justicia.
Con la gente de 'Cano' ha sido distinto. Las Farc han sido una caterva ciega, sorda y muda. Bueno, no tan muda, más bien de una verborrea cínica y mentirosa, alejada del sentir nacional. Y de una arrogancia y soberbia tan asombrosas como para hacerle el asco a una propuesta de rendición del Estado, como la que les ofreció Pastrana en el Caguán al plantear una constituyente de 50 miembros, en la que ellos, que no representan a nadie, iban a ser las dos mitades: la una con sus comandantes y la otra con un hatajo de mamertos escogidos a dedo. No era la paz, era la entrega de Colombia en bandeja de plata, y estos chiflados, soñando con un triunfo por las armas -con ingreso victorioso a Bogotá y el pueblo batiendo pañuelos-, se patrasearon.
Ahora, diez años después, casi todos los que se creían intocables están muertos y los que no, no pueden ni dormir esperando que la muerte les caiga del cielo. Pero, aun así, siguen obcecados en mantener la lucha armada y permanecer cerrados al diálogo. Al contrario de lo que algunos sostienen, la muerte de 'Cano' no nos aleja de la paz porque él era un "radical antinegociación", aunque tampoco hay que hacerse ilusiones, puesto que hay varios elementos que entorpecen el abandono de la lucha armada.
Entre ellos están: 1) el negocio de la coca, que les aporta una cantidad enorme de dinero y ha narcotizado a la subversión convirtiendo a muchos de sus jefes en simples mafiosos. Y recordemos que a la mafia se entra, pero no se sale; 2) el apoyo que reciben del extranjero, principalmente el de la revolución bolivariana, a cuyo abrigo sobreviven varios miembros del Secretariado; 3) el hecho de que las Farc no buscan una reinserción a la vida civil (ni siquiera con la impunidad que se está proponiendo a nivel constitucional para que personajes como 'Cano', con 96 procesos judiciales a cuestas, puedan hacer política), sino un cambio de modelo social y político, que no es otra cosa que la pretensión de instituir el más hirsuto marxismo y ganar en el escritorio la guerra, y 4) el exitoso activismo de extrema izquierda (Movimiento Bolivariano, Juco, PC3, etc.), que tiene tomados o infiltrados partidos políticos, medios de comunicación, universidades públicas, ONG y hasta entidades del Estado.
¿Derrotadas? Hay que ser muy cegato para no ver que, si bien es cierto que los cabecillas de la guerrilla rural están cayendo, en los centros de poder -y no lo digo por Petro- la combinación de formas de lucha está dando frutos. Ahí las Farc están más vivas que nunca.
Y no nos engañemos: la muerte de 'Alfonso Cano' es un logro de la política de seguridad democrática que implementó el presidente Uribe y de la que el presidente Santos es el más eximio exponente. Pero eso no quiere decir que no haya desmoralización de las tropas, ni que las Farc no hayan recuperado terreno en los últimos meses.
Una cosa son los objetivos de alto valor, combatidos -con gran despliegue de alta tecnología y fina inteligencia- por la Fuerza Aérea y tropas élite del Ejército y la Policía, y otra muy distinta el mantenimiento del orden público en campos y ciudades con unos uniformados que hoy les temen más a los fallos judiciales que a las balas enemigas, y que ya no sienten la mística de luchar por una causa justa.

La desintegración molecular de las Farc

7 de noviembre de 2011 | OPINIÓN| Por: MAURICIO VARGAS
'Alfonso Cano' mató y murió por nada y para nada. Su grupo criminal se deshace en migajas.

El golpe contra Cano no fue de suerte: cuatro años de acoso.

La caída, durante un ataque a su campamento, del máximo jefe de las Farc, 'Alfonso Cano', marca un indiscutible éxito de la política de seguridad impulsada por el presidente Álvaro Uribe entre el 2002 y el 2010, y continuada por su sucesor, Juan Manuel Santos. Si Uribe no hubiese creído que era posible derrotar a la guerrilla, y si no hubiese convencido de eso al país con discursos y resultados, ninguno de los contundentes golpes propinados al grupo terrorista habría ocurrido. Y si Santos, después de los errores iniciales que permitieron un rebrote guerrillero, no hubiese sostenido el cerco contra el líder de las Farc, 'Cano' seguiría vivito y matando.

Ahora que Uribe y Santos andan de pelea, en cumplimiento de la maldición que desde Bolívar y Santander ha condenado a este país a que las relaciones entre sus presidentes consecutivos terminen siempre a sombrerazos, es bueno recordar que el mejor aliado que Uribe encontró para desarrollar su política de seguridad fue el entonces ministro de Defensa, Juan Manuel Santos. Y recordar también que Santos no habría llegado nunca a Presidente si Uribe no le hubiese dado la oportunidad de ocupar esa cartera, justo cuando las Fuerzas Armadas estaban listas para derrotar a las Farc.
Por fortuna para Colombia, mientras los dos líderes políticos peleaban, los comandantes de las tres fuerzas y de la Policía trabajaban de manera coordinada, en especial desde la llegada al ministerio del joven Juan Carlos Pinzón hace dos meses. El golpe contra Cano no fue de suerte: cuatro años de acoso obligaron al jefe terrorista a abandonar su tradicional refugio del cañón de Las Hermosas, en el oriente de la cordillera central, para exponerse en una zona mucho menos segura, en el norte del Cauca, donde encontró la muerte.

Al confirmarse la noticia hubo alegría. Y es explicable: además de los 11 diputados del Valle, cuya muerte 'Cano' mismo decidió, miles de colombianos inocentes murieron por cuenta de él, cientos de menores de edad fueron reclutados por sus hombres, miles soportaron la tortura del secuestro, miles de soldados, policías e infantes cayeron en sus emboscadas, miles de millones de pesos desaparecieron de las arcas públicas por el saqueo de las Farc en sus zonas de influencia, y miles de toneladas de cocaína producidas bajo su amparo alimentaron el mercado y enriquecieron a los carteles más sanguinarios del mundo.

Es un prontuario aterrador, un perfil muy alejado del intelectual que algunos ingenuos pretendían vendernos. Conocí a 'Cano' en 1991 en Caracas, durante los diálogos entre la guerrilla y el gobierno de César Gaviria. Yo no vi en esas semanas al intelectual del que tanto hablaban. Sólo al cínico que condujo las conversaciones de manera que no avanzaran ni un milímetro.

Pero debo decir que, después de la euforia inicial que produjo la noticia, explicable -repito- por tanta sangre derramada en el pasado y tanta sangre ahorrada en el futuro, me sobrevino un desasosiego. Ese personaje dedicó 33 años de su vida a matar, a secuestrar, a traficar cocaína. Lo hizo al principio con el trasnochado cuento de una revolución que ya fallaba en medio planeta. Y lo siguió haciendo después, más por inercia criminal que por ideología, hasta el viernes pasado.

Varias veces tuvo la oportunidad de recorrer el camino de la paz, el mismo que condujo a Gustavo Petro de la guerra al segundo cargo de elección popular del país. Prefirió seguir matando. Ya no sabía hacer otra cosa. Qué desperdicio de vida, qué cantidad de violencia inútil desatada. ¿Y las Farc? Sus migajas desperdigadas seguirán en sus andanzas, debilitadas, sin mando unificado, convertidas en otras 'bacrim', en un proceso que, el sábado, el procurador Alejandro Ordóñez definió con tino como "la desintegración molecular" del grupo terrorista.

mvargaslina@hotmail.com

El golpe a Cano

6 de noviembre de 2011 | COLUMNA| Por: Francisco Santos
¿Se aguantarán las Farc un líder que despache desde la comodidad que les ofrece nuestro nuevo mejor amigo? Lo cierto es que por primera vez en su historia, el jefe natural de las Farc, que ahora debe ser Márquez, da órdenes desde otro país.
Hay que empezar por felicitar al presidente Juan Manuel Santos, al Ministro de la Defensa y a la nueva cúpula militar por este gran golpe contra la cabeza de las Farc, Alfonso Cano. Nuevamente esta organización criminal queda sumida en una profunda crisis de liderazgo sin jefe natural ni jefe militar pues aún no ha encontrado sucesor al ‘Mono Jojoy’.
Alfonso Cano comenzaba a tomar las riendas de las Farc e implementar la estrategia renacer que tenía varios componentes: trasladar el eje de la guerra de las selvas del sur a la alta montaña del norte del Cauca, sur del Tolima y occidente del Huila para neutralizar la aviación y el transporte helicoportado; rehacer la retaguardia en el Pacífico; consolidar la guerra de guerrillas con énfasis en el uso de explosivos y ataques a las infraestructura.
La respuesta de las instituciones fue la fuerza de tarea del sur del Tolima que ahora deja este resultado histórico pues en los 47 años de existencia las Farc es la primera vez que pierde a su comandante no por muerte natural sino por muerte en combate. No podemos olvidar que tanto Jacobo Arenas como Manuel Marulanda murieron de viejos.
Con Cano ya son cinco los miembros del Secretariado que han muerto en los últimos tres años lo que plantea un quiebre definitivo en el balance la guerra. Si a esto se suman golpes como la muerte de ‘Mincho’, jefe del narcotráfico en el Pacífico y la captura de ‘Pacho chino’ ejecutor del secuestro de los diputados y hombre clave del bloque central, es innegable ya el momento crítico de las Farc.
Pero no hay que cantar victoria y pensar en salidas rápidas sería desconocer la capacidad de reciclaje y adaptación de la organización terrorista. La pregunta es qué sigue.
Un efecto de la muerte de Cano es que debe crecer el ascendiente de Pablo Catatumbo. Sin embargo, la definición del nuevo líder plantea interrogantes. El primero es si los miembros del secretariado que viven en Venezuela, ‘Iván Márquez’ y ‘Timochenko’, se regresan a Colombia a pelear como se los exigió duramente Cano. ¿Se aguantarán las Farc un líder que despache desde la comodidad que les ofrece nuestro nuevo mejor amigo? Lo cierto es que por primera vez en su historia, el jefe natural de las Farc, que ahora debe ser Márquez, da órdenes desde otro país. Una ironía para una organización que se precia de ser nacionalista y de querer resolver las cosas aquí y sin intermediarios.
El equilibrio de poderes y la representatividad regional de los bloques ha sido esencial de la composición del Secretariado. De ahí que es posible que suba Jacobo, de Urabá, o Bertulfo el del Magdalena Medio para suplir el cupo de Cano. La gran decisión es si el bloque sur, el de Joaquín un dogmático como Cano, y Fabián un campesino dedicado a la coca, logra imponerse en la escogencia del nuevo líder. Si la respuesta es positiva tendremos una Farc más comprometida con el narcotráfico y con alianzas más fuertes con las bandas criminales.
Las Farc aún tienen fuerza en el Pacífico, en las selvas del sur, en el Cauca y el sur de Tolima, Arauca y Norte de Santander. El refugio en Venezuela sigue siendo su oxígeno. Sin embargo, tras de ocho años de seguridad democrática y casi dos de Santos las Farc están en un proceso irreversible de derrota. Con un Chávez débil y un entorno político en Colombia cada vez más hostil a la lucha armada, a las Farc sólo les queda o una paz digna, que ya no es la del Caguán, o una guerra inútil que lentamente pierden.

Colombia pide perdón por algo que no cometió.

Manuel Cepeda y Alfonso Cano

18 de agosto de 2011 | COLUMNA | Por: Eduardo Mackenzie

El ministro Vargas Lleras acató una sentencia de la CIDH que, acogiendo las pretensiones desproporcionadas de la familia de Cepeda Vargas, obliga al Estado colombiano a someterse a esa ignominia.

Tentaciones

Julio 31 de 2010 - 12:14
Por Rafael Nieto Loaiza

Las Farc, otra vez. Como en los últimos 30 años, siguen siendo noticia de primera página cuando se produce un cambio de gobierno. Desde Betancur en el 82, no hubo 7 de agosto de transición que no viniera acompañado de una declaración de ‘Tirofijo’. Ahora es ‘Cano’. Prueba de que aún no salimos de la plaga. La culebra, a pesar de todo, sigue viva y sigue siendo relevante.

'Ofensiva total' contra el jefe máximo de las Farc ordenó a las FFMM el presidente Uribe

Caracol | Marzo 20 de 2010

Desde Ibagué el presidente Álvaro Uribe ordenó a la Fuerza Pública intensificar los operativos contra las Farc y en especial contra la esctructura del máximo cabecilla del grupo subersivo, Alfonso Cano.

El jefe del Estado exigiò intensificar las operaciones contra insurgentes y obtener resultados en loos 139 días que le quedan de su gobierno.

Las zonas donde empezarán a implementarse los operativos, de acuwerdo a las instrucciones del presidente Uribe, seràn los departamentos de Valle, Tolima, Cauca y Huila que representan un corredor estratégico para las Farc.

Igualmente dijo que se esperan golpes contundentes contra la estructura delincuencial en los prómixos meses.