ATENCIÓN:
Todos las publicaciones, mensajes y/o comentarios de este Magazine están bajo la
protección del Art. 19 de la Declaración de Derechos Humanos, que estipula:
"Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones opiniones y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión".
Declaración Universal de los Derechos Humanos; Asamblea General de la ONU 
Dic 10 de 1948
Peláez y Gardeazábal agosto 1 de 2018
Escucha"#PEGA Peláez y Gardeazábal, agosto 1 2018" en Spreaker.
Mostrando entradas con la etiqueta Gobierno Santos blandengue de apaciguamiento e irresponsable. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Gobierno Santos blandengue de apaciguamiento e irresponsable. Mostrar todas las entradas

Ni constituyente ni referendo

OPINIÓN| Por: MAURICIO VARGAS| Publicado: junio 24, 2013 
Las Farc no tienen la representatividad para exigir una constituyente. Y un referendo puede enterrar los acuerdos.
Las Farc plantean que solo dejarán las armas después de la constituyente, porque las armas son su garantía de que la nueva constitución será lo que ellas quieran. Es decir, será una constituyente secuestrada…
Si los diez puntos que la semana pasada las Farc presentaron como sus “mínimos” para alcanzar un acuerdo en el campo de su participación política son de verdad los mínimos de esa organización terrorista, entonces los días de la negociación en La Habana están contados y el premio Nobel para el presidente Juan Manuel Santos y ‘Timochenko’ tendrá que esperar. Los mínimos de cualquier negociación son los inamovibles y, en este caso, las Farc plantean algunos inaceptables. Tanto que el propio Gobierno, con la plena legitimidad de su líder negociador, Humberto de la Calle, salió a rechazar de entrada el principal: la convocatoria de una asamblea constituyente.
Para empezar, no es serio que un país celebre constituyentes cada cuarto de siglo. Pero, en segundo lugar, y quizás más importante, es que un acuerdo de paz para acabar un conflicto armado interno puede derivar en una constituyente cuando el bando rebelde representa a una porción significativa de la sociedad. En Irlanda del Norte, el Ira representaba a un sector muy importante de los católicos. En Sudáfrica, el movimiento antiapartheid era vocero de grandes masas de negros sometidos por décadas a la dictadura blanca. En Oriente Próximo, los movimientos palestinos de liberación actúan a nombre de millones de árabes. Y eso les da un cierto grado de legitimidad para hacer exigencias con miras a replantear las reglas políticas de esos Estados.
Pero, en Colombia, ¿a quién demonios representan las Farc? ¿A los campesinos a quienes han masacrado y cuyos hijos han reclutado a la fuerza? ¿A los obreros de las ciudades, que, en todas las encuestas, rechazan 9 a 1 a ese grupo terrorista? ¿A la izquierda legal, que les pide a gritos que dejen la guerra para que esa misma izquierda pueda por fin crecer políticamente? ‘Márquez’ y sus secuaces todavía creen que ellos son la voz de medio país y que, en esa calidad, tienen derecho a pactar con la sociedad un nuevo Estado. Pero esos no son más que delirios nostálgicos del poderío militar –que jamás político– que alcanzaron en otros tiempos.
Como si fuera poco, las Farc plantean que solo dejarán las armas –sin entregarlas, por cierto– después de la constituyente, porque las armas son su garantía de que la nueva constitución será lo que ellas quieran. Es decir, será una constituyente secuestrada, obligada a hacer lo que las Farc digan. Y, peor aún, eso quiere decir que estas participarán en esa constituyente a la vez como partido político y como grupo armado. ¡Esa fatal combinación fue la que desató la guerra sucia contra la Unión Patriótica en los años 80!
¿Y un referendo en el que los votantes ratifiquen los acuerdos de La Habana? En este caso, el que corre un riesgo enorme es el Gobierno. Si al final hay acuerdo con las Farc, será la luna de miel del proceso. Pero luego vendrá la realidad del matrimonio: aplicar esos tratados. Convencer a la gente de que los comandantes que desataron la mayor oleada de secuestros que la humanidad recuerde –de casi 40.000, un tercio son de las Farc, como lo establece el excelente informe del investigador César Caballero, de Cifras y Conceptos– pasen a la vida civil sin una temporada en la cárcel no será cosa sencilla. Y menos aún si el argumento es que una refrendación popular en las urnas evitará que sean procesados en tribunales internacionales: será una razón más para que la gente vote ‘no’.
Además, un referendo tiene que ir primero al Congreso. Y allí los congresistas le pueden colgar ‘micos’ de distinta especie. Eso pasó en Guatemala en 1999, cuando llevaron los acuerdos de paz a referendo: solo votó el 18 por ciento del censo electoral, y cerca del 60 rechazó los acuerdos. Los tratados se mantuvieron por voluntad de las partes, pero perdieron algo de su legitimidad. Y eso no debe pasar en Colombia.
Mauricio Vargas
mvargaslina@hotmail.com
Este es un espacio de opinión destinado a columnistas, blogueros, comunidades y similares. Las opiniones aquí expresadas pertenecen exclusivamente a los autores que ocupan los espacios destinados a este fin  y no siempre reflejan la opinión o posición de LA OTRA MITAD DE LAS VERDADES A MEDIAS.

Extrema derecha, otra vez

OPINIÓN| Por: RAFAEL NIETO LOAIZA | Publicado: marzo. 31, 2013 
En la gazapera entre el Ministro del Interior y Andrés Pastrana, más allá de las ofensas cruzadas, hay coincidencia en tachar de “extrema derecha” a quienes cuestionan las negociaciones en La Habana.
La culpa es de Santos porque fue él quien dio inicio a las calumnias cuando calificó a sus críticos como “la mano negra”, los “tiburones”, la “extrema derecha”.
El expresidente en su entrevista en El Espectador, después de sostener que él sí tuvo un “mandato por la paz” y en cambio el presidente Santos no, agrega que quienes discrepan del proceso conforman “un sector radical, de extrema derecha”. Carrillo responde que sería “lamentable” que Pastrana termine “alineado con la extrema derecha”.
Que los jefes de Estado deben ser cuidadosos cuando se expresan, queda otra vez probado con el incidente. Las infamias, los insultos, las injurias a los contradictores, como las infecciones, se pegan cuando el transmisor es el primer mandatario.
Al menos en parte la culpa es de Santos porque fue él quien dio inicio a las calumnias cuando calificó a sus críticos como “la mano negra”, los “tiburones”, la “extrema derecha”. Que su Ministro repita ahora el infundio no puede entonces asombrar. Ni que se le haya pegado al ex presidente Pastrana, aunque desconcierta que no haya previsto que, al expresar sus propias diferencias, también él sería objeto de las difamaciones.
Históricamente la extrema derecha se ha caracterizado por posturas ultranacionalistas y xenófobas y por estos lares no hay ni lo uno ni lo otro. Las otras manifestaciones de la ultraderecha, en cambio, son comunes a la “extrema izquierda”: autoritarismo, desprecio por las instituciones y libertades democráticas y recurso a la violencia para imponer sus posiciones. Las extremas creen que el fin justifica todos los medios y que las armas son instrumento válido contra los demás. Por eso, en un proceso mimético, las autodefensas ilegales acudieron a los mismos métodos violentos de su enemigo.
Por eso, aunque no son idénticas, las dos extremas se parecen tanto que llegan a confundirse. Al final no hay diferencia entre el exterminio nazi, el estalinista o la purga de Mao. Como no hay tampoco entre la violencia contra los civiles, la práctica del narcotráfico y el recurso al terrorismo de las guerrillas marxistas o de los mal llamados ‘paramilitares’.
Por eso debería sorprender que quienes con tanta vehemencia criticaron Ralito ahora aplaudan La Habana y los que entonces alegaban que eran pocos los años de prisión para los ‘paras’, ahora propugnen porque las Farc no paguen ninguno. Y que si entonces se indignaban con la idea de que las AUC pudieran hacer política, ahora crean que hay que pavimentarle el camino al Congreso a la guerrilla.
Pero ya no sorprende, porque está claro que el problema no es de conductas criminales, sino de quienes las cometen. Para la izquierda, la nacional y la del continente, y para quienes desde el Gobierno y los medios buscan su simpatía, hay bandidos buenos y malos, dependiendo de la ideología que profesen.
Lo que sí sorprende, sin embargo, es que el gobierno no tenga reparo en tachar como de extrema derecha a quienes lo critican y al mismo tiempo no le dé vergüenza pedir para la extrema izquierda impunidad y acceso a cargos políticos. A quienes ejercen la libertad de opinión, el derecho a discrepar, el ejercicio democrático a la crítica y al control político, se les estigmatiza, se les infamia y se les calumnia. Y a la izquierda violenta, autoritaria, criminal, que ha atacado por cerca de medio siglo los valores e instituciones democráticas, a esa se la premia. En esas estamos.
Este es un espacio de opinión destinado a columnistas, blogueros, comunidades y similares. Las opiniones aquí expresadas pertenecen exclusivamente a los autores que ocupan los espacios destinados a este fin  y no siempre reflejan la opinión o posición de LA OTRA MITAD DE LAS VERDADES A MEDIAS.

¿Perdón y olvido?

 OPINIÓN| Por: MAURICIO VARGAS  | Publicado: marzo. 4, 2013  
¿Quién debe pagar la factura por el cuento chino de que el atentado contra Londoño no era obra de las Farc?
El presidente Santos salió a los medios a dudar de ello y abrió la posibilidad de que fuera la derecha, para atajar la aprobación, en la Cámara, del ‘marco jurídico para la paz’.
Son buenas las noticias que revela, sin aspavientos, el jefe negociador del Gobierno en La Habana, Humberto de la Calle. Que los diálogos con las Farc hayan pasado de las aproximaciones a los acuerdos, justo en momentos en que la opinión comenzaba a exigirlo, resulta muy positivo. Pero es de rigor mantener el escepticismo, pues parece que una opinión descreída empuja a la guerrilla a parlotear menos y a avanzar más en concretar pactos.
Mientras esto ocurría en Cuba, en Bogotá las autoridades judiciales esclarecían el atentado contra el ministro de Interior y Justicia del primer mandato de Álvaro Uribe, Fernando Londoño Hoyos, hace nueve meses en Bogotá. Con las pruebas recopiladas y la confesión de alias ‘Chapu’, miembro de la banda que cometió el crimen, en el sentido de que la columna ‘Teófilo Forero’ de las Farc pagó mil millones de pesos por el ataque, las versiones propagadas entonces por el Gobierno y varios medios, que planteaban que el atentado terrorista había sido obra de una supuesta mano negra de la derecha, han pasado a los anales de la más vulgar majadería.
Recordemos los hechos: el atentado ocurre a media mañana y, a pesar de que los primeros informes policiales apuntaban a las Farc, pues había datos ciertos de que preparaban carros bomba en la capital –de hecho, uno fue hallado en esas horas–, el presidente Juan Manuel Santos salió a los medios a dudar de ello y a dejar abierta la posibilidad de que fuera un acto de la derecha, destinado a atajar la aprobación esa tarde, en la Cámara de Representantes, de la reforma constitucional que establecía el ‘marco jurídico para la paz’.
La inmensa mayoría de los congresistas corrió como manada de borregos a votar la iniciativa. Decían que así evitaban que los enemigos de la paz se salieran con la suya. Semanas después harían lo mismo con la reforma judicial que el Gobierno impulsó hasta el último minuto, antes de que Santos se diera cuenta, bastante tarde, de que la norma, ya aprobada, estaba llena de micos que favorecían a los políticos más corruptos.
El famoso marco para la paz abre las puertas para que terroristas, secuestradores, reclutadores de menores y autores de masacres no paguen cárcel si un día dejan las armas como resultado de un proceso de paz. Ahora está claro que ninguna mano negra estuvo detrás del atentado contra Londoño para intentar frenar la aprobación de esa norma. Y que fueron las Farc, como dijo la Policía desde el principio.
Aparte de dejar mal parado al Gobierno nueve meses después de su ligereza, el resultado de la investigación judicial pone en la mesa los interrogantes que vendrán si las negociaciones en La Habana, como ojalá ocurra, siguen avanzando en el terreno de los acuerdos. La cuestión es sencilla: ¿qué tanto va el país a perdonar esos crímenes? En el atentado contra Londoño murió uno de sus escoltas: ¿les va a decir el Gobierno a sus familiares que quienes lo asesinaron saldrán libres? ¿A los sobrevivientes de la matanza de Bojayá, hace 11 años, donde las Farc masacraron a 119 campesinos inermes, refugiados en la iglesia del pueblo, les van a informar que sus verdugos quedarán perdonados y en libertad? ¿A los familiares de los muertos y a los mutilados de El Nogal les dirán lo mismo? Son asuntos sobre los que urge iniciar un debate.
* * * *
¿Dónde está? Mientras el ministro del Trabajo, Rafael Pardo, se faja horas y horas en la negociación con los sectores cafeteros en paro, y los ministros de Interior y Hacienda dan la cara ante los medios, el encargado del tema, el ministro de Agricultura, Juan Camilo Restrepo, brilla por su ausencia. ¿Estará contento el Presidente al verlo clavar la cabeza en la tierra como un avestruz, en momentos en que, aparte del paro cafetero, asoman otros de cacaoteros y paneleros?
Mauricio Vargas
mvargaslina@hotmail.com
Este es un espacio de opinión destinado a columnistas, blogueros, comunidades y similares. Las opiniones aquí expresadas pertenecen exclusivamente a los autores que ocupan los espacios destinados a este fin  y no siempre reflejan la opinión o posición de LA OTRA MITAD DE LAS VERDADES A MEDIAS.

Santos y FARC, legalizando la droga


OPINIÓN | Por: ALFREDO RANGEL  | Publicado: feb.9, 2013 
Se trata de hablar de todo a propósito de cualquier cosa. Es meter la agenda del Caguán por la puerta de atrás.
Las FARC son el principal cartel de la producción de cocaína en Colombia, lo que equivale a decir que también lo son a nivel mundial.
Es evidente que los diálogos de paz de La Habana están repitiendo la receta mágica del fracaso, esto es, la receta del Cagúan: diálogos empantanados en la mesa, y violencia y terrorismo creciente en el país. 
El que acaba de terminar fue el enero con mayor número de atentados contra la infraestructura económica en los últimos seis años, que supera en 250 por ciento los del año pasado, que ya había marcado un récord con respecto a los años anteriores. Los atentados contra escuelitas públicas se multiplican, y 12 policías han sido asesinados por la guerrilla en las últimas semanas. Cada hecho violento socava la confianza de la ciudadanía en el destino de unas  conversaciones en las que las FARC no demuestran ninguna voluntad de paz. Pero también se multiplican las propuestas insensatas de las FARC en la mesa de conversaciones, cuyo mero trámite prolongaría hasta el infinito la duración de unos diálogos a los que el Gobierno ha puesto un incumplible plazo de  pocos meses. Conversaciones sin límite de tiempo y aumento de la violencia son elementos de la estrategia de las FARC que el Gobierno ya no sabe cómo manejar. 
Para las FARC los cinco puntos de la agenda que firmaron con el Gobierno en el Acuerdo General para la Terminación del Conflicto son apenas unos puntos de referencia para introducir en cada uno de ellos los más disímiles temas nacionales. Se trata de hablar de todo a propósito de cualquier cosa. Es meter la agenda del Caguán por la puerta de atrás, mientras los más ingenuos se solazan con el supuesto pragmatismo y el abandono del maximalismo de la guerrilla.
A propósito del primer punto de la agenda que se discute en La Habana, “Una Política Agraria Integral”, las FARC ya están pidiendo que se revoquen los 11 tratados de libre comercio que Colombia ha firmado con otros tantos países, que se cambie la política minera y energética, que se suspendan proyectos hídricos como la represa de El Quimbo y las explotaciones mineras a cielo abierto, que se “desmilitarice el campo y la sociedad”, es decir, que se reduzcan el presupuesto militar y el tamaño de las Fuerza Militares, que se cambie la doctrina militar del Estado y que se purgue el Ejército; que se haga un nuevo ordenamiento del territorio y que se suspendan las fumigaciones y otras formas de erradicación de los cultivos de marihuana, amapola y coca en el país, entre muchas  otras propuestas “mínimas” y “realistas”. 
Miremos por ahora solamente este último punto. Varias agencias gubernamentales nacionales y extranjeras, y también instituciones académicas que estudian el tema, coinciden en señalar que las FARC son el principal cartel de la producción de cocaína en Colombia, lo que equivale a decir que también lo son a nivel mundial. La mayoría de sus ingresos económicos están derivados de su vinculación con el narcotráfico. Han hecho alianzas con todas las bandas criminales del narcotráfico para usufructuar conjuntamente este negocio ilícito. Pero se atreven a decir públicamente y sin sonrojarse que ellas no tienen nada que ver con el narcotráfico. Por supuesto, no engañan a nadie, pero quedan en evidencia su cinismo y su desfachatez. 
Con la reciente propuesta de suspender toda forma de erradicación de cultivos ilícitos, las FARC están reclamando en provecho propio. De llegar a hacerse, es obvio que se dispararía el área sembrada de esos cultivos, se produciría más cocaína para la exportación y se incrementarían los ingresos de las FARC destinados a ampliar su pie de fuerza, aumentar y sofisticar su armamento, mejorar su logística y sus comunicaciones, expandir sus redes de inteligencia, etc., todo ello en detrimento de la seguridad de los colombianos. Un fortalecimiento similar tendrían todas las bacrim y las mafias dedicadas al narcotráfico y aliadas con las FARC y el ELN para el aprovechamiento del negocio.  
Lo peor de todo es que esta propuesta parece encajar perfectamente con el actual ambiguo discurso gubernamental orientado hacia la legalización de las drogas ilícitas. Esta ambigüedad  de hecho ha producido una merma en el esfuerzo del Estado colombiano para controlar los cultivos ilícitos, que por primera vez en más diez años parecen estar creciendo en el país. Claro, cuando el jefe del Estado dice que la lucha contra el narcotráfico es inútil, que esta es una batalla perdida y estéril y que hay que orientarse hacia la legalización, pues ningún policía o militar quisiera ser el último muerto en una batalla que de antemano su comandante declara perdida. Dicho sea de paso, este discurso es un mensaje desalentador e injusto para un país que es uno de los pocos ejemplos de lucha exitosa contra el narcotráfico a nivel mundial, como lo demuestra el hecho de que en la última década hayamos bajado a menos de la mitad el área sembrada de coca y la producción de cocaína en Colombia.
Mientras el narcotráfico siga siendo el combustible de todas las violencias en el país, es absolutamente improcedente y equivocado plantear un viraje en nuestra política antinarcóticos orientado hacia la legalización de la producción, el tráfico o el consumo de drogas ilícitas. No  estamos en Dinamarca, sino en Cundinamarca, y aquí son las bandas criminales violentas las beneficiarias de un ablandamiento en estos temas. Con razón lo rechaza el 70 por ciento de los colombianos.
Este es un espacio de opinión destinado a columnistas, blogueros, comunidades y similares. Las opiniones aquí expresadas pertenecen exclusivamente a los autores que ocupan los espacios destinados a este fin  y no siempre reflejan la opinión o posición de LA OTRA MITAD DE LAS VERDADES A MEDIAS.

¿De quién fue la culpa?

Reflector| Por: FERNANDO LONDOÑO HOYOS | Publicado: Ene.23, 2013 
Les va mal a nuestros negociadores en La Habana, porque calcularon mal al enemigo. Y no ellos. Fueron los que sirvieron de avanzada a esa audacia y ahora ejecutan una hábil retirada táctica.
Y ante el desastre, nada más a propósito que unos culpables.
La búsqueda de culpables es la prueba reina de cualquier fracaso. Por ahí sacamos en limpio cómo le va al doctor Santos con sus tertulias en La Habana. O cómo les va a Sergio Jaramillo y a Humberto de la Calle, sus emisarios para apaciguar la fiera. Les tiene que ir muy mal, ya lo sabíamos antes de abrir el telón a esta representación funambulesca. Pero cuando el ministro Carrillo lanza mandobles contra quienes nos hemos opuesto a que se entregue el país a las Farc, pone al descubierto la calidad de noticias que le llegan desde Cuba.
Pero aunque quieran evitarlo, se dejan conocer la angustia. Que ha llegado al extremo de jugarse una carta tan pesada como la del reconocimiento de Maduro y Jaua, a cambio de que les ayuden con 'Márquez' y 'Santrich'. Por escasamente letrados que sean los del Gobierno en achaques diplomáticos, sabrán que la visita de nuestra Canciller a rendir pleitesía al dueto golpista de Caracas -Maduro y Jaua- supone la bendición colombiana a una dictadura. Esa visita, calamitoso error, fue preparada por el embajador de Venezuela en la OEA, el desapacible Chaderton.
Ya Jaua viajó a La Habana, para hablar supuestamente de política y de béisbol con Chávez, pero en verdad para pagar el favor recibido de Santos, intentando mejorar las maneras de las Farc en la mesa de negociaciones.
Alto precio el que paga Colombia por ese favorcito. Reconocer gobiernos golpistas es asunto en extremo delicado. Y nos parece que aun tratándose de un juego de póquer, demasiado alto. Nos vienen al recuerdo Esaú, cambiando su derecho de primogenitura por un plato de lentejas o Ricardo III negociando su reino por un caballo. Las lentejas o el caballo podían ser muy apetecibles en sus circunstancias, pero siempre parece mejor soportar el hambre o asumir el riesgo.
De modo que estamos de acuerdo en que gobierne un moribundo, o un muerto, que ambas cosas se dicen, y que desde luego no puede tomar posesión de su cargo, con tal de buscar aliados para impedir, prorrogar o suavizar un desastre. En esas andamos. Pero no sobra contratar una póliza de seguro, que es lo que el doctor Carrillo hace, volviendo culpable al uribismo del fracaso santista de La Habana.
Las Farc no se conforman con lo mucho que ya les dieron: reconocimiento político, publicidad gratuita y un salvavidas providencial cuando estaban exhaustas, prácticamente exánimes. Así rescatadas, justificadas y fortalecidas, se sienten con agallas para venir por lo demás. Y lo demás es la Nación entera. Una política agraria a su medida, impunidad total para sus crímenes, ejercicio pleno de un poder político que no llegaron a soñarse y garantías que equivalen al imperio de su fuerza con la destrucción de la nuestra, la legítima de nuestro Ejército, nuestra Policía y nuestros jueces.
Cuando el destape de las cartas ha quedado en evidencia, el Gobierno se siente maniatado entre sus propias redes o perdido en su propia jungla. Y es cuando, desesperado ante el riesgo, pide socorro. Y se lo pide a quienes considera, con muy buenas razones, los jefes de sus contertulios, que son los del gobierno golpista de Venezuela.
Desde cuando leímos El jugador, de Dostoyevski, sabemos de lo que es capaz un jugador desesperado. Aquí lo inaceptable es que el que lanza restos no lo hace con su patrimonio, sino con el de los colombianos.
Les va mal a nuestros negociadores en La Habana, porque calcularon mal al enemigo. Y no ellos, habrá de reconocerse. Fueron los que sirvieron de avanzada a esa audacia y ahora ejecutan una hábil retirada táctica. Y ante el desastre, nada más a propósito que unos culpables. Que por variar somos los que respetuosamente ejercemos lo que llamaba Joseph Folliet la "sagrada función de la protesta".

Este es un espacio de opinión destinado a columnistas, blogueros, comunidades y similares. Las opiniones aquí expresadas pertenecen exclusivamente a los autores que ocupan los espacios destinados a este fin  y no siempre reflejan la opinión o posición de LA OTRA MITAD DE LAS VERDADES A MEDIAS.

La respuesta es otra, Dr. Silva

OPINIÓN| Por: CARLOS HOLMES TRUJILLO G. | Publicado: Ene.16, 2013 
Cuando  llegue el momento de los anuncios formales, lo que va a seguir viendo el Doctor Silvaes que millones de colombianos continuarán reclamándole al presidente Santos que haya desconocido el mandato que recibió.
No va a ser fácil para el candidato Santos explicar ese cambio sustancial del rumbo, haciendo caso omiso de la voluntad de la inmensa mayoría.
Ahora resulta que, según la opinión de uno de los Ministros de Defensa del expresidente Uribe, lo que está pasando es que su antiguo jefe es un señor muy bravo, a quien le ha dado por atacar con saña al presidente Santos.
Y sin justificación, dice, porque el superior que ahora tiene le ha dado plena continuidad a las políticas de la anterior administración, además de mantener un comportamiento ejemplar con el hacedor de su elección.
Para concluir, decide cerrar su página de análisis político comunicando un gran descubrimiento: Ah!… Como no hay ninguna razón para hacer oposición al Gobierno, es que Uribe está buscando una nueva reelección.
Así es el facilismo con el que algunos tratan las cosas públicas en Colombia, contagiados, quizás, del ánimo de señor y dueño y la displicencia que caracteriza a ciertos ambientes cercanos al poder.
Pero, bueno, veamos:
Hoy, el asunto de la aspiración a un nuevo período presidencial tiene que ver con Santos, no con Uribe.
El escenario para impulsar esa ambición se está preparando sin descuidar ningún detalle ni ahorrar el empleo de elementos de comunicación que eleven las expectativas.
Eso es legítimo. Para fortuna de todos vivimos en un régimen de libertades que permite aspirar, debatir y buscar el apoyo de la gente.
Cuando  llegue el momento de los anuncios formales, lo que va a seguir viendo el Doctor Silva, aun cuando no quiera reconocerlo, es que millones de colombianos continuarán reclamándole al presidente Santos que haya desconocido el mandato que recibió.
Él defenderá las conversaciones en La Habana con el argumento de que intentar era lo responsable y agregará que su fracaso no le hizo daño al país ya que todo siguió transcurriendo en plena normalidad.
Lo que no podrá decir es que adelantar diálogos en medio de las balas y las bombas era lo que querían quienes acudieron a las urnas a votar por el heredero de Uribe.
Y tendrá que escuchar las voces de esos millones de ciudadanos recordándole que sufragaron para que se siguiera exigiendo a las Farc  el cese de sus actividades criminales como condición para el diálogo, toda vez que no se podían remover los inamovibles pues era prioritario defender la seguridad de Colombia.
Seguridad que se ha deteriorado, como se lo seguirán diciendo en Arauca, Meta, Tolima, Huila, Catatumbo, Cauca, Valle del Cauca, en fin, en todas las regiones de Colombia.
No va a ser fácil para el candidato Santos explicar ese cambio sustancial del rumbo, haciendo caso omiso de la voluntad de la inmensa mayoría, cuando el reclamo es tan sentido y las Farc, en lugar de seguir disminuyendo en número de efectivos, empezaron a aumentar de nuevo a partir de 2010, de acuerdo con las fuentes militares.
En esa campaña, el aspirante a la reelección será Santos. Uribe continuará defendiendo la tesis de que la nuestra puede ser una nación con seguridad y que su impacto en la inversión es una fuente de recursos para avanzar en el mejoramiento social, que es la finalidad del Estado.
No se equivoque, Dr. Silva, la respuesta es otra.
Este es un espacio de opinión destinado a columnistas, blogueros, comunidades y similares. Las opiniones aquí expresadas pertenecen exclusivamente a los autores que ocupan los espacios destinados a este fin  y no siempre reflejan la opinión o posición de LA OTRA MITAD DE LAS VERDADES A MEDIAS.

Las Farc son las Farc

 La Claridad | Por: PALOMA VALENCIA LASERNA | Publicado: oct. 20, 2012 
Es difícil comprender que negociadores y Gobierno no previeran este discurso; sólo se explica por ese delirio -tan colombiano- de fundadores, de creer que por ser nosotros todo será distinto…
¿Cómo se le podrá imponer la ley a quien se roba algo, cuando se le perdona a los asesinos?
Algunos se declaran sorprendidos del discurso de las Farc. No hay nada nuevo; nada que no corresponda al accionar sistemático de esta organización narcoterrorista.
Unos ilusionados en su convicción de que la negociación es alcanzable se sienten defraudados por las expresiones de cinismo de las Farc; es natural, pues el sueño de los colombianos es la paz y en medio de tanto dolor es difícil no desearla. Otros, en especial los negociadores, están desconcertados. Han sostenido que este proceso no es como los otros, pero luego de este discurso peligrosamente empieza a asimilarse a lo que el país conoce. Es difícil comprender que los negociadores y el propio Gobierno no previeran este discurso; sólo se explica por ese delirio -tan colombiano- de fundadores, de que cree que por ser nosotros todo será distinto, tal vez legado por los colonizadores, o por la ceguera que produce la vanidad. En fin, quienes se sorprendieron con el discurso y aquello que persisten en decir que es sólo una estrategia de negociación, están subestimando a las Farc.
Este grupo armado que lleva 50 años en una guerra ilegal, y no está dispuesto a cesar su lucha sino cuando consigan lo que han venido buscando: la transformación definitiva del modelo económico y todo lo que ello implica. Hay algo de menosprecio en quienes consideran que las Farc quieren unos cargos en el Gobierno, unas fincas, sueldos para sus militantes o lavar los millones de dólares que han acumulado con el narcotráfico. No se establece una lucha de tanto tiempo para capitular por cosas así, pues todas ellas se podrían hacer sin negociar, hay subterfugios para hacerlas. Las Farc tienen un modelo político y económico que pretenden imponer; de eso se trata.
Por supuesto que se trata de un modelo anacrónico, y como es el hecho mismo de persistir en conquistar por las armas lo que las mayorías democráticas no aceptan. Las Farc están quedadas en el tiempo, defendiendo un sistema que ya probó su inoperancia y falló catastróficamente. La revolución comunista fracasó y el mundo lo sabe, pero la influencia de Chávez los alienta. Chávez está involucrado en este proceso de paz porque tienen ánimos expansionistas y quiere a Colombia dentro de su proyecto bolivariano. El vecino venezolano estará tratando de convencer a las Farc de que dejen las armas y opten por la política, como lo hace él. Seguramente les prometerá financiación y cooperación para tomarse el poder.
Pero las Farc saben muy bien que a través de las urnas no conquistarán el poder. El pueblo colombiano no los aprecia, ni les perdonan los crímenes que han cometido. Además, después de tantos años de persistir, dejar las armas para tener lo que ya tienen no hace sentido.
Quienes insisten en que con esta negociación nos acercamos a la paz, se equivocan. Una cosa es la terminación del conflicto con las Farc y otro muy distinta es la paz. Este proceso aportará, pero ya comandantes radicales, como el de la Teófilo Forero, dicen que sólo “los gordos del secretariado se van a desmovilizar”, los otros, los verdaderos combatientes, seguirán en pie de lucha. Además, el mensaje que le da este proceso a las demás bandas criminales y grupos ilegales es que la violencia puede ser un vehículo político.
Esta negociación lesiona lo más profundo de la legitimidad del Estado, ¿cómo se le podrá imponer la ley a quien se roba algo, cuando se le perdona a los asesinos? No hay justificación para romper la ley, eso lo tenemos que aprender los colombianos.

Fernando Londoño y Álvaro Uribe

3 de julio de 2012 |Zona franca| Por: JOSÉ OBDULIO GAVIRIA

Son los doctrinantes de la defensa del Estado y de la sociedad contra los terroristas. Su cuota de sacrificio personal es inconmensurable.
Uribe y Londoño son los doctrinantes de la defensa del Estado y de la sociedad contra los terroristas.
Infiel a la norma de que un columnista responsable debe dejar libres las horas anteriores a la entrega de su texto al periódico, por si la coyuntura exige cambios, programé para ayer un vuelo madrugador.
Estando en Eldorado vi en EL TIEMPO un titular humilde y autocrítico:
'Nos hemos equivocado y habrá rectificaciones.' Eran palabras de Santos. ¡Qué bueno!, me dije, va a corregir el rumbo, regresará a la plataforma política que lo eligió. ¡Nada! ¡Correcciones no hubo! Como la vaca en el pantano, Santos se puso a 'chapaliar' y más se atolló.
Por eso tuve que cambiar a las volandas la columna. Había que escribir sobre el reportaje. No sobre el conjunto (que harta tela tiene para cortar), sino, por lo menos, sobre un punto, el homenaje que haremos mañana a Fernando Londoño. Resulta que Santos califica el evento como "juego y eco al terrorismo".
Uribe y Londoño son los doctrinantes de la defensa del Estado y de la sociedad contra los terroristas. Su cuota de sacrificio personal es inconmensurable. ¿Cómo, entonces, dicho homenaje podría ser tal "juego y eco"? No vale la pena replicar tamaño desatino. Pero sí es obligatorio ilustrar sobre lo que será fundamental en el homenaje: el llamado a la unidad nacional, sin distingos de ideología, contra los terroristas.
Santos fue elegido para mantener el rumbo de la Seguridad Democrática, pero, al primer timonazo, hizo un viraje en U y hoy vemos, con asombro, que Colombia navega a toda vela hacia el abismo en que estábamos en el 2002. ¿Qué indujo a Santos a calificar el homenaje como un evento terrorista? Creo que es su quimera de negociación, que lo impulsa a maltratar a quienes expresen dudas o escepticismo sobre la conveniencia de discutir temas políticos con 'Timochenko'.
El Manifiesto de unidad contra los terroristas es simple, indiscutible. Recoge la experiencia española, país en donde la unidad de la democracia, fuese cual fuese su color, aisló y excluyó a los terroristas del escenario político. Veamos algunas de las declaraciones:
"Los terroristas son el enemigo común de todas las sociedades.
'Terrorista' no es palabra abstracta. Los terroristas son personas concretas, miembros de organizaciones con nombre propio, que ejercen la fuerza criminal para imponer sus ideas (...).
No puede llamarnos a engaño que los terroristas propongan los temas sociales (...) como "las causas objetivas" que los obliga a ejercer la violencia. Los terroristas no son un síntoma de los males de la sociedad, son el mal en sí (...), no existen como consecuencia de que la sociedad tenga problemas, ellos son el principal problema de la sociedad (...).
Los terroristas no son de izquierda ni de derecha, ni obran por "propósitos altruistas". Sus ideas no son un programa político; son una despreciable excusa para justificar asesinatos, secuestros, tráfico de drogas y destrucción de bienes de la comunidad.
(...) Predicar una política de apaciguamiento (...) es evadir las obligaciones constitucionales que ordenan al Estado ejercer con firmeza el monopolio de la fuerza.
Los terroristas son delincuentes; no delincuentes políticos. El verdadero marco jurídico para la paz es el respeto de la Constitución.
(...) Por haber cometido crímenes, se autoexcluyeron del derecho a ser elegidos (...). Las décadas de "lucha" que reclaman (...) como "un patrimonio político que no se puede perder" son, al contrario, un pasivo, un agravante en su prontuario criminal.
Colombia ni quiere ni debe discutir con los terroristas un programa de reivindicaciones sociales. Con ellos no puede haber diálogo político, sino acuerdos de desmovilización (...).
Esa es la doctrina que Santos ha calificado como "juego y eco a los terroristas".
Publicado: Julio 4, 2012

Twitter: @JOSEOBDULIO

Cuenta de cobro

2 de julio de 2012 |OPINIÓN| Por: Saúl Hernández Bolívar

En lo que va corrido del gobierno de Santos se han aprobado ocho reformas constitucionales y, solo en el 2011, 76 leyes, cuyo impacto fiscal se calcula en 4 billones de pesos.
Jesús Vallejo Mejía lanzó en su blog una hipótesis que muchos compartimos: la reforma de la justicia era una retribución al Congreso por aprobar el marco para la paz.
Uno francamente no entiende a qué horas se le ocurrió a Juan Manuel Santos parecerse al peor presidente de la historia y no al mejor, si nos atenemos a una encuesta de Datexco del pasado mes de abril: Uribe, el mejor, según el 52 por ciento de los encuestados; Pastrana, el peor, de acuerdo con el 41 por ciento. 'Pastranear' es la actividad favorita del gobierno de Santos: viajes por decenas, leyes a granel, contemporización con los terroristas y arrebatos megalomaniacos, que lo llevan a ofrecer soluciones al conflicto judío-palestino, a la calentura entre las Coreas o a la destitución -legítima, por demás- del expresidente Lugo.
Y viajando andaba, donde nadie lo necesitaba, cuando se le derramó la leche. Como tahúr, su cálculo no falló: en el de nadie estaba que el mismo pueblo que dejó pasar, como si nada, ese exabrupto del marco jurídico para la paz, se rebotara por otra reforma constitucional menos dañina que la anterior.
A Santos no le salieron bien la lavada de manos y el endilgarle culpas, mezquinamente, al Congreso. El intento de pasar de agache se frustró porque el Presidente no convenció con el cañazo de que al Gobierno le metieron "gato por liebre". Nada de eso. El exmagistrado Jesús Vallejo Mejía lanzó en su blog (jesusvallejo.blogspot.com) una hipótesis que muchos compartimos: la reforma de la justicia -que fue más bien una reforma política- era una retribución al Congreso por aprobar el marco para la paz.
Eso fue refrendado por algunos parlamentarios, que reconocieron que el Congreso recibe favores a cambio de tramitar la agenda que pasa el Gobierno, y por analistas como Alfredo Rangel, quien, en su cuenta de Twitter, exclamó: "Debemos denunciar que el Gobierno aceptó los 'micos' a la justicia a cambio de que el Congreso aprobara el marco para las Farc".
Y está claro que los tales 'micos', en su mayoría, no resultaron de adiciones subrepticias en la etapa de conciliación, sino que estaban entre lo aprobado por alguna de las cámaras con el beneplácito del Gobierno. No sobra recordar que el obsecuente exministro Esguerra -quien sí leyó el texto y tuvo la entereza de aceptar su responsabilidad sin acudir a subterfugios baratos, dignos de Simón el bobito- felicitó al Congreso por el trabajo realizado sin siquiera sospechar que sus palabras lo convertirían, necesariamente, en el chivo expiatorio de este escándalo.
La verdad es que no era un secreto el que la reforma se había convertido en una piñata, en un pago de favores para embotar de mermelada la maquinaria unanimista de un gobierno que quiere reelegirse a como dé lugar y que, gracias al engrase, ha hecho ochas y panochas con el marco jurídico del país en menos de lo que canta un gallo. En lo que va corrido del gobierno de Santos se han aprobado ocho reformas constitucionales y, solo en el 2011, 76 leyes, cuyo impacto fiscal se calcula en 4 billones de pesos, lo que supera el impacto de las ocho vigencias anteriores.
Santos va tras el récord de baja favorabilidad que Pastrana dejó en el 21 por ciento, y tiene tiempo de sobra para 'superarlo'. Las rechiflas al ministro Rengifo, en la Cámara, son la radiografía de la fractura que este episodio dejó entre el Gobierno y el Congreso, la cual solo se solucionará con mucha mermelada. Y los abucheos contra Santos en el Campus Party son una dramática manifestación del descontento generalizado hacia su gobierno, como había quedado de presente en las más recientes encuestas.
Lamentable o no, es casi un hecho que la reelección quedó colgada del alambrado. Y si Santos no retoma el ideario que le dio el respaldo popular y lo llevó al poder, seguirá oyendo rechiflas en todas partes y su gobernabilidad quedará vuelta añicos. Es que la gente no es boba; pasa cuentas de cobro para recordarles a los gobernantes que no tienen licencia para hacer lo que les dé la gana.
Saúl Hernández Bolívar
Publicado: Julio3, 2012

Twitter: @SaulHernandezB