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Peláez y Gardeazábal agosto 1 de 2018
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¡Uribe!, ¡dedíquese a oír misas!

1 de mayo de 2012 | OPINIÓN | Por: JOSÉ OBDULIO GAVIRIA
Ya verá Santos si es importante o no atender lo que piensan Uribe y sus 9 millones de electores, que creyeron que él era la continuidad de Uribe.
OK, presidente Santos; no le preste atención a Uribe. Más fácil hará la tarea de su contendor para derrotarlo en el 2014.
Corría el año 1555. Carlos V, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, quería el descanso; estaba agotado. No eran épocas en que el liderazgo se definiera, como hoy, por ideologías o con la defensa de una plataforma de gobierno.
El relevo era dinástico. No hubo, por tanto, necesidad de hacer campaña electoral para reclamar del pueblo la renovación del mandato programático, sino que Carlos V, omnímodamente, designó a sus sucesores: Felipe para España; Fernando para el imperio Habsburgo. Y ¡a descansar se dijo!
Carlos fue llevado en silleta a un monasterio (Yuste) en la España profunda y allí se recluyó como un cartujo. Después de que había ostentado el poder absoluto, se fue a oír misas, contemplar los paisajes, leer textos devotos, armar y desbaratar relojes, y a comer, comer y comer.
Por lo que dijo hace poco el presidente Santos a El País de España, se deduce que él cree que los líderes de hoy debieran tener la misma angustia vital de los jefes dinásticos de hace 500 años: tener un hijo que lo suceda.
Parece que para él lo importante fuera el nombre del sucesor, aunque piense diametralmente diferente, y no lo que ese sucesor se proponga realizar. Parecería que Santos cree que a él se lo escogió para garantizar la continuidad de los privilegios y canonjías de la dinastía, no para continuar una tarea al servicio de la patria, como la que Uribe venía moldeando sin importar sacrificios.
Dijo Santos que no ha podido entender la postura de Uribe. "Se ha vuelto un crítico de lo humano y de lo divino -dice-, a quien nada de lo que hace el gobierno Santos le parece bien." Hasta ahí, habló Santos como comentarista; luego entró a hacer filosofía política: "Me decía un amigo suyo (de Uribe) que lo que pasa es que todavía no ha asimilado que dejó el poder". Y sentencia, infatuado y soberbio: "Pues para bien de él y para bien mío y del país espero que lo asimile pronto". Después burea con que "yo ya estoy vacunado; al principio todo esto me afectaba, pero después de treinta twitters diarios me he vuelto inmune; le presto poca atención; hay cosas más importantes que atender".
Pues ya verá Santos si es importante o no atender lo que piensan Uribe y sus 9 millones de electores, que creyeron poder poner en sus manos la continuidad de una obra de gobierno.
No es un misterio que, para engañar a los votantes, el equipo de publicistas de Santos hizo que un actor, que imitaba a la perfección la voz de Uribe, asegurara que sí, que él no sería un traidor (como insistentemente dictaminaban, felices, Daniel Coronel y Felipe Zuleta), sino un epígono leal del constructor de la política de la Seguridad Democrática.
Recordemos que en marzo del 2010 nadie creía que Santos fuera el líder del uribismo. ¿Pruebas? La campaña Santos, liderada por enemigos de Uribe, creyó que podía triunfar saliéndose de la línea uribista. Lo ensayaron y en un santiamén Santos se puso por debajo de Mockus en las encuestas. Recuerdo la cantinela del sanedrín de Santos: ¡es que Uribe es Uribe y Santos es Santos! Y recuerdo lo que les respondieron: ¡Santos es nadie! ¡Si no regresan inmediatamente al uribismo, están perdidos!
OK, presidente Santos; no le preste atención a Uribe. Más fácil hará la tarea de su contendor para derrotarlo en el 2014. Hay evidencia estadística de que la entrada en barrena de su imagen es directamente proporcional al hecho de que Uribe lo declaró ya enemigo número uno de sus tesis, de su plataforma y de su programa. ¡Ah! Y creo que pierde el tiempo aconsejándole que se jubile prematuramente. Él a quien menos se parece es a Carlos V. Antes, hoy y siempre, ha tenido por lema: ¡trabajar, trabajar y trabajar!
FUENTE: EL TIEMPO – Bogotá - Colombia - Fecha: Mayo 2, 2012

La ruptura

15 de abril de 2012 | ANÁLISIS | Por: FRANCISCO SANTOS
Con Uribe de candidato, la cosa cambia radicalmente. Con Uribe en campaña, pocos se irían de la U y si encabeza lista puede fácilmente tener un tercio del Congreso.
Santos ya no va a contar con Uribe ni con los votos uribistas en la elección de 2014.
Era inevitable. Son como el agua y el aceite.

Uno frentero, y el otro no.

Uno campesino de provincia; el otro de la más rancia oligarquía bogotana.

Uno de universidad pública; el otro de centros universitarios de la estratosfera.

Uno con las ideas claras desde siempre; el otro con ideas que sirven y se acomodan al momento.

Uno con larga trayectoria política electoral; y el otro con un sentido de oportunidad que lo llevó al poder, sin casi medírsele al pueblo.

Uno del pueblo; el otro de los medios.

El uno se mueve como pez en el agua en escenarios internacionales; el otro en los pueblos y caminos polvorientos de Colombia.

Álvaro Uribe y Juan Manuel Santos son de dos mundos distintos.

Hoy, las diferencias entre los dos llevan a una ruptura política inevitable de grandes consecuencias para el país y para ambos.

La primera de ellas es que Santos ya no va a contar con Uribe ni con los votos uribistas en la elección de 2014.

¿Qué consecuencia tiene? Pues son múltiples, dependiendo de qué decidan los partidos de la U y el Conservador y, sobre todo, el mismo Álvaro Uribe.

Los escenarios son esencialmente dos.

El primero es sin Uribe de candidato a algo: la Vicepresidencia o cabeza de lista para Senado.

Y el segundo es con él de candidato en 2014.

Si se da el primero, lo que sucede es que el liberalismo se une con Cambio Radical y con gran parte de la U. Santos es reelecto fácilmente y el uribismo queda herido de muerte.

Puede que sobreviva un pequeño partido de la U, o de Primero Colombia, el movimiento que llevó a Uribe a la Presidencia, pero sin la fuerza electoral de la U de hoy.

El Partido Conservador pierde fuerza y la izquierda queda en su plata, entre el Polo y lo que salga del movimiento de Petro.

Si por el contrario se da la otra opción, con Uribe de candidato, la cosa cambia radicalmente. Con Uribe en campaña, pocos se irían de la U y si encabeza lista puede fácilmente tener un tercio del Congreso. Si a ellos se le suma el Partido Conservador, cuyo líder natural es, sin duda, Uribe, pueden tener mayoría electoral en el Congreso en el periodo 2014-2018.

¿Y del premio mayor, la Presidencia?

En el primer escenario no hay la menor posibilidad. En el escenario dos, Santos es derrotable. Una coalición del uribismo, la U y los conservadores, con un buen candidato, tiene posibilidades de derrotar a Santos -el pobre Vargas Lleras está como la casita roja de Davivienda, y hoy no sabemos adónde va a acabar.

Obvio, hay grandes intangibles que entran en una ecuación política como esta.

Uno, que las Farc, al ver un escenario de continuidad del verdadero uribismo en el poder, se apresure a negociar una paz con Santos.

El escenario Pastrana, se debería llamar.

Claro, contar con la inteligencia política de las Farc es una estupidez, pero no se puede descartar nada.

Dos: un deterioro aún mayor en seguridad, y algo en la economía, que facilitaría la derrota de Santos.

En fin, en el mejor momento de Santos, el show de la Cumbre de las Américas le ha salido muy bien.

En el horizonte se presentan nubarrones políticos de grandes dimensiones.

De cómo juegue Uribe sus cartas (no hay que olvidar que Santos es un gran estratega político), el legado político de "doña Rumbo" puede retomarse o, en su defecto, morir para siempre.

Sin el uribismo no le alcanza

15 de abril de 2012 | Registro | Por: RAFAEL NIETO LOAIZA

Por Uribe pasamos de ser ‘estado fallido’ a la niña que todos pretenden. Si Colombia está de vuelta, para usar la expresión de la carátula de Time, es por cuenta del liderazgo, tesón y trabajo de Uribe.
La gente votó por Santos porque se presentó como el continuador de las políticas de Uribe.
Con su entrevista a CNN, Santos quería provocar a Uribe. Y lo consiguió. El expresidente embiste si le muestran la muleta. ¿Por qué abandonó su mantra de no pelear con Uribe? No lo sé y no logro entenderlo. Pero ya no podrá decir que Uribe pelea solo. Ahora quien abrió fuego fue él y de manera innecesaria. En su impacto más grave, erró en el cálculo político.
Decir que los trinos de Uribe “lo tienen sin cuidado” fue descortés. Aunque no puede gobernarse por la opinión pública y es deber del Presidente tomar decisiones adecuadas aunque sean impopulares, el comentario cojea por varios flancos. Por un lado, porque si un presidente vive pendiente de encuestas y de la opinión es Santos. La hipersensibilidad de algunos de sus asesores por lo que columnistas dicen es bien conocida, como son conocidas las llamadas para pedir que se modifiquen noticias y enfoques que no les gustan. Por el otro, porque la opinión de Uribe tiene un valor especial que debería ser considerado por cualquier gobierno y en particular por éste. Por Uribe pasamos de ser ‘estado fallido’ a la niña que todos pretenden. Si Colombia está de vuelta, para usar la expresión de la carátula de Time, es por cuenta del liderazgo, tesón y trabajo de Uribe. Así que mal hace un gobernante si desprecia las opiniones de quien tiene tanta experiencia y conocimiento y el país tanto le debe.
Pero además Santos es Presidente por Uribe. Fue Uribe quien lo revivió políticamente al darle la tarea de fundar el Partido de la U y al ofrecerle el Ministerio de Defensa. Y cuando la candidatura presidencial de Santos hacía agua, parecía no tener nada que ver con el Gobierno, fue el giro de identificación total con Uribe lo que lo devolvió a la vida y lo catapultó al triunfo. La gente votó por Santos porque se presentó como el continuador de las políticas de Uribe.
Por supuesto, Santos es Santos y no es Uribe. No es un clon ni una marioneta. Tiene el derecho y el deber de hacer su propia gestión y de marcar su impronta. Pero debe hacerlo sin darle la espalda al mandato de sus electores. Claro que los presidentes no están obligados a hacer todo lo que ofrecen en campaña. Es indispensable análisis permanente de prudencia, conveniencia y coyuntura. Pero tampoco pueden dejar a un lado los principios por los cuales fueron elegidos, las políticas por las que los votantes acudieron a las urnas. La traición a los electores es inaceptable porque pone en peligro las bases mismas del sistema democrático. Si un gobernante pudiera alegar que después de elegido no se debe sino a sí mismo, sembraría aún más desconfianza en el sistema.
Ahora, lo verdaderamente preocupante es la afirmación de Santos de que Uribe “es parte del pasado”. Uribe no es Presidente, pero está lejos de no tener futuro. Su fuerza política es innegable, como innegable es su calado popular, las simpatías y el fervor que despierta en las masas. Santos se equivoca al medir a Uribe por los comentarios de la prensa bogotana. Es en las regiones donde el expresidente tiene su respaldo. Graduarlo definitivamente como enemigo era innecesario e inconveniente. Nada bueno sale para el país del enfrentamiento entre sus únicos líderes nacionales. Y puede ser peligroso. Si quiere la reelección no podrá conseguirla moviéndose al centro izquierdo. Sin el uribismo, no le alcanzan las mayorías.

PREMATURA Y COSTOSA CAMPAÑA REELECCIONISTA

14 de abril de 2012 | OPINIÓN | Por: ENORIS RESTREPO DE MARTÍNEZ
El Tiempo lo protege como a su bien amado delfín. Es como si antes no hubiera existido ningún gobernante
Creo que desde cuando Juan Manuel Santos empezó su periodo presidencial, él inició la campaña para su reelección y aunque la revista Time recientemente le dio carátula, con todo respeto la impugno por diferentes motivos:
No me gustan sus ambigüedades, como si quisiera quedar bien con todo el mundo. No se trata de casar peleas, pero tampoco de entregar todo por pequeños o grandes halagos. No pretendo que gobierne con la austeridad de Uribe pero me disgusta el estilo rimbombante y altisonante de este gobierno.

Rechazo sus frecuentes manifestaciones de afecto hacia Chávez, a pesar de las reconocidas simpatías de ese presidente y su régimen con las guerrillas colombianas.

Critico la falta de firmeza ante los homenajes en Venezuela a Tirofijo, al publicitado refugio que tienen esos grupos en el vecino país y la aceptación callada del reciente nombramiento de Henry Rangel (ministro de Defensa venezolano) el gran amigo de Timochenko. Tampoco me gustan las constantes genuflexiones ante la izquierda internacional y nacional. Está bien buscar el centro, pero sin matricularse a la izquierda extrema.

Aunque en el panorama político también se ven aspiraciones presidenciales (Angelino, Juan Camilo, Vargas Lleras, Córdoba, Petro, Fajardo, etc.) ninguno tiene la "sartén por el mango" como Santos.

Todos tienen derecho a soñar, pero no con publicidad política pagada por el Estado, en horarios triple A, en los grandes canales de TV. Las famosas campañas Prosperidad para Todos y Colombia Humanitaria nos repiten constantemente las maravillas de este Gobierno para reforzar la imagen de Santos.

Además, El Tiempo lo protege como a su bien amado delfín. Es como si antes no hubiera existido ningún gobernante, ni la seguridad democrática de Uribe hubiera influido en la recuperación económica del país.

Tampoco me gustan los mecanismos de suspenso que manejan desde la Casa de Nariño, ni las supuestas o reales conversaciones de paz tras bastidores.

Ha habido un poco de freno a la guerrilla, pero ya no se habla de sensación de inseguridad sino de una situación real de violencia. Las Farc, por un lado organizan teatros, y por el otro, ataca. Así mismo, preocupa el avance de las bacrim y de las bandas de atracadores. O sea que gústenos o no, la paz está lejana. También me desagrada esa manera de buscar culpables por todo a como dé lugar, sobre todo si es de gente que trabajó con Uribe (aunque en esto último la justicia tenga su gran participación).

Ni me parecen adecuadas las acusaciones generalizadas contra ciertos gremios.

La falta de lealtad de Santos con Uribe, imagino, se volverá proverbial y no sabemos quién sufrirá la próxima deslealtad.

Soy una voz insignificante en el campo político y respeto el apoyo que tres destacados dirigentes le dieron hace poco al Presidente. Ellos tienen una gran responsabilidad empresarial y desde esa posición es comprensible. Pero no la comparto.

Santos quiere borrar a Uribe

14 de abril de 2012 | EDITORIAL | Por: EL COLOMBIANO
Borrar, como "cosa del pasado", al artífice del rescate de la dignidad nacional, que ahora Santos pretende presentar como cosa suya, es no sólo una injusticia histórica, sino una torpeza política.
No creemos que los múltiples ataques de estos días contra el Expresidente Álvaro Uribe Vélez sean mera coincidencia.

No recordamos antecedentes de un expresidente que, a más de año y medio de haber terminado su mandato, siga siendo objeto de toda una estrategia de demolición de su imagen, dignidad y prestigio.

Para ello, se ha echado mano de toda clase de mañas y golpes arteros. Los impulsores de tan dañina estrategia saben que no se enfrentan a un contrincante débil ni cobarde. Por eso afilan con mayor sevicia sus navajas.

Un día, un dirigente de extrema izquierda presenta, con gran aparato publicitario, supuestas pruebas sobre participación del Expresidente en hechos punibles, pruebas que no resisten un análisis crítico de la técnica forense.

Con apenas horas de diferencia con el espectáculo anterior, el canal de televisión del chavismo había presentado un documental lleno de inexactitudes, con participación obsecuente de opinadores colombianos, algunos de ellos no caracterizados por su honradez intelectual, sino por sus ideologías cegadas por el sectarismo y el odio.

Acompañado siempre todo esto por el obsesivo martilleo diario de muchos columnistas. Quienes si bien ejercen su libertad de opinión -ni más faltaba que fuéramos a abogar por lo contrario-, hacen que sus lectores echen de menos la aplicación de sus inteligencias y plumas a otros temas distintos a la reiteración permanente de sus animadversiones personales y políticas.

Y vienen a unirse a todo esto, las desafortunadas declaraciones del Presidente Juan Manuel Santos a la prensa internacional contra el Expresidente Uribe. No tan sorpresivas, en el fondo, pues sobre la deslealtad y el ejercicio oportunista de la política ha edificado íntegramente su carrera.

No alcanzaría el espacio para reproducir todas las advertencias hechas en su momento sobre el largo historial de volteadas y triples saltos políticos de Juan Manuel Santos en su recorrido por el poder.

Lo que es nuevo ahora, es el momento escogido para atacar a su exjefe: las vísperas de una Cumbre internacional en nuestro país, con amplia cobertura de prensa mundial y presencia de gobernantes de todo el continente.

Cumbre en la cual se hace todo lo posible por presentar una imagen renovada de Colombia, sus avances, retos y perspectivas.

Y eso no será factible si, como se pretende, se borran de tajo los cambios ejecutados en los dos mandatos del gobernante a quien ahora se pretende hacer "parte del pasado".

Porque no nos parece creíble que se trate de una simple respuesta de Santos a cuestionamientos hechos por Uribe Vélez en su activo twitter.

Santos está en su derecho de defender sus programas de Gobierno, así como de reivindicar su oportunidad para ejercer el mando bajo su propio estilo.

Pero Santos también sabe perfectamente por qué fue elegido con una votación tan grande, si nunca había tenido trayectoria de elección popular. Siempre había sido nombrado, nunca elegido.

Y lo fue en esa ocasión, por personificar, así fuera con disfraz, la política de Seguridad Democrática.

Lo dijo en su discurso de posesión: "(Hay) un hombre que brillará en la historia patria como aquel que devolvió a los colombianos la esperanza en el mañana y la posibilidad de recorrer sin miedo nuestro hermoso país: el Presidente Álvaro Uribe Vélez. Las próximas generaciones de colombianos mirarán hacia atrás y descubrirán, con admiración, que fue el liderazgo del Presidente Uribe, un colombiano genial e irrepetible, el que sentó las bases del país próspero y en paz que vivirán".

A Santos, evidentemente, no le importa borrar sus propias palabras y cambiar de postura cuando su particular interés se lo demande.

Pero hay millones de colombianos con memoria. Y conscientes de que en una refriega de esta naturaleza es todo el país el que pierde.

Metamorfosis de Santos


5 de abril de 2012 | OPINIÓN | Por: Ernesto Macías Tovar
Comenzando el año 2010 se produjo el retiro voluntario de varios colaboradores del Gobierno con el único fin de apoyar la candidatura "oficial" a la Presidencia; movidos por el notorio desvelo del presidente Álvaro Uribe quien no ocultaba su preocupación frente a una realidad evidente: el nombre de Juan Manuel Santos no despertaba simpatías.
Imposible olvidar aquellas horas de angustia cuando las encuestas mostraban al candidato “naranja” por debajo del “verde”.
Comenzó así el duro trabajo proselitista para convencer a las bases uribistas de respaldar una candidatura que no despegaba. Pero, la consigna “Santos representa la continuidad de las tesis de Uribe” fue creando confianza y sepultando la apatía.

Imposible olvidar aquellas horas de angustia cuando las encuestas mostraban al candidato “naranja” por debajo del “verde”. Y que la dirigencia regional se resistía a ‘catequizar’ al electorado para votar por “Santos Presidente”.

Además, el candidato oficialista era diezmado por los ataques de sus competidores -Vargas y Pardo- calificándolo de “padre de falsos positivos”; por columnistas -Juan Camilo Restrepo- tratándolo de mentiroso; por las voces de expresidentes -Gaviria, Samper y Pastrana- induciendo al electorado contra un “ingrato y conspirador”. Y por los epítetos de Chávez advirtiendo que la elección de Santos representaba ‘una amenaza para la región’.

Ante tal situación surgió la necesidad de aplicar una reingeniería a la campaña la cual consistió en darle un giro a la publicidad -de naranja a La U-. Y, sobre todo, un cambio del discurso. A partir de ahí “Juan Manuel” repetía continuamente el nombre de Uribe en sus intervenciones e insistía en el encargo solemne de continuar las políticas de seguridad democrática, confianza inversionista y cohesión social.

La estrategia, sin duda, funcionó y catapultó la candidatura. La categórica victoria electoral en la primera vuelta, a la cual Santos llegó solo con el apoyo del uribismo, era la respuesta al éxito de las políticas que habían producido el gran cambio en el país. Los ciudadanos acudimos a las urnas convencidos de elegir el legado de Uribe. Ese era el mandato popular.

Dos años después de aquella victoria contra todos aquellos, hay que hacer un gran esfuerzo para aceptar que el Presidente de hoy es el mismo candidato por el que votamos nueve millones de colombianos. Inadmisible pensar que los programas de gobierno en ejecución sean las propuestas derrotadas en las urnas. Casi imposible entender que aquellos quienes ayer lo señalaron con el dedo acusador de ser el autor de graves oprobios son los voceros de su gobierno. Muy difícil admitir que sus faros políticos sean los expresidentes que se la jugaron para impedir su llegada al poder. Insólito ver que aquel quien lo tildó de “amenaza para la región” sea su ‘nuevo mejor amigo’. Y, lo peor, para el ciudadano del común es inverosímil imaginar que quien fuera su mentor y autor de su llegada a la Presidencia sea el objetivo a perseguir del gobierno y el blanco de las infamias de sus funcionarios.

Si bien es cierto, según sus palabras, Santos vive erróneamente convencido que 'sólo los imbéciles no cambian de opinión cuando cambian las circunstancias', el cambio de candidato a presidente no le puede producir una metamorfosis tan drástica.


Twitter: @emaciastovar