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Dic 10 de 1948
Peláez y Gardeazábal agosto 1 de 2018
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¿Estamos pactando con el diablo?

 De sur a sur | Por: NATALIA  SPRINGER | Publicado: sep. 24, 2012 
Mienten las Farc cuando, torciendo las palabras, se niegan a aceptar que fueron ellos los que se inventaron el secuestro, los que convirtieron en ley propia una obscena forma de esclavitud y tráfico de personas.
¿Qué legitimidad, si alguna ostenta, tiene una negociación con enemigos de los más básicos principios de la dignidad humana…?
Mienten las Farc cuando, torciendo las palabras, se niegan a aceptar que fueron ellos los que se inventaron el secuestro, los que convirtieron en ley propia una obscena forma de esclavitud y tráfico de personas. Mienten cuando se resisten a aceptar que hicieron del Caguán un campo de concentración. Esa es una imagen angustiosamente inolvidable: la cochera con paredes de alambre de púas en la que permanecían decenas de víctimas encadenadas al cuello. Mienten cuando aseguran que nada tienen que ver con el narcotráfico, que no reclutan niños y niñas, que no hay esclavitud sexual en sus filas, que no han causado dolor y que nada les deben a sus víctimas, porque las víctimas son ellos.
Y entonces es aquí donde hay que preguntarse: ¿qué y con quién estamos negociando? ¿Qué legitimidad, si alguna ostenta, tiene una negociación con enemigos de los más básicos principios de la dignidad humana, en cuya defensa hemos justificado el uso de la fuerza?
La admisión de fondo de este proceso de paz consiste en aceptar que las Farc no son un capricho ideológico, nacido de la imaginación de un megalómano, como sí sucedió con Sendero Luminoso en el Perú, ni representan el trasnochado sueño comunista, ni son la versión criolla de Al Qaeda. Las Farc representan, lamentablemente, el último lastre histórico, la gran deuda pendiente de la institucionalidad colombiana con la agenda política de los movimientos de los 60. Hay que resolver el pacto inconcluso con el liberalismo campesino deliberante y la agenda agraria, que terminaron sacrificados por la cúpula que negoció el Frente Nacional. Esa es una deuda que aún hoy nos sitúa como una de las naciones más desiguales del planeta.
Esta negociación le da al Estado colombiano la excepcional oportunidad de poner en marcha mecanismos que permitan erradicar esas grandes desigualdades que empiezan (no terminan) en el campo y que no podrían abordarse por los medios actuales sin desatar una (otra) guerra civil. Es la oportunidad de saldar la deuda de integración regional.
¿Cómo desandar tanta barbarie? De aquí se deriva nuestra primera obligación. Como sociedad, es nuestro deber exigir que el primer objetivo de esta negociación no sea el cese del fuego. A las Farc no hay que creerles, hay que exigirles la adherencia a los principios del Derecho Internacional Humanitario bajo estrictos parámetros de verificación, como en su momento sucedió con el Frente Sandinista en Nicaragua, el FMLN en El Salvador y la URNG en Guatemala.
Ya en ese camino, tal vez tengamos la oportunidad de empezar a enfrentar la agenda del siglo XXI. El diagnóstico es sombrío. Tenemos un estado de barbarie bien gerenciado, aspiracional, enmarcado por leyes magníficas, transitado por millones de víctimas, señalado como la peor crisis de desplazamiento en el planeta, amenazado por cientos de bandas criminales. Nuestra paz está en la transición, en la reformulación de un pacto de civilidad que no tenemos, en el que quepamos todos, en el que "cada colombiano deje de ser un enemigo".
En ese sentido, hace falta y es correcto trazar como meta una comisión de la verdad como instrumento de diagnóstico, como catarsis, como estación indispensable hacia la reconciliación. Nos permitirá mirarnos al espejo y, sobre todo, revisar el pacto de civilidad que tanto necesitamos para repensar esa cultura maldita que sustancia todos nuestros problemas: la pobreza como sinónimo de invisibilidad, la exclusión, el ejercicio de la política y las formas de representación, etc.
Y, por supuesto, debe posicionarnos en la agenda global: ¿es sostenible la actual alianza en la fallida guerra contra las drogas, una guerra cuyas consecuencias amenazan la estabilidad y la viabilidad del Estado, no solo en Colombia, sino en toda la región? Es largo el camino, pero hay que empezar a soñarlo.
Natalia Springer

Nuestro personaje regresa

 OPINIÓN | Por: PLINIO APULEYO MENDOZA | Publicado: sep. 14, 2012  
Reaparece en Colombia, es dueño de gobiernos en Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua y se hace notar en las políticas de Cristina Fernández y en el Foro de São Paulo.
Con sus complejos socialistas.
Carlos Alberto Montaner, Álvaro Vargas Llosa y yo pensábamos haberlo despachado para siempre. Pero ahí está. Ha vuelto. Está en las universidades tirándole papas explosivas a la policía. Incluso, cosa grave, en la Javeriana y en los Andes. Sus tesis reinan en muchas columnas de prensa, en centros académicos, en cúpulas sindicales, en el Congreso y en los partidos con filiación de izquierda. Pero lo que menos esperábamos es que ahora, gracias a las exigencias de 'Timochenko', esas tesis y sus correspondientes propuestas serán tema central en la mesa de negociaciones de paz. Nada menos.
Nos referimos, por supuesto, al perfecto idiota latinoamericano. Aunque parezca increíble dado el duro epíteto que con Montaner y Álvaro le colgamos en nuestro difundido Manual, a este personaje lo tratamos con algo de afecto recordando que a los veinte años muchos fuimos idiotas. Dejamos de serlo cuando descubrimos que las ideas que en los ámbitos universitarios nos embelesaban hoy han sido derrotadas por la realidad.
¿Cuáles son ellas? En primer término, muchas de la vulgata marxista, que todo lo explica por la lucha de clases. De acuerdo con esta visión, los grandes responsables de nuestra pobreza eran dos funestos aliados: el imperialismo y los ricos, agrupados bajo la etiqueta de burguesía, llamada luego oligarquía.
Como lo escribimos en nuestro Manual, si a este personaje pudiéramos tenderlo en el diván de un sicoanalista, descubriríamos en los pliegues más íntimos de su memoria las úlceras de algunos complejos y resentimientos sociales exasperados por la imagen de los ricos, de sus clubes, mansiones y fiestas. Entonces, el marxismo y todas sus variantes acaban por atraparlo.
Aunque con el tiempo estos sesgos ideológicos no le impidan sumarse a partidos de estirpe democrática, nuestro perfecto idiota sigue fiel a ciertas convicciones. Por ejemplo, su gusto por las nacionalizaciones, su freno a las multinacionales, su clamor por un reparto de la tierra que impida grandes propiedades agrícolas y, sobre todo, una redistribución de la riqueza a cargo del Estado, ignorando que lo que este recoge por la vía de los impuestos termina sólo engordando a la burocracia. Nuestro personaje, además, nunca culpa al gasto público por el incremento de la deuda externa, sino a la voraz banca internacional. Y a quienes defendemos la economía de mercado y sostenemos que el desarrollo y el empleo sólo los crea una buena gestión de las actividades empresariales y una educación de visos tecnológicos -modelo contrario a lo ocurrido en la Cuba castrista y en la Venezuela chavista- nos llama "neoliberales" y partidarios del capitalismo salvaje.
Si nuestro idiota pertenece al mundo político, la palabra mágica que lo acompaña siempre es "lo social". Siempre buscará parcelas burocráticas a la sombra del poder y todo lo confía en subvenciones, ofertas populistas y reformas constitucionales. Considera además escandalosa la inversión privada en la educación y a la guerrilla la llamará comprensivamente "la insurgencia armada", aunque mate, secuestre, robe y extorsione o torture.
Con este bagaje, nuestro perfecto idiota reaparece no sólo en Colombia sino en el continente. Es dueño de gobiernos en Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua y se hace notar ahora en las políticas de doña Cristina Fernández en Argentina y en el poderoso Foro de São Paulo. Y con la ayuda de este contexto continental, que por primera vez le es favorable, 'Timochenko' no pone sobre la mesa de negociaciones el fin del terrorismo, sino un modelo propio de la vanguardia revolucionaria del idiota que deja fuera de juego los tres huevitos de Uribe y las locomotoras de Santos. ¿Quién iba a imaginar que a la paz se le fijara este precio?

Quedamos notificados

Reflector | Por: FERNANDO LONDOÑO HOYOS Publicado: sep. 6, 2012   
LO MISMO QUE ANTES... Foto de: EL PAÍS
Las Farc no se han movido un centímetro, ni un segundo, de los espacios y los tiempos de 'Tirofijo'. La pesadilla del Caguán ha vuelto. Solo que peor.
Las víctimas de la guerra no lo son de las Farc. Las víctimas deben su suerte a la burguesía ambiciosa que impera en Colombia y que durante 50 años no quiso oír ni hablar de paz.
La comedia de este martes, que ni a drama alcanza la burda representación teatral a la que hemos asistido, despejó cualquier duda al que la tuviera y nos dejó notificados de lo que se nos vino encima.
En el cruce de discursos vimos al Presidente vacilante, indeciso, sin convicción ni fuerza. Y a 'Timochenko' en lo suyo. Leyendo el más cuidadoso discurso mamerto, se declaró reivindicado política y militarmente. En otras palabras, legitimado para entenderse con los delegados del Gobierno de igual a igual. Es una alta parte contratante la que viene a la mesa. Quedamos notificados.
Quedamos notificados de quién llega a las tertulias de La Habana con paso de vencedores. Los teníamos en las guaridas de la selva y en los socavones de su ruina moral. Les hemos devuelto cuanto habían perdido.
Quedamos notificados de que arrancamos de semejante proposición esencial: las víctimas de la guerra no lo son de las Farc. Las víctimas deben su suerte a la burguesía ambiciosa que impera en Colombia y que durante 50 años no quiso oír ni hablar de paz.
Quedamos notificados de cómo en La Habana no tiene para qué hablarse de entrega de armas, ni de rendición, ni de castigo para los que han cometido todos los delitos que diseñó la maldad humana. Las motivaciones del acuerdo, como nos lo temíamos, son su parte esencial. Lo que va a discutirse en Cuba es la estructura espiritual y material de la República. No es una mesa de diálogo. Es una Constituyente la que nos armaron.
Quedamos notificados de que es preciso acabar con la economía liberal, empezando por la que gobierna el campo. Tierras para el que trabaja, manualmente, claro, y las Farc serán árbitros de la nueva propiedad agraria. Nada de economía de mercado. Es preciso destruir las oligarquías ahítas de poder y riquezas. Al proletariado le llegó su hora. La lucha de clases ha quedado establecida y autorizada.
Quedamos notificados de que estamos al fin de la inversión extranjera en el sector minero de la economía. Tal vez de la otra también. Sólo que el bueno de 'Timo' apenas fue explícito condenando a los ladrones que explotan nuestros recursos naturales. La guerra armada y terrorista contra la industria minera y petrolera no venía por casualidad. Era el plato de entrada para las charlas de La Habana.
Quedamos notificados de que las Farc querían el desmantelamiento total e inmediato de nuestras Fuerzas Militares y de Policía. Como no lo consiguieron, acusan al Gobierno, con el que se abrazarán en Oslo y se besuquearán en La Habana, de amigo de la violencia. Mientras tanto, se dedicarán a conseguir la participación de toda la sociedad, ya sabemos lo que para ellas significa "toda" la sociedad, y a promover levantamientos populares para amenizar la guerra de terror que el propio presidente Santos nos anunció sin asomo de vergüenza.
Quedamos notificados de que intentarán sublevar al Ejército contra sus jefes y contra la Nación. Más claro no nos lo pudieron decir. Tienen noticias abundantes de la postración del alma militar. La guerra política y jurídica contra oficiales y soldados, y el abandono en que los tienen, les abrió la puerta para este intento.
Quedamos notificados de que hay que agradecer, y por supuesto imitar, a los anfitriones de este maravilloso espectáculo. Gracias a los Castro y a Chávez hemos avanzado tanto en el camino de la paz. A Chile ni lo mencionaron. Vamos en línea recta y sin escalas al Socialismo del Siglo XXI.
Finalmente, quedamos notificados de lo principal: las Farc no se han movido un centímetro, ni un segundo, de los espacios y los tiempos de 'Tirofijo'. La pesadilla del Caguán ha vuelto. Solo que peor. En la nueva era, todo vale. No se aceptan reclamaciones. Ni hay devoluciones.

Enemiga de la Paz

 La Claridad | Por: PALOMA VALENCIA LASERNA | Publicado: septiembre 1, 2012 
La capitulación de los violentos implicaría su rendición y su sometimiento a la Justicia, y por el otro lado, la capitulación de la sociedad significaría que los violentos se asen al poder y la sociedad se someta a sus designios.
El documento que se firmó -de espaldas al país- se parece más a una capitulación de la sociedad ante los violentos que de ellos ante nosotros.
Cada vez que alguien hace críticas sobre la ‘Paz’, se lo declara enemigo de ella. Es un título duro para los críticos, más aún cuando ‘Paz’ es concepto mezclado, sin forma, misterioso, del que nadie podría dar una explicación coherente.
‘Paz’ como el ideal humano de la vida en perfecta armonía es la utopía de todos. Contra ella sería impensable la oposición, ridícula la crítica. Sin embargo, conviene distinguir el efecto retórico de este sueño, de la realidad de sus posibilidades, nadie es tan ingenuo para suponer esa PAZ posible.
Descartado el exceso, nos queda algo referido al conflicto, algo que no es preciso y que se mueve entre los dos extremos que suponen la capitulación de uno de los bandos. Para nuestro caso, la capitulación de los violentos implicaría su rendición y su sometimiento a la Justicia, y por el otro lado, la capitulación de la sociedad significaría que los violentos se asen al poder y la sociedad se someta a sus designios. Hay en el medio una infinidad de posibilidades y combinaciones.
En este contexto es claro que no toda paz es deseable o buena; y que estas apreciaciones corresponden en gran medida a la posición en la que uno mismo se sitúa en el conflicto. No es lo mismo ser quien capitula, que ser parte de quienes reciben y aceptan la capitulación del enemigo.
La ‘paz’ no es sólo un nombre; no es sólo una ilusión; no es sólo un recurso político; proponerla tiene responsabilidades y exige significados precisos. ¿Qué tipo de paz nos ofrece este gobierno? ¿Qué y hasta dónde va a ceder la narcoguerrilla, qué la sociedad?
El documento que se firmó -de espaldas al país- se parece más a una capitulación de la sociedad ante los violentos que de ellos ante nosotros. No es posible saberlo con precisión porque el proceso ha sido oscuro y excluyente.
Este como ningún otro es un asunto de la Nación entera, de cada uno de sus integrantes. Sólo será posible construir el fin del conflicto con el concurso de todas las fuerzas de la Nación. Este no es el caso; Santos no representa a la mayoría de sus electores, desde hace mucho, quienes votamos por él nos sentimos ajenos y excluidos. Quienes aparecen como negociadores, los gobiernos de Venezuela, Cuba, Chile y Noruega tampoco representan en nada a la Nación colombiana. Menos aún quienes se suponen han venido negociando como Frank Pearl, Jaramillo o Enrique Santos -hermano del presidente. Aquellos que gozan de la confianza del Presidente no son los mismos que pueden representarnos como nación o que pueden darnos tranquilidad.
Tampoco genera confianza un Presidente que sin ningún pudor ha mentido. Dijo en varias entrevistas que no había diálogos de paz. Lo dijo, lo repitió, lo aseguró, pidió rectificaciones a quienes se atrevieron a darle credibilidad a los rumores, nos engañó. ¿Cómo creerle ahora?
El tema del narcotráfico es el gran ausente en este debate. Este es y seguirá siendo el foco fundamental de los problemas colombianos. No creo que haya una diferencia sustancial entre la situación actual, donde por posiciones políticas, algunos se sienten legitimados para matar, secuestrar, extorsionar, remplazar al Estado y traficar drogas; que una situación en la cual se den todas esas conductas bajo el rótulo de la delincuencia común. El problema no es el discurso, es su efecto sobre la sociedad. La paz no es un tema trivial, ni un tema del Gobierno. Exigimos claridad, trasparencia y respeto por los principios democráticos que inspiran a esta nación.

Twitter: @PalomaValenciaL

¡Aleluya!

 Zona franca | Por: JOSÉ OBDULIO GAVIRIA | Publicado: agosto 29, 2012 

Por fin se abandona la Seguridad Democrática de Uribe, esa fastidiosa política que nos involucraba en el combate y persecución intensa contra los terroristas.
Colombia regresa a la política de "solución negociada" de Samper y Pastrana. Aunque suponga, una arremetida de los violentos...
Desde una esforzada Seguridad sin "Paz", parte Colombia hacia una alegre "Paz" sin seguridad (hablo de seguridad uribista y paz pastranista). Por fin se abandona la Seguridad Democrática de Uribe, esa fastidiosa política que nos involucraba en el combate y persecución intensa contra los terroristas. ¡Aleluya!
Colombia regresa a la política de "solución negociada" de Samper y Pastrana. Aunque suponga, ¡qué vaina!, una arremetida violenta de los "actores armados ilegales", gozaremos de un delicioso y 'camarografiado' "diálogo social y político para una salida negociada del conflicto". ¡Aleluya!
De una tenebrosa seguridad sin "acuerdos políticos" como la que ideó el maléfico Uribe, transbordaremos a la bienaventurada inseguridad con "mesas de diálogo" y visitas del Presidente a los altruistas "actores del conflicto". ¡Aleluya!
De una "cantaleta guerrerista" que inducía a las Fuerzas Armadas a estar vigilantes y activas, "avanzamos" hacia la "aplicación civilizada y progresista del cansancio de la guerra" proclamado por el comandante en jefe, Juan Santos. ¡Aleluya!
De 'nefandos' conceptos uribistas como "soldados y policías de la Patria", "cooperantes", "recompensas", "amenaza terrorista", "confianza inversionista", "cohesión social", que nos dieron seguridad pero nos quitaron "imagen internacional" ante oenegés, Chávez y medios de comunicación de la izquierda caviar, regresamos al lenguaje del 2002, "políticamente correcto" y de buen recibo en los "círculos bien" del mundo: "solución negociada", "causas objetivas", "actores armados", "guerreristas". ¡Aleluya!
De la vieja idea de que la paz es consecuencia de la seguridad y de que los agentes estatales tienen obligación de ejercer con firmeza la autoridad, hemos regresado al secuestro consentido (¿volverán a "reglamentar entre las partes" la edad o la condición de gestación en la mujer víctima?), voladura de torres, muerte de los trabajadores del sector minero-energético, asesinatos con bombas lapa. De predicar la cohesión social y dar la bienvenida a la inversión (local y extranjera), regresamos a hablar de "factores objetivos" causantes de la violencia y a obligar a los capitalistas a sentirse culpables de la violencia por su manida costumbre de querer ganar plata con el sudor del pobre. ¡Aleluya!
De perseguir a las Farc por narcotraficar, secuestrar, asesinar, desplazar, reclutar niños, violar mujeres y obligarlas a abortar, se regresa a las venias -como si fueran dignatarios de un "Estado embrionario"- en las reuniones que habrán de programarse con oenegés y embajadores que mirarán a nuestros funcionarios y empresarios con ojo acusador, "como al muchacho que armó un tierrero con sus metidas de pata en la administración de asuntos sociales". De discutir la agenda social con el pueblo en esforzados Consejos Comunitarios, se pasará a ventilar una "agenda política" con las Farc, porque, como anunció el ideólogo de la "solución política", Andrés Pastrana, "la acción del Estado se concentrará en las causas objetivas de la violencia: la pobreza y la inequitativa distribución del ingreso". ¡Aleluya!
Del fingido optimismo de la Seguridad Democrática que malbarató ocho años intentando que Colombia simulara tener alta autoestima como nación, volvimos al realista desborde de la criminalidad, definida por el inefable consejero Jaramillo y el 'ideólogo' del régimen, León Valencia, como "conflicto interno armado" o "guerra civil". Del pérfido espíritu de combate de las Fuerzas Armadas, regresamos a lo que certifica Serpa, otro ideólogo del gobierno Santos -cuyas ideas, empero, nunca merecieron el triunfo en las urnas-: "La paz nace del convencimiento de que nadie tiene la victoria militar (...). El conflicto no tiene vencedores a la vista". ¡Aleluya!

Twitter: @JOSEOBDULIO

¿Perdón y olvido?

24 de mayo de 2012 |Zona Franca| Por: PLINIO APULEYO MENDOZA
Enigmas sobre el marco jurídico para la paz

Los políticos aprueban el marco para la paz. El ciudadano común lo mira como una oferta de impunidad a terroristas. Los militares no entienden, están en la lona.
Preguntémoslo sin pasión: ¿qué espera el presidente Santos del "marco jurídico para la paz"? ¿Qué puerta les abre a las Farc? ¿Cómo lo ven los militares, los políticos y los colombianos rasos? Vale la pena despejar estos enigmas.
El Presidente considera, sin duda, que al diseñar los instrumentos de una justicia transaccional capaz de suspender o rebajar penas y abrir a los comandantes de la guerrilla la opción de insertarse en nuestra vida política, se crean las condiciones propicias para una negociación de paz. ¿Qué lo lleva a considerar que hoy es factible esta opción? Pragmático como es, debe pensar que las posibilidades de triunfo por la vía armada no existen ya ni para el Estado ni para la guerrilla, de modo que el diálogo en busca de un acuerdo de paz sería la única salida. Santos confía en su astucia de jugador de póquer para no ser engañado por la guerrilla. Tal es su carta.
Las Farc, de su lado, ven que hoy una desmovilización concertada puede abrirles una vía inédita hacia el poder, a condición de reconocérseles que son, dentro de un conflicto armado, fuerza beligerante y no terrorista y que sus comandantes, eximidos de sanciones penales, tendrían derecho a ser elegidos. Esta salida, descartada por ellos cuando sólo creían en las armas como vía hacia el poder, se sustenta hoy en dos nuevos factores que les son favorables, uno hemisférico y el otro local. El hemisférico es la comprobación de que líderes que comparten su ideología, como Chávez, Correa, Evo Morales o Daniel Ortega, han llegado al poder por la vía electoral y desde el poder buscan imponer un modelo socialista similar al de Cuba.
El factor local, no bien conocido por los colombianos, es la fuerza adquirida por los brazos políticos de las Farc y, con la plata del narcotráfico, su astuta infiltración en el Poder Judicial, en sindicatos, universidades y medios de comunicación. Sus "opsic" (operaciones sicológicas) cubren blogs, tuits, redes sociales, foros, marchas patrióticas, asonadas, paros cívicos, etc. Que estas acciones pueden permitir a sus aliados llegar al poder lo demuestran los triunfos electorales alcanzados en tres sucesivas elecciones en Bogotá.
Ahora bien, para forzar diálogo con el Gobierno, las Farc, en vez de gestos conciliatorios, cuentan más con el clima de incertidumbre creado en muchas regiones del país por las diarias acciones terroristas de sus bien camuflados milicianos bolivarianos. Su nueva inquietante demostración de fuerza ha sido el atentado que estuvo a punto de acabar en Bogotá con la vida de Fernando Londoño. Realizado con la maligna orfebrería propia de la columna Teófilo Forero, obedece a su fórmula estratégica de que a mayor presión mayor concesión (obtenida del Estado e incluso de una sociedad civil atemorizada).
Entre tanto, ¿qué piensan del marco para la paz políticos, militares y ciudadanos rasos? Los políticos, cuyos intereses se mueven a la sombra del poder, lo aprueban. Lo vimos en la aplastante votación de la Cámara el mismo día del atentado terrorista. Lo que el ciudadano común, sea vendedor ambulante, taxista, oficinista o empresario, mira como una inadmisible oferta de impunidad a terroristas cuyas principales víctimas son hombres, niños y mujeres de la población civil, ellos, nuestros políticos, lo presentan como un triunfo de la paz. Y todavía se preguntan quién quiso matar a Fernando Londoño. Los militares, de su lado, no entienden nada. Están en la lona. "Perdón para los terroristas -me decía un oficial- y para nosotros, suspendido el Foro Militar, todos los riesgos de ser víctimas de una manipulación judicial: ¿para qué combatir?".
Miremos, pues, esta realidad sin dejarnos seducir por cantos de sirena.
Los políticos aprueban el marco para la paz. El ciudadano común lo mira como una inadmisible oferta de impunidad a terroristas: los militares no entienden, están en la lona.
Publicado: Mayo 25, 2012

Vientos caguaneros

24 de agosto de 2011 | OPINIÓN | Por: JOSÉ OBDULIO GAVIRIA

Los próximos años no van a ser los de la seguridad democrática, sino los de la 'solución negociada'.