7 de diciembre del 2010 | OPINIÓN| Por Fernando Londoño Hoyos
En la mañana de la elección del Fiscal habíamos vaticinado el resultado. Era lógico. Porque la Corte no iba a comportarse con lógica. Elegir a uno de los más grandes juristas del país, de larga y probada trayectoria en el Foro y la Academia, era algo que no entraba en sus planes.









