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“Él se lo buscó”

8 de mayo de 2011 | CABALLERÍAS | Por: Antonio José Caballero

Allí donde se crean más seguros, llegará la espada de la Justicia a pedirles cuenta de lo que le hicieron a sus semejantes.
Así definió el presidente José Luis Zapatero el final de Osama bin Laden. Y agregó: “Fue el destino buscado por él mismo a través de su sanguinaria trayectoria”. Muy por encima de elementos de Izquierda Unida de España como su líder Gaspar Llamazares, quien reclama airado: “No se puede asesinar premeditadamente aunque sea a un terrorista”.

A mí me parece que el final de bin Laden tiene de bueno, de malo y de feo. De bueno: se probó que no hay tiempo que no se cumpla para quienes hacen del mal su modus vivendi. Ni lugar que sea capaz de guardarlos para siempre de la justicia que los persigue por asesinar, secuestrar, maltratar y humillar a inocentes como ocurre en tantos países, incluido Colombia.

Allí donde se crean más seguros, llegará la espada de la Justicia a pedirles cuenta de lo que le hicieron a sus semejantes. Porque había una advertencia sobre la suerte del yihadista asesino, y la actuación de los ‘Seal’ norteamericanos: atacar y ejecutar porque sabían a quiénes iban a enfrentar. Creados por el presidente Kennedy después del fracaso de la invasión a Bahía Cochinos, estos hombres saben que era matar o que los maten, porque tenían enfrente al loco asesino del 11 de septiembre en Nueva York; de Karachi y Bali en 2002; de Casablanca e Irak en 2003; de Madrid en 2004; de Londres y de Sharm el Sheikh en 2005; de Mumbai en 2008, y del fatídico vuelo Amsterdam - Detroit en 2009.

No era pues una pera en dulce a la espera de que le leyeran sus derechos; o que le preguntaran si quería entregarse a la Justicia luego de traspasar las torres gemelas llenas de inocentes; o que lo invitaran a rendirse cuando él declaró la guerra al mundo para “reivindicar el poder del islam”, interpretado a su manera. Era el terrorista de terroristas.
La orden de no publicar las fotografías del cadáver de Osama bin Laden es la actuación de un mandatario serio, que manejó de la mejor manera el asunto. Aplomado, con el lenguaje preciso le dijo al mundo: “Se ha hecho justicia. Es la historia de nuestra historia”. Para quien quiera saciar su morbo le basta mirar y analizar la expresión de la secretaria Clinton, del presidente Obama y del vice Biden al ver las imágenes.

De malo: las contradicciones del Director de la CIA, algunos dependientes suyos y voceros de prensa de la Casa Blanca al contar la historia. Me parece que había que decir sólo la verdad, lo que pasó y ante quienes pasó. Lo demás, si gritó, si disparó, si pidió perdón o se rindió, no vale la pena. Era un enemigo del mundo, y el mundo esperaba su final.

De feo: el tráfico de fotos que ya empieza a hacer carrera en los medios internacionales. Cada agencia quiere llegar a la cúspide morbosa, como lo que hemos vivido en Colombia. Los mercaderes de la muerte entran en el juego del quién da más, publicando en la mayoría de los casos imágenes que sólo ayudan a confundir.

Estoy de acuerdo con la sepultura en alta mar. Basta recordar los problemas que causaron los nostálgicos de Hitler y Eva Braun, de Mussolini y Claretta Petacci, de Nicolae Ceausescu en Rumania y de Sadam Hussein en Iraq. No hay que olvidar que estos asesinos también tienen quienes intentan reivindicar su barbarie como tareas inolvidables.

Tienen razón los apaches chiricauas, quienes reclaman por qué el nombre de su indomable jefe, ‘Gerónimo’, fue usado en la operación contra el terrorista.

Y me quedo con la frase de Rodríguez Zapatero: “Es muy probable que el destino de Osama bin Laden fue buscado por él mismo a través de su sanguinaria trayectoria”. Mi padre decía en lenguaje más sencillo: “El que sus brincos da, a sus pies se atiene”.

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