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Peláez y Gardeazábal agosto 1 de 2018
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LES AGUARON LA FUNCIÓN

8 de abril de 2012 | OPINIÓN | Por: CRISTINA DE TORO
Los terroristas de las Farc, la señora Piedad Esneda Córdoba y su grupo de auxiliadores (nacionales e internacionales) suelen hacer con estos eventos, nada tiene de humanitario, es, simplemente, una manera, por demás mezquina, de hacer política.
Los terroristas, cada que necesitan ganar tiempo, (para reorganizarse o bien, para tomar un segundo aire), buscan acercamientos y hacen propuestas de paz.
Gracias al rigor y a la mesura con las que el gobierno del presidente Juan Manuel Santos, manejó el proceso de la liberación de los 10 militares, hoy, no solamente, celebramos alborozados el tenerlos libres, sino también que el carnavalesco espectáculo que las Farc y el colectivo de amigas y amigos (con sus apéndices internacionales) tenían montado, fracasara.

En buena hora el Gobierno se les atravesó y puso coto a esta aberrante manera de hacer política. Sí, porque lo que los terroristas de las Farc, la señora Piedad Esneda Córdoba y su grupo de auxiliadores (nacionales e internacionales) suelen hacer con estos eventos, nada tiene de humanitario, es, simplemente, una manera, por demás mezquina, de hacer política, de mejorar la imagen negativa que de ellos se tiene y, a su vez, de conseguir resonancia internacional.

Por todos es sabido que los terroristas, cada que necesitan ganar tiempo, (para reorganizarse o bien, para tomar un segundo aire), buscan acercamientos y hacen propuestas de paz.

Esta vez, con la certeza de que el Estado no estaba interesado en ningún tipo de "canje de prisioneros" (como llaman ellos a los secuestrados), y con la apremiante necesidad de aligerarse logísticamente, para poder desplazarse con rapidez y esquivar la persecución del Ejército Nacional, los narcoterroristas de las Farc (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Comerciantes de Coca), tenían que deshacerse de los militares y, qué mejor manera de hacerlo que canjear esa desvalorizada y engorrosa mercancía (eso representaban ya los menguados secuestrados para ellos), por reconocimiento del pueblo colombiano y de toda la comunidad internacional.

Además, en un momento muy propicio, pues bien se sabe de las maniobras políticas y jurídicas que vienen presionando para llevarnos a un acuerdo de paz, en el que, dicho sea de paso, ellos no están interesados más que por las prebendas y por la impunidad que necesitan.

Para ello, y con la colaboración del colectivo de amigos y amigas, montaron un gran espectáculo en el que no escatimaron detalles. Interesante saber de dónde provienen los dineros con los que financiaron tan oneroso montaje (múltiples desplazamientos, alojamiento de participantes, etc.). El papel de garantes de la entrega les fue asignado a las señoras Rigoberta Menchú, premio Nobel de Paz (Guatemala); Socorro Gomes, presidenta del Consejo Mundial para la Paz (Brasil); Xiomara Castro de Zelaya (Honduras), y Margarita Zapata , nieta de revolucionario mexicano Emiliano Zapata (México), miembros (o "miembras", según su peculiar manera de expresarse), del grupo Mujeres del Mundo por la Paz, fundado por la destituida senadora Córdoba, quien a su vez, tenía asignado el cargo de directora de orquesta y, por supuesto, el importantísimo rol de heroína. Hacían parte del elenco, también, los magnánimos "muchachos de las Farc".

Ahora solo resta, para acabar de aguarles la función, que el Gobierno se mantenga firme en su decisión de impedir que ese colectivo y sus invitadas internacionales (todas, curiosamente, de filiación política de izquierda), visiten los narcoterroristas que se encuentran presos en las cárceles nacionales. Y, en caso tal de que sigan insistiendo, pues que surtan los trámites legales que rigen para todos los ciudadanos y comprueben que, a pesar de las muy precarias condiciones en las que viven todos los presos de este país, esos delincuentes, que no presos políticos ni de conciencia, están en mejores condiciones que los 725 secuestrados civiles (según la Fundación Nueva Esperanza), que todavía permanecen en poder de las Farc.

¿Quién dijo diálogo?

5 de abril de 2012 | Reflector | Por: FERNANDO LONDOÑO HOYOS
Algo muy serio parece estar fallando en la formación de las nuevas generaciones en lo tocante al comportamiento y al sentido de patria.
Impecable manejo le dio el Gobierno al arduo tema de la liberación de los secuestrados. Tuvo tacto, determinación y claridad.
El festival mamerto de Piedad Córdoba se quedó ensayado, y como en las buenas faenas el Presidente remató con estocada en todo lo alto. Sin restarle importancia a lo que se hacía, recordó, en el mejor momento, que nos quedaban 700 colombianos por recibir. Y que sin ellos, o cuando menos sin noticia precisa de lo que con ellos ha ocurrido, no se daría un paso adelante.
Siguiendo esa sencilla línea argumental, no habrá de qué hablar mientras las Farc no devuelvan a los miles de niños que se robaron de sus hogares y que utilizan en los más abyectos menesteres. Como tampoco será posible ninguna aproximación con sembradores de minas que se nieguen a retirarlas o cuando menos a dar noticia exacta de su ubicación.
Por descontado se da que esas formas elementales de reparación tienen que llegar de la mano de manifestaciones explícitas de no repetir esta lista de crímenes atroces. Como tampoco serán imaginables asaltos a los pueblos ni ataques a la infraestructura de vías o transmisión eléctrica, o a los medios de transporte o a las industrias básicas de la Nación.
Pero cumplidos estos requisitos esenciales, queda pendiente la primera y fundamental de las tareas. Mientras las Farc no abandonen el narcotráfico, con entrega real y efectiva de sembrados de coca y amapola, de laboratorios y cristalizaderos, de rutas y de cómplices, no hay para qué pensar en que sean interlocutores de nada o para nada. La cocaína y la amapola son los combustibles que alimentan todas las guerras. No cabe, entonces, la mala mentira de que se pueda hablar de paz dejando intactas las condiciones de la guerra.
Estamos seguros de que este Gobierno no cometerá los errores del pasado, incluyendo el que causó tan grave daño en la desmovilización de los grupos paramilitares. Por no exigir el desmantelamiento del negocio de la coca, se tuvo que pagar el altísimo precio político que se conoce. La cuestión no es recibir fusiles, que tan fácilmente se remplazan por otros, sino recibir combatientes que dejan de serlo para incorporarse de buena fe a la sociedad que han maltratado tanto.
Por supuesto que no paran aquí los complejos asuntos que el debate plantea. Porque las Farc, y particularmente quienes las utilizan con fines políticos, pretenden convertirse en una especie de Asamblea Constituyente. El comandante Chávez, desde Venezuela, las señoras Córdoba y Cuartas, cierto congresista Cepeda, los curas Giraldo y De Roux sueñan con que diálogos de paz se llame una especie de foro en el que Colombia decida su estructura política y las líneas maestras de su economía y su forma de organización social. Lo que nunca lograron por las armas. Para lo que jamás han conseguido el favor del pueblo, lo pretenden por la puerta trasera de los diálogos que piden.
Queden desde ahora definidos los alcances de los diálogos que se proponen en nombre de la paz. Si en ellos se buscan formas de justicia sustitutiva de la tradicional, medios para que dejen las armas quienes con ellas tanto han atormentado al pueblo colombiano, podrá pensarse en gestos de generosidad y grandeza. Pero que se sepa de una vez que los diálogos de que se habla no pueden ser la ocasión para convertir en factores fundamentales de la política colombiana a quienes no tienen más mérito que el delito. En otras palabras dicho, que los diálogos no sean un Golpe de Estado encubierto. Es lo que quieren sus promotores. Y es lo que los ciudadanos no aceptaríamos jamás.
Desde esta perspectiva fundamental corresponderá examinar estas conversaciones. Porque está claro lo que buscan quienes las proponen. Y también está claro lo que jamás aceptaríamos los que seguiremos creyendo en la Democracia.

El submarino de la paz

3 de abril de 2012 | ANÁLISIS | Por: Miguel Gómez Martínez
Como un submarino, invisible y silencioso, avanza la estrategia del gobierno para llevar al país a un nuevo proceso de paz.
Como en un rompecabezas, las fichas van encajando sin que la opinión pública conozca el diseño final.
La primera fase consiste en reactivar la tesis de que la única salida real para el conflicto es la negociación. Desde el discurso de posesión, el presidente Santos ha venido acariciando el tema alrededor de la figura de la llave que tiene en el bolsillo que abriría el diálogo con la guerrilla. Para ello ha contado con el coro de áulicos encabezados por Piedad Córdoba, Ernesto Samper, Andrés Pastrana, Horacio Serpa, El Espectador, El Tiempo, El Nuevo Siglo, La Silla Vacía, casi todas las emisoras y canales, los programas de opinión, los intelectuales, las ONG, Chávez, Correa, Evo, Dilma, Ollanta, Raúl, Cristina y otros cuyos nombres se me escapan.
El segundo capítulo es el marco jurídico para la paz. Como vamos a negociar con violadores de los derechos humanos y criminales de guerra, hay que ofrecerles impunidad. El marco jurídico para la paz es la ley de los victimarios. Mediante una sofisticada jerga jurídica se propone en la Constitución que una ley definirá “los casos en los que procedería la suspensión de la pena y se autoriza la renuncia a la persecución judicial penal”. Esto, en lenguaje de legos, es garantizar que los que se sometan al proceso de paz no irán a la cárcel. Otros prefieren llamarlo amnistía.
Para que todo esto cuaje, se requiere la benevolencia de las ONG, siempre dispuestas a exigir lo máximo cuando se trata de violadores de los derechos humanos paramilitares pero suaves cuando se trata de violadores de derechos humanos de la guerrilla. Por ello el reversazo del fuero militar luego de las protestas escuchadas en Washington. El nuevo proyecto de fuero es una obra maestra de ilusionismo. En apariencia amplia el marco de protección para los miembros de la fuerza pública pero en realidad, dados los compromisos internacionales firmados por Colombia y que forman parte del  bloque de constitucionalidad, los militares no gozarán de mayor seguridad jurídica. Además, como se trata de un acto legislativo que deberá ser reglamentado por una ley estatutaria, estamos hablando de un año adicional de demora, tiempo valioso para seguir recorriendo el camino hacia el diálogo con la guerrilla.
¿Por qué utiliza el gobierno esta estrategia submarina? Esa es una pregunta importante. La razón fundamental es de tipo mediático. Si los colombianos se huelen, así sea de lejos, que volvemos a una estrategia similar a la tragedia del Caguán se opondrían radicalmente. Hay por lo tanto que volver a ambientar la idea de que la paz está al alcance de la mano y que la guerrilla esta vez sí es honesta y transparente en sus intenciones.
La guerra se perdió hace muchos años cuando renunciamos a la victoria militar. El mayor triunfo de la guerrilla es haber convencido a los líderes de opinión en Colombia que la guerra no puede ser ganada. Y como bien decía Richard Nixon, “si no estás listo para hacer la guerra, haz la paz.”

Lo mismo de antes

1 de abril de 2012 | OPINIÓN | Por: Francisco Santos
- Senador ROY BARRERAS - Traidor, lagarto "voltiarepas"
Y ahora nuevo mejor 'amiwis' de las Farc (N.del E) - 
Los 'vivancos' y 'gallones' del país y del mundo se arropan en la misma complicidad ideológica que deja en claro que una masacre de uno es repudiable y merece, es más se exige, sea castigable mientras la del otro no.
Las víctimas de las Farc, de sus masacres, de sus atentados terroristas, de sus secuestros, de sus mutilaciones, tendrán que aceptar con resignación que no habrá ni justicia, ni verdad ni reparación.
Una voz solitaria se alzó en el Congreso en contra del horror de reforma constitucional, mal llamada marco para la paz, la del congresista de la U Miguel Gómez Martínez. Y no es fácil hacerlo porque hablar contra la paz es como hablar en contra del niño Dios. Pero cuando se mira en detalle lo aprobado no deja uno de quedar sorprendido frente a la patria boba que de nuevo vivimos.
La ausencia de debate muestra un doble discurso frente a las víctimas. No se ha escuchado una voz para criticar esta amnistía por la puerta de atrás para los guerrilleros de las Farc y del ELN, la del Polo o las de las ONG retumban en su silencio. Las víctimas de estos grupos, de sus masacres, de sus atentados terroristas, de sus secuestros, de sus mutilaciones, de sus desplazamientos, de su reclutamiento forzado, de sus violaciones tendrán que aceptar con resignación que sus victimarios sean congresistas, alcaldes y de pronto presidentes. Y que no tengan ni justicia, ni verdad ni reparación.
¿Esa es la evolución de este país ahora en la administración Santos? ¿Dónde quedó el discurso que escuchamos de los medios que también han guardado un vergonzante silencio? ¿Dónde está la voz de la oficina de DD.HH., de Naciones Unidas que parece silenciada por la complicidad con la paz?
El marco para la paz es una amnistía disfrazada no nos digamos mentiras. Por eso lo elevan a rango constitucional. Los 'vivancos' y 'gallones' del país y del mundo se arropan en la misma complicidad ideológica que deja en claro que una masacre de uno es repudiable y merece, es más se exige, sea castigable mientras la del otro no. ¡Qué indignación!
Pero no para ahí el desatino de esta propuesta. Por un lado le manda la señal equivocada a las Farc. Les dice tranquilos cometan todos los horrores que al final negociamos y así esto acaba en una amigable componenda como la que trataron de arreglar sin éxito Gaviria, Samper y Pastrana (en el exceso). Por otra parte entregan, antes de una negociación, la joya de la corona y gastan un fusible, el Congreso, que da un margen de maniobra absolutamente necesario. Y finalmente, la bobadita de mensaje a las Fuerzas Armadas quienes victoriosas después de los ocho años de respaldo indeclinable y franco ahora tienen que aguantarse las dudas del debate del fuero militar y una llave de la paz que Santos ya sacó y el país no se ha enterado.
¿Qué se va a entregar en un acuerdo de paz? Ya se entregó de antemano que paguen unos añitos de cárcel. A cambio de nada y con el apoyo del Partido Conservador y de la U. Es increíble que este debate haya sido tan precario. Demuestra que el norte ideológico de estos partidos muchas veces está más ligado a la burocracia que a la defensa de los colombianos que recibieron una segunda oportunidad en el gobierno pasado después de sentir durante décadas el azote de los violentos.
Pero, bueno, está de nuevo la socialbacanería, como le dice Uribe, en el poder. Esa elite bogotana que desconoce el país por fuera de la capital, Anapoima o Cartagena, coopta medios con pauta, gobierna a punta de encuestas y hace lo que le conviene a estas y no al país.
Así se dilapida una fortuna que se recibió. Para no hablar de los huevitos que hace rato murieron.


@fsantosRCN

Concesiones a la carta

17 de enero de 2012 | OPINIÓN | Por: Saúl Hernández Bolívar

Hacerles concesiones graciosas a simples bandidos siempre será una receta ponzoñosa.

Algo se cocina de espaldas al país, pero no es la paz.

    Los paramilitares eran grupos contrainsurgentes, pero nos quieren meter el cuento de que no, de que eran meros narcotraficantes que se hicieron pasar por delincuentes políticos, como si la guerrilla no conociera un porro. Y se desmovilizaron, pero ahora nos quieren meter el cuento de que no, de que las llamadas bacrim son los mismos 'paras' con chapa nueva.
    Tal aseveración entraña el ocultamiento de que tras todo conflicto irregular sobrevienen violentas transiciones que pueden llegar a ser peores que la disputa de origen. Eso es parte del 'postconflicto', y en ese contexto se originan las bacrim. Las desmovilizaciones dejan cientos de asesinos entrenados que no sirven para nada más, y armas por montones que no suelen entregarse para mantener una garantía frente al Estado. Venir a desconocer eso es una temeridad.
    Los tuertos suelen olvidar -o callar- que los procesos de paz con las guerrillas han sido peores, como el del Epl, en 1991, del que quedó una sanguinaria facción disidente que siguió echando tiros y se alió con las Farc para exterminar a sus antiguos compañeros desmovilizados, que montaron un partido político en Urabá: Esperanza, Paz y Libertad.
    Precisamente, los hermanos Úsuga, líderes de 'los Urabeños', iniciaron su bandidaje en el Epl e hicieron parte de esa disidencia que, de consuno con las Farc, perpetró esa carnicería. Luego se pasaron al bando de las Autodefensas y combatieron a las guerrillas, pero hoy conviven con ellas pacíficamente en aras del negocio del narcotráfico: producen el 20 por ciento de la cocaína que sale del país, nada mal. O sea que si los Úsuga representan el supuesto fracaso del desmonte del paramilitarismo, también serían la prueba de que la desmovilización del Epl fue un fiasco.
    Al margen de lo anterior, lo cierto es que estos angelitos que tanto en nombre de Mao como del dios dólar han cometido costalados de crímenes se deben de estar muriendo de la risa por la indecisión estatal de combatirlos con todo el poderío de la Fuerza Pública. Según algunos entendidos, dizque el DIH prohíbe el uso desmedido de la fuerza en contra de delincuentes 'comunes' y que estos sean combatidos por el Ejército y no por la Policía, que es la encargada del orden interno. Tampoco se les puede bombardear en sus campamentos ni atacar por sorpresa. ¿Qué tal las majaderías?
    Si lo que se requiere es darles a 'los Urabeños' -y a 'Rastrojos', 'Águilas Negras' y similares- el rótulo de 'terroristas', ya tienen méritos suficientes. No son una banda de cosquilleros sino una peligrosa organización criminal que ejerce soberanía en extensos territorios, con notoria incidencia en las fronteras, y somete a las comunidades, incluso de grandes ciudades, donde cooptan a las bandas delincuenciales para controlar el microtráfico en los barrios. De su ostensible y preocupante dominio dan cuenta los alcances del reciente paro armado y el concurrido y lamentado funeral de alias 'Giovanni'.
    Paralelamente, las Farc continúan con una escalada de violencia ambientada por las pomposas epístolas del comandante 'Timochenko', esas que sus amigos -a una- tratan de hacer ver como "un evidente (y esperanzador) cambio de tono". Con ínfulas de vencedor, 'Timo' pide retomar la agenda del Caguán -tan perversa como el despeje mismo- con la nada sorprendente aprobación del ex presidente Pastrana y el atrevimiento de Chávez de ofrecerse como mediador, como si nadie recordara que en la anterior ocasión se atrevió a telefonear a nuestros generales y terminó amenazándonos con los Sukhoi.
    Para colmo, el rumor de que Santos tiene acercamientos secretos con las Farc dejó de ser un rumor y se convirtió en franca recomendación. Algo se cocina de espaldas al país, pero no es la paz. Hacerles concesiones graciosas a simples bandidos siempre será una receta ponzoñosa.
@SaulHernandezB

Carta abierta a "Timochenko"

17 de enero de 2012 | COLUMNA | Por: Yohir Akerman

Ustedes se muestran como la solución, cuando su guerrilla y el narcotráfico, del que ustedes subsisten, son el principal problema.
Señor Rodrigo Londoño Echeverri, alias Timoleón Jiménez o Timochenko. Le escribo esta carta como colombiano preocupado y sorprendido por su visión de la realidad del país. He leído con atención el texto que le envió al presidente Juan Manuel Santos y eso me ha impulsado a escribirle esta misiva. A título personal y como ciudadano y parte de ese país que usted intenta describir desatinadamente.

Empiezo por decir que es completamente errado pensar, como lo intenta expresar en su nota, que lo que es bueno para las Farc, es bueno para Colombia. Que su discurso es la salvación del país. Que su guerra, es la lucha de nuestro campo. Nada más alejado de la realidad.

Su guerrilla y su guerra están cada vez más distanciadas del pueblo colombiano. El nuestro, no el suyo. El de la democracia, no el de la violencia. Y sus discursos y armas cada vez son más defensivos del negocio del narcotráfico que de la lucha por los ideales de la equidad.

Aunque históricamente se pueden reconocer unas circunstancias de violencia y desigualdad en el país, que dieron origen a la visión política que tuvieron las Farc inicialmente, y que han intentado alimentar por años, ahora disfrazando el narcotráfico, su decisión de mantenerse en esta guerra estéril no los conducirá a cambiar el país.

Ustedes se muestran como la solución, cuando su guerrilla y el narcotráfico, del que ustedes subsisten, son el principal problema.

Y por eso le escribo. Porque su texto muestra a una guerrilla incapaz de mirar sus errores y con una lectura poco realista de lo que ha sido su papel en la historia colombiana. A ustedes les pesa su pasado y son incapaces de admitir sus errores.

Por eso, mientras inviten de nuevo al gobierno a un diálogo sin garantías, la sociedad colombiana seguirá viendo eso como un sinónimo de fracaso y un nuevo intento de burla por parte de ustedes.

Su invitación a la mesa de negociación, señor Timochenko, más parece la de una persona que aún no logra asumir internamente la vocería total de la guerrilla, y que quizás si el presidente Santos lo asume como verdadero interlocutor logra posicionarse dentro de su misma organización, que la de alguien realmente dispuesto a sentarse a negociar o a buscar la paz.

Ustedes siempre han querido conversar, pero nunca realmente dialogar. Y para establecer eso hay que fijar unas condiciones serias, entregando a los secuestrados de inmediato y empezando por un cese el fuego efectivo, que lleve a dejar las armas.

Antes de plantear una agenda exhaustiva de reformas para el futuro del país, hay que entregar a los secuestrados y no disparar una bala más. Eso es lo mínimo.

Por eso su carta es desoladora. Porque es evidencia de la enorme brecha entre las aspiraciones de su guerrilla y la posición del gobierno y el pueblo colombiano en general.

Mientras usted pretenda debatir los grandes temas del país manteniendo a los secuestrados, generando terror con sus armas y protegiendo el narcotráfico, la sociedad lo único que va a querer de usted es su cabeza. Nada más.

Lo que no ha entendido, señor Timochenko, es que dialogar ya no es únicamente potestad del presidente Santos.

Ahora es decisión de la sociedad en general y para eso ustedes tienen que convencer al pueblo colombiano que su intención es seria y real. No hacerlo es seguir echando agua en un terreno estéril que no va a dar su fruto. El presidente Santos lo sabe, y usted también.

Por eso, y por el destino de Colombia, y el deplorable papel que usted juega en su presente y futuro, lo insto a replantear realmente la guerra como estrategia para cambiar al país.

Las Farc no van a llegar a ningún lado con esto, y, lastimosamente, Colombia tampoco mientras tengamos que seguir combatiendo contra ustedes.