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Peláez y Gardeazábal agosto 1 de 2018
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De la Judicatura y otros esperpentos

29 de enero de 2012 | COLUMNA | Por: Rafael Nieto Loaiza


La Fiscal nos sorprendió, para mal, anunciando la salida de Juan Carlos Forero de la Vicefiscalía. De temperamento discreto, Forero es un profesional de altísimos quilates, serio, transparente, muy bien formado en los temas penales, en los cuales está lejos de ser experta la Fiscal.
Somos nuestras obsesiones. En los columnistas es aún más cierto. Sin que nos demos cuenta, terminamos una y otra vez dando ronda a los mismos asuntos, monotemáticos, o casi, para fastidio de los lectores.

La justicia es una de mis obsesiones. Quizás por deformación profesional (padezco el ser abogado), quizás porque entiendo que proveer servicios eficaces de seguridad y justicia es la justificación final de la organización estatal, quizás porque estoy convencido de que sin justicia las sociedades son inviables e inevitablemente violentas. Si el Estado no administra justicia eficientemente, el ciudadano zanja las diferencias por su propia mano o, peor, se entrega a la solución arbitraria que ofrecen los grupos armados ilegales.

Pues bien, acá estoy de nuevo, otra vez, dándole a lo mismo. La realidad del desastre no me deja escapatoria. Esta semana la Fiscal nos sorprendió, para mal, anunciando la salida de Juan Carlos Forero de la Vicefiscalía. De temperamento discreto, Forero es un profesional de altísimos quilates, serio, transparente, muy bien formado en los temas penales, en los cuales está lejos de ser experta la Fiscal. Forero, quien preparó a Vivianne Morales para sus audiencias en la Corte cuando competía por la posición, era una garantía de buen juicio y honestidad. La información que tengo, de fuentes que merecen toda credibilidad, dice que la relación entre Morales y Forero venía deteriorándose sin pausa y que Forero estaba muy incómodo con las actuaciones del esposo de la Fiscal en el interior de la institución. La academia ha recuperado en Forero un profesor excelente y la Fiscalía ha perdido un hombre justo y ajeno a la politiquería. Por cierto, el nuevo vicefiscal será el encargado de las investigaciones que se han anunciado sobre Carlos Alonso Lucio. ¿Coincidencia? Solo queda rezar porque el joven asesor que reemplaza a Forero tenga su independencia y carácter.

Al otro lado, se desató una riña de gallera dentro del Consejo Superior de Judicatura. La garrotera entre las salas administrativa y disciplinaria está para alquilar balcón. Máscara contra cabellera y vale todo, incluyendo acusaciones mutuas y ventiladas en los medios de comunicación de actuaciones que si no son ilegales sí huelen espantoso. A los espectadores nos ha quedado claro que, con valiosas excepciones, a los magistrados les encanta el turismo judicial a expensas del bolsillo ciudadano. Esa montadera en avión dentro y fuera del país los habrá hecho acreedores de doradas tarjetas de viajeros frecuentes. Y en la lista publicada de viajes faltan algunos que no fueron pagados por el erario público. No estaban, me dicen, los pagados por el benemérito Ascencio Reyes, encargado de los homenajes que se hacían entre sí los magistrados. Y supimos también que el carrusel de pensiones de magistrados auxiliares no era un rumor, sino un hecho cierto. Consiste en nombrar auxiliares por pocos días para pensionarlos con sumas millonarias. La práctica se suma a los fallos de los altos tribunales dirigidos a permitir que sus antiguos colegas se pensionen por encima de los topes que operan para todos los demás colombianos. Por supuesto, la cuenta la paga usted, amigo contribuyente. ¿Con qué cara los jueces piden después incrementos al presupuesto de la rama judicial?

¿Será que estos escándalos deciden al Congreso, ahora sí, a acabar con el esperpento del Consejo de la Judicatura?

Ahí está, su cabeza en un plato

24 de diciembre de 2011 | La Claridad | Por: Paloma Valencia Laserna
Fue una gestión muy hábil la de acusar al excomisionado de Paz Luis Carlos Restrepo, para calmar parte de las voces que exigían por su renuncia. Entrega a Restrepo para salvar su cargo.
Aunque en Colombia hemos tenido fiscales tan extraños como Iguarán -que contrató un brujo que le indicara quién era culpable-; la aparición de una Fiscal casada con un personaje con tantos vínculos oscuros, como Lucio, es un exabrupto. Desdibuja completamente la necesidad de neutralidad de este ente investigativo.
Viviane Morales ha tenido aciertos incuestionables en su gestión; pero aquello no la exime de la serie de dudas que empiezan a aparecer en torno a sus decisiones y la relación con su esposo. No se trata de evaluar si lo ha hecho bien o no; lo determinante es que le aparecieron tantos conflictos de intereses, que su gestión se hizo inviable. Su familia está vinculada en demasía con todos los agentes delictivos notorios del país: guerrilla, paramilitares, narcotráfico, en fin, que su neutralidad sobre los asuntos está más que cuestionada.
En eso coincidíamos todos; la Fiscal debería apartarse de su cargo y poner por encima de sus intereses personales, la estabilidad jurídica del país. Esos actos de generosidad y decencia no se ven en el país desde hace mucho, y la tradición política a la que pertenece la Fiscal tiene tradición en aferrarse a los cargos aún contra lo que conviene al país.
Así que esa aspiración era sólo un clamor ilusionado. Lo sorprendente del caso, es que muchos de quienes pidieron su renuncia, ahora parecen casi defendiendo la Fiscal. Dicho en términos claros; ella está siendo dura con el uribismo y los antiuribistas prefieren tragarse el sapo de Lucio, con tal de mantener una Fiscal que ataque al gobierno pasado.
Es una triste postura la de estos analistas, que además se atreven a sostener que la justicia no está politizada. Fue una gestión muy hábil la de acusar al excomisionado de Paz Luis Carlos Restrepo, para calmar parte de las voces que exigían por su renuncia. Entrega a Restrepo para salvar su cargo.
Y sabemos que se trata de una entrega injustificada e injustificable, no sólo por la intachable carrera académica de Restrepo, sino porque cualquiera que lea la reglamentación de la Ley de Justicia y Paz encuentra el artículo 3 del decreto 4760 de 2005 que establece que “la verificación del cumplimiento de los requisitos de elegibilidad corresponderá a las autoridades judiciales, quienes contarán con la colaboración que deberán prestar los demás organismos del Estado”.
Acusar a Restrepo por las declaraciones de Mancuso o cualquier otro paramilitar es una afrenta para el investigado; es evidente que aquellos paras y sus amigos hoy en la cárcel y presos en EE.UU. tienen muchas razones para estar molestos con Restrepo. ¿Qué móvil tendría, en cambio, Restrepo para ayudar a falsos guerrilleros a desmovilizarse? ¿Para traficar con armas?
En desarrollo de una avispamiento del que nos enorgullecemos, los colombianos hacemos trampa cada vez que haya oportunidad. Eso no es ninguna sorpresa, lo raro es que Restrepo sea el único llamado a responder por las falsedades cuando esa ni siquiera es su función.