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Peláez y Gardeazábal agosto 1 de 2018
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EL SAINETE DE LAS VÍCTIMAS

OPINIÓN| Por: RAFAEL NIETO LOAIZA| Publicado: agosto 24, 2014 


Las víctimas de un conflicto armado no tienen que ser civiles. También lo son quienes han dejado de participar en las hostilidades y sufren la violación de sus derechos.
Como se ha probado, el anuncio de un acuerdo en este punto con las Farc fue una mera táctica electoral que, unido al del inicio de conversaciones con el Eln, solo tenía por fin aumentar la sensación de que "la paz" estaba cerca e impulsar la desmirriada candidatura del Presidente.
A la luz del derecho internacional, las víctimas de un conflicto armado no tienen que ser civiles. También lo son quienes han dejado de participar en las hostilidades y sufren la violación de sus derechos. De manera que los militares y policías a quienes les han violado sus derechos y sus familiares también son víctimas. Y así deberían ser tratados tanto por el Gobierno como por quienes están a cargo de escoger los "representantes" para viajar a La Habana.

No creo que, sin embargo, la discusión sea meramente jurídica o académica. No reconocerles su condición de víctimas a militares, policías y sus familias es, para usar una palabra de moda, revictimizarlos. Los pone en condición de inferioridad y menoscaba su derecho de ser tratados igual que las otras víctimas.

Como estoy convencido de que la representación de la ONU en Colombia y la Universidad Nacional lo saben, dos de los tres encargados de escoger a los que van a Cuba, el motivo para marginar a las víctimas de la Fuerza Pública debe ser político. O no se quiere que puedan reivindicar su carácter de víctimas o no se desea incomodar a las Farc o se teme que puedan dañar su estrategia de manipulación en La Habana o las Farc tienen poder de veto. ¿O todas las anteriores?

No es este, sin embargo, el único punto criticable de todo este sainete en que se ha convertido la discusión sobre las víctimas. Veamos algunos otros, sin ánimo de agotarlos todos, por falta de espacio:

a. Como se ha probado, el anuncio de un acuerdo en este punto con las Farc fue una mera táctica electoral que, unido al del inicio de conversaciones con el Eln, solo tenía por fin aumentar la sensación de que "la paz" estaba cerca e impulsar la desmirriada candidatura del Presidente. Un ejemplo más de la manipulación de "la paz" al servicio de la campaña. ¿Cuál será la cuenta de cobro de las Farc a Santos?

b. No es claro, en absoluto, cuál es el propósito de llevar víctimas a Cuba. En cualquier caso es el Estado el que debe dar respuesta institucional a ellas. Además, las Farc han dicho que no son victimarios sino, el descaro no tiene límite, víctimas y que no pedirán perdón. Para rematar, el Gobierno hace silencio absoluto sobre el dinero ilícito de las Farc (es decir, todo su dinero) y de la obligación que tienen de entregarlo para la reparación material de sus víctimas. Como vamos, La Habana va camino de convertirse en el lavadero de la guerrilla.

c. En Cuba solo se debería estar discutiendo sobre las víctimas de las Farc. Nadie controvierte que todas las víctimas requieren ser reconocidas y reparadas. Pero juntarlas todas ahora tiene al menos tres efectos negativos: diluye la responsabilidad de los crímenes de la guerrilla; quita voz y peso al reclamo de sus víctimas (como ha quedado probado en este encuentro); y le da un estatus especial a las Farc, como si fuera igual al Estado, al ponerlas a opinar y decidir sobre las víctimas de los paras y de agentes estatales.

d. Si además el encuentro se hace con las Farc en armas y en su terreno (¿o alguien duda que Cuba lo sea?), el efecto es de amedrentamiento y coacción o, como mínimo, de manipulación de las víctimas por parte de sus victimarios.

e. Las declaraciones de algunas víctimas tras su viaje a La Habana lo prueban. Ya no hay afán de verdad ni de justicia en muchas de ellas. Y a varias parecen bastarles las "explicaciones" individuales que les dieran en esquinas y pasillos los guerrilleros.

Finalmente, no sobra recordar que perdonar es asunto individual y que debe respetarse a quien no quiera hacerlo; que en cualquier caso no podemos olvidar. Si olvidamos repetiremos en el futuro; que el perdón individual que hagan las víctimas no exime de responsabilidad penal a los agraciados; y que así haya perdón, la sociedad colombiana siempre debe recordar que estos fulanos son asesinos en serie, criminales organizados, que no han dudado ni un instante en acudir al terror de manera masiva y sistemática y cometer toda clase de vejámenes contra los civiles y contra quienes han dejado de combatir.

Este es un espacio de opinión destinado a columnistas, blogueros, comunidades y similares. Las opiniones aquí expresadas pertenecen exclusivamente a los autores que ocupan los espacios destinados a este fin  y no siempre reflejan la opinión o posición de LA OTRA MITAD DE LAS VERDADES A MEDIAS.

¿Para dónde vamos?

OPINIÓN| Por: PLINIO APULEYO MENDOZA| Publicado: abril 25, 2014 
Algunas realidades que deberían ser tomadas en cuenta por el Gobierno y sus aliados políticos.
De pasar por alto ciertas exigencias de las Farc, graves riesgos amenazan el futuro del país.
En la calle o en un centro comercial nunca falta alguien, conocido o no, que se le acerca a uno para preguntarle: “¿Para dónde cree usted que vamos con este proceso de paz?”. Yo suelo ser sincero: “No sé” es lo que se me ocurre responder. Pero inquietudes las tengo. Y las tiene, por cierto, todo el mundo.
Se derivan naturalmente de las Farc. Son ellas las que, de algún modo, están marcando el paso. Su estrategia de lucha ha cambiado. No albergan hoy la ilusión de llegar al poder por la vía armada. Hicieron a un lado la guerra de posiciones, los combates abiertos con las Fuerzas Armadas, la toma de poblaciones o de bases militares. Redujeron sus efectivos armados a siete mil hombres, pero aumentaron en más de veinte mil sus agentes políticos.
Optaron sí, en el campo armado, por el crudo y abierto terrorismo. En vez de combates con el Ejército, se concentran en el lanzamiento de artefactos explosivos, carros bomba, francotiradores, emboscadas, atentados contra oleoductos y siembra de minas. ¿Qué buscan con ello? De un lado, aterrorizar a la población para que esta acepte a cualquier precio un acuerdo de paz que ponga fin a tal horror. Por otro, mantener en primer plano su feroz presencia.
Al lado de estas acciones, las Farc se han propuesto capturar la protesta social, extender su control absoluto sobre las zonas cocaleras, replantear su proceso de colonización y establecer una especie de micro-Estado con las zonas de reserva campesina (ZRC). En efecto, estos territorios están conformados por núcleos de campesinos llevados por la guerrilla y por lo consiguiente bajo su entero control. No hay allí propiedad particular sino colectiva. No se admite la presencia de fuerzas militares. Al frente de cada ZRC aparece un comité bajo el mando supremo de un comisario enteramente identificado con la organización guerrillera.
El sistema tributario de las Farc es inflexible y eficiente. A estos recaudos se suman los millonarios ingresos por cuenta del narcotráfico. Aunque las áreas con sembrados de coca se han reducido en un 25 por ciento y han desaparecido en departamentos como Magdalena, Caldas y Boyacá, también es cierto que con el pago de cultivos de hoja de coca a miles de campesinos muy poco efecto han tenido las ofertas del Estado para la sustitución de tales cultivos.
Todo esto, sumado a la creación de movimientos políticos afines a su ideología y a la presencia de agentes suyos en sindicatos, en comunidades indígenas y sobre todo en la Rama Judicial, les permite a las Farc hacer peligrosas exigencias en la propia mesa de negociaciones de La Habana. Tienen a su favor el hecho mismo de que el presidente Santos parece estar dispuesto a aceptar condiciones, en apariencia poco letales, a fin de poder alzar el trofeo, muy bien recibido en el mundo, de un anhelado acuerdo de paz.
Hay en ese probable acuerdo puntos que la guerrilla considera inamovibles, como la dejación de las armas sin entrega de las mismas. Y a tiempo que pide espacios propios en el Congreso y en una eventual asamblea constituyente, no acepta reales sanciones penales. Como suele repartir culpas entre los llamados por ella agentes del conflicto, espera que una justicia transicional reparta un perdón y olvido para todos, incluyendo militares hoy en prisión. El asunto es que muchos de ellos han sido víctimas de la guerra jurídica desatada por los propios amigos de las Farc.
Todas estas realidades deberían ser tomadas en cuenta por el Gobierno y sus aliados políticos. Sin embargo, a quienes expresan inquietudes sobre el proceso de paz, el Presidente-candidato los llama enemigos de la paz y amigos de la guerra sin reparar en que, de pasar por alto ciertas exigencias de las Farc, graves riesgos amenazan el futuro del país.
Plinio Apuleyo Mendoza
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¿Quiénes son los buitres?

OPINIÓN| Por: ALBERTO LÓPEZ NÚÑEZ | Publicado: noviembre 09, 2013 
El Presidente mentiroso JMS, el que traicionó el mandato popular de continuar la política de Seguridad Democrática y por el contrario: declara a los narcoterroristas, criminales de lesa humanidad “actores” de un conflicto inexistente.
Los criminales de lesa humanidad, el mayor cartel narcoterrorista del mundo, las Farc. Ellos no están en ninguna guerra ideológica, son unos vulgares terroristas, narcotraficantes,
El traidor del mandato popular y Presidente mentiroso JMS, nos acusa a quienes, encabezados por el Presidente Uribe, nos oponemos a una paz con impunidad de ser buitres, es decir persona que se ceba en la desgracia de otro.
Este tono de discurso presidencial responde al asesoramiento del publicista venezolano J J Rendón, quién ha puesto el discurso de reelección de JMS en un tono de rufián pendenciero, JJ es un excelente publicista, pero está demostrando ser un muy mal estratega político. Es que una cosa es elaborar un mensaje impactante y otra planear una estrategia basada en estudios científicos y un profundo conocimiento de la realidad política. El tono violento y mordaz del discurso santista es, sin lugar a duda, impactante; pero resulta una calamitosa estrategia, pues decirle buitres a quienes se oponen a la paz con impunidad es decírselo al 75% de los colombianos que piensa precisamente eso, luego en vez de que ese mensaje cause emoción y adhesión, lo que resulta es rechazo e indignación. El fundamento de un mensaje es que sea veraz y creíble y este mensaje de los buitres no lo es en absoluto. A propósito de veracidad, ¿cuál es el verdadero JJ? ¿El que viste de negro por luto a causa de la ausencia de la democracia venezolana, o el que asesora al principal aliado de los enemigos de esa democracia: las Farc y el que se declaró “esposo” de Maduro?
Pero más allá de la cuestión del mensaje, hay que analizar la realidad de las actitudes de los políticos colombianos y de allí sacar la conclusión de quienes son los buitres para el 75% de los colombianos que no quieren paz con impunidad.
Los verdaderos buitres son:
- Los criminales de lesa humanidad, el mayor cartel narcoterrorista del mundo, las Farc. Ellos no están en ninguna guerra ideológica, son unos vulgares terroristas, narcotraficantes, que por afán de lucro atacan poblaciones civiles, siembran minas quiebrapatas, secuestran, reclutan niños y violan mujeres. Eso sí es ser buitre.
- El Presidente mentiroso JMS, el que traicionó el mandato popular de continuar la política de Seguridad Democrática y por el contrario: declara a los narcoterroristas, criminales de lesa humanidad “actores” de un conflicto inexistente, pues no reúne ninguna de las condiciones necesarias para serlo, y por ello los pone injustificadamente al mismo tenor que militares y policías; les da un marco de impunidad, por el cual no pagarán ni un día de cárcel por sus delitos de lesa humanidad, y les da la elegibilidad (perdón, eso no, pues no van a ser elegidos, sino impuestos) y encima les garantiza la independencia del Estado en sus territorios de narcocultivo.
- JMS y su Cancillera, quienes le juegan sucio a la Patria, colaborando con la alianza de los narcoterroristas que celebran “la defensa de la Soberanía” de Nicaragua.
- El Fiscal General de la Nación, quién en vez de ejercer su función de perseguir los criminales de las Farc, inventa galimatías jurídicos para defenderlos de la justicia penal internacional.
- Los partidos de la “Mesa de Unidad Nacional” (La U, Liberal, Conservador, y Verdes) quienes, unos por ideología y otros por mermelada, aprueban el ruin proyecto santista de paz con impunidad.
- Los empresarios, especialmente los de los medios de comunicación, quienes se doblegan a la sumisión gubernamental a las Farc, corroborando el dictum leninista que los burgueses aportan el lazo para que los cuelguen.
Esos son los verdaderos buitres, y ni la mermelada ni la goebbeliana táctica de comunicación santista impedirán que el próximo año el pueblo colombiano les dé una soberana patada en el trasero, muy bien merecida.
Director Blog Debate Nacional
Twitter: @CeDemocratico
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¿CUÁNTOS SOLDADOS ASESINADOS SE NECESITAN PARA GANAR UN NOBEL?

OPINIÓN| Por: JUAN DAVID ESCOBAR VALENCIA| Publicado: julio 29, 2013 
“La soberbia nunca baja de donde sube, pero siempre cae de donde subió”. Francisco de Quevedo y Villegas.
El gobierno actual, “dirigido” por un supuesto astuto jugador de cartas, está dando señales de que solo es un jugador irresponsable y soberbio, aferrado a su vanidad
Creo que nadie había tenido que plantearse una pregunta tan macabra como la que sirve de título a esta columna, pero la continuidad de las humillantes, inoportunas y pésimamente diseñadas conversaciones en La Habana, luego del asesinato por parte de las Farc de  soldados que cuidaban el oleoducto entre Tame y Fortul, unos de ellos rematados con tiro de gracia, lastimosamente hacen que este tétrico interrogante surja.
El gobierno actual, “dirigido” por un supuesto astuto jugador de cartas, está dando señales de que solo es un jugador irresponsable y soberbio, aferrado a su vanidad, que obnubilado por el sueño de pasar a la historia por firmar con uno de los carteles de narcotráfico más grande del mundo, cualquier cosa que se pueda titular como paz y a cualquier precio, que es la paz de los cobardes o los vencidos, se ha vuelto autista.
¿Será que la grandeza está tan lejana al Presidente de Colombia que no le permite entender que solo el círculo de áulicos y rémoras que se benefician de estar a su lado y reciben sus favores y presupuesto en medios, son los que le dicen y le hacen creer que las cosas van bien, y que hay que seguir en la misma ruta?
La diferencia de resultados entre la perseverancia y la terquedad es enorme, pero la línea que las separa es tan sutil que no es fácil percibirla, más cuando los sentidos están embotados por el ego y la arrogancia, y peor aún cuando no son ni la razón ni los principios los que guían su vida.
Presidente: ¿Cuántos ataúdes con soldados asesinados necesita ver, si es que va a los entierros, pues es mejor ir a los desfiles de Colombiamoda, para darse cuenta que el premio Nobel no será algo digno que colgar sobre su cuello, sino la medalla a la infamia mejor ganada del mundo?
Presidente: ¿Cómo hace para conciliar el sueño? Cuéntenos. No sea egoísta.
De pronto se puede patentar su descubrimiento y volverlo un medicamento, y con las regalías por fin aparezca el dinero para construir las cien mil casas que supuestamente va a construir, pero que al parecer no tienen presupuesto.
General Mora y Naranjo: ¿Cómo hacen para sentarse en La Habana en la misma mesa con los cínicos asesinos de sus soldados y policías, y no vomitan? No sean egoístas y cuéntenos. De pronto se puede patentar su descubrimiento y producir un nuevo antiemético, supresor de náuseas, que nos permita conseguir el presupuesto para pagar la pensión de las familias de los soldados asesinados y mutilados en combate, y hasta sobre algo de dinero para pagar el descomunal costo que va a implicar desminar este país, que junto con la coca, es lo único que saben sembrar los nuevos expertos contratados por el gobierno para diseñar la política agropecuaria.
Presidente. Equivocarse es de humanos, pero insistir en una equivocación es de tontos. Levántese antes de que no quede duda que usted es otro de los secuestrados de este país.
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“Llegó la hora de pararse de la mesa”

NACIÓN| Por: SEMANA.COM| Publicado: junio 22, 2013  
PAZ Con el argumento de que las FARC “están tomando oxígeno”, Centro Democrático exige a Santos suspender proceso de paz.
Francisco Santos, Oscar Iván Zuluaga y Carlos Holmes, precandidatos uribistas, 
Foto: CENTRO DEMOCRÁTICO
Francisco Santos le cuestionó este lunes al presidente Juan Manuel Santos que no hubiera hecho mención alguna del asesinato de 19 soldados en Arauca y Caquetá en el discurso con el que instaló la última legislatura de su gobierno. “Lo sabía horas antes de ir al Congreso y prefirió guardar silencio. No dijo una sola palabra y nos mostró el país de las maravillas sobre la sangre de estos soldados”.
Así fue como el Centro Democrático, el movimiento de oposición liderado por el expresidente Álvaro Uribe, le dio respuesta al discurso de Santos en el Congreso en el que de nuevo fijó como prioridad la política de paz.

La misma política que este movimiento opositor pidió este martes suspender, al considerar que el más reciente ataque terrorista de las FARC contra miembros de la Fuerza Pública, perpetrado el pasado fin de semana y en el que murieron 15 militares en la zona de Fortul (Arauca), debe ser asumido como “la gota que rebasó la copa” con las FARC y que deben llevar a tomar la decisión de levantarse de la mesa de diálogo que gobierno y voceros de la guerrilla tienen instalada desde el pasado mes de noviembre en La Habana, Cuba.

Y por eso le exigen al gobierno suspender los diálogos y condicionar su reanudación a un “cese unilateral de acciones militares criminales” por parte de las FARC, con verificación internacional. “Sólo hasta que se den estas condiciones el presidente Santos debe volverse a sentarse en la mesa con estos sinvergüenzas”, dijo Francisco Santos.

De no hacerlo, explicaron los ‘uribistas’, el gobierno estaría legitimando “el asesinato de nuestros jóvenes policías y militares”. “¿Hasta cuándo tenemos que acompañar los colombianos los féretros de los soldados y las lágrimas de sus familias mientras los asesinos se refugian tranquilamente en La Habana y disfrutan del tapete rojo que el gobierno les ha entregado? ¿Hasta cuándo presidente Santos?”, dijo Francisco Santos.

Los dirigentes del Centro Democrático defienden una tesis. Durante los siete meses de negociaciones, los únicos beneficiados han sido la guerrilla de las FARC, a quienes, según Francisco Santos, el gobierno “les está dando oxígeno político” a cambio del deterioro de las condiciones de seguridad en el país.

Por eso revelaron cifras que señalan que 263 militares y policías han sido asesinados entre septiembre del año pasado y mayo del presente; que la tasa de homicidios se incrementó de 4.307 en el 2012 a 4.848 en lo que va de 2013; que las acciones terroristas pasaron de 471 en el 2010 a 819 en el 2012, y que los atentados a oleoductos aumentaron en un 66 % en el presente año en el país.

“El presidente Santos al continuar negociando con las FARC solo les está dando oxígeno político a una organización que no le interesa la paz. Sólo les interesa es el poder”, según palabras de Francisco Santos.

El Centro Democrático considera que las FARC están aprovechando para mantener su estrategia de combinar las formas de lucha para alcanzar el poder. “La marcha patriótica, los movimientos campesinos y sociales, los proyectos de zonas de reserva campesina, todo eso hace parte de una estrategia en la que las FARC manda un mensaje muy claro: esta negociación no es para la paz, es simplemente un proceso de acumulación de fuerzas para lograr lo que ellos denominan la toma del poder”.

Firmeza con Venezuela

Además de exigir la suspensión de los diálogos de paz, el Centro Democrático también le pidió al gobierno mayor firmeza en las relaciones de Colombia con Venezuela. “Santos lo que debe pedirle al presidente Nicolás Maduro es que Venezuela deje de ser la retaguardia de las FARC.

Holmes asegura que el frente 10 de las FARC “mata, secuestra y extorsiona en Colombia, pero se ampara en el refugio del territorio venezolano”. Francisco Santos asegura que los militares de ese frente que asesinaron a los 15 soldados en Arauca cruzaron la frontera desde Venezuela.

Por eso, Óscar Iván Zuluaga, otro de los precandidatos presidenciales uribistas, consideró que la relación de Colombia con todos los vecinos debe tener como denominador común la lucha contra el terrorismo y el narcotráfico. “Las FARC son terroristas que se financian con el narcotráfico y en eso no debe haber contemplaciones con ningún país del mundo”.

Santos perdió el rumbo

Pero la paz y las relación es con Venezuela no fueron las únicas políticas cuestionadas por la oposición. Zuluaga aseguró que Colombia hoy es un barco a la deriva sin capital ni timonel. Porque no existe liderazgo presidencial que ha llevado, en su criterio, a que en el país se haya perdido el principio de autoridad.

“La prueba más clara es el Catatumbo”, dice. “El Esmad está de brazos cruzados y las FARC tienen el manejo”. Y agrega que “la falta de autoridad va acompañado de la pérdida del diálogo social. Santos no conoce la realidad nacional y eso ha llevado a que llegue tarde a estas protestas sociales. El precedente del paro cafetero le demostró a otros sectores de la economía productiva del país que es el paro y la protesta la única forma de ser escuchados”.

Los uribistas también calificaron el discurso que pronunció el presidente Santos en el Congreso como antidemocrático y excluyente.

Las referencia concreta fue el rechazo a lo que llamaron la exclusión de Fedegan en los diálogos gremiales y las referencias al senador Jorge Robledo como uno de los políticos que estarían detrás de las movilizaciones y paros.

El presidente Santos 'macartiza' a todos los que pensamos distinto, los que pensamos que la paz se hace de una manera distinta. Al presidente solo le gusta que le digan lo que quiere oír y al que no lo dice lo tilda de guerrillero, de terrorista como lo hizo con el senador robledo. O de mano negra de la extrema derecha como hace con nosotros. Le da urticaria cualquier crítica”.

Esta fue la declaración de intenciones del Centro Democrático que anticipó la estrategia de oposición de la última legislatura.
Twitter: @RevistaSemana
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¿Para dónde van las Farc?

OPINIÓN| Por: PLINIO APULEYO MENDOZA| Publicado: mayo 24, 2013 

Si el Gobierno llegara a aceptar las condiciones que pretenden, las Farc tendrían abierto el camino del poder a la manera patentada por Chávez.
Su más peligrosa petición, vista como culminación del proceso, sería una posible reducción de nuestras Fuerzas Armadas a tiempo que las Farc dejan en veremos la entrega de sus armas.
Sí, ¿para dónde van? El Gobierno cree saberlo. Y muchos colombianos, detrás de él, piensan que las Farc, severamente golpeadas, pueden aceptar el fin del conflicto armado si son eximidas de castigos penales y si tienen opción de llegar al Congreso con sus ‘Timochenko’ e ‘Iván Márquez’ a la cabeza.
Se trata, creo yo, de una ilusión engañosa. Las Farc van mucho más lejos. Desde hace algunos años, y por inspiración de ‘Alfonso Cano’, se han trazado una exitosa estrategia política que compensa de sobra los golpes sufridos por ellas en el campo militar. El punto de partida de esta estrategia fue su llamado Plan Renacer. Descarta la toma del poder por la vía de las armas para sustituirla por otra, secreta y más eficaz, que es la captura del Estado, lograda en el continente por movimientos de su mismo perfil ideológico ligados al socialismo del siglo XXI.
El papel fundamental de esta estrategia no gravita ya para las Farc en su aparato armado, sino en estructuras políticas clandestinas como el PC3 y el Movimiento Bolivariano por la Nueva Colombia (MB), transformado ahora en la Marcha Patriótica. No olvidemos que estos sigilosos brazos políticos les han permitido a las Farc una hábil infiltración en el Poder Judicial, los sindicatos, las universidades y las comunidades indígenas. Peligrosa realidad ignorada por la opinión pública y hasta por el propio gobierno.
Ahora bien, el punto culminante de esta nueva estrategia es precisamente el actual proceso de paz. En torno a él hay algo inquietante. Las fuerzas democráticas del país se encuentran divididas en un candente debate que no les permite ver las secretas cartas de las Farc. De un lado se ubican quienes consideran moral y legalmente imposible dar indulto y participación política a los responsables de crímenes de lesa humanidad. Y del otro lado, el Gobierno y los partidos que lo apoyan, para quienes una justicia transicional (con extrañísimos subterfugios jurídicos capaces de eximir reales penas) es la única vía para poner fin al conflicto armado.
¿Se conformarían las Farc con el indulto y curules en el Congreso? No seamos ingenuos. Alfredo Rangel, en un cuidadoso estudio, muestra todas las estrategias que están aplicando las Farc en La Habana. Por una parte, pretenden modificar las estructuras de poder regional a través de un nuevo mapa productivo, con limitaciones a los TLC y a la explotación minera, y sobre todo con la creación de zonas de reserva campesina bajo su control. A tales iniciativas buscan darles soporte con los llamados foros temáticos y asambleas populares integradas por organizaciones bajo su influencia.
Finalmente, su más peligrosa petición, vista como culminación del proceso, sería una posible reducción de nuestras Fuerzas Armadas a tiempo que las Farc dejan en veremos la entrega de sus armas. Lo que buscan, pues, es en definitiva una fuerza igual a la del Estado.
Si el Gobierno llegara a aceptar tales condiciones, las Farc tendrían abierto el camino del poder a la manera patentada por Chávez. Con estos nuevos instrumentos en su mano, que fortalecerían su presencia en todas las regiones del país, tan solo les bastaría para lograr su máximo objetivo una coyuntura electoral favorable. Y, cuidado, pueden tenerla el próximo año. Si el candidato uribista es Pacho Santos (el de mayor opción en las encuestas internas), la pugna entre él y su primo Juan Manuel dejaría apático a un amplio sector de la opinión pública, circunstancia muy favorable para un candidato único de la izquierda. Y por tranquilizadora que fuera la imagen de este último, detrás suyo estarían todos los amigos de las Farc, además de los Maduro y los Castro. Sería para ellas un camino abierto hacia el socialismo del siglo XXI. Bonito fin del conflicto armado, ¿verdad?

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SANTOS Y LA IMPOSTURA DEL FIN DEL CONFLICTO

ANÁLISIS| Por: EDUARDO MACKENZIE | Publicado: mayo.17, 2013 
Los delegados del gobierno en la Mesa de Negociaciones de La Habana con las FARC
Las Farc han convencido a los negociadores de Santos que la prioridad de los diálogos en La Habana no es alcanzar la paz en Colombia sino obtener “el fin del conflicto”.
Eso es lo que tiene desesperado y ofendido al país: la actitud inepta e insidiosa de un Estado democrático que termina capitulando, por los  desatinos egoístas de un mandatario,  ante una minoría terrorista. 

Las Farc han convencido a los negociadores de Santos que la prioridad de los diálogos en La Habana no es alcanzar la paz en Colombia sino obtener “el fin del conflicto”. La diferencia entre  lo uno y lo otro no es tan tenue ni tan ininteresante como nos quieren hacer creer. Son dos escenarios muy diferentes.
Las Farc han dicho que no están dispuestas a entregar las armas sino que éstas, si se llega a un acuerdo con Santos,  “desaparecerán” como “aparecieron”  cuando las Farc fueron fundadas. Esas armas ocultadas, estiman las Farc, son la garantía de que lo pactado será cumplido. Es decir, ellos desaparecerán posiblemente sus armas pero no definitivamente.
El mensaje que envían las Farc de esa manera es que ellas le firmarán un papel a Santos si éste les garantiza lo que dice el “marco jurídico para la paz”, es decir la impunidad total a sus crímenes y la libertad completa para invadir el terreno político y mediático del país, más todo lo que están pidiendo en La Habana: la exigencia de la “reducción” de las Fuerzas Militares y la desmilitarización permanente de inmensos territorios del país mediante el pretexto de las “zonas campesinas” (los 42 000 km² de la época triste del Caguán no serán sino un pálido recuerdo de lo que quieren obtener ahora), y el cambio de la doctrina militar. También querrán cambiar, por qué no, el sistema económico y el sistema de alianzas internacionales del país. A cambio de eso, y a partir de esa firma, el cese de las acciones armadas de las Farc será efectivo pero ese cese será únicamente provisorio.
Los ataques contra la sociedad y contra el Estado recomenzarán, desde luego, cuando las Farc lo consideren oportuno. Todo depende para ellas de la situación interna del país y de la evolución del campo internacional, especialmente de la estabilidad de las dictaduras que sostienen el proyecto de las Farc y del auge o decline del tráfico de drogas a nivel mundial.
Sin embargo, obrar de esa manera tan hipócrita no será violar el acuerdo con Santos pues las Farc no habrían pactado con él desmantelar sus estructuras de fuerza y dejar definitivamente en paz a Colombia sino únicamente llegar a un “fin del conflicto”.
Las Farc no pactarán siquiera ponerle un fin definitivo al conflicto. Ellas aceptarían llegar a un fin provisional del conflicto. Esa perversión de los objetivos anunciados por Santos desde hace seis meses, cuando comenzaron los encuentros “confidenciales” en Cuba, ya ha sido aceptada por los negociadores de Santos. Ellos se tragaron ese cuento como si éste no significara nada. La prueba es que uno de los negociadores, sin ser desautorizado por Santos, lo ha dicho en estos días explícitamente en Bogotá: el objetivo es obtener “el fin del conflicto”.
Ese fin del conflicto podría durar unos meses, mientras las Farc se reorganizan y refuerzan. Al conservar las armas, conservarían también una parte substancial de los guerrilleros (para ocultar las armas  hay que tener gente armada que las oculte). Cuando hayan mejorado su posición, y cuando lo decidan las dictaduras que alimentan la acción de las Farc (una parte de los jefes farianos seguirá obviamente en la clandestinidad o fuera del país tras el acuerdo) la agresión contra Colombia podrá ser reanudada con fuerza mediante la reactivación de aquella parte de los frentes más experimentados y cocaineros que no se habían desmovilizado. Y para ello contarán con la participación diplomática y hasta militar, por qué no, de los poderes vecinos desesperados.
No habrá pues ni entrega de armas, ni desmovilización real de las estructuras armadas de las Farc, ni paz. Es decir no habrá nada para Colombia y si habrá muchas ventajas para los narco terroristas. Una espada de Damocles penderá sobre el país gracias a esos falsos acuerdos. Eso es lo que Santos y las Farc pretenden que los colombianos aceptemos y que la comunidad internacional salude como un gran progreso y como un gran acto de construcción de paz en Colombia.  Lo que seguirá es el premio Nobel de la paz y la reelección del “presidente más progresista de todos los tiempos”.
Semejante traición a los intereses inmediatos y estratégicos de Colombia y del continente americano es lo que Santos quiere imponerle a la fuerza al país.
Quien no va tragar entero, sobre todo eso de la amnistía plena para los curtidos criminales de las Farc, lo de la ley de perdón y olvido que Santos dictó con el “marco jurídico para la paz”, será el Procurador General de la Nación, y con él las organizaciones y movimientos uribistas, y las mayoritarias corrientes auténticamente amantes de las libertades y del país. Y en el campo internacional habrá el rechazo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos y de la Corte Penal Internacional, y de las Ong, como Human Rights Watch que vienen diciendo desde hace meses que ni los crímenes de guerra ni los crímenes contra la humanidad pueden ser amnistiados ni indultados aunque haya en curso un proceso de transición de la guerra a la paz.
¿Cómo se llegó a esa situación aberrante en que los negociadores de Santos, que se supone están en La Habana para defender los intereses de Colombia, terminaron aceptando las propuestas de las Farc?
“Hay una regla general”, advierte el historiador francés Alain Besançon. “Cuando se está frente a un régimen ideológico, la primera cosa que hay que hacer, y la línea que hay que mantener hasta el fin, es rechazar sin discusión la descripción de la realidad que el plantea. Si metemos un dedo en el engranaje y si aceptamos que en esa descripción hay ‘algo de verdad’, si aceptamos, por ejemplo, que existen arios y no arios, y que, en consecuencia, existe un ‘problema judío’, estamos perdidos y la voluntad claudicará ante una inteligencia falseada. No nos quedará otra cosa que suplicar a los ‘arios’ que resuelvan ‘humanamente’ el ‘problema’. Besançon continua: “En la ideología, ese ‘algo de verdad’ que encierra el poder de seducción, es el lugar mismo de la mentira y de lo que es más falso. Esta regla se aplica a toda ideología y particularmente a la ideología comunista”.
Eso es lo que ha ocurrido en los diálogos de La Habana. Cuando los negociadores de Santos aceptan que hay “algo de verdad” en el planteo de las Farc  de que “el conflicto” fue engendrado “por la pobreza en el campo” y no por la decisión política unilateral de un partido que quería tomarse el poder para sovietizar al país, tienen que terminar admitiendo, como lo han admitido, que hay que hacer el cambio “revolucionario de estructuras” con y según los gustos de los terroristas.
Si los negociadores aceptan que “hay algo de verdad” en eso de que “hemos abandonado el campo colombiano”, y que por eso “los hijos de los campesinos no pueden llegar a las universidades ni pueden recibir servicios de salud”, tal descripción falsa de la realidad (pues exagerada),  los lleva directo a la impostura de que se debe hacer la “reforma agraria revolucionaria”, que se debe aceptar la expropiación de las mejores tierras “de los ricos” para dársela  “a los pobres” y  que, en último resorte, el capitalismo debe ser abolido  y substituido por un sistema colectivista.  Y que la democracia es un fracaso pues ha causado tales calamidades.
En eso estamos en esos diálogos de La Habana. Hacia allá van las famosas “conversaciones de paz” y sin que nada logre parar el chorro demagógico de los señores Catatumbo y Márquez. Como Santos, para pagarse una imagen de “presidente progresista”, aceptó discutir las fantasías y mentiras de una fuerza comunista, ahora están sus negociadores en un limbo teórico y político: no saben qué decir ni qué proponer. Pues están obligados a seguir esa lógica y a arrodillarse ante las soflamas de esos derrotados. Por eso toda Colombia, según ellos, puede y debe ser negociada.
Eso es lo que tiene desesperado y ofendido al país: la actitud inepta y insidiosa de un Estado democrático que termina capitulando, por los  desatinos egoístas de un mandatario,  ante una minoría terrorista.
Este es un espacio de opinión destinado a columnistas, blogueros, comunidades y similares. Las opiniones aquí expresadas pertenecen exclusivamente a los autores que ocupan los espacios destinados a este fin  y no siempre reflejan la opinión o posición de LA OTRA MITAD DE LAS VERDADES A MEDIAS.

Mi aporte es no creer en las Farc

OPINIÓN| Por: SAÚL HERNÁNDEZ BOLIVAR| Publicado: mayo.07, 2013 
Todos queremos la paz, y creemos en ella, en el sentido de que vivir en paz es el estado ideal de todo ser humano, pero a la inmensa mayoría nos cuesta creer en las Farc, porque conocemos de sobra su naturaleza.
Muchos no creemos tampoco en el gobierno de Santos –la otra parte de la negociación– por haber traicionado el mandato que recibió de nueve millones de electores.
‘Paz’ es un término abstracto que, en conjunto con su polo opuesto, que sería ‘guerra’ o ‘violencia’, conforma una de esas dualidades asociadas a los conceptos del bien y el mal, sobre los que se fundamentan las religiones y las normas sociales desde las civilizaciones más antiguas.
Luz-oscuridad, amor-odio, generosidad-egoísmo, diligencia-pereza, sacrificio-comodidad, placer-dolor, solidaridad-indiferencia, filantropía-envidia, en fin. A cada virtud humana corresponde un vicio, una tara moral, una corrupción del espíritu que, paradójicamente, es lo que nos hace humanos, lo que nos caracteriza. De lo contrario, seríamos ángeles o viviríamos en esos paraísos utópicos de leyenda, como Shangri-La.
Todos los seres humanos, a menos que se padezca un grave trastorno mental, eligen estar del lado de los valores que representan el bien. Por eso, no tiene ningún mérito expresar eso de “yo creo en la paz”, pues tal virtud no reside en el concepto mismo, en su nominación o expresión, sino en la acción individual o colectiva de los seres humanos, que somos los que practicamos los vicios y las virtudes. Luego, lo que hay que afirmar o negar es si uno cree o no en que la decisión de las Farc, de hacer política por vías pacíficas, sea o no sincera.
Todos queremos la paz, y creemos en ella, en el sentido de que vivir en paz es el estado ideal de todo ser humano, pero a la inmensa mayoría nos cuesta creer en las Farc, porque conocemos de sobra su naturaleza, y muchos no creemos tampoco en el gobierno de Santos –la otra parte de la negociación– por haber traicionado el mandato que recibió de nueve millones de electores.
Una cosa, entonces, es creer en la paz como estado superior de convivencia social, y otra, muy distinta, es creer en las Farc y en que el negociado que traman con Juan Manuel, en secreto, derive en algo similar a la paz. Mucho menos cuando Santos acude al estilo Maduro para sembrar una división social inaceptable con ese artificioso dilema de amigo-enemigo de la paz, con lo que se estigmatiza a quienes no compartimos los términos de la transacción.
Más grave aún es que se firme algo, en cuyo caso tendremos un virus troyano carcomiéndonos por dentro, porque para las Farc la democracia y sus instituciones son solo ‘instrumentos burgueses de dominación de las masas’, y su único propósito es destruir al establecimiento burgués para remplazarlo por la dictadura del proletariado, usando la táctica chavista de tomarse el poder guardando apariencias democráticas.
La semana anterior, las Farc desconocieron al Poder Judicial diciendo que “los tribunales colombianos no tienen el decoro y la competencia (para juzgarlos), porque este ha sido un Estado criminal”, y que el Estado es el que debe pedir perdón, no ellos. Con declaraciones como esas, sorprende que se insista en este sainete.
Tal vez lo más patético de este asunto es que a estas aberraciones Santos las llama “avances”, así la negociación cumpla hoy 203 días sin siquiera haber logrado acordar el primer punto. Además, el Presidente incurre en una notoria contradicción al decir que los enemigos de la paz reculan al pedir paz sin impunidad, como supuestamente la quiere también el Gobierno. Pero a renglón seguido les pide a las Farc que “cambien las balas por los votos y rápido”, como si el Congreso fuera una cárcel o hacer política, un castigo.
Difícil creer en este proceso. Hace 10 años, Guillermo Gaviria y el gran Gilberto Echeverri pecaron de ingenuos creyendo en la no violencia de las Farc, y la no violencia los mató. Por eso, mi aporte (y el de muchos) es dudar, no creo en las Farc y no creo en Juan Manuel Santos.
Twitter: @SaulHernandezB
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Acuerdos con las Farc

OPINIÓN| Por: FERNANDO LONDOÑO HOYOS  | Publicado: marzo. 4, 2013 
Pero aún creyendo que Márquez no sabe bien qué es lo que piensa y dice, los acuerdos jamás logrados no alcanzan a entusiasmarnos.
Como nunca en la historia han conseguido acuerdos con las FARC los enviados a La Habana por el Presidente Santos. ¡Como nunca en la historia!
Suena conocida la cantinela. Como nunca en la historia se han hecho tantas maravillas en infraestructura, nos dicen mientras tratamos de movernos por carreteras destrozadas. Como nunca en la historia se han hecho tantas maravillas en materia de salud, les dicen a los infelices que llegan a las puertas de hospitales que se caen a pedazos, a tratar de recibir una atención cada día más pobre e inhumana. Como nunca en la historia se han perfeccionado inversiones en tecnología, en ciencias, en investigación. Como nunca en la historia ha sido tan respetada Colombia en el escenario internacional. Como nunca en la historia ha crecido la ayuda al campo, cuando el campo ve pasar la fila interminable de los cafeteros, bananeros, cacaoteros, maiceros, floricultores, arroceros arruinados. ¡Como nunca en la historia!
Hay que creer lo de las FARC. Lo dice una señora o señorita Marisol Gómez Giraldo, dueña de la verdad revelada sobre estos diálogos. Desde el oráculo de Delfos siempre ha sido así: hay una diosa Pitia que sabe lo que los mortales ignoran.
Pero eso no vale la pena. Lo que vale la pena es llenarnos de ilusión por la noticia de que expertos en temas agrarios como De La Calle, o Jaramillo, de una parte, y de la otra Márquez y Santrich y Granda, han llegado acuerdos nunca soñados. No vale la pena que las partes estén en desacuerdo con aquello de los acuerdos. Porque la encantadora Marisol nos asegura que están en firme y Márquez lo niega. Pero si Marisol lo dice, y ella escribe para El Tiempo, es porque Márquez no anda bien enterado de lo de que en verdad piensa Márquez.
Pero aún creyendo que Márquez no sabe bien qué es lo que piensa y dice, los acuerdos jamás logrados no alcanzan a entusiasmarnos. Aquello de formar un banco de tierras con las que se quiten a los bandidos, es demasiado obvio y demasiado simple como para que alguien se ponga en desacuerdo con ese acuerdo. Lo que es un poco más cuesta arriba es que de verdad el Gobierno le quite la tierra a los bandidos. Ya ha tenido más de dos años y medio para hacerlo en grande y no ha logrado nada. Nada, fuera de decir que en esa materia también se hacen cosas que jamás se hicieron.
Banco de tierras con las que se quiten a los bandidos. Nada original idea, pero tendremos que suponer que nunca antes se le ocurrió a nadie.  Empecemos por averiguar si ese banco empezará con el activo de más de millón y medio de hectáreas que dominan los bandidos de las FARC, que juran no tener un metro de tierra apropiado a la fuerza. Ahí ya naufraga el primero y fundamental acuerdo, tan dispendiosamente conseguido.
En la lista de estos colosales acuerdos, sigue el tema del catastro. Porque es también la primera vez que a alguien se le ocurre que haya un catastro bien hecho sobre las tierras rurales de Colombia. El problema estriba en saber si esas tierras valdrán algo o no valdrán nada después de que se consigan los demás acuerdos sobre tierras. Y si toda la tierra se va a repartir entre campesinos pobres, nos explicará alguien cómo aumentará el recaudo de impuestos que se consiga cobrándole a los más pobres de los pobres, que son los campesinos pobres.
En fin. Que doña Marisol nos puede decir misa, tomando de prestado la frase de Granda contra Santos, y no nos convence. Porque no  nos ha dicho si de verdad las FARC aceptan ser los mayores terratenientes de Colombia; si aceptan “latifundistas” y que cosa es un latifundista; si aceptan la inversión extranjera en el campo; si aceptan la formación de grandes empresas agrícolas y agroindustriales; si respetarán la propiedad agrícola legítimamente adquirida; si renuncian a la conformación de aquellas unidades campesinas donde no entren policías y soldados, porque para armas basta con las de ellos. En fin, que no hemos empezado y ya cantamos los mayores acuerdos jamás logrados. Genio y figura......
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