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Dic 10 de 1948
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Hasta la próxima pataleta

¿Colombianos y colombianas por las Farc?
Por: Mauricio Vargas
Por la denuncia internacional y la necesidad de alimentos antes de elecciones, Chávez cedió. ¿Hasta cuándo?
Fue un buen arranque para la canciller María Ángela Holguín. Tres días después de la posesión del presidente Juan Manuel Santos, se abrían las puertas al restablecimiento de las relaciones diplomáticas y comerciales, en una cumbre en San Pedro Alejandrino, con el impredecible Hugo Chávez y su agresivo canciller Nicolás Maduro, en la que el teniente coronel cedió tanto que resulta inevitable sospechar de sus intenciones.

Después de un año de machacar con el cuento de que el acuerdo firmado por Álvaro Uribe con Estados Unidos, para el uso de bases militares en Colombia, era una agresión contra Venezuela, en San Pedro Alejandrino Chávez apenas mencionó el tema. Tal vez le dijeron que el acuerdo se caerá en la Corte Constitucional por no haber recibido el visto bueno del Congreso. Pero aun si eso pasa, revivirlo es muy fácil: las mayorías oficialistas le darán aprobación en el Capitolio en cuestión de semanas.

Chávez olvidó la andanada de insultos que había proferido decenas de veces contra Santos, a quien acusaba de tener las manos untadas de sangre, por su papel como ministro de Defensa en los golpes a las Farc y, en especial, por haber ordenado el bombardeo al campamento de 'Raúl Reyes', en territorio ecuatoriano. Todo eso quedó atrás como por arte de magia. ¿Por qué?

Es evidente que a Chávez lo asustó la denuncia internacional que hizo Uribe. En el mundo de hoy, acoger campamentos terroristas en la proporción en que Chávez lo hizo con las Farc le puede complicar la vida en los tribunales internacionales. No hay que olvidar que acoge a los mismos que secuestraron a tres estadounidenses que laboraban en el Plan Colombia y a decenas de europeos por quienes las Farc cobraron millones de dólares de rescate. Por eso, aun antes de la cumbre, Chávez dijo una y otra vez que las Farc deberían liberar a todos sus rehenes y que la lucha armada no tenía futuro.

Pero también hay razones económicas. La escasez de alimentos en Venezuela es dramática. Al ser intervenido, con descomunal ineficiencia y mucha corrupción, el mercado de alimentos por el régimen chavista, miles de toneladas se pudrieron en los puertos y los anaqueles de supermercados y tiendas populares quedaron semivacíos. Según las firmas encuestadoras, en eso radica buena parte de la caída de Chávez en los sondeos, a pocas semanas de las elecciones legislativas de fines de septiembre, en los que la oposición puede hacerse con una tajada importante de la Asamblea Nacional.

Así que reabrir las fronteras a los productos alimenticios colombianos resulta urgente. Pero, ¿cuántos exportadores nacionales se animarán a venderle a quien no paga? La deuda de Venezuela con los productores colombianos supera los 700 millones de dólares. Chávez ofreció pagarla, pero como bien lo anota Mauricio Reina, en su columna de Portafolio, eso no bastará: los exportadores colombianos van a querer que, además, el país vecino pague las nuevas compras por adelantado.

No hay que hacerse ilusiones con una nueva bonanza exportadora a Venezuela, como la de mediados de la década. Vuelvo a citar a Reina, quien, cifras en mano, demuestra que entonces la economía de la patria bolivariana iba viento en popa y que ahora lleva dos años en recesión, con sus exportaciones de petróleo en retroceso y PDVSA, la otrora inagotable caja de Chávez, cuasi quebrada.

Es mejor no ser muy optimista. Chávez abrirá las puertas a los alimentos colombianos y hasta tratará de pagar de contado. Pero pasadas las elecciones, perderá interés. Si, de paso, la denuncia internacional contra su régimen por acoger a las Farc no avanza mayor cosa, se le quitará el miedo. Y entonces -el presidente Santos y la canciller Holguín lo deben saber- estaremos a las puertas de una nueva y peligrosa pataleta del teniente coronel.

Mauricio Vargas

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