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Cuenta de cobro

2 de julio de 2012 |OPINIÓN| Por: Saúl Hernández Bolívar

En lo que va corrido del gobierno de Santos se han aprobado ocho reformas constitucionales y, solo en el 2011, 76 leyes, cuyo impacto fiscal se calcula en 4 billones de pesos.
Jesús Vallejo Mejía lanzó en su blog una hipótesis que muchos compartimos: la reforma de la justicia era una retribución al Congreso por aprobar el marco para la paz.
Uno francamente no entiende a qué horas se le ocurrió a Juan Manuel Santos parecerse al peor presidente de la historia y no al mejor, si nos atenemos a una encuesta de Datexco del pasado mes de abril: Uribe, el mejor, según el 52 por ciento de los encuestados; Pastrana, el peor, de acuerdo con el 41 por ciento. 'Pastranear' es la actividad favorita del gobierno de Santos: viajes por decenas, leyes a granel, contemporización con los terroristas y arrebatos megalomaniacos, que lo llevan a ofrecer soluciones al conflicto judío-palestino, a la calentura entre las Coreas o a la destitución -legítima, por demás- del expresidente Lugo.
Y viajando andaba, donde nadie lo necesitaba, cuando se le derramó la leche. Como tahúr, su cálculo no falló: en el de nadie estaba que el mismo pueblo que dejó pasar, como si nada, ese exabrupto del marco jurídico para la paz, se rebotara por otra reforma constitucional menos dañina que la anterior.
A Santos no le salieron bien la lavada de manos y el endilgarle culpas, mezquinamente, al Congreso. El intento de pasar de agache se frustró porque el Presidente no convenció con el cañazo de que al Gobierno le metieron "gato por liebre". Nada de eso. El exmagistrado Jesús Vallejo Mejía lanzó en su blog (jesusvallejo.blogspot.com) una hipótesis que muchos compartimos: la reforma de la justicia -que fue más bien una reforma política- era una retribución al Congreso por aprobar el marco para la paz.
Eso fue refrendado por algunos parlamentarios, que reconocieron que el Congreso recibe favores a cambio de tramitar la agenda que pasa el Gobierno, y por analistas como Alfredo Rangel, quien, en su cuenta de Twitter, exclamó: "Debemos denunciar que el Gobierno aceptó los 'micos' a la justicia a cambio de que el Congreso aprobara el marco para las Farc".
Y está claro que los tales 'micos', en su mayoría, no resultaron de adiciones subrepticias en la etapa de conciliación, sino que estaban entre lo aprobado por alguna de las cámaras con el beneplácito del Gobierno. No sobra recordar que el obsecuente exministro Esguerra -quien sí leyó el texto y tuvo la entereza de aceptar su responsabilidad sin acudir a subterfugios baratos, dignos de Simón el bobito- felicitó al Congreso por el trabajo realizado sin siquiera sospechar que sus palabras lo convertirían, necesariamente, en el chivo expiatorio de este escándalo.
La verdad es que no era un secreto el que la reforma se había convertido en una piñata, en un pago de favores para embotar de mermelada la maquinaria unanimista de un gobierno que quiere reelegirse a como dé lugar y que, gracias al engrase, ha hecho ochas y panochas con el marco jurídico del país en menos de lo que canta un gallo. En lo que va corrido del gobierno de Santos se han aprobado ocho reformas constitucionales y, solo en el 2011, 76 leyes, cuyo impacto fiscal se calcula en 4 billones de pesos, lo que supera el impacto de las ocho vigencias anteriores.
Santos va tras el récord de baja favorabilidad que Pastrana dejó en el 21 por ciento, y tiene tiempo de sobra para 'superarlo'. Las rechiflas al ministro Rengifo, en la Cámara, son la radiografía de la fractura que este episodio dejó entre el Gobierno y el Congreso, la cual solo se solucionará con mucha mermelada. Y los abucheos contra Santos en el Campus Party son una dramática manifestación del descontento generalizado hacia su gobierno, como había quedado de presente en las más recientes encuestas.
Lamentable o no, es casi un hecho que la reelección quedó colgada del alambrado. Y si Santos no retoma el ideario que le dio el respaldo popular y lo llevó al poder, seguirá oyendo rechiflas en todas partes y su gobernabilidad quedará vuelta añicos. Es que la gente no es boba; pasa cuentas de cobro para recordarles a los gobernantes que no tienen licencia para hacer lo que les dé la gana.
Saúl Hernández Bolívar
Publicado: Julio3, 2012

Twitter: @SaulHernandezB

COMENZÓ LA CAMPAÑA

29 de abril de 2012 | OPINIÓN | Por: FRANCISCO SANTOS
No es la extrema derecha en la que ahora pretende encasillar a quienes le reclaman por un regreso al camino que se construyó en los ocho años anteriores.

Es el colombiano de a pie, sensato, que aguantó con resignación y silencio a los malos gobernantes.

Cien mil casas. Y gratis. Germán Vargas Lleras de ministro. "Sí, soy populista", dijo a cuatro vientos esta semana. No importa que nadie le crea y que todo el mundo tenga claro que Santos arrancó la campaña de reelección. La pregunta es ¿por qué lo hace tan temprano?

Es apenas obvio que algo tiene que ver con la encuesta. Nada le duele más al Presidente que una caída de popularidad o que lo comparen con su antecesor. Hoy, sin cumplir la mitad de su período ambas se dan cada vez más. Santos naufraga en un mar de promesas incumplidas, de anuncios que se quedan en nada y de discursos que sin ninguna coherencia ideológica tienen a su electorado por lo menos confundido.

A Santos lo eligió un votante humilde, trabajador, aguantador y que aburrido de como estaban las cosas en el 2002 eligió a Álvaro Uribe . No es la extrema derecha en la que ahora pretende encasillar a quienes le reclaman por un regreso al camino que se construyó en los ocho años anteriores. Es el colombiano de a pie, sensato, que aguantó con resignación y silencio a los malos gobernantes, a los violentos y que, nacionalista y apegado a su región, solo pide seguridad y confianza. Hoy ambas van en franco deterioro.

Pero quizás lo que más aceleró este cambio de gabinete, de tono en el discurso y de populismo económico es que ahora tiene claro que va a enfrentar en 2014 a un candidato uribista con el mismo expresidente al frente de la campaña.

Es más, tiene plan B por si llega a ver que no le alcanza. Esa es la razón de Vargas Lleras en un ministerio con 4 billones de pesos a su disposición.

El problema de Santos es que al apartarse del uribismo se quedó sin cuento. El de las locomotoras no anda. El de la prosperidad no deja de ser un buen eslogan que no tiene resultados concretos, pues la agencia del tema es un desastre y los otros proyectos no son sino enunciados puros.

Lo cierto es que por ahora lo de mostrar es una locomotora económica, herencia de una política fiscal y macroeconómica seria, y una confianza del sector privado que se mueve por inercia gracias a lo que se hizo desde 2002.

En la búsqueda de un cuento anda el candidato-presidente.

¿Hasta dónde irá a llegar por ese nuevo sendero del populismo estrato seis? Aún no lo sabemos. Pero puede con ese discurso hacerle un gran daño a Colombia al legitimar la opción del populismo.

Colombia se ha destacado por nunca caer en las garras de la solución fácil a sus problemas.

Se destaca siempre por ser una nación seria al afrontar sus dificultades. Santos abrió la caja de Pandora, que no sabemos si podrá cerrar.

Dios no lo quiera, en unos años con otro presidente y un populismo rampante en el poder, que tengamos que volver a esta semana para encontrar al verdadero culpable de ese mortal virus que ha acabado con tanta riqueza y prosperidad en nuestra región, y que se instaló en Colombia por cuenta de un presidente que se las dio de Perón o de Chávez tecnócrata para mantenerse en el poder.

Desconectado

4 de diciembre de 2011 | OPINIÓN | Por: FRANCISCO SANTOS
Santos  prefiere al príncipe Carlos y una semana en Londres que embarrarse con los campesinos que tienen el agua al cuello.
La encuesta Colombia Opina de RCN la radio, la FM, Semana y RCN TV del viernes pasado es francamente negativa para el presidente Juan Manuel Santos. Caen todos los índices que importan, percepción de la economía (60% empeora o va mal), buen camino o mal camino (-15% en un año) y gestión (-8% en 4 meses). Cuando esto se da con un gobierno que tiene al Congreso y a la Justicia en el bolsillo, está lleno de plata, maneja a su antojo gran parte de los medios nacionales de la capital y tiene unas cifras económicas bastante buenas es para preocuparse.
Crecimiento económico del 5%, desempleo del 9% y recaudo tributario creciendo al 20 %. Eso daría para estar en la gloria. Y no. Las clases media y baja castigan duramente la gestión de Santos que ve cómo se le acaba la luna de miel. Se da esa irónica contradicción entre la excelente imagen en el exterior y la que se deteriora en el país. Exactamente lo contrario a lo que le sucedió a Uribe. ¿La razón? Un cuidadosísimo manejo de imagen.
¿Qué sucede? Es sencillo: un desastre en ejecución en todos los frentes, una pelea innecesaria con Uribe que lo desgasta en los estratos medios y bajos y una desconexión con el país real que lo asemeja tanto a su exjefe Andrés Pastrana que ya parecen fotocopias.
Es fácil manejar algunos medios de la capital. Lleva años cultivándolos y desde que fue ministro supo cómo ganarse periodistas y sobretodo dueños. Pero eso le llega hasta el estrato donde le llega el apoyo según esta encuesta, el 5 y el 6. Con la clase media y con el pueblo es a otro precio y ahí no hay Juan Mesa que lo salve.
Entre otras porque hay que sentirlo y a Santos eso le cuesta. Prefiere al príncipe Carlos y una semana en Londres que embarrarse con los campesinos que tienen el agua al cuello. O pasar el fin de semana en Cartagena, otra similitud con Pastrana, que irse a recorrer la Mojana o visitar a las madres de los policías y militares muertos.
Hasta Uribe, el país, tenía ese tipo de presidentes. Que gobernaban desde los salones de Bogotá. Claro, iban a las regiones, o mejor pasaban por las regiones. Pero nunca se enganchaban con la realidad de la provincia colombiana. Uribe cambió eso para siempre y de paso legitimó el Estado en zonas donde nunca estuvo o si estuvo fue de paso como sus gobernantes.
Hay un gobierno tan lleno de soberbia que no escucha. A los cebolleros de Boyacá, a los estudiantes del país (y si que le costó) o a los ciudadanos de 9 pueblos de Boyacá que le imploran que Ecopetrol no ponga un tanque de almacenamiento de 350 mil barriles encima del Santo Ecce Homo. Un gobierno que no ejecuta y es lejano al ciudadano.
Lo más indicativo de la encuesta es la negativa del 54% de los ciudadanos a que Santos sea reelegido mientras el 35% se muestra de acuerdo. Los ciudadanos al parecer no quieren la reelección. Pero cuando se les pregunta si Uribe se debería reelegir otra vez, el 61% de los ciudadanos dice sí. ¿Es la reelección el problema? ¿Es el candidato?
Aún es temprano en el gobierno para que Santos rectifique el rumbo. Un político tan astuto como él lo puede lograr. Pero tiene que hacer grandes cambios en su gabinete, en la prioridad de la agenda y en la manera como se relaciona con las regiones y los ciudadanos. Es decir reinventarse. Quizás debería mirar un poco para atrás, no para acusar como lo ha hecho hasta ahora, sino para recordar todas esas horas que pasó al lado de Uribe y aprender de la infinidad de lecciones que nos daba cada segundo de su gobierno.

Con Santos vamos peor

6 de mayo de 2011 | La Claridad | Por: Paloma Valencia Laserna

 La mayoría del 65% desaprueba lo que se está haciendo. Vale recordar que en la última medición de Uribe la aprobación de su gestión en seguridad era del 71%.