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Peláez y Gardeazábal agosto 1 de 2018
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#ConstituyenteYa

26 de junio de 2012 |Zona franca| Por: JOSÉ OBDULIO GAVIRIA

Hoy miércoles, el Ejecutivo y el Congreso, de consuno, suplantarán a la Corte para tumbar un acto legislativo ya aprobado legítimamente.
Santos le ha pedido al Congreso que den entrambos un golpe de Estado a la Corte Constitucional.
Hoy, miércoles 27 de junio, el gobierno de la U (Unasur chavista) consumará un delito de lesa Constitución. Y el régimen, a la manera de Goebbels, se empeñará en que todo se vea al revés. Querrán que Santos, el transgresor, aparezca como "padre y defensor de la Constitución".
Dudo de que lo logren. A los Goebbels nunca les tocó lidiar contra el Twitter.
Santos le ha pedido al Congreso que den entrambos un golpe de Estado a la Corte Constitucional.
Según cierta jerarquía de normas aprobadas por el Congreso, hay un tratamiento distinto para establecer su inconstitucionalidad. 1) Es función de la Corte Constitucional "decidir sobre la constitucionalidad de los proyectos de ley que hayan sido objetados por el Gobierno como inconstitucionales". 2) La Corte debe "decidir sobre las demandas de inconstitucionalidad que promuevan los ciudadanos contra los actos reformatorios de la Constitución".
Subrayemos: 1) proyectos de ley objetados por el Gobierno; 2) reformas constitucionales demandadas por ciudadanos.
Santos ha propuesto al Congreso pasarse por la galleta a la Corte Constitucional; que el Ejecutivo y el Legislativo se arroguen la facultad de decidir si una reforma constitucional aprobada en ocho debates es exequible o inexequible. Mejor dicho, que simulen que la reforma de la justicia es una ley ordinaria. El presidente del Congreso ya mandó a decir que sí, que no hay problema. Los parlamentarios no son rencorosos; después de que Santos los llamó chanchulleros y tramposos, van a concurrir a sesiones extras ilegales y se comportarán como sus 'sacamicas' para que no los vuelva a llamar saca micos.
Hoy miércoles, el Ejecutivo y el Congreso, de consuno, suplantarán a la Corte para tumbar un acto legislativo ya aprobado legítimamente.
A pesar de aparentar lo contrario, Santos estará feliz con el Congreso. ¡Esos sí son amigos! Juntos matarán a la criatura legislativa en el propio vientre congresional (harán una sadomasoquista combinación de aborto con haraquiri).
A Santos le redactaron un proyecto de sentencia de inexequibilidad e inconveniencia del bodrio conocido como reforma de la justicia y él lo presentó en el Congreso como "objeción de inconstitucionalidad". Es decir, Santos hizo las veces de demandante de inconstitucionalidad, y el Congreso hará hoy las veces de Corte. "Sentenciará" que sí, que el Gobierno tiene razón. Y ¡parte sin novedad!
¡Qué fiasco la reforma de la justicia! ¡Qué fiasco Santos y Vargas Lleras, sus promotores! ¡Qué fiasco los magistrados aferrados a prebendas! ¡Qué fiasco los parlamentarios que no saben lo que aprueban, o que, sabiéndolo, no son capaces de defender sus decisiones!
Todavía resuenan los ecos del inicial coro de aduladores de Santos.
¡Él sí tiene genuino respeto por los principios del Estado de derecho!
¡Santos sí respeta a las cortes!, decían. Estaban confundiendo contubernio con respeto. Ya todo el mundo quedó notificado de que a Gobierno y cortes les importa un comino una justicia pronta y cumplida. Las únicas sentencias que valoran son encuestas y sinecuras.
Como un niño caprichoso y veleidoso con un juguete, el Gobierno celebró jubiloso la aprobación cuasi unánime de la reforma y al día siguiente la tiró a la basura.
Santos es 'listo'. Les quitó la materia prima a los del referendo revocatorio. No habrá nada que revocar. En materia de legislación sobre justicia pasaron dos años y estamos peor que antes. Pero, como la reforma sí es necesaria, porque hoy somos como una sociedad primitiva, en la que rige la ley del más fuerte, la única vía que nos queda a los colombianos para recuperar el derecho a una justicia pronta y cumplida será #ConstituyenteYa.
Publicado: Junio 27, 2012

Twitter: @JOSEOBDULIO

Caos institucional

24 de junio de 2012 |OPINIÓN| Por: Óscar Iván Zuluaga

La falta de acción gubernamental ha desencadenado un caos que solo podrá resolverse en manos de la Corte Constitucional.
No publicar el acto legislativo de reforma de la justicia sería una violación del orden constitucional y un precedente nefasto en lo que respecta al equilibrio de poderes.
Lo ocurrido esta semana con la reforma de la justicia es un hecho muy grave para la institucionalidad del país. Difícil encontrar desde el funcionamiento de la Constitución del 91 una reforma constitucional que haya generado tanta indignación en la opinión ciudadana y haya desnudado hasta tal punto la lucha de poderes entre las tres ramas del poder público: el Gobierno, el Congreso y la Justicia.
El acto legislativo de reforma de la justicia fue una propuesta de origen gubernamental, planteada desde el inicio del mandato del presidente Santos. Fue el Gobierno mismo, con su insistencia en el tema, quien hizo de ella una de las prioridades de la agenda legislativa. Desde el comienzo, la propuesta no le ofrecía nada concreto al ciudadano para avanzar en el principio misional de una justicia pronta y eficaz. La reforma terminó convertida en un pulso burocrático entre congresistas y magistrados y en una discusión sobre las instancias de juzgamiento de los aforados. El Gobierno insistió en la reforma contra viento y marea: a pesar de la cantidad apreciable de juristas que se pronunciaron en su contra, a pesar de la oposición rotunda del Consejo de Estado, a pesar del silencio público de la Corte Suprema de Justicia (que delataba cierta inconformidad privada). El Gobierno fue, hasta el final, líder de esta iniciativa y promovió su aprobación, con resultados desastrosos.
Aprobada la reforma, estalló la crisis. El senador liberal Luis Fernando Velasco, en RCN Radio, dijo que en su larga carrera como congresista no había visto nunca un lobby como el que hicieron magistrados para su aprobación. El presidente de la Cámara y director del Partido Liberal, Simón Gaviria, afirmó en la W no haber leído la conciliación y que la votó afirmativamente porque el Ministro de Justicia había dado su conformidad. El entonces Ministro de Justicia dijo que no lo dejaron participar en la conciliación el pasado martes, hecho que genera profundas dudas sobre las intenciones de los parlamentarios que integraron la comisión de conciliación. Pero el Gobierno no protestó sino hasta el jueves por la noche, cuando la presión ciudadana se tornó insostenible y el presidente Santos hizo públicas sus objeciones, queriendo descargarle toda la culpa al Congreso. Pero la realidad es que este nunca hubiera aprobado la conciliación por encima de la voluntad del Gobierno (de hecho, según Simón Gaviria, sin la activa solicitud del Gobierno).
El daño, por ahora, está hecho. Los actos legislativos son de vigencia inmediata, no los puede objetar el gobierno, no se pueden votar en sesiones extraordinarias y solo se pueden tramitar en dos vigencias ordinarias, que expiraron el 20 de junio. Esto quiere decir que no publicarlo sería una violación del orden constitucional y un precedente nefasto en lo que respecta al equilibrio de poderes. Lo último que le puede pasar al país en estas circunstancias es que el Gobierno, por haber actuado tarde, pretenda ahora contener al monstruo con instrumentos de dudosa constitucionalidad.
El presidente Santos no puede negar la paternidad y padrinazgo de la reforma. Tampoco pueden lavarse las manos los magistrados que la impulsaron y los congresistas que la respaldaron. La falta de acción gubernamental ha desencadenado un caos que solo podrá resolverse en manos de la Corte Constitucional. Mientras tanto, la vigencia de la reforma va a producir hechos jurídicos y políticos de muy delicadas consecuencias para nuestras instituciones.
Lo más triste es que este episodio es una frustración más para todos los colombianos, que queremos una justicia más eficaz, pronta y cercana al ciudadano. Para la opinión pública es claro que la puerta del Congreso está cerrada para una verdadera reforma de la justicia.

Óscar Iván Zuluaga
Publicado: Junio 25, 2012

Twitter: @oizuluaga