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Peláez y Gardeazábal agosto 1 de 2018
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¿CUÁNTOS SOLDADOS ASESINADOS SE NECESITAN PARA GANAR UN NOBEL?

OPINIÓN| Por: JUAN DAVID ESCOBAR VALENCIA| Publicado: julio 29, 2013 
“La soberbia nunca baja de donde sube, pero siempre cae de donde subió”. Francisco de Quevedo y Villegas.
El gobierno actual, “dirigido” por un supuesto astuto jugador de cartas, está dando señales de que solo es un jugador irresponsable y soberbio, aferrado a su vanidad
Creo que nadie había tenido que plantearse una pregunta tan macabra como la que sirve de título a esta columna, pero la continuidad de las humillantes, inoportunas y pésimamente diseñadas conversaciones en La Habana, luego del asesinato por parte de las Farc de  soldados que cuidaban el oleoducto entre Tame y Fortul, unos de ellos rematados con tiro de gracia, lastimosamente hacen que este tétrico interrogante surja.
El gobierno actual, “dirigido” por un supuesto astuto jugador de cartas, está dando señales de que solo es un jugador irresponsable y soberbio, aferrado a su vanidad, que obnubilado por el sueño de pasar a la historia por firmar con uno de los carteles de narcotráfico más grande del mundo, cualquier cosa que se pueda titular como paz y a cualquier precio, que es la paz de los cobardes o los vencidos, se ha vuelto autista.
¿Será que la grandeza está tan lejana al Presidente de Colombia que no le permite entender que solo el círculo de áulicos y rémoras que se benefician de estar a su lado y reciben sus favores y presupuesto en medios, son los que le dicen y le hacen creer que las cosas van bien, y que hay que seguir en la misma ruta?
La diferencia de resultados entre la perseverancia y la terquedad es enorme, pero la línea que las separa es tan sutil que no es fácil percibirla, más cuando los sentidos están embotados por el ego y la arrogancia, y peor aún cuando no son ni la razón ni los principios los que guían su vida.
Presidente: ¿Cuántos ataúdes con soldados asesinados necesita ver, si es que va a los entierros, pues es mejor ir a los desfiles de Colombiamoda, para darse cuenta que el premio Nobel no será algo digno que colgar sobre su cuello, sino la medalla a la infamia mejor ganada del mundo?
Presidente: ¿Cómo hace para conciliar el sueño? Cuéntenos. No sea egoísta.
De pronto se puede patentar su descubrimiento y volverlo un medicamento, y con las regalías por fin aparezca el dinero para construir las cien mil casas que supuestamente va a construir, pero que al parecer no tienen presupuesto.
General Mora y Naranjo: ¿Cómo hacen para sentarse en La Habana en la misma mesa con los cínicos asesinos de sus soldados y policías, y no vomitan? No sean egoístas y cuéntenos. De pronto se puede patentar su descubrimiento y producir un nuevo antiemético, supresor de náuseas, que nos permita conseguir el presupuesto para pagar la pensión de las familias de los soldados asesinados y mutilados en combate, y hasta sobre algo de dinero para pagar el descomunal costo que va a implicar desminar este país, que junto con la coca, es lo único que saben sembrar los nuevos expertos contratados por el gobierno para diseñar la política agropecuaria.
Presidente. Equivocarse es de humanos, pero insistir en una equivocación es de tontos. Levántese antes de que no quede duda que usted es otro de los secuestrados de este país.
Este es un espacio de opinión destinado a columnistas, blogueros, comunidades y similares. Las opiniones aquí expresadas pertenecen exclusivamente a los autores que ocupan los espacios destinados a este fin  y no siempre reflejan la opinión o posición de LA OTRA MITAD DE LAS VERDADES A MEDIAS.

¿Quién dijo diálogo?

5 de abril de 2012 | Reflector | Por: FERNANDO LONDOÑO HOYOS
Algo muy serio parece estar fallando en la formación de las nuevas generaciones en lo tocante al comportamiento y al sentido de patria.
Impecable manejo le dio el Gobierno al arduo tema de la liberación de los secuestrados. Tuvo tacto, determinación y claridad.
El festival mamerto de Piedad Córdoba se quedó ensayado, y como en las buenas faenas el Presidente remató con estocada en todo lo alto. Sin restarle importancia a lo que se hacía, recordó, en el mejor momento, que nos quedaban 700 colombianos por recibir. Y que sin ellos, o cuando menos sin noticia precisa de lo que con ellos ha ocurrido, no se daría un paso adelante.
Siguiendo esa sencilla línea argumental, no habrá de qué hablar mientras las Farc no devuelvan a los miles de niños que se robaron de sus hogares y que utilizan en los más abyectos menesteres. Como tampoco será posible ninguna aproximación con sembradores de minas que se nieguen a retirarlas o cuando menos a dar noticia exacta de su ubicación.
Por descontado se da que esas formas elementales de reparación tienen que llegar de la mano de manifestaciones explícitas de no repetir esta lista de crímenes atroces. Como tampoco serán imaginables asaltos a los pueblos ni ataques a la infraestructura de vías o transmisión eléctrica, o a los medios de transporte o a las industrias básicas de la Nación.
Pero cumplidos estos requisitos esenciales, queda pendiente la primera y fundamental de las tareas. Mientras las Farc no abandonen el narcotráfico, con entrega real y efectiva de sembrados de coca y amapola, de laboratorios y cristalizaderos, de rutas y de cómplices, no hay para qué pensar en que sean interlocutores de nada o para nada. La cocaína y la amapola son los combustibles que alimentan todas las guerras. No cabe, entonces, la mala mentira de que se pueda hablar de paz dejando intactas las condiciones de la guerra.
Estamos seguros de que este Gobierno no cometerá los errores del pasado, incluyendo el que causó tan grave daño en la desmovilización de los grupos paramilitares. Por no exigir el desmantelamiento del negocio de la coca, se tuvo que pagar el altísimo precio político que se conoce. La cuestión no es recibir fusiles, que tan fácilmente se remplazan por otros, sino recibir combatientes que dejan de serlo para incorporarse de buena fe a la sociedad que han maltratado tanto.
Por supuesto que no paran aquí los complejos asuntos que el debate plantea. Porque las Farc, y particularmente quienes las utilizan con fines políticos, pretenden convertirse en una especie de Asamblea Constituyente. El comandante Chávez, desde Venezuela, las señoras Córdoba y Cuartas, cierto congresista Cepeda, los curas Giraldo y De Roux sueñan con que diálogos de paz se llame una especie de foro en el que Colombia decida su estructura política y las líneas maestras de su economía y su forma de organización social. Lo que nunca lograron por las armas. Para lo que jamás han conseguido el favor del pueblo, lo pretenden por la puerta trasera de los diálogos que piden.
Queden desde ahora definidos los alcances de los diálogos que se proponen en nombre de la paz. Si en ellos se buscan formas de justicia sustitutiva de la tradicional, medios para que dejen las armas quienes con ellas tanto han atormentado al pueblo colombiano, podrá pensarse en gestos de generosidad y grandeza. Pero que se sepa de una vez que los diálogos de que se habla no pueden ser la ocasión para convertir en factores fundamentales de la política colombiana a quienes no tienen más mérito que el delito. En otras palabras dicho, que los diálogos no sean un Golpe de Estado encubierto. Es lo que quieren sus promotores. Y es lo que los ciudadanos no aceptaríamos jamás.
Desde esta perspectiva fundamental corresponderá examinar estas conversaciones. Porque está claro lo que buscan quienes las proponen. Y también está claro lo que jamás aceptaríamos los que seguiremos creyendo en la Democracia.

¡Magia!

22 de enero de 2012 | OPINIÓN | Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Aparecen los colombianos y colombianas por la paz con la perla: una tregua de 90 días dizque para “dar inicio a aproximaciones orientadas a diálogos y acuerdos humanitarios”.
Todo da a entender que a los colombianos se nos vino encima, otra vez, el cuento de negociar con las Farc. Al parecer, sólo la Divina Providencia podrá evitar que nos enfrasquemos en otro de aquellos procesos que siempre fracasan, dejándonos llenos de frustraciones y de mentiras.
La trayectoria de Juan Manuel Santos indica que él es especialista en mensajes a Bolívar para que los entienda Santander. En el caso de la guerrilla, desde su posesión dijo que la puerta del diálogo está cerrada pero que las llaves no las ha botado al mar. Desde ahí no cesa el acoso por obligarnos a aceptar esa fracasada estrategia de hablar con las Farc de igual a igual mientras se rearma y fortalece.
Tras la muerte de ‘Alfonso Cano’ apareció la verborrea de su sucesor ‘Timochenko’. Empezó entonces el esfuerzo por mostrar un jefe ilustrado especialista en citas con las cuales pretende ocultar su historia sangrienta. Y no demoraron en aparecer quienes tratan de convencernos de las convicciones democráticas del gacetillero. Fue cuando se inició el intento por convencernos que había un mensaje de paz en la abundancia de mentiras. “Cómo será el cambio que ha mandado tres cartas en un mes”, nos dijeron.
Y de pronto, ¡magia! Aparecen los colombianos y colombianas por la paz con la perla: una tregua de 90 días dizque para “dar inicio a aproximaciones orientadas a diálogos y acuerdos humanitarios”. Y anuncian buenas noticias. Habrá liberaciones. O sea, las Farc dan muestras de su “indeclinable voluntad de diálogo”. Le toca al Gobierno.
Sabedores del desgaste de doña Piedad, la mandaron a pasear por cuenta de la paz. De pronto es el terrible Iván Cepeda o es el camarada Lozano del Partido Comunista quienes avisan que vienen más liberaciones. Y dicen que a cambio de nada, aunque insisten en igualar al Estado legítimo con las Farc, vaya usted a saber por qué.
Es decir, empezó el show. Pero, esta vez, parece que tienen audiencia en la Casa de Nariño, en donde repitieron el catálogo de requisitos. Y, cómo no, el de la liberación de los secuestrados es el primero. ¿Quién se opone a esa liberación? Nadie, empezando por las Farc, para cuyos cabecillas se convirtieron en un encarte que masacran sin piedad.
Ahora las víctimas tienen una nueva utilidad porque su liberación es la muestra que pide el presidente Santos. Mientras tanto, el Mandatario pone a su Ministro de Defensa a decir que el compromiso en el combate a los bandidos es “irrenunciable”. O sea, nada de negociaciones. El siguiente acto está a cargo del expresidente Andrés Pastrana quien trata de convencer que lo del Caguán no fue un fracaso y exige que los diálogos sean “en el exterior y en secreto”. ¿Acaso serán en Venezuela, como lo insinúa Chávez?
Así, el plato está servido. O mejor, lo están sirviendo pero por debajo de la mesa. Y sólo falta que traigan un chamán como el que contrataron en Bogotá para que con sus conjuros evitara un aguacero el día de la clausura del Mundial de Fútbol Sub 20. En este caso, lo tendrán que usar para convencernos a los colombianos que ahora sí se le puede creer al grupo que más atrocidades ha cometido y al que más mentiras nos ha dicho.
Puede que a uno lo califiquen de ‘furiuribista’ por no estar de acuerdo con lo que está sucediendo. Pero, como dijo el presidente Santos, “que no nos crean tan pendejos”.

El negocio de la paz

14 de agosto de 2011 | COLUMNA | Por: Paloma Valencia Laserna

El M-19, después de acribillar la Rama Jurisdiccional en la toma del Palacio de Justicia, recibió premios que difícilmente sus miembros habrían alcanzado desde una carrera política.