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¡A CONFESARSE!

1 de julio de 2012 |OPINIÓN| Por: RAFAEL NIETO LOAIZA

Los congresistas en privado no le perdonan a Santos que les hubiera echado toda el agua sucia de una reforma que fue iniciativa del gobierno y que éste empujó desoyendo las críticas durante ocho debates, y que el mismo gobierno transó con los magistrados de las Cortes y pidió votar positivamente después de conocida la conciliación.
La caída en la popularidad de Santos es brutal. Si venía mostrando una tendencia a la baja desde principios del 2011, ahora el desplome es de 16 puntos, según la encuesta de Gallup.
Aun es pronto para medir las consecuencias del tsunami de la reforma a la justicia y su hundimiento, pero es seguro que se enredaron el futuro de Santos y su gobierno.

La Unidad Nacional es la histórica oportunidad perdida. Ningún presidente había tenido mayor respaldo. Con todos los partidos adentro, excepto el Polo y Mira, y el control de casi el 95% del Congreso, la Unidad estaba llamada a asegurar el apoyo a las grandes transformaciones que el país necesita. Debería haber sido la base, para usar la expresión de Álvaro Gómez, del gran acuerdo sobre lo fundamental. Pero el espacio para la grandeza, para la magnanimidad, fue apenas una ilusión. Semejante consenso, semejante fuerza política, fueron desaprovechados. Terminaron de escenario para el cruce de favores, el contubernio entre magistrados, congresistas y Ejecutivo, para la más nauseabunda componenda institucional de la que tengamos noticia.

Las relaciones con el Congreso y los partidos, obsecuentes liberales incluidos, quedaron marcadas por el signo indeleble de la desconfianza. Los congresistas en privado no le perdonan a Santos que les hubiera echado toda el agua sucia de una reforma que fue iniciativa del gobierno y que éste empujó desoyendo las críticas durante ocho debates, y que el mismo gobierno transó con los magistrados de las Cortes y pidió votar positivamente después de conocida la conciliación. Si hubiera duda, se la aclararon al Ministro del Interior, al que esta semana chiflaron en la Cámara y le dieron la espalda, literalmente, en el Senado. ¿Alguien puede recordar semejante desplante a un ministro en nuestra historia parlamentaria? En fin, de aquí en adelante la "gobernabilidad" será espinosa. Al Gobierno le va a tocar remar duro para que el Congreso le apruebe su agenda legislativa. La discusión de la reforma tributaria va a ser un camino de piedra y llanto. Y los años que vienen serán, intuyo, de repartija burocrática, de clientelismo. Es lo único que le queda al Gobierno para alinear a sus congresistas, ahora ofendidos y traicionados.

Pero si por el Congreso llueve, en la opinión pública no escampa. La caída en la popularidad de Santos es brutal. Si venía mostrando una tendencia a la baja desde principios del 2011, ahora el desplome es de 16 puntos, según la encuesta de Gallup. En el trimestre cae de 64 a 48 puntos de favorabilidad y, aun peor, su desfavorable salta de 27 a 43. A pesar de que el discurso en televisión de Santos tranquilizó a algunos, resulta claro que al menos un sector importante de la gente no le creyó.

Y el problema no está en que algunos han reafirmado su percepción de que sacrifica a cualquiera en la búsqueda de sus propios intereses, sino en que un sector de la opinión ha quedado con la sensación de que el liderazgo es vacilante y que en su afán de no pelear con nadie, de dar gusto a todo el mundo y todo el tiempo, el Gobierno pierde el norte y en ese ánimo complaciente deja de hacer lo que es bueno para el país para apoyar los intereses particulares de aquellos con quienes negocia. Para rematar, el Presidente mostró otra vez que, cuando se ve bajo presión, cede. Ocurrió en el tema pensional, en el paro de transporte, en la reforma a la educación, en?

A estas alturas, el Presidente tiene la reelección, la maldita reelección, embolatada. Si aún la mitad del país tiene una imagen favorable, apenas un 30% apoyaría una nueva postulación. Es verdad que estamos en la mitad del período y las cosas podrían cambiar. Pero en materia de seguridad será difícil conseguir triunfos que fortalezcan su imagen, tanto porque los comandantes están en Venezuela como porque en esta materia se entró en rendimientos marginales decrecientes. Y la economía, aunque sigue bien, muestra signos de estar frenando (y si la crisis global revienta?). De manera que no queda sino "la paz". ¡Que Dios nos coja confesados!
Publicado: Julio 1, 2012

De malos comienzos...

27 de junio de 2012 |Reflector| Por: Fernando Londoño Hoyos

Los congresistas, a poco andar descubrieron de perlas la ocasión para resolver un poco de cuestiones que los traían desde hace ratos acongojados. Y, servido el plato, se abalanzaron a devorarlo.
No fue fácil descubrir qué se proponían los doctores Santos y Vargas Lleras con el Proyecto de Reforma de Justicia que llevaron al Congreso.
... siguen peores finales. La sentencia es tan vieja como don Baltasar Gracián, que pasó por este mundo hace cinco siglos. Pero mantiene toda su lozanía. Y se nos acomoda como anillo al dedo al último reciente desastre del Gobierno en el Congreso. Como si el marco para la paz no bastara para comprobar que no andamos por buen camino, aquí no se encienden alarmas, hace rato disparadas, sino que se comprueban motivos de perplejidad y malestar.
No fue fácil descubrir qué se proponían los doctores Santos y Vargas Lleras con el Proyecto de Reforma Constitucional de la Administración de Justicia que llevaron al Congreso. Fuera del encomiable propósito de acabar con el entuerto del Consejo Superior de la Judicatura, ni el único ni el peor de la Constitución del 91, parecía que los autores no tenían mejores ideas cuando emprendieron la marcha. Viendo que eran tan pocas y tan poco sustanciosas, las cortes se mostraron apáticas, hasta que las convenció la mermelada que para ellas escribieron, extender sus períodos por cuatro años y elevar a 70 la edad de su retiro forzoso. Ya no les pareció tan fea la criatura y resolvieron acompañar su bautizo.
Tampoco hubo entusiasmo en el Congreso, con todo y lo dócil que se muestra ante la voz del amo, el que reparte billones entre sus miembros, con la munificencia que suele tener el generoso con las cosas ajenas. Pero a poco andar descubrieron de perlas la ocasión para resolver un poco de cuestiones que los traían desde hace rato acongojados. Y, servido el plato, se abalanzaron a devorarlo. Garantías por acá y por allá, dificultades casi insalvables para que alguien los molestara con investigaciones y con juicios, desaparición de causales para perder la investidura, requisitos harto estrictos para que fueran detenidos, todo demostró que habían aprendido de los procesos por 'parapolítica', tantos de ellos detestablemente injustos, y que no querían que les repitieran la dosis. En pocas palabras dicho, los congresistas tuvieron bien presente que la Constitución no quedó escrita por gente que les guardara simpatía, y resolvieron desfacer aquel agravio.
También eliminaron la Comisión de Acusación de la Cámara de Representantes, por la que bien se sabía no habría lágrima derramada. Poco más que eso tenía la Reforma, que se quedaba en mucho aparato para tan poca cosa. Fue cuando llegó el ministro Esguerra, quien le introdujo temas bien diseñados y útiles. La Constitución del 91 había sido demasiado celosa en diseñar un poder judicial por fuera del cual no habría salvación, y el sacrificado ministro abrió el compás para que los particulares encontraran formas más amables y expeditas para resolver el número enorme de los conflictos que soportan. Buena idea y aceptable manera de desenvolverla.
Eso era todo. Y era un todo visible para cualquiera que se hubiera interesado en tomarle el pulso a la iniciativa. No hubo trampa ni marrulla, y la parte sensible del proyecto, la multiplicación de garantías y ventajas para sus autores, era evidente y explicable. El cuento de los 'micos' es fábula pura. Alguien debía cargar la culpa y los conciliadores sirvieron de cirineos y Esguerra, de Señor caído.
Cuando ya la Reforma era norma completa, alguien descubrió lo que contenía y armó la tremolina. Sin gazapera popular, el Presidente no habría visto nada. Ni se habría incomodado. Ni habría montado este espectáculo, que está para alquilar balcón. Los que algo sabemos de Derecho Constitucional estamos como en corrida de toros. Esperando cómo hace el matador para resucitar el toro y volverlo a matar con estocada en todo lo alto. Que es más o menos lo que los rábulas de Palacio pretenden, hundiendo una Reforma que con todo lo malo y perversa que parezca anda viva por el mundo.

Publicado: Junio 28, 2012