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Dic 10 de 1948
Peláez y Gardeazábal agosto 1 de 2018
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Lineamientos para una paz negociada (II)

10 de abril de 2012 | Zona Franca | Por: JOSÉ OBDULIO GAVIRIA
'Debemos darle al guerrillero un tratamiento privilegiado como delincuente político, como combatiente y como rebelde'.
Roy Barreras emprendió jubiloso la vocería de 'La unión hace la fuerza' -ver artículo del 4/4/12- y, como por ensalmo, sus acciones políticas se valorizaron:
Lo recibieron en Palacio día por medio; le asignaron (casi como fideicomisario) varias entidades públicas; y a su sede llegaron prosélitos que querían ser 'clientes' del nuevo rey Midas de la burocracia y la contratación.

-Reúnase con los que escribieron los "lineamientos para el proceso de paz y la justicia postconflicto" -le ordenó el consejero presidencial- y háganlo fuera de Palacio para que evitemos suspicacias. El proyecto de acto legislativo va a aparecer como iniciativa suya, pero Gobierno y oenegés saldremos a respaldarlo.

Al día siguiente, Barreras estaba en las suntuosas oficinas de una oenegé donde dos conocidos intelectuales lo esperaban sonrientes.

-Senador -dijo el que parecía el líder-, el presidente Santos quiere construir verdaderas bases para la paz, que comienza por reconocer a las Farc su lucha por una reforma agraria, por la reparación de las víctimas del genocidio de la UP y contra la injusta distribución de la riqueza... La insensibilidad de las élites ha impedido realizar unas aspiraciones tan justas. Santos no duda en declararse traidor a esas élites y espera que la guerrilla así lo entienda.

Barreras hizo un gesto de asentimiento y esperó más datos.

-Colombia -continuó el intelectual- tiene una larga tradición de tratamiento privilegiado al delincuente político y de negociaciones de paz. Hay que tenderles generosamente la mano a unas guerrillas desviadas pero altruistas. Recomendaremos al Presidente que el Estado reconozca -junto a la responsabilidad de los actores armados no estatales- la responsabilidad parcial histórica del Estado y sus agentes comprometidos en crímenes de guerra. Esa es una condición sine qua non para la paz con las Farc. Santos quiere pedir perdón por los crímenes que ha cometido el Estado en la lucha contra la insurgencia, como ya lo hizo con las de El Salado.

Barreras miraba con ojos desorbitados.

-¿Y los crímenes atroces?, ¿qué hacemos con ellos? -preguntó.

-Hay que ser audaces. Es una insensatez argüir, como hacían los áulicos y los intelectuales más orgánicos de Uribe, que los guerrilleros no son rebeldes sino terroristas y que el delito político es una figura perversa por cuanto incentiva la violencia. Debemos darle al guerrillero un tratamiento privilegiado como delincuente político, como combatiente y como rebelde. Y no podemos tenerles miedo a amnistías e indultos; y en general, a las salidas políticas negociadas a la guerra. Hay que derogar las normas que imponen la muerte política a los comandantes por haber cometido delitos graves en el marco de la confrontación armada.

-Esas reformas no pasarán en el Congreso -se atrevió a revirar Barreras.

- ¡Pasan! Santos tiene los votos. Olvídese, senador, de la inguandia de "tolerancia cero hacia la impunidad de los crímenes atroces". Recuperemos el balance entre memoria y olvido; y entre castigo y clemencia. Recuperemos la capacidad regulatoria del delito político.

-Pero... -intentó ripostar Barreras.

-Nada de peros, senador. Los líderes de la insurgencia prefieren morir antes que aceptar un simple sometimiento y privación de la libertad o que se les iguale penalmente con los paramilitares.
Convénzase usted y convenza a sus colegas de que no hay transacción posible entre las exigencias de impunidad de los jefes guerrilleros y las demandas de verdad, justicia y reparación del derecho contemporáneo. Y recuerde que aquí lo que tenemos que sopesar es un valor fundamental, la paz, frente a valores menores.
Y, efectivamente, ahí, mal que bien, Roy ha ido haciendo la tarea.

Lineamientos para una paz negociada

3 de abril de 2012 | Zona Franca | Por: JOSÉ OBDULIO GAVIRIA
Barreras estaba embelesado; sentía como si el Espíritu Santo lo hubiera escogido a él para predicar el nuevo evangelio de la paz.

"Para defender el plan que hemos diseñado, es necesario no tener puntos de vista propios; le debe dar lo mismo ocho que ochenta: ese es Roy Barreras".
El pasado domingo, desde su Twitter, Jaime Eduardo Botero hizo esta pregunta: ¿a qué horas se volvió mamerto Roy Barreras? No hay tal.
Barreras no es mamerto. Él, seamos justos, no es nada. Su mundo se circunscribe a un interés material, directo e inmediato: acumular feudos de poder burocrático. Y en el empeño es capaz de todo. Incluso de hacer el papel que está haciendo.
Hace algunos meses, en oficina muy principal en la Casa de Nariño, se reunieron los funcionarios que integran el núcleo duro de las políticas de paz, víctimas y tierras del gobierno Santos.
"Los convocamos -explicó un alto comisionado a su auditorio- para notificarles que, después de muchas vueltas y revueltas, hemos escogido como nuestro hombre en el Congreso al senador Roy Barreras. Para defender el plan que hemos diseñado, es necesario no tener puntos de vista propios; le debe dar lo mismo ocho que ochenta: ese es Roy Barreras. Él defendió la Seguridad Democrática de Uribe como si él hubiese sido su creador y adalid; pero, igual, venía de defender la política de 'solución negociada' de Pastrana. Barreras será el vocero ideal de nuestro lema 'la unión hace la fuerza' ".
Pocos días después, Barreras estaba sentado frente al alto comisionado. "Senador Roy -le dijo-: siempre hemos creído que lo importante es el respeto de las diferencias, al contrario de Uribe, que creía que a los colombianos nos bastaba poner orden al caos institucional para ganar la paz. Y ese respeto del que le hablo incluye respetar a todos, incluso a la insurgencia".
Barreras, como le dictaba su talante, inmediatamente intentó ser más papista que el papa y se declaró partidario de la logia de la unión (o como se llamara). El comisionado, distante, lo interrumpió: "Sin una política de paz negociada, continuará la mala imagen internacional que nos dejó la política de mano dura de Uribe. El Gobierno sabe que la única manera de ganar el aprecio de las organizaciones internacionales de derechos humanos y de reconciliarnos con los países vecinos es demostrarles que Colombia abandona el guerrerismo y se decide por la búsqueda de la solución negociada del conflicto político armado. Todo nuestro plan, senador, lo escribimos desde 1997, y, como verá, lo hemos cumplido al pie de la letra".
El comisionado, con gesto hierático, entregó al senador un texto lujosamente impreso, en el que se leía: 'Destino Colombia, Proceso de planeación por escenarios, 1997'. Barreras miraba absorto al comisionado. Estaba embelesado; sentía como si el Espíritu Santo lo hubiera escogido a él para predicar el nuevo evangelio de la paz. Y a un "espiritusanto" con burocracia sí que nunca le iba a negar Barreras sus servicios.
"Nosotros -continuó el comisionado- ya estamos en contacto directo con la insurgencia. Autorizamos el viaje a Cuba de Mauricio, 'el médico', de quien sabemos es el verdadero cerebro del secretariado. Mauricio está instalado en La Habana y próximamente se le unirá Granda. Ellos comparten plenamente nuestro proyecto de paz; se lo han jurado a nuestro embajador en la isla. Con ellos acordamos que, antes de los acuerdos, debemos tener una política para la paz negociada y la justicia postconflicto. Y su misión, senador, será defender esa política en el Congreso".
"¿Cuándo viajo a Cuba? Comencemos ya mismo a negociar", exclamó Barreras. "Calma -respondió el comisionado-. Previamente recibirá un curso de inducción para que domine nuestros lineamientos para la política de paz negociada y de justicia postconflicto".
La próxima semana les narraré cómo avanzó el tal curso de inducción del senador Barreras.
Ciudad de México, abril de 2012

El submarino de la paz

3 de abril de 2012 | ANÁLISIS | Por: Miguel Gómez Martínez
Como un submarino, invisible y silencioso, avanza la estrategia del gobierno para llevar al país a un nuevo proceso de paz.
Como en un rompecabezas, las fichas van encajando sin que la opinión pública conozca el diseño final.
La primera fase consiste en reactivar la tesis de que la única salida real para el conflicto es la negociación. Desde el discurso de posesión, el presidente Santos ha venido acariciando el tema alrededor de la figura de la llave que tiene en el bolsillo que abriría el diálogo con la guerrilla. Para ello ha contado con el coro de áulicos encabezados por Piedad Córdoba, Ernesto Samper, Andrés Pastrana, Horacio Serpa, El Espectador, El Tiempo, El Nuevo Siglo, La Silla Vacía, casi todas las emisoras y canales, los programas de opinión, los intelectuales, las ONG, Chávez, Correa, Evo, Dilma, Ollanta, Raúl, Cristina y otros cuyos nombres se me escapan.
El segundo capítulo es el marco jurídico para la paz. Como vamos a negociar con violadores de los derechos humanos y criminales de guerra, hay que ofrecerles impunidad. El marco jurídico para la paz es la ley de los victimarios. Mediante una sofisticada jerga jurídica se propone en la Constitución que una ley definirá “los casos en los que procedería la suspensión de la pena y se autoriza la renuncia a la persecución judicial penal”. Esto, en lenguaje de legos, es garantizar que los que se sometan al proceso de paz no irán a la cárcel. Otros prefieren llamarlo amnistía.
Para que todo esto cuaje, se requiere la benevolencia de las ONG, siempre dispuestas a exigir lo máximo cuando se trata de violadores de los derechos humanos paramilitares pero suaves cuando se trata de violadores de derechos humanos de la guerrilla. Por ello el reversazo del fuero militar luego de las protestas escuchadas en Washington. El nuevo proyecto de fuero es una obra maestra de ilusionismo. En apariencia amplia el marco de protección para los miembros de la fuerza pública pero en realidad, dados los compromisos internacionales firmados por Colombia y que forman parte del  bloque de constitucionalidad, los militares no gozarán de mayor seguridad jurídica. Además, como se trata de un acto legislativo que deberá ser reglamentado por una ley estatutaria, estamos hablando de un año adicional de demora, tiempo valioso para seguir recorriendo el camino hacia el diálogo con la guerrilla.
¿Por qué utiliza el gobierno esta estrategia submarina? Esa es una pregunta importante. La razón fundamental es de tipo mediático. Si los colombianos se huelen, así sea de lejos, que volvemos a una estrategia similar a la tragedia del Caguán se opondrían radicalmente. Hay por lo tanto que volver a ambientar la idea de que la paz está al alcance de la mano y que la guerrilla esta vez sí es honesta y transparente en sus intenciones.
La guerra se perdió hace muchos años cuando renunciamos a la victoria militar. El mayor triunfo de la guerrilla es haber convencido a los líderes de opinión en Colombia que la guerra no puede ser ganada. Y como bien decía Richard Nixon, “si no estás listo para hacer la guerra, haz la paz.”

Lo mismo de antes

1 de abril de 2012 | OPINIÓN | Por: Francisco Santos
- Senador ROY BARRERAS - Traidor, lagarto "voltiarepas"
Y ahora nuevo mejor 'amiwis' de las Farc (N.del E) - 
Los 'vivancos' y 'gallones' del país y del mundo se arropan en la misma complicidad ideológica que deja en claro que una masacre de uno es repudiable y merece, es más se exige, sea castigable mientras la del otro no.
Las víctimas de las Farc, de sus masacres, de sus atentados terroristas, de sus secuestros, de sus mutilaciones, tendrán que aceptar con resignación que no habrá ni justicia, ni verdad ni reparación.
Una voz solitaria se alzó en el Congreso en contra del horror de reforma constitucional, mal llamada marco para la paz, la del congresista de la U Miguel Gómez Martínez. Y no es fácil hacerlo porque hablar contra la paz es como hablar en contra del niño Dios. Pero cuando se mira en detalle lo aprobado no deja uno de quedar sorprendido frente a la patria boba que de nuevo vivimos.
La ausencia de debate muestra un doble discurso frente a las víctimas. No se ha escuchado una voz para criticar esta amnistía por la puerta de atrás para los guerrilleros de las Farc y del ELN, la del Polo o las de las ONG retumban en su silencio. Las víctimas de estos grupos, de sus masacres, de sus atentados terroristas, de sus secuestros, de sus mutilaciones, de sus desplazamientos, de su reclutamiento forzado, de sus violaciones tendrán que aceptar con resignación que sus victimarios sean congresistas, alcaldes y de pronto presidentes. Y que no tengan ni justicia, ni verdad ni reparación.
¿Esa es la evolución de este país ahora en la administración Santos? ¿Dónde quedó el discurso que escuchamos de los medios que también han guardado un vergonzante silencio? ¿Dónde está la voz de la oficina de DD.HH., de Naciones Unidas que parece silenciada por la complicidad con la paz?
El marco para la paz es una amnistía disfrazada no nos digamos mentiras. Por eso lo elevan a rango constitucional. Los 'vivancos' y 'gallones' del país y del mundo se arropan en la misma complicidad ideológica que deja en claro que una masacre de uno es repudiable y merece, es más se exige, sea castigable mientras la del otro no. ¡Qué indignación!
Pero no para ahí el desatino de esta propuesta. Por un lado le manda la señal equivocada a las Farc. Les dice tranquilos cometan todos los horrores que al final negociamos y así esto acaba en una amigable componenda como la que trataron de arreglar sin éxito Gaviria, Samper y Pastrana (en el exceso). Por otra parte entregan, antes de una negociación, la joya de la corona y gastan un fusible, el Congreso, que da un margen de maniobra absolutamente necesario. Y finalmente, la bobadita de mensaje a las Fuerzas Armadas quienes victoriosas después de los ocho años de respaldo indeclinable y franco ahora tienen que aguantarse las dudas del debate del fuero militar y una llave de la paz que Santos ya sacó y el país no se ha enterado.
¿Qué se va a entregar en un acuerdo de paz? Ya se entregó de antemano que paguen unos añitos de cárcel. A cambio de nada y con el apoyo del Partido Conservador y de la U. Es increíble que este debate haya sido tan precario. Demuestra que el norte ideológico de estos partidos muchas veces está más ligado a la burocracia que a la defensa de los colombianos que recibieron una segunda oportunidad en el gobierno pasado después de sentir durante décadas el azote de los violentos.
Pero, bueno, está de nuevo la socialbacanería, como le dice Uribe, en el poder. Esa elite bogotana que desconoce el país por fuera de la capital, Anapoima o Cartagena, coopta medios con pauta, gobierna a punta de encuestas y hace lo que le conviene a estas y no al país.
Así se dilapida una fortuna que se recibió. Para no hablar de los huevitos que hace rato murieron.


@fsantosRCN