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SANTOS MUESTRA MUCHAS GANAS DE NEGOCIAR

14 de junio de 2012 |OPINIÓN| Por: JOSÉ IGNACIO TOBÓN LÓPEZ

Yo veo a Santos como una persona que solo tiene lealtad a sus propios propósitos, que trabaja solo en su agenda personal y que está dispuesto a negociar con el diablo sin titubear y sin ver malos resultados para otros.
El marco para la paz es otra versión de las leyes habilitantes de Chávez.
Pasar a la historia como el mandatario que logró hacer la paz con uno de los grupos guerrilleros más antiguos del mundo, y como reflejo ser postulado al Nobel de la Paz, es la mayor debilidad de Santos en la posible negociación con la guerrilla.

El ego de Santos puede implicar el fracaso del país. Estamos a punto de repetir algunos de los errores de la administración Pastrana, seguramente no con un Caguán evidente, pero sí con una generosidad exagerada y equivocada con la guerrilla.

Stalin decía que "toda generosidad del adversario debe ser vista como debilidad".

Decir que la guerrilla está acabada es una exageración, pero también lo es decir que es muy poderosa.

En realidad es un grupo diezmado, con reducida capacidad de ataque, incapaz de tomarse el poder por las armas.

Un grupo que solo puede recurrir a métodos terroristas, que como su nombre lo dice, busca aterrorizar a ciertos reductos de la población y generar percepción de poder, pero nunca podrán aniquilar la población.

Decir que la guerrilla es un cáncer sería exagerado. Es mejor verla como una gripa que requiere antibióticos que se deben aplicar en forma disciplinada.

Los dos gobiernos de Uribe aplicaron dos dosis de antibióticos, algo poco usual, pues lo más común era la pendularidad: un gobernante aumentaba los ataques de la guerra y el siguiente buscaba la paz.

Confieso que mi voto fue por Santos, por no votar por otro, y una de las razones de mi decisión fue que yo, seguramente por mi falta de conocimiento, asumí que Santos continuaría el proceso de Uribe.

Para mí era una tercera dosis de antibióticos que debilitaría a la guerrilla hasta tal nivel que la negociación sería la vía más rentable para ambos lados.

Me equivoqué con Santos y Santos se equivoca al abordar las negociaciones con la guerrilla como lo está haciendo.

Santos debería preguntar a los abuelos y ellos le dirían que "el que muestra las ganas, no come". Santos ha demostrado en forma absurdamente evidente las ganas de negociar y con eso debilita su capacidad de negociación.

La guerrilla estaba mucho más necesitada de negociar en la época de Uribe para defenderse de los ataques generalizados.

Hoy, debido a la estrategia militar de Santos y a los múltiples anuncios de la negociación con ella, empieza a mostrar menos deseos de negociar para no perder poder en la mesa de negociación. Además necesita aumentar sus ataques para llegar a la negociación con mayor poder y aumentar en la población la sensación de la urgencia de la paz.

El marco para la paz es otra versión de las leyes habilitantes de Chávez.

Es un cheque en blanco que Santos quiere que le firmen para poder tener el poder suficiente en la negociación.

Es entregar todo el poder a una persona que si fuese sabia y justa, no tendríamos por qué preocuparnos.

La mala noticia es que yo veo a Santos como una persona que solo tiene lealtad a sus propios propósitos, que trabaja solo en su agenda personal y que está dispuesto a negociar con el diablo sin titubear y sin ver malos resultados para otros.

No quisiera estar con Santos perdido en una isla y escasos de alimentos. Él engordaría y yo moriría de hambre.

Pocos están en contra de tener un país en paz, pues este país con paz es un país imparable y atractivo para las inversiones mundiales.

Lo que tenemos que analizar es el costo de lograr esa paz y el proceso de negociación seleccionado.
Publicado: Junio 14, 2012

¿Para la paz o para la violencia?

2 de junio de 2012 |Registro| Por: Rafael Nieto Loaiza
La reforma, el ‘marco jurídico para la paz’, es un mecanismo de impunidad. De acuerdo con ella, responsables de los crímenes más atroces y horrendos podrán no ser investigados.
Indigna la hipocresía de tantos dirigentes políticos y opinadores, muchos del Partido Liberal, que se rasgaban las vestiduras por los beneficios a los paras.
La noche del atentado, cuando se lloraba a los escoltas asesinados y se atendían las heridas de Fernando Londoño, y mientras que un General de la Policía señalaba a las Farc como autoras del bombazo, el presidente Santos sugería que una fantasmal “extrema derecha” sería la responsable y batallaba en el Congreso para impulsar el “marco jurídico para la paz”.
Semejante actitud exculpatoria sólo se explica por el afán de Palacio de impulsar un proceso de paz. Con ese propósito quiere una reforma constitucional que le permita escoger los terroristas a los que no se perseguirá penalmente y a los que, ya condenados, se les suspenderá la pena. De acuerdo con la reforma, no importa si los beneficiados son responsables de crímenes de lesa humanidad y de guerra.
Esta fuera de duda que la reforma, el ‘marco jurídico para la paz’, es un mecanismo de impunidad. De acuerdo con ella, responsables de los crímenes más atroces y horrendos podrán no ser investigados o, si ya hubieran sido declarados penalmente responsables, podrán disfrutar de la libertad sin apremio alguno.
La reforma es un retroceso en relación con los avances en verdad, justicia y reparación obtenidos en la Ley de Justicia y Paz. En ella se establecían penas mínimas que, aunque no proporcionales a los delitos cometidos, al menos consagraban la privación de libertad por varios años.
El doble estándar no es gratuito. Responde a una inclinación de sectores que creen que hay “condiciones objetivas” para la violencia y que los que delinquen contra el Estado están movidos por fines altruistas y merecen un tratamiento privilegiado. Por el contrario, las sociedades contemporáneas entienden que la violencia es el verdadero conflicto y que la motivación política de un crimen es un agravante de la conducta y no razón para justificarlo o darle tratamientos penales favorables. En fin, este Gobierno es uno más en la larga lista de quienes han ofrecido indultos y amnistías a los subversivos.
Tampoco sorprenden las posiciones de la izquierda ni el silencio de las ‘oenegés’ que la respaldan. Lo que sí indigna es la hipocresía de tantos dirigentes políticos y opinadores, entre ellos un número importantísimo del Partido Liberal, que se rasgaban las vestiduras por los beneficios a los paras y que hoy empujan sin vergüenza alguna el proyecto de impunidad del Gobierno.
Con todo, ni la impunidad en que quedarán crímenes gravísimos, ni el doble estándar ni la hipocresía de tantos, son lo más grave de la iniciativa presidencial. Lo peor es que la reforma no sólo no contribuye a los propósitos de paz que supuestamente la mueven sino que consigue el efecto exactamente contrario. En efecto, al establecer semejantes beneficios futuros para los criminales, les asegura que sin importar la naturaleza y gravedad de los actos terroristas que cometan hoy, mañana el Estado estará presto para beneficiarlos penalmente y enviarlos felices a sus casitas. En realidad la reforma impulsa la violencia de los terroristas.
Y si con eso no bastará, desmotiva a la Fuerza Pública. ¿Para qué combatir a los criminales si después el Estado les liberará sin importar la naturaleza de sus crímenes? ¿Para qué jugarse la vida por un Estado que después premiará a sus enemigos? Es decir, el ‘marco para la paz’ alcanza lo contrario: impulsa a los terroristas a seguir delinquiendo y, al mismo tiempo, descorazona a quienes nos defienden.
Publicado: Junio 03, 2012

¿Perdón y olvido?

24 de mayo de 2012 |Zona Franca| Por: PLINIO APULEYO MENDOZA
Enigmas sobre el marco jurídico para la paz

Los políticos aprueban el marco para la paz. El ciudadano común lo mira como una oferta de impunidad a terroristas. Los militares no entienden, están en la lona.
Preguntémoslo sin pasión: ¿qué espera el presidente Santos del "marco jurídico para la paz"? ¿Qué puerta les abre a las Farc? ¿Cómo lo ven los militares, los políticos y los colombianos rasos? Vale la pena despejar estos enigmas.
El Presidente considera, sin duda, que al diseñar los instrumentos de una justicia transaccional capaz de suspender o rebajar penas y abrir a los comandantes de la guerrilla la opción de insertarse en nuestra vida política, se crean las condiciones propicias para una negociación de paz. ¿Qué lo lleva a considerar que hoy es factible esta opción? Pragmático como es, debe pensar que las posibilidades de triunfo por la vía armada no existen ya ni para el Estado ni para la guerrilla, de modo que el diálogo en busca de un acuerdo de paz sería la única salida. Santos confía en su astucia de jugador de póquer para no ser engañado por la guerrilla. Tal es su carta.
Las Farc, de su lado, ven que hoy una desmovilización concertada puede abrirles una vía inédita hacia el poder, a condición de reconocérseles que son, dentro de un conflicto armado, fuerza beligerante y no terrorista y que sus comandantes, eximidos de sanciones penales, tendrían derecho a ser elegidos. Esta salida, descartada por ellos cuando sólo creían en las armas como vía hacia el poder, se sustenta hoy en dos nuevos factores que les son favorables, uno hemisférico y el otro local. El hemisférico es la comprobación de que líderes que comparten su ideología, como Chávez, Correa, Evo Morales o Daniel Ortega, han llegado al poder por la vía electoral y desde el poder buscan imponer un modelo socialista similar al de Cuba.
El factor local, no bien conocido por los colombianos, es la fuerza adquirida por los brazos políticos de las Farc y, con la plata del narcotráfico, su astuta infiltración en el Poder Judicial, en sindicatos, universidades y medios de comunicación. Sus "opsic" (operaciones sicológicas) cubren blogs, tuits, redes sociales, foros, marchas patrióticas, asonadas, paros cívicos, etc. Que estas acciones pueden permitir a sus aliados llegar al poder lo demuestran los triunfos electorales alcanzados en tres sucesivas elecciones en Bogotá.
Ahora bien, para forzar diálogo con el Gobierno, las Farc, en vez de gestos conciliatorios, cuentan más con el clima de incertidumbre creado en muchas regiones del país por las diarias acciones terroristas de sus bien camuflados milicianos bolivarianos. Su nueva inquietante demostración de fuerza ha sido el atentado que estuvo a punto de acabar en Bogotá con la vida de Fernando Londoño. Realizado con la maligna orfebrería propia de la columna Teófilo Forero, obedece a su fórmula estratégica de que a mayor presión mayor concesión (obtenida del Estado e incluso de una sociedad civil atemorizada).
Entre tanto, ¿qué piensan del marco para la paz políticos, militares y ciudadanos rasos? Los políticos, cuyos intereses se mueven a la sombra del poder, lo aprueban. Lo vimos en la aplastante votación de la Cámara el mismo día del atentado terrorista. Lo que el ciudadano común, sea vendedor ambulante, taxista, oficinista o empresario, mira como una inadmisible oferta de impunidad a terroristas cuyas principales víctimas son hombres, niños y mujeres de la población civil, ellos, nuestros políticos, lo presentan como un triunfo de la paz. Y todavía se preguntan quién quiso matar a Fernando Londoño. Los militares, de su lado, no entienden nada. Están en la lona. "Perdón para los terroristas -me decía un oficial- y para nosotros, suspendido el Foro Militar, todos los riesgos de ser víctimas de una manipulación judicial: ¿para qué combatir?".
Miremos, pues, esta realidad sin dejarnos seducir por cantos de sirena.
Los políticos aprueban el marco para la paz. El ciudadano común lo mira como una inadmisible oferta de impunidad a terroristas: los militares no entienden, están en la lona.
Publicado: Mayo 25, 2012

Los arrojos del jugador

22 de mayo de 2012 |OPINIÓN| Por: Ernesto Macías Tovar
Conocidos los resultados electorales de la primera vuelta presidencial, en mayo de 2010, un dirigente de La U que conocía bien al candidato dijo premonitoriamente a varias personas de la campaña: ‘Juan Manuel Santos traicionará a Uribe…

..resucitará al liberalismo para convertirse en su jefe; y firmará un pacto con las Farc, al precio que sea'. 

No era fácil creerle.

Hoy los hechos le dan la razón. Miremos la tercera hipótesis: desde su discurso de posesión, no antes ni en campaña, Santos mostró su obsesión por negociar con los terroristas; “la puerta del diálogo no está cerrada con llave”, dijo. Y fue más allá, se alió con los bienhechores de las Farc al colmo de bautizar a su otrora archienemigo como “nuevo mejor amigo” porque los cabecillas de esa guerrilla se refugian en Venezuela. Así mismo, en un repentino viaje a Cuba, Santos visitó a los Castro para implorarles ayuda en su pretendido diálogo con el grupo terrorista. Y en un acto que debió calificarse de apátrida puso a la Canciller a enviar un mensaje contra Colombia a propósito del litigio con Nicaragua, esto con el fin de extasiar a Ortega, otro camarada de las Farc.

Además, consecuente con su delirio de firmar algo con las Farc y apoyado en la solidaridad retributiva de las mayorías del Congreso, tramitó el adefesio de acuñar en la Constitución la frase “conflicto armado” a pesar de los riesgos y peligros que eso significa. Y para completar el capricho, Santos endulza hoy a los congresistas para sacar adelante el llamado “marco para la paz”, otro esperpento constitucional que pretende arropar con impunidad a terroristas y, por consiguiente, habilitarlos políticamente. Es un disfraz que oculta amnistía e indulto. Una manera de burlar que a la luz del DIH, los autores o partícipes de delitos de terrorismo y secuestro, en cualquiera de sus modalidades, no pueden ser favorecidos con aquellos beneficios. Ese proyecto, impulsado por congresistas del “santismo coyuntural”, no es cosa distinta que una norma general con las puertas abiertas para su aplicación subjetiva.

Esto en manos de quien juega al azar puede convertirse en arma de doble filo para las instituciones. Y el mayor peligro es que hoy estamos en manos de la frialdad y el cálculo del jugador. Para nadie es un secreto que el presidente Santos aplica sus habilidades de tahúr a su suerte política y para el jugador inclemente no importan los medios sino el fin. Santos está obsesionado por firmar un pacto con las Farc, cuéstele lo que le cueste, al país. Prueba de ello es que no se inmuta frente a la cruel ofensiva terrorista que ha regresado.

Los arrojos del jugador no tienen límites y su lenguaje corporal casi siempre es indescifrable. De ahí los riesgos. Santos tiene sobre la mesa su reelección y con las encuestas bajando se va a jugar los restos apostando en una sola mano todas las fichas que le quedan; y el as bajo la manga -firmar con las Farc- lo sacará en cualquier momento sin importar qué peligros hay del otro lado. Y la manga que esconde el as en este caso es el “marco para la paz” que se viene aprobando a ojo cerrado, a pesar del grave daño sobreviniente.   
Twitter: @emaciastovar
Publicado: Mayo 23, 2012

Fueron las Farc

21 de mayo de 2012 |OPINIÓN| Por: Saúl Hernández Bolívar

Y tan grave como el atentado es que se quiera absolver a las Farc de su responsabilidad para esconder lo inmoral que resulta el estar negociando con ellas.
La izquierda salió rápidamente con el argumento de que el atentado contra Londoño era un mensaje en contra de la aprobación del marco legal para la paz.
Es muy curioso que el atentado que sufrió el exministro Fernando Londoño Hoyos, hace una semana en Bogotá, haya suscitado las mismas hipótesis fantasiosas del carro bomba que estalló frente a las instalaciones de Caracol Radio en agosto del 2010.
Un locutor de esa cadena adujo que esa bomba provenía de sectores de ultraderecha muy cercanos al expresidente Uribe, y analistas de izquierda argumentaron que la extrema derecha dizque tenía el propósito de torpedear una incierta negociación con la guerrilla y sabotear el relanzamiento de relaciones diplomáticas con Venezuela.
En esta ocasión ocurrió algo similar. La izquierda salió rápidamente con el argumento de que el atentado contra Londoño era un mensaje en contra de la aprobación del marco legal para la paz, que se iba a votar ese mismo día en el sexto de los ocho debates requeridos. Todo un contrasentido, porque Londoño ha sido uno de los mayores críticos de esa iniciativa y porque él es caracterizado como uno de los más conspicuos faros de la derecha colombiana. Por tanto, asesinarlo, así fuera para desestabilizar al país, no tiene sentido; si ese fuera el objetivo, habrían atentado contra alguien de la otra orilla, no contra un 'amigo'.
Lamentablemente, el gobierno de Santos ha preferido acogerse a esta versión que aceptar la verdad: que el atentado lo cometieron las Farc y que poco o nada les importa que Santos se esté jugando su lugar en la historia agenciándoles gabelas que, en vez de paz, les traerán más sufrimientos a los colombianos. Y se acoge a esa versión, porque aceptar la verdad traería como consecuencia la cancelación obligada de cualquier acercamiento de paz con las Farc: tendría Santos que tirar la llave al mar.
Pero es que así le paga el diablo a quien bien le sirve. Así como se demostró que el carro bomba de Caracol fue detonado por las Farc, con el atentado contra Londoño Hoyos va a ocurrir lo mismo, porque todos los indicios apuntan hacia allá y fueron inequívocos desde un comienzo, aunque el Gobierno no lo quiera reconocer. 1) El que se hallara un carro bomba en la mañana, en manos de un 'desmovilizado' de las Farc. 2) El que se usara una nueva técnica criminal como las bombas 'lapa', en la que tienen vasta experiencia grupos extremistas como la Eta y el Ira, que en el pasado han entrenado a las Farc y les han transferido tecnología. 3) Que la víctima fuera el exministro Londoño, quien ha sido un objetivo militar de alto valor para las Farc desde hace mucho tiempo, acaso solo superado por el mismo expresidente Uribe.
Por otra parte, es infantil argumentar que las Farc no saben hacer inteligencia urbana y que los 'paras' sí, con lo que se concluye que si las Farc tuvieron alguna responsabilidad fue en asocio con bandas criminales o sectores de ultraderecha. Algo ridículo si se considera que las Farc han ejecutado exitosos operativos urbanos, como el del secuestro del edificio Miraflores en Neiva, el del atentado contra el club El Nogal, el secuestro de los diputados del Valle o el del avión en el que viajaba el senador Gechem, con el que se dieron por concluidos los diálogos del Caguán.
No, ahora los centros urbanos son el nuevo objetivo de las Farc; tumbar pueblos en Cauca y atacar patrullas policiales en Caquetá no tiene la misma repercusión que hacer atentados en la capital.
Finalmente, recordemos que el accionar de las Farc no obedece a la lógica racional que nos es más o menos común a todos, su juicio es desquiciado como el de quien ha perdido contacto con la realidad. Si algún mensaje contenía el hecho de atacar en plena discusión del marco para la paz, era el de callar a los opositores de ese engendro, que equivale a decir al uribismo.
Y tan grave como el atentado es que se quiera absolver a las Farc de su responsabilidad para esconder lo inmoral que resulta el estar negociando con ellas.

SAÚL HERNÁNDEZ BOLÍVAR

Twitter: @SaulHernandezB

Publicado: Mayo 22, 2012

Retórica y terrorismo

21 de mayo de 2012 |OPINIÓN| Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Ante el unanimismo que pretenden imponer en Colombia, Uribe cumple el valioso papel de hacer oposición. En medio de ese enfrentamiento pasan las Farc, poniendo sus bombas y matando policías y soldados en el Cauca, en el Catatumbo o en el Caquetá.
El Marco hace recordar las épocas en que Andrés Pastrana comprometió al país en unas concesiones que dejaron el peor saldo de sangre y destrucción que recuerde la historia.
Mientras el gobierno se engolosina con la posibilidad de lograr una negociación con las Farc, éstas le contestan con terrorismo. Y mientras la experiencia dice que hay que evitar la radicalización que tanto daño produce, lo que está ocurriendo muestra que somos capaces de olvidar lo que hemos logrado para recuperar la tranquilidad.
El atentado a Fernando Londoño no es sólo una cuenta de cobro de las Farc a quienes denuncian sus barbaridades. Es ante todo un ataque directo a quien simboliza un sector de la opinión pública, con el cual se pretenden agudizar las contradicciones de un sistema que se debate entre un gobierno empeñado en construir la unanimidad a su alrededor y la tozuda y en veces inexplicable oposición de Uribe.
Y lo están consiguiendo. Cualquiera puede estar en desacuerdo con Londoño. Pero si queremos una democracia civilizada, todos debemos defender su derecho a decir lo que piensa. Eso no sucedió el martes pasado. Flaco servicio le prestan a la paz quienes desde el gobierno dicen que no saben quién ordenó el atentado. Todo el mundo sabe que son las Farc, que durante décadas han usado el terrorismo para amedrentar y confundir.
En el interés de abrir camino a negociaciones con la guerrilla está la explicación de muchas cosas. Y alrededor de eso se está produciendo la radicalización, que explotan las Farc mientras escuchan tonterías como las del hijo de César Gaviria, presidente del Partido Liberal y de la Cámara de Representantes. Nadie, doctor Gaviria, puede pensar que es serio achacarle a la derecha el ataque a Londoño dizque para frustrar la aprobación del “Marco Jurídico para la Paz”, eufemismo con el que pretenden entregarle al Gobierno herramientas para la negociación que parece avanzar en secreto.
El Marco hace recordar las épocas en que Andrés Pastrana comprometió al país en unas concesiones que dejaron el peor saldo de sangre y destrucción que recuerde la historia. Triste experiencia, que llevó a los colombianos a elegir el fortalecimiento del Estado para que pudiera derrotar el terror.
Ahora quieren abrir excepciones al orden jurídico para posibilitar el afán de diálogo. Esas excepciones tendrán que hacerse cuando exista un compromiso serio de respetar el Estado de Derecho y dejar el crimen. Pero hacerlo antes, es ignorar que a las Farc no les interesa la paz sino el poder a cualquier precio, y caer en otro error como el de Pastrana.
Pero lo peor es la pelea furiosa entre el expresidente Uribe y el Gobierno sobre cómo enfrentar el terrorismo. Ante el unanimismo que pretenden imponer en Colombia, Uribe cumple el valioso papel de hacer oposición. En medio de ese enfrentamiento pasan las Farc, poniendo sus bombas y matando policías y soldados en el Cauca, en el Catatumbo o en el Caquetá. Y se fortalecen los clientelistas que votan sin reflexión el tal Marco para que no les cobren su deslealtad quitándoles puestos y prebendas por pensar distinto.
Vamos mal y puede ser peor si los dirigentes no escuchan los temores y los rechazos de la gente. Y si se persiste en imponer el unanimismo que comunica mediante editoriales de El Tiempo la retaliación que recibirá quien no vote el Marco para la Paz. Cuando eso pasa, el radicalismo asesino vuelve a aparecer, reemplazando la retórica vacía de la paz por la irracionalidad asesina del terrorismo. El atentado a Londoño es la prueba.

Publicado: Mayo 20, 2012

PROSPERIDAD SIN SEGURIDAD

19 de mayo de 2012 |OPINIÓN| Por: RAÚL E. TAMAYO GAVIRIA

Mientras los Honorables Representantes, acosados por siete ministros con un"alud"de ofrecimientos, le obedecían al gobierno de la Prosperidad Democrática, las fuerzas tenebrosas de los terroristas trataban de acabar con la vida del valiente mosquetero de la libertad de prensa, el exministro Fernando Londoño Hoyos.
Parlamentarios que fueron elegidos por los 9 millones que queremos la Seguridad Democrática de Álvaro Uribe Vélez, se voltearon hacia el espejismo de la Prosperidad.
Un grupo de empleados toma café en el sitio de descanso del trabajo. Uno de ellos lee en voz alta la noticia del periódico:

- Alud deja cien muertos en la troncal de la Costa.

- Un compañero de mente distraída, comenta:

- ¡Huy qué turco tan malo, matar cien personas él solo!

- No fue un turco, menso, fue la naturaleza.

Si los representantes a la Cámara que esta semana aprobaron en sexto debate el proyecto presentado por el Gobierno para reformar la Constitución Política de Colombia, llamado Marco Jurídico para la Paz, lo hubieran hecho, distraídos con los ofrecimientos burocráticos del Gobierno, sería muy grave, porque con ello se convertirían en cómplices del desastre que se vendrá, con la amnistía de delitos contra los Derechos Humanos, para los jefes narcoguerrilleros que se harán acreedores al indulto y la elegibilidad a cuerpos colegiados, si se firma la Paz entre “don Próspero Santos", como lo llama la periodista Enoris Restrepo y las Farc y Eln.

Mientras los Honorables Representantes, acosados por siete ministros con un "alud" de ofrecimientos, le obedecían al gobierno de la Prosperidad Democrática, las fuerzas tenebrosas de los terroristas trataban de acabar con la vida del valiente mosquetero de la libertad de prensa, el exministro Fernando Londoño Hoyos, el adalid de la palabra en su Hora de la Verdad, que gracias a Dios se escapó de la muerte, pero quedó amargado por haber perdido sus dos valientes guardaespaldas, que ayer enterramos. Así respondió el narcoterrorismo el favor de los congresistas y el Gobierno de la Prosperidad, "así le paga el diablo a quien bien le sirve".

No entendieron los congresistas una fórmula de conciliación que propusieron varios representantes, para que siquiera se excluyeran los delitos atroces del indulto y el derecho a ser elegidos, aceptando las rebajas de penas y los demás beneficios que el proyecto dispone para los guerrilleros que se entreguen. Nada fue posible. Parlamentarios que fueron elegidos porque creímos que pensaban como Álvaro Uribe Vélez, tanto los de la U, como los conservadores, los elegimos los nueve millones que aspirábamos a que la Seguridad Democrática continuara y se nos voltearon hacia el espejismo de la Prosperidad, como el mismo "don Próspero Santos”.

Pero esperamos a que el proyecto se enderece al llegar a la Comisión Primera del Senado, y a la plenaria de esta Cámara Alta, cuando se le hagan las modificaciones que necesita para tranquilidad de todos y para evitar la caída en la Corte Constitucional. También esperamos que el doctor Fernando Londoño continúe guiándonos desde la radio en su Hora de la Verdad.

ÑAPA: Dijo el presidente Uribe que el odio de Darío Arismendi, de Caracol Radio, hacia él, es por no haberle otorgado un canal de televisión sin concursar. Yo le creo al doctor Uribe Vélez. No escucho a Darío, porque no creo en su objetividad, siempre ha sido parcial, inclusive cuando era conservador. Prefiero pensar en la grandeza y nobleza de su hermano Octavio, gran ministro, excelente gobernador y profesor de Harvard University. Mi jefe y amigo. También admiro a Ignacio, gran señor y maravilloso escritor, pero no falta el "patito feo".
Publicado: Mayo 19, 2012