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Peláez y Gardeazábal agosto 1 de 2018
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Historias que duelen


Por: Luis Guillermo Restrepo S.

Enero 31 de 2010


¿Cuánto daño le han hecho a Colombia el amancebamiento público y notorio de la política con los criminales y la ausencia de justicia? La respuesta se puede encontrar en los magnicidios que aquí se han cometido y en la forma en que los criminales se han transformado en fuentes de primera mano sobre el acontecer nacional.
Escuchar las entrevistas que realizó la W en esta semana, en especial el testimonio del ‘Zarco’, uno de los sicarios de ‘Rasguño’, da una idea de hasta donde se ha llegado en esa relación, realizada ante los ojos de todo el mundo y sin que hubiera un asomo de interés en impedirla. Allí se puede saber cómo se realizó la infiltración de la mafia en la campaña de Ernesto Samper y cómo se apoderó de la política en el norte del Valle, estigmatizando de paso a una región poblada por gente pacífica, trabajadora y decente.
También se puede conocer el diabólico juego de dirigentes y capos que contrataban a los mismos sicarios para matarse entre ellos. Y la manera en que jefecitos de Cartago se convirtieron en figuras prominentes que llevaban y traían plata o mensajes entre muchos de los grandes líderes nacionales y los mandamases de la delincuencia organizada, mientras devoraban el gobierno de esa ciudad. Así se fue construyendo el régimen que mandaba en épocas de Samper, aprovechando que el Presidente de la República era el personaje más débil de toda la Nación. Por eso da pena ver que Samper insista en mangonear el liberalismo como si él no fuera el causante directo de su ruina.
Confío en que Samper y Serpa no estén involucrados en el asesinato de Álvaro Gómez. Pero tengo claro que sus cuatro años en el Gobierno fueron una batalla suya y de los usufructuarios del poder por evitar su caída, mientras la incertidumbre se respiraba en las calles. Porque detrás de su elección estuvo la mafia, financiando su campaña y comprando dirigentes políticos. Como estuvo detrás de los asesinatos de Luis Carlos Galán o de la persecución contra la Unión Patriótica o del crimen contra Gómez Hurtado y Gerardo Bedoya Borrero.
Eso lo sabe todo el mundo. Las revelaciones de ‘Rasguño’ o las defensas del embajador Frechette ayudan a tener una idea de lo que ocurrió en esas épocas, cuando el Presidente sacrificó la tranquilidad de su país para no caerse. Es claro entonces que el golpe de Estado no lo iba a dar Álvaro Gómez: ya lo había dado la mafia al patrocinar a Samper y al permear las instituciones, como lo demostró el proceso 8.000. Infortunadamente, la justicia no pudo enfrentar al peor de los enemigos, en tanto el Gobierno se consumía en su afán de ser absuelto por la Cámara de Representantes.
Y el rumor, así como las informaciones de la prensa, reemplazaron al Estado en la tarea de encontrar la verdad y revelarla. Es lo que está ocurriendo hoy, quince años después. Y de nuevo, medios como la W están contando cómo se transformó la política en Cartago y en el norte del Valle. Cómo se consolidó un complejo y poderoso entramado que usa las alcaldías y los cargos públicos para legitimar despojos y fortunas mal habidas. Cómo se construyeron partidos cuyos votos no nacen de la convicción y el amor por un ideal, sino de la mezcla de miedo, plata y corrupción.

Magnicidio de Álvaro Gómez


Por: Rafael Nieto Loaiza.
 
El Proceso 8.000 renace cada cierto tiempo. Ahora lo hace de manos de las declaraciones de ‘Rasguño’, un capo del narcotráfico que fue tanto o más poderoso que los Rodríguez Orejuela. ‘Rasguño’ prometió ampliar desde Estados Unidos unas declaraciones sobre la información que tenía acerca del magnicidio de Álvaro Gómez. 

Cumplió y desató una polvareda al afirmar que el crimen de Gómez había sido instigado desde la Presidencia de Samper.

Coincide ‘Rasguño’ con lo que Fernando Botero, jefe de campaña de Samper y luego ministro de Defensa, ha afirmado a la Fiscalía en dos ocasiones, el 12 de junio del 2007 y el 09 de junio del 2009: que el asesinato fue un “crimen de Estado”, que Gómez era una “amenaza para la estabilidad del gobierno” y que su muerte violenta “se convirtió en un hecho profundamente intimidante para la oposición” de entonces.

De acuerdo con Botero, en el “alto gobierno”, del que él mismo hacía parte, creían que Gómez era “la única figura capaz de crear en la oposición una sola voz y una sola orientación”, el “único capaz de transformar una oposición fragmentada en una oposición unificada, sólida, coherente” y “una amenaza muy grande para el Gobierno”.

Asesinar a Gómez suponía eliminar la cabeza de la oposición y conjuraba el riesgo de que cuajara un golpe de Estado, percibido como real por parte de Samper. Y configuraba un elemento de distracción que convenía a la “estrategia de encubrimiento” del Gobierno, empeñado en sacar el asunto de la financiación de la campaña por los narcos del centro de la atención pública. Un hecho, dice Botero, ”lo suficientemente trascendental como para que el Proceso 8.000 dejara de tener el impacto que estaba teniendo en la situación política del Gobierno”.

A los narcos que, habían financiado la campaña para neutralizar los esfuerzos de restablecer la extradición, también les era útil la desaparición del dirigente político de mayor estatura moral, prestigio y autoridad de entonces y quien, como Galán o Lara Bonilla, estaba jugado a riesgo de su propia vida en contra del narcotráfico y sus ramificaciones políticas.

Gómez fue asesinado el 2 de noviembre de 1995, después de un par de meses negros para el Gobierno. El 16 de septiembre de ese mismo año, y después de insistir en la necesidad de cambiar el “Régimen”, había solicitado públicamente la renuncia del Presidente. Unas semanas después, su hermano Enrique había impulsado entre los parlamentarios limpios un “pacto por la decencia”. Al mismo tiempo, y por primera vez desde la crisis, los gremios pedían una salida para la crisis política.

He dicho que las declaraciones de los bandidos hay que tomarlas con pinzas. No es distinto ahora. Pero no hallo razón para creer que, como ha dicho Samper, ‘Rasguño’ quiera “desviar y politizar” la investigación. ¿Para qué lo haría?

Si la Justicia dio carácter de plena prueba a testimonios con menos fuerza, lo único que hay que esperar es que se investigue a fondo lo dicho por el narco extraditado, que Botero encuentre los papeles que tiene sobre el asunto y que se establezca la responsabilidad plena de los autores intelectuales del magnicidio.

Al menos en este caso, todavía hay tiempo para que no prescriba. ¿Será capaz la Fiscalía?

El zarpazo de 'Rasguño'

María Isabel Rueda


Aparece, por fin, un testimonio que descongela la verdad 
Puede que a casi nadie le interese ya hoy saber en Colombia quién mató a Álvaro Gómez. Pues a mí sí.
Y creo que la versión sobre un crimen de Estado que rindió el ex ministro de Defensa de la época, Fernando Botero Zea, que sirvió para descongelar el proceso que duró en la nevera desde el 2003 hasta el 2009; y la que ahora rinde alias 'Rasguño' desde una cárcel en E.U. luego de un prolongado silencio, por fin quebrado espiritualmente después de meses de estar en "el hueco", nos acerca por primera vez en todos estos años a la verdad.
Desde el primer día, este proceso lo desviaron con todo tipo de maniobras que se fueron derritiendo por su incongruencia probatoria. Pasamos por el "capítulo Sincelejo", en el que se culpó a tres jóvenes campesinos. Dos quedaron libres y un tercero aún permanece preso por un crimen distinto. Luego vino el "capítulo Bogotá", en el que se intentó relacionar el atentado efectuado contra Antonio Cancino, abogado de Samper, con el crimen de Álvaro Gómez. Las sospechas cayeron sobre una banda de atracadores comunes que nada tenían que ver con lo segundo, como quedó demostrado. Luego vino el "capítulo Cazadores", en el que la responsabilidad se desvió hacia un sector militar, y que desembocó en un callejón sin salida.
Del congelador en el que quedó durante las dos últimas fiscalías, el proceso se pudo rescatar gracias a que, por la insistencia de la familia Gómez, en la Fiscalía ya no podían seguir negándose a decretar la recepción del testimonio de Botero. Ni tampoco la del de 'Rasguño', que, por razones inexplicables, después de haber sido ordenada hace un año, apenas pudo efectuarse por fin este enero.
El testimonio de Botero contra el ex presidente Samper y su ministro Serpa hay que mirarlo con beneficio de inventario, por su evidente ánimo retaliatorio. Él asegura que Serpa le comentó, en una de las decenas de visitas que evidentemente le hizo para "calmarlo" en la Escuela de Caballería, donde estaba detenido, que el Gobierno buscaba afanosamente una noticia que desviara la atención sobre el 8.000. Eso no lo niega Serpa. Botero sostiene que hasta le mencionó la posibilidad de cosas como provocar un incidente fronterizo con Venezuela o Nicaragua. Pero de ahí a que Botero pueda suponer con alguna validez que el asesinato de Álvaro Gómez provenía de las cortinas de humo planeadas por el Gobierno, hay un gran trecho.
En cambio, el testimonio de 'Rasguño' es fulminante. ¿Qué dice 'Rasguño'? Que a Álvaro Gómez lo asesinó el cartel del norte del Valle para proteger la permanencia de Ernesto Samper en el poder. Liderado por el 'Hombre del overol', Orlando Henao, a quien los hermanos Rodríguez Orejuela temían más que a Pablo Escobar. Y con la complicidad de un sector de la Policía encabezado por el tenebroso coronel Danilo González, asesinado después por alias 'Pispi' por orden de Diego Montoya (ver El cartel de los sapos). Eso explica por qué en el momento del asesinato, la cuadra de la Universidad Sergio Arboleda estuviera convenientemente trancada hacia la 11 y hacia la 15 por unas motos de la Policía.
Por esos días existían fuertes rumores de un posible golpe de Estado para el que sus gestores estarían tratando de contar con el beneplácito de Gómez. Si eso realmente ocurrió, es evidente que este no les colaboró. Pero, en cambio, en sus últimos días escribió en El Nuevo Siglo tres editoriales de una contundencia moral y jurídica contra el Gobierno, de tal calibre, que fueron suficientes para que todos los interesados se enteraran de que la batalla que emprendía Álvaro Gómez no pararía hasta no ver a Samper fuera del poder, respondiendo por la financiación de su presidencia con dinero del narcotráfico. Que Gómez pudiera lograrlo, nunca se sabrá. Pero unos narcos asentados en el norte del Valle, envenenados de rumores provenientes del propio Palacio, sí podían suponer que ese peligro se corría.
Me parece congruente la versión de 'Rasguño'. Porque cuando uno se mete con los mafiosos y crea con ellos vasos comunicantes tan fuertes, como el de la financiación de una campaña política, entra en el círculo de sus solidaridades de cuerpo que pueden llegar, como posiblemente ocurrió en el caso de Álvaro Gómez, hasta el asesinato a manera de favor. Un favor que se hace, así no se pida.
¡SE ME OLVIDA! Entre la sátira de Jaime Bayly en NTN24 y el triunfo del nuevo presidente chileno, Sebastián Piñera, están haciendo el problema de Chávez deliciosamente soportable.

‘Rasguño’ acusó a Samper y Serpa de haber “instigado” asesinato de Álvaro Gómez




Judicial  | 20 Ene - 7:28 am. Esa provocación de los altos dignatarios del país se dio a ‘narcos', según la declaración entregada por Hernando Gómez Bustamante.
Ahora Hernando Gómez Bustamante, alias ‘Rasguño', será parte clave del proceso que se lleva por el asesinato de Álvaro Gómez Hurtado.
Según una declaración entregada por el extraditado narcotraficante, en una reunión de 1996 en 1996 Tierra Alta (Córdoba) se conoció ese homicidio.
La versión, que fue dada a conocer por La FM, la idea siempre fue "hagamos lo que sea para parar a Álvaro Gómez".
Esto, según ‘Rasguño' serviría para "dispersar" la investigación que la Cámara llevaba contra el presidente Ernesto Samper.

Versión completa de La FM
En el documento, obtenido en exclusiva por LA F.m. alias ‘rasguño' asegura que el entonces presidente Ernesto Samper y su ministro Horacio Serpa Uribe habrían instigado al cartel del norte del Valle para que dieran muerte al líder conservador.

En la última semana la Procuraduría y la Fiscalía tomaron dos decisiones en el caso por el magnicidio del ex dirigente conservador Álvaro Gómez Hurtado.
El Ministerio Público, a través de Gabriel Jaimes, procurador delegado para lo penal, solicitó al Fiscal General vincular al expediente a varias personas, sin entregar nombres, en calidad de coautores del crimen, ocurrido el 5 de noviembre del 2005, en el norte de Bogotá.
La Fiscalía reabrió el proceso que está en etapa preliminar y con la declaración de un exjefe del cartel del norte del Valle podría dar un vuelco a las investigaciones, que hasta ahora habían señalado a un grupo de militares como los únicos autores del asesinato. SEGUIR LEYENDO....