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Carta a quienes eligieron a Santos

OPINIÓN| Por: MARIO JAVIER PACHECO GARCÍA| Publicado: agosto 18, 2014 

"Ustedes lo reeligieron. El resultado es palabrería publicitaria, aplastada por las realidades de la violencia". 
Era público que Santos hacía agua por los costados del desempleo, la inseguridad, la pobreza, la salud, la vivienda y la educación, pero ustedes lo reeligieron.
Apreciados señores
Me declaré enemigo de la “paz” de Santos, porque soy amigo de la paz real, y con mucho interés observo que a la categoría de Desmovilizados de la guerrilla, y a la categoría de Reinsertados del paramilitarismo, se suma ahora la categoría de Arrepentidos del santismo, conscientes de haber contribuido con su voto, no solo a la vergonzosa rapiña burocrática de Colombia, sino, al incremento de los crímenes de las FARC y la guerrilla, que diariamente atentan contra la infraestructura nacional y la vida de los ciudadanos.
La mayoría de los Arrepentidos, son jóvenes a quienes la Constitución de 1991 permitió votar a los 18 años, bajo la presunción de mínima madurez para entender, decidir, y ser responsables de las consecuencias de su decisión. Unos lo fueron, pero en otros su inexperiencia los hizo manipulables y votaron mal.
El 7 de agosto de 2010, Santos fue elegido por el pueblo (eufemismo de Uribe) con una diferencia abismal sobre Mockus, pero traicionó a Uribe, y fue elegido en 2014 con pequeño margen por el pueblo (eufemismo para identificar tres sectores: 1.- El de la estrategia, compuesto por la Registraduría, FARC, elefante, mermelada y votos comprados; 2.- El de los interesados, compuesto por políticos de derecha, izquierda y guerrilla a quienes Santos prometió todo lo que pidieron, y; 3.- El de los inocentes, compuesto por los deslumbrados de la publicidad, los enemigos de Uribe; los crédulos  de la falsa paz, y los pendejos, que menciona Facundo Cabral)
Las FARC ganaron y exigen olvido de sus crímenes, curules y patente de corso para lavado de activos. Samper ganó y exige archivar el elefante drogo de 1994 y UNASUR; los políticos que ganaron exigen ministerios y burocracia; la izquierda ganó y exige cogobierno y zonas de reserva campesina sin militares.
No hay cama para tanta gente, y Santos está haciendo lo que hizo Uribe Uribe en Ocaña cuando se quedó sin plata en la Guerra de los Mil Días, fue a la imprenta y mandó a hacer billetes. Lo vemos crear ministerios y superministerios a cargo de la pobreza pública y deshilachar el país, sin parar bolas, ni reaccionar al saldo diario de muertos y atentados de la guerrilla, que hablando de paz, hace la guerra.
Santos no es el único culpable, ustedes, que lo eligieron no pueden evadir la responsabilidad que les corresponde por cada atentado, cada muerto, cada secuestro, cada destrucción de torres, voladura de oleoductos, incineración de camiones, cierre de carreteras, sembrado de minas y expansión del terror.
Algunos de ustedes se justifican diciendo que Zuluaga tampoco hubiera impedido este baño de sangre y que al contrario la guerra hubiera recrudecido; que precisamente se eligió a Santos para no vuelva a ocurrir. Una hipotética excusa, desvirtuada por la realidad del gobierno de Uribe, que sí pacificó al país.
Era público que Santos hacía agua por los costados del desempleo, la inseguridad, la pobreza, la salud, la vivienda y la educación, pero ustedes lo reeligieron. El resultado es palabrería publicitaria, aplastada por las realidades de la violencia. Ante cada arremetida de las FARC, Santos solo bravea, muestra los dientes, gruñe, amenaza, y regresa al reparto de la codicia.
Para los incrédulos, la siguiente ración diaria de irracionalidad de la guerrilla, que medio oculta y minimizan los grandes medios.
Entre julio y agosto incineró 29 tractomulas y vertió petróleo sobre humedales, quebradas y ríos; 3 de julio, en la Guajira destruye el sistema eléctrico de Barrancas y Hato Nuevo; Entre el 16 y el 20 de julio las columnas Benhur González del frente 44 y el frente Camilo Torres, incomunican al Guaviare, en San José y Agua Bonita; 18 de julio en Tumaco, la columna Daniel Aldana incinera un vehículo de la Fiscalía y quema restos óseos, que eran pruebas de víctimas de las FARC; 23 de julio entre Puerto Asís y Orito, Putumayo, contamina con crudo, el río Putumayo, La Canoa, Guamúez y los Cristales; 23 de julio, asesina con una granada, a la bebé de tres años, hija del patrullero de la policía Ronald Ruiz, en Arauca; 31 de julio, otra bebita, de 2 años, muere por el tatuco lanzado por las FARC en Miranda, Cauca, donde Santos obtuvo 5.500 votos y Zuluaga 2.000; entre el 15 de julio y el 1 de agosto hicieron 15 intentos para volar el oleoducto Transandino en Nariño, y la central eléctrica de Altamira y Acevedo en Huila; 5 de agosto, el frente 48 incineró 5 tractomulas. Antes había derribado torres de energía en Meta y Valle del Cauca, afectando a Buenaventura. Igualmente volaron tramos de la vía Panamericana y la tubería del acueducto de la región del Ariari; 8 de agosto se desactivan 19 cilindros bomba de las FARC en Morales y Jamundí; 9 de agosto se desactivan doce cilindros bomba de las FARC entre San Vicente del Caguán y Florencia en el Caquetá; 11 de agosto en Arauca, envenena 10 soldados, de los cuales uno murió. Nueva modalidad diabólica de las FARC; 12 de Agosto en Saravena, asesinan al secretario de gobierno del municipio y en Fortul ataca una patrulla del ejército, dejando heridos ocho soldados; 12 de agosto en Teorama, Norte de Santander, una combinación de FARC, EPL y ELN atacan un helicóptero, matan un civil y dos policías; 13 de agosto entre Ocaña y Cúcuta, sector de Ábrego, incinera 5 tractomulas; 15 de agosto, se desmantela en Suárez, Cauca, una fábrica de tatucos de la columna Miller Perdomo, de las FARC; 15 de agosto en Tumaco, ocho personas, entre ellas cuatro menores de edad son heridos con tatucos por las FARC; 16 de agosto se descubren dos campos minados, en el Tambo, Cauca y en Florida, Valle.
Por otro lado, la estadística oficial de los últimos meses sobre acciones guerrilleras, confirma que se han incrementado así: terrorismo 76%, atentados a la infraestructura, 252%; voladura de oleoductos, 735%, voladura de infraestructura eléctrica, 130% y voladura de puentes 400%. Durante el gobierno de Santos las incursiones guerrilleras aumentaron el 22%, y un dato aterrador, el 15% de los homicidios en Colombia son ocasionados por las FARC.
¿Es esto revolucionario? ¿Qué tiene esto de proyecto político? ¿Forma parte de su estrategia de combinación de todas las formas de lucha, hasta llegar al poder?
El proceso de paz comenzó hace dos años, y contrario con lo que se esperaba, la inseguridad es mayor y la guerrilla adquirió alas, al punto que hoy, con cinismo advierte que no tiene secuestrados, ni relación con el narcotráfico, y en lugar de victimario, exige que se le considere víctima, a la que se debe resarcir. Santos los justifica, con: “Nada está acordado hasta que todo esté acordado”.
Y entre tanto de nuestras “gloriosas fuerzas armadas” fueron desprendidos sus mejores hombres y están arrinconadas con guardarrayas jurídicos y generales condicionados. Los soldados fueron explícitamente expuestos por Santos como carne de cañón, blanco expreso. Sus muertos son noticia de segunda plana.
A la ventana de los arrepentidos ya se asomó Gaviria, algunos congresistas del Partido Conservador y varios dirigentes de la izquierda, todos con el pecho oprimido por la percepción del engaño.
El sainete de los abrazos en Cuba, entre víctimas y victimarios no pudo ser más patético, pisoteando la justicia. Sin víctimas de sus crímenes recientes, nadie fue a pedir cuentas a las FARC, sino a abrazarlos, fueron seleccionados, y probablemente aleccionados previamente con el cuento de la paz, todos llegaron de blanco, con parlamento aprendido y un ramo de flores, para dar a Colombia el deprimente espectáculo que dieron. Ahora se prepara una reunión de militares activos con la guerrilla para establecer el cese al fuego. No creemos que la oligarquía fariana de Cuba sea obedecida por los milicianos que combaten, y la farsa seguirá en medio de la violencia.
La paz que ansiamos no se logra así, sino con justicia, sin falsedades, sin niños asesinados, sin soldados envenenados, sin destrucción de la propiedad y, utilizando la violencia, solamente contra los violentos.
Twitter: @mariojpachecog

Este es un espacio de opinión destinado a columnistas, blogueros, comunidades y similares. Las opiniones aquí expresadas pertenecen exclusivamente a los autores que ocupan los espacios destinados a este fin  y no siempre reflejan la opinión o posición de LA OTRA MITAD DE LAS VERDADES A MEDIAS.

Caos institucional

24 de junio de 2012 |OPINIÓN| Por: Óscar Iván Zuluaga

La falta de acción gubernamental ha desencadenado un caos que solo podrá resolverse en manos de la Corte Constitucional.
No publicar el acto legislativo de reforma de la justicia sería una violación del orden constitucional y un precedente nefasto en lo que respecta al equilibrio de poderes.
Lo ocurrido esta semana con la reforma de la justicia es un hecho muy grave para la institucionalidad del país. Difícil encontrar desde el funcionamiento de la Constitución del 91 una reforma constitucional que haya generado tanta indignación en la opinión ciudadana y haya desnudado hasta tal punto la lucha de poderes entre las tres ramas del poder público: el Gobierno, el Congreso y la Justicia.
El acto legislativo de reforma de la justicia fue una propuesta de origen gubernamental, planteada desde el inicio del mandato del presidente Santos. Fue el Gobierno mismo, con su insistencia en el tema, quien hizo de ella una de las prioridades de la agenda legislativa. Desde el comienzo, la propuesta no le ofrecía nada concreto al ciudadano para avanzar en el principio misional de una justicia pronta y eficaz. La reforma terminó convertida en un pulso burocrático entre congresistas y magistrados y en una discusión sobre las instancias de juzgamiento de los aforados. El Gobierno insistió en la reforma contra viento y marea: a pesar de la cantidad apreciable de juristas que se pronunciaron en su contra, a pesar de la oposición rotunda del Consejo de Estado, a pesar del silencio público de la Corte Suprema de Justicia (que delataba cierta inconformidad privada). El Gobierno fue, hasta el final, líder de esta iniciativa y promovió su aprobación, con resultados desastrosos.
Aprobada la reforma, estalló la crisis. El senador liberal Luis Fernando Velasco, en RCN Radio, dijo que en su larga carrera como congresista no había visto nunca un lobby como el que hicieron magistrados para su aprobación. El presidente de la Cámara y director del Partido Liberal, Simón Gaviria, afirmó en la W no haber leído la conciliación y que la votó afirmativamente porque el Ministro de Justicia había dado su conformidad. El entonces Ministro de Justicia dijo que no lo dejaron participar en la conciliación el pasado martes, hecho que genera profundas dudas sobre las intenciones de los parlamentarios que integraron la comisión de conciliación. Pero el Gobierno no protestó sino hasta el jueves por la noche, cuando la presión ciudadana se tornó insostenible y el presidente Santos hizo públicas sus objeciones, queriendo descargarle toda la culpa al Congreso. Pero la realidad es que este nunca hubiera aprobado la conciliación por encima de la voluntad del Gobierno (de hecho, según Simón Gaviria, sin la activa solicitud del Gobierno).
El daño, por ahora, está hecho. Los actos legislativos son de vigencia inmediata, no los puede objetar el gobierno, no se pueden votar en sesiones extraordinarias y solo se pueden tramitar en dos vigencias ordinarias, que expiraron el 20 de junio. Esto quiere decir que no publicarlo sería una violación del orden constitucional y un precedente nefasto en lo que respecta al equilibrio de poderes. Lo último que le puede pasar al país en estas circunstancias es que el Gobierno, por haber actuado tarde, pretenda ahora contener al monstruo con instrumentos de dudosa constitucionalidad.
El presidente Santos no puede negar la paternidad y padrinazgo de la reforma. Tampoco pueden lavarse las manos los magistrados que la impulsaron y los congresistas que la respaldaron. La falta de acción gubernamental ha desencadenado un caos que solo podrá resolverse en manos de la Corte Constitucional. Mientras tanto, la vigencia de la reforma va a producir hechos jurídicos y políticos de muy delicadas consecuencias para nuestras instituciones.
Lo más triste es que este episodio es una frustración más para todos los colombianos, que queremos una justicia más eficaz, pronta y cercana al ciudadano. Para la opinión pública es claro que la puerta del Congreso está cerrada para una verdadera reforma de la justicia.

Óscar Iván Zuluaga
Publicado: Junio 25, 2012

Twitter: @oizuluaga

Golpe de Estado al honor militar

06 de febrero de 2012 | OPINIÓN | Por: Óscar Iván Zuluaga

Los jueces tienen la última palabra y esas son las reglas del juego democrático, pero la última palabra en este caso no se ha dicho todavía.

Estoy seguro de que los militares preferirían renunciar antes que ver mancillado el honor militar.

El reciente fallo promulgado por el Tribunal Superior de Bogotá respecto a los hechos del Palacio de Justicia ha generado una profunda indignación en la sociedad colombiana -y no sin razón-. Es cierto que los fallos de la justicia deben respetarse. Pero no se sigue que sean incontrovertibles, mucho menos cuando los errores de un juez ponen en juego la credibilidad de las instituciones. Los jueces tienen la última palabra y esas son las reglas del juego democrático, pero la última palabra en este caso no se ha dicho todavía. Así las cosas, participar en esta necesaria polémica no constituye desacato ni presión a la justicia.
El fallo en mención contiene tres elementos preocupantes. En primer lugar, señala al expresidente Betancur como responsable de delitos de lesa humanidad y pide su juzgamiento por parte de la Corte Penal Internacional. Es muy grave que un alto tribunal haya llegado a semejante conclusión, que entre otras cosas desconoce las fechas de aplicación de las normas de la Corte Penal Internacional.
En segundo lugar, ratifica la condena de 30 años contra el Coronel Plazas Vega, a pesar de la insistencia de la Procuraduría General de la Nación sobre las inconsistencias del testimonio del testigo base que sustentó la decisión del tribunal. Dichas inconsistencias menoscaban la plena certeza de la prueba que debe sustentar toda decisión en materia penal.
Como si esto fuera poco, el fallo exige al Ejército pedir perdón en un acto público en la Plaza de Bolívar, ignorando que desde mediados del siglo XIX se extinguió la pena de vergüenza pública en el Código Penal Colombiano.
Las Fuerzas Armadas han sido pilar fundamental para la construcción de la democracia y nuestro soldados y policías han entregado sus vidas para defender la libertad y las instituciones de los terroristas que sistemáticamente han atentado contra la sociedad colombiana. Nuestro Ejército, además, se ha caracterizado por el respeto al Estado de Derecho y el acatamiento de las decisiones de la justicia. A la luz de esos hechos, la decisión del tribunal constituye un golpe de Estado al honor militar y afecta la confianza en los jueces.
El caso del Palacio de Justicia es uno de los más trágicos episodios de la historia colombiana. La guerrilla del M-19, con el apoyo del narcotráfico, produjo un holocausto que comprometió la estabilidad democrática del país. Pese a ello, la sociedad colombiana, en un acto de generosidad, perdonó al M-19 y permitió su indulto a través de una ley.
¿Cómo es posible que un alto tribunal pretenda ahora que el Ejército, que obró en defensa de los valores democráticos, se declare culpable por actuar conforme a los principios consagrados en su juramento?
Estoy seguro de que los militares preferirían renunciar antes que ver mancillado el honor militar y el nombre de su institución.
Razón tiene el presidente Santos cuando, interpretando el sentir ciudadano, les pide perdón al expresidente Betancur y a las Fuerzas Militares. La Procuraduría ha anunciado la impugnación del fallo a través del recurso de casación ante la Sala Plena de la Corte Suprema de Justicia. Este tribunal de máxima instancia, sabiendo lo que está en juego para el país y sus instituciones, debería corregir la desviación de justicia que se ha producido con absoluta celeridad.
Es momento de cerrar el capítulo del Palacio de Justicia de manera definitiva. Por ello resulta oportuna la propuesta del expresidente Uribe de que el Congreso adopte una legislación especial para los militares involucrados. Por lo visto, solo así podremos evitar que este episodio siga resucitando a través de decisiones judiciales tan equivocadas como la que se produjo en estos días.