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Dic 10 de 1948
Peláez y Gardeazábal agosto 1 de 2018
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Salvo mi corazón…

07 de febrero de 2012 | OPINIÓN | Por: Fernando Londoño Hoyos

…es la seguridad al derecho y a la vida social lo que los cimientos al edificio que se levanta buscando el cielo con sus audaces agujas.
Ni la paz, ni el orden, ni la justicia pueden establecerse faltando la seguridad.
... todo está bien. Habrá reconocido, querido lector, el electrizante final del soneto de Carranza. El universo entero puede estar bien. Pero si anda mal el corazón, sobra todo lo demás.

Hacemos este recuerdo poético en homenaje de aquellos que sienten que todo va bien en Colombia, salvo la seguridad. Con lo que dicen, en el fondo, que nada está realmente bien.
La seguridad es valor primero y fundante, como dijera el mejor filósofo de América, Carlos Cossio. Con lo que quiso decir, que es la seguridad al derecho y a la vida social lo que los cimientos al edificio que se levanta buscando el cielo con sus audaces agujas. Ni la paz, ni el orden, ni la justicia pueden establecerse faltando la seguridad. Como condición previa, han de dedicarse a ella los mejores esfuerzos, bajo la pena de que queden arruinadas todas las ambiciones colectivas. Sin seguridad no hay nada.

Lo dicho, que casi nadie se atreve a discutir, vale también para que hecho análisis más cuidadoso, tenga de admitirse que las demás cosas que se suponen buenas, no lo son tanto, o no lo son en absoluto cuando la gente está insegura.

La prosperidad es una ficción, como todo lo que quiere sostenerse positivo y maravilloso en una comunidad insegura. La buena economía no durará mucho, porque las inversiones se acobardan y la producción decae; los servicios públicos, por sólidos que se miren, empezarán a fallar; la educación y la salud serán cada vez menos fiables; las obras públicas declinarán, porque ejecutarlas se vuelve una aventura; la justicia se contagia y se vuelve tornadiza o agresiva.

Los últimos acontecimientos son desoladores. Volvimos a escenas que recordamos familiares por aquellos años trágicos de finales del pasado siglo y que casi teníamos olvidadas. Los pueblos en ruinas, soldados y policías muertos, toda su fuerza impotente para enfrentar el crimen, y el pueblo, tantas veces silencioso, soportando la cruz de las extorsiones, las amenazas, los chantajes.

Algo, que no se quiere reconocer, anda muy mal. Le hemos cedido el espacio vital a los violentos y no tenemos energía para medir la magnitud de nuestros males. Denunciarlos se vuelve un delito y pedir remedio un desafío. Está comprobado que los gobiernos débiles suelen ser agresivos con cualquiera expresión de crítica, con cualquier pedido de acciones eficaces. Estamos entrando en ese peligroso terreno de tener por demonios a los que apenas se limitan a protestar con razones.

El Gobierno está haciendo muy poco por corregir tantos entuertos. Su condenable simpatía con vecinos belicosos le impide obrar en las fronteras y denunciar condescendencias y socorros que al otro lado de ellas reciben los criminales. La ausencia visible de estrategias serias de recuperación del orden, lo condena a acciones carentes de sentido, a movimientos nerviosos en lugar de políticas comprensibles, transparentes y firmes. Y como si fuera poco, una sorpresiva afición por la más barata demagogia, lo está convirtiendo en azorado impulsor de estas tendencias disolventes y anarquistas.

Si nadie sabe bien a derechas lo que pasó este fin de semana en Necoclí, es porque aquella concentración resultó un fiasco. Pero el Presidente y ciertos compañeros de su "Mesa" de Unidad Nacional quieren jugar con fuego. Lanzar una campaña de deslegitimación de la propiedad, sin señalar culpables ni precisar hechos, sino así, en abstracto y sin precauciones por respetar la verdad y el Derecho, es una irresponsabilidad manifiesta de efectos probablemente trágicos. El que no tiene se siente víctima, y el que tiene se ve acorralado y perseguido.
Mal ambiente para producir mucho y para mantener equilibrio y fraterna cooperación entre dueños y trabajadores de un campo tan promisorio. El Presidente no parece muy afecto a los estudios históricos. Que si lo fuera, con más tiento anduviera en estos pregones de injusticias generalizadas y de reparaciones dudosas. La inseguridad en el campo es la peor de todas. Y el origen de las mayores desventuras.

Desorden público

06 de febrero de 2012 | COLUMNA | Por: Francisco Santos

Los éxitos se subieron a la cabeza. ‘Jojoy’ y ‘Cano’ son sin duda logros importantísimos, pero ello cambió la dinámica militar que se concentró en este foco y olvidó el control territorial.
A este Gobierno no le gusta escuchar la crítica, del temor de coger carretera o de ir a la finca.
No hay que dar más vueltas: el orden público se les está desmadrando al presidente Santos y al ministro Pinzón. Con unas consecuencias graves. La primera, que el agro se comienza a manejar a distancia otra vez, la extorsión a las empresas vuelve a ser pan de todos los días y en las carreteras se pierde la tranquilidad. La segunda, que se desmorona la confianza de los ciudadanos.
Sí, se siente con mucho más impacto en la periferia, pero ya en otras zonas de mayor resonancia mediática se habla, en voz bajita, pues a este Gobierno no le gusta escuchar la crítica, del temor de coger carretera o de ir a la finca. En ciertos círculos económicos ya se habla de inversionistas extranjeros que dejaron de venir a Colombia. Lo grave es que esto ya lo vivimos hace unos años; lentamente calentaron el agua y cuando llegó Uribe el sapo estaba casi calcinado. Nos fueron cociendo, como sociedad como país, poco a poco. Que no nos vuelva a suceder.
¿Qué está pasando? Muchas cosas. La primera que los éxitos se subieron a la cabeza. ‘Jojoy’ y ‘Cano’ son sin duda logros importantísimos, pero ello cambió la dinámica militar que se concentró en este foco y olvidó el control territorial. Si a esto se le suma que se dejaron perder dos elementos críticos, la red de cooperantes y los soldados de mi pueblo, el resultado es voladura de torres y de oleoductos, presencia guerrillera en carreteras y atentados como los de esta semana. Sin información y sin control territorial sucede lo que hoy está pasando.
Otro elemento clave para entender el desorden es que frente a la reestructuración y adaptación de las organizaciones criminales, la Fuerza Pública sigue sin innovar y malgastando esfuerzos. Un ejemplo: para la protección de torres y oleoductos pide más tropa cuando con elementos tecnológicos y pocos hombres se hace. La adaptabilidad, creatividad y aprendizaje constante que se vio en los ocho años del gobierno anterior se han frenado.
Lo que lleva al punto del liderazgo. Se pasó de la firmeza en el mensaje a las aguas tibias de la confusión. Del micromanejo y conocimiento de la geografía nacional a la delegación y la reacción tardía. Hay, no nos digamos mentiras, una relajación en la fuerza por el liderazgo desligado del trabajo detallado del día y hora el anterior Presidente. Con lo sucedido en las últimas semanas, ¿cuántos generales y coroneles habrían sido llamados a calificar servicios durante la anterior administración?
Y no podemos olvidar el elemento final de esta ecuación, la justicia. Con el fallo de Santodomingo los pilotos de la Fuerza Aérea están muertos del susto y dudan. Con el fallo del coronel Plazas arrinconaron a generales, ministros y presidentes. Con los fallos del DAS, con excepción de los de Noguera y compañía, acabaron con la posibilidad de tener buena inteligencia. Con muchos otros fallos los policías y militares rasos prefieren dejar que sucedan las cosas, pues si disparan acaban en la cárcel. Y con la persecución y acoso judicial al expresidente Uribe se manda un mensaje: la guerra jurídica la ganaron los criminales.
Recuerdo lo que me dijo Uribe cuando me pidió ser su vicepresidente: “Sólo tenemos que lograr una cosa y este país sale adelante, recuperar la confianza”. Ocho años construyendo ese sentimiento de futuro, reglas claras y optimismo que se sentía en el país, poco a poco se pierde, se desmorona, se esfuma. Qué dolor. Dolor de Patria, como dice Uribe.

Con los pies en la tierra

14 de marzo del 2011 | OPINIÓN | Por: SAÚL HERNÁNDEZ BOLÍVAR

Aquí todo marcha a paso de tortuga y falta mucho para ver una senda de progreso sostenido y para todos.
Tiene razón Andrés Oppenheimer en que hay un exceso de triunfalismo que podría estar obnubilándonos.

Mordiéndose la cola

13 de marzo del 2011 | Registro | Por: Rafael Nieto Loaiza

Santos y su Ministro trasladan la responsabilidad del Estado a las víctimas.
Nos mordemos la cola, como la serpiente. El presidente Santos, después de rumores de pagos a las Farc tras el secuestro de 23 trabajadores de Talismán en el Vichada, hizo “una advertencia muy clara:

Santos, en caída libre

12 de marzo del 2011 | OPINIÓN| Por: Carlos Andrés Pérez
El porcentaje de colombianos que pensamos que la inseguridad está empeorando creció 16 puntos en sólo siete meses (lo que lleva Santos)

El dueño de los huevitos

12 de marzo del 2011 | OPINIÓN| Por: Raúl E. Tamayo Gaviria
En lo que llevamos de este año, hemos visto recrudecer la violencia ante la pasmosa tranquilidad de un gobierno centralista e incapaz…