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Peláez y Gardeazábal agosto 1 de 2018
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Una cuchilla de afeitar

29 de mayo de 2012 |Zona franca| Por: JOSÉ OBDULIO GAVIRIA
Hugo Chávez Frías, en compañía de Juan Manuel Santos | Juan Barreto - EL NACIONAL
Como la política tiene una lógica implacable, quien cohabita con Chávez terminará indefectiblemente enredado con las Farc.
Para mantener la amistad con el compadre Chávez hay que hacerle caricias a su ahijada Farc.
El 'santo-holguinismo' supone que para tener buenas relaciones con Venezuela hay que hacer mutis por el foro frente a su régimen criminal. El 'santo-holguinismo' quiere cambiar nuestro escudo: al cóndor que mira de frente y tiene las alas extendidas y una corona de laurel en el pico lo remplazará un avestruz con su rabo parado y la cabeza enterrada en la arena. Y en lugar de Libertad y Orden quieren que aparezca Resignación y Silencio.
Circula una bella edición colombiana de la Rebelión de la granja (Remasterizados-Booket), obra en la que el genio de George Orwell desmenuza las mentiras, los crímenes, el culto a la personalidad y las falsas realizaciones del régimen estalinista.
La Rebelión de la granja fue escrita en 1943, en plena guerra mundial. Inglaterra (Orwell era inglés) combatía, aliada al régimen comunista de la Unión Soviética, contra la Alemania nazi. Era de suponer que, en la meca de la libertad de pensamiento, la alianza con Stalin no afectaría para nada el libre examen. No fue así. Orwell denunció en una columna de prensa (1944) que "el servilismo de los llamados intelectuales hacia Rusia" estaba silenciando cualquier denuncia sobre sus crímenes. Indignado, Orwell envió este aviso a los periodistas ingleses de izquierda y a los intelectuales en general: "No vayan a creerse que por años y años pueden estar haciendo de serviles propagandistas del régimen soviético o de otro cualquiera y después pueden volver repentinamente a la honestidad intelectual. Eso es prostitución y nada más que prostitución".
El libro de Orwell casi no se pudo publicar porque no era conveniente 'molestar' al aliado con semejantes verdades. Igual piensa el 'santo-holguinismo'. Ellos se rasgan las vestiduras ante cualquier denuncia de la cooperación del régimen chavista con el terrorismo de las Farc. Eso, dicen, pone en peligro la relación de amistad colombo-venezolana. ¿Sí ven? Igual que la izquierda inglesa en los 40, que quiso imponer el silencio a los escritores y periodistas para "evitar poner en peligro la amistad anglo-rusa".
Pero el 'santo-holguinismo' da saltos cualitativos. Del silencio ante los desmanes pasó, primero, a la adulación servil ("nuevo mejor amigo") y, luego, a la exaltación descarada (el chavismo "es elemento de estabilidad en la región"). Pero, como la política tiene una lógica implacable, quien cohabita con Chávez terminará indefectiblemente enredado con las Farc. Y eso es lo que le está ocurriendo al régimen 'santo-holguinista'.
El atentado terrorista contra Fernando Londoño develó la compleja trama. Para mantener la amistad con el compadre Chávez hay que hacerle caricias a su ahijada Farc. Primero se declaró que las Farc eran de buena familia; se les retiró el insultante apodo 'terrorista' y se las bautizó con el aristocrático apellido 'Insurgente'. Después se proclamó que la mayor ansia de los colombianos es que el secretariado se convierta en bancada parlamentaria y que los comandantes de los frentes sean secretarios de gobierno.
Luego se procedió a declarar enemigos de la patria a los enemigos de Chávez y, por ende, a los enemigos de las Farc. Esa es la explicación de por qué Gobierno y revista Semana cierran filas para defender el buen nombre de las Farc contra los insolentes que las sindican de querer matar al periodista Fernando Londoño. Y por eso "toman como hipótesis de trabajo" seria la afirmación chavista de que no hubo atentado sino una piñata que hizo explotar el expresidente Uribe. ¡Ah!, y que no hubo esquirla que atravesara el pulmón de Londoño, sino que él, masoquista, se autoenterró una cuchilla de afeitar.
Nota. El 'Sinchi' es personaje de Pantaleón y las visitadoras, no de La tía Julia.
Twitter: @JOSEOBDULIO
Publicado: Mayo 30, 2012

¿Uribe, por qué se mete?

17 de mayo de 2012 |OPINIÓN| Por: Alberto Franceschi

Hugo Chávez, aún en la fase terminal de su régimen y su salud, es el incentivador externo más prominente y promiscuo de las FARC colombiana, dedicadas al bandolerismo, al terrorismo y a la muy activa, profunda y al propio tiempo gigantesca actividad del narcotráfico.
Santos volvió a la quimera de otros 6 presidentes colombianos creyendo la viabilidad de un “proceso de paz” con una organización criminal como las FARC
Hay que ser o bien un ingenuo irremediable, un cínico o por lo menos un manipulable en política para no darle razón al ex presidente colombiano Álvaro Uribe Vélez y por el contrario hasta criticarle su intromisión en el debate político nacional cuando se pronuncia públicamente sobre los graves peligros que encierra para su país y para nosotros la permanencia en el poder en Venezuela de Hugo Chávez, quien oficia, aún en la fase terminal de su régimen y su salud, como el incentivador externo más prominente y promiscuo de las FARC colombiana, dedicadas al bandolerismo, al terrorismo y a la muy activa, profunda y al propio tiempo gigantesca actividad del narcotráfico, su principalísima fuerte de financiamiento y capacidad de chantaje armado y de corrupción masiva contra el Estado de la hermana república, con innumerables conexiones de rutas, de comercio ilícito, de lavado de dinero y protección oficial y dícese hasta militar eficiente de parte de las autoridades venezolanas.
Hace ya seis años en conversación con el Presidente Uribe le hacía notar que muchos en Venezuela estábamos conscientes que su política de destrucción de las FARC y otras guerrillas tendría a la larga el obstáculo importante, que se seguiría presentando desde la frontera venezolana mientras durara el régimen de Chávez, generándole a esas fuerzas narcoterroristas condiciones de sobrevivencia por protección y apoyo.
Su respuesta obvia es que él compartía ese criterio, y que ya llegaría el momento de asumir como contrarrestar, en las dimensiones requeridas, esa fuente vital de recursos y apoyo externo que hacen imposible liquidar las FARC, si esa política no es también asumida desde Venezuela.
Uribe terminó sus dos mandatos con éxitos notables, cualitativos, para reducir drásticamente la capacidad de estas fuerzas subversivas para hacer daño al interior de Colombia, aunque tuvo, cada vez con mayor intensidad, que constatar amargamente, al igual que nosotros, que cuanto más se les segregaba y arrinconaba en Colombia a esas FARC, más importante era el papel del régimen chavista, para convertirse no solo en el principal soporte político, sino como está siendo demostrado ahora, pasar a ser, en nuestras zonas de frontera y mucho más acá, aliviaderos y territorio bajo control guerrillero y de despeje, para reordenar sus ejes de intervención y resguardar a sus dirigentes.
Así fue como, desde esta poderosa infiltración, pudieron construir una vastísima red de exportación de droga al mundo entero, teniendo a Venezuela como el puente del grueso de esa actividad, porque para que ello cuentan con la venia de incluso un sector militar como lo está atestiguando el general Aponte Aponte, ante autoridades de USA.
Son tales las evidencias masivas, sobre como las FARC operan teniendo a Venezuela y sus autoridades como un apoyo de primerísimo orden, que luego de Uribe haber intentado congeniar con Chávez, para buscar por lo menos la neutralidad venezolana, terminó su último tramo de gobierno a las patadas contra el régimen chavista y haciendo toda clase de denuncias sobre las complicidades manifiestas con estos enemigos de Colombia, cada vez más atrincherados y multiplicados aquí, con su vasta red de comercio de cocaína y sus secuelas de corrupción, que nos deslizan hacia constituirnos como Narco-Estado: la única herencia real de Chávez.
El Presidente Santos volvió a la quimera de otros 6 presidentes colombianos creyendo la viabilidad de un “proceso de paz” con una organización criminal como las FARC y esta vez, esa política no fue inducida por ninguna debilidad, sino a partir del más vergonzoso oportunismo, para restablecer los negocios de comercio binacional y el cobro de una deuda de 900 millones de dólares que les debían, por el que se vendió la “nueva “ y “gran Amistad” entre Santos y Chávez, que nos costará mucha sangre en el futuro según afirma el Presidente Uribe.
Cuando Uribe plantea indignado la corresponsalía de Chávez con las atrocidades de las FARC a las cuales protege, no está hablando solo de Colombia, está diciéndonos a los venezolanos que pagaremos un alto precio por dejar instalarse aquí el narcotráfico y unas FARC que retomen aliento a partir de apoyo oficial venezolano.
Cuando se censura a Uribe por denunciar a Chávez, diciéndole que no opine sobre estos hechos, se quiere sencillamente agradar a Chávez, se quiere “ganar puntos” con el más repulsivo oportunismo político, se quiere establecer puentes políticos con quienes han resultado ser sepultureros de la democracia en este país y se ofende a un verdadero amigo de nuestras libertades como es el Presidente Uribe.
Presidente Uribe, sepa que usted cuenta en Venezuela no solo con sus coterráneos emigrados que ya le dieron su confianza en el pasado, sino con una impresionante mayoría de los demócratas de Venezuela que valoramos, en los más encomiables términos, su liderazgo su firmeza y sus principios. No haga caso a los oportunistas.
Métase Doctor Uribe, opine cada vez que quiera sobre nuestra nación, esa opinión suya la valoramos y la necesitamos.
Más de uno va a terminar entendiendo, por las buenas o por las malas, que sus banderitas chauvinistas, pretendiendo aislarse del proceso regional que desencadenará, sin duda alguna, el fin del régimen chavista, hará indispensable no solo la opinión de demócratas como Uribe, sino la acción misma del hermano pueblo colombiano, para ayudarnos a salir de la barbarie que amenaza con estallarle en la cara, sobre todo a quienes andan perdidos, creyendo todavía en que sus astucias de lenguaje puede tener un destino distinto al de merecer una mueca de conmiseración…
Qué se hace Dr. Uribe, le respondemos, eso es lo que tenemos, así lo decidió nuestra élite, nuestra “clase dirigente”, que nos hizo padecer a Chávez y ahora pretenden darle un derecho de sobregiro a su plasta de régimen y por eso usted les resulta incómodo, prefieren a los cómplices… y hasta anteponen referirse dulcemente a los Castro, los macabros dueños chulos de este juego.
Twitter: @alfranceschi
FUENTE: reportero24.com
Publicado: Mayo 16, 2012

El otro mantra de Santos

19 de enero de 2012 | EDITORIAL | Por: EL COLOMBIANO

El Gobierno colombiano, a través de la Canciller, ha salido a decirnos lo que precisamente no queremos que nos diga: que Colombia no se pronunciará respecto de las desafiantes declaraciones del Presidente de Venezuela, Hugo Chávez, durante la posesión de su cuestionado ministro de Defensa, Henry Rangel Silva, señalado de ser cercano a la cúpula de las Farc. Algo está pasando.
No hemos dicho nunca que la diplomacia del micrófono sea la mejor vía para mantener un clima de confianza y de respeto con los demás países y, mucho menos, que no anhelemos la paz para Colombia. Claro que la queremos, pero no a cualquier precio ni como producto de las manipulaciones y los chantajes, vinieren de donde vinieren.

Es peligroso y lleno de inquietantes interrogantes el silencio que hoy practica el Gobierno colombiano en un tema tan delicado como el planteado por el movimiento Colombianos y colombianas por la paz, para que haya un cese el fuego bilateral por 90 días con las Farc. Sobre todo en momentos en que el Presidente de Venezuela, Hugo Chávez, no solo nombra como su ministro de Defensa a un general cuestionado por sus presuntos vínculos con esta guerrilla, sino que ofrece su país como posible territorio de diálogo.

¿Será que nuestra diplomacia tiene dos teléfonos activados: uno con Venezuela, por el que se tratan los temas menos neurálgicos y de índole comercial, y otro por el que se están buscando acercamientos con las Farc, sin descartar la posibilidad de que Venezuela pueda ser un puerto seguro para avanzar en un eventual diálogo con la guerrilla?

No lo sabemos, pero sería bueno conocer qué está pasando, pues no son pocas las manifestaciones ni menores los síntomas de que se está moviendo algo. ¿Estará el Gobierno colombiano atrapado en su propio discurso?

Es decir, que cuando se tiene que decir algo, y este es el momento para decir algo sobre lo que está pasando con Venezuela y con las Farc, no se diga nada, porque eso implicaría darles la razón a quienes como el exPresidente Álvaro Uribe y muchos otros, entre ellos este diario, sostienen que Juan Manuel Santos ha comenzado a ser víctima de su propia doctrina, la del "nuevo mejor amigo".

Decir, por ejemplo, que el nombramiento del general Henry Rangel Silva como ministro de Defensa de Chávez debería causar alguna preocupación en Colombia, y que el silencio oficial del lado colombiano contrasta con la locuacidad y las amenazas presidenciales en el otro lado de la frontera, no es más que la confirmación de que en las nuevas relaciones con el vecino, el que está imponiendo las condiciones es Chávez, quien ahora marca territorio y levanta la voz para decir que cualquier ataque a Rangel Silva lo entenderá como un ataque a Venezuela.

¿Olvidará Santos que fue el propio Chávez el que puso en alerta a sus tropas ante la posibilidad de que Colombia votara por él para Presidente? ¿O que fue él, Santos, el que como ministro defendió, como debía ser, la validez de las informaciones halladas en el computador de alias Raúl Reyes, que aún comprometen tanto a Chávez como a varios de sus colaboradores, entre ellos Rangel, y ahora no opine lo mismo?

Parece que Santos, tal como le pasó a Pastrana, también está obsesionado con ganarse el Nobel de Paz y, para tal fin, ahora tiene, entre otros, un nuevo mantra: "No peleo con Chávez, no peleo con Chávez...". Y no es pelear por pelear, Presidente. Se trata de la protección de nuestra seguridad y la defensa de nuestra institucionalidad.

Jugando con fuego

12 de enero de 2012 | Reflector | Por: FERNANDO LONDOÑO HOYOS
No la hizo a la entrada, pero sí a la salida. Chávez, moribundo, nos deja sus enemigos en el poder.
    Que de malos comienzos suelen seguirse peores finales es observación muy aguda del agudo Don Baltasar Gracián, y es vieja de cuatrocientos años. Por eso advertimos que la pésima idea de establecer amores con el tirano de Venezuela no nos traería sino desencantos y problemas.
    Apenas por un pelo nos escapamos de la visita de Ahmadinejad, el horroroso déspota de Irán, que por reflejo termina siendo nuestro amigo. De los últimos que le quedan, como que ha podido visitarlos todos en cinco días, pues que se limitan a tres, Venezuela, Nicaragua y Ecuador. El cuarto no anda para recibir visitas de protocolo, ese tal Bashar Al Assad, más ocupado en mantenerse matando súbditos que en regodearse en ajetreos diplomáticos.
    Ahmadinejad es la expresión más despreciable de un régimen oprobioso, de esos que se montan y ejercen en nombre de Dios. No hay nada más sanguinario ni retrógrado que una teocracia. Con recordar que nos escapamos de la Teología de la Liberación como sistema político, bastaría para prevenirnos de semejantes calamidades.
    Pero cómo estarán las cosas para el gorila venezolano, que Ahmadinejad es de sus problemas más livianos. Mucho peor es la expectativa de una sucesión tan turbulenta como ha sido su gobierno. Chávez, políticamente, no tiene dónde caerse muerto. Pero como alguna decisión debía tomar, acaba de constituir heredero universal en el ala más virulenta y deplorable de su entorno. Nos referimos al grupo más recalcitrante, intransigente y grotesco de sus compañeros de viaje, los que constituyen el sector militarista, narcotraficante y anticolombiano de su grupo. Con la designación de Diosdado Cabello como Vicepresidente y del General Henry Rangel Silva como Ministro de Defensa, ha jugado sus últimas cartas.
    Y qué cartas aquellas. Cabello y Rangel Silva son golpistas del 92 y capitanes de la corrupción socialista que destroza a Venezuela. Es la línea de Carvajal y Rodríguez Chacín, que tiene muy pocas ideas, pero muy firmes: la fuerza como soporte del poder, desprecio absoluto por la Democracia, destrucción del enemigo a cualquier costa. Y el enemigo es cualquiera que en el interior intente ser libre y en el exterior cualquiera que sostenga, predique o practique principios de democracia liberal.
    Chávez tiene simpatizantes y seguidores que conservan alguna vocación civilista. En su gran mayoría se han ido, como se fueron sus inspiradores y mentores de los comienzos. Pero algunos quedaban, así limitaran su credo político a lo que signifique ponerse una camisa roja y llevar una gorra que diga PSUV. Y esos eran nuestros amigos. En esa aventura chavista estábamos anotados a la muy lamentable carta de Maduro, que algunos ilusos juzgaron con vocación hereditaria.
    Cabello y Rangel son herederos universales. Y entre los bienes relictos de la mortuoria descuella el odio brutal por Colombia, que manifiestan en su agresivo armamentismo y en su apoyo irrestricto a las Farc. Venezuela no compra misiles y tanques y fragatas para una eventual invasión de las Guyanas. Cada artefacto de esos nos tiene como destino seguro. Y mientras tanto, nada como acudir al innoble acercamiento con los 'Timochenkos' y 'Márquez' y Granda y 'Grannobles'.
    Volvimos al Caguán, dirigido internamente por Piedad Córdoba y sus alcahuetas de la Corte Suprema de Justicia y sus cómplices del Colectivo de Abogados. Y en el exterior, apoyado desde Venezuela. Ahora sí, que salga el Presidente a explicar los primores de su diplomacia. A justificar su cercanía refleja con Ahmadinejad y lo que en el mundo significa ese sujeto. Y a defenderse de los herederos de su mejor amigo, los enemigos mortales de Colombia y de su manera de ser y de vivir.

Una joyita de Ministro

9 de enero de 2012 | OPINIÓN | Por: MAURICIO VARGAS
Nuevo Mindefensa de Chávez está acusado por EE. UU. de nexos con las Farc y el narcotráfico. ¿Qué dice Colombia?

Ni Santos ni la canciller María Ángela Holguín van a decir nada.

No lo afirman los uribistas, ni la oposición venezolana, ni un deslenguado militar colombiano. Lo revela, con lujo de detalles, uno de los diarios más prestigiosos del planeta: The New York Times. Asegura, desde hace un par de años, que el general Henry Rangel Silva trabajó de la mano del comandante de las Farc 'Iván Márquez', para que el grupo terrorista pudiese comprar en Venezuela fusiles, radios y misiles tierra-aire, de esos que les permitirían a los guerrilleros tumbar aviones y helicópteros. Si los hubieran conseguido -parece que el negocio al final falló- los bombardeos a 'Jojoy' y a 'Cano' habrían fracasado y ellos estarían vivos.
El papel de Rangel Silva consistió, según el diario, en proporcionar documentos de identidad falsos tanto a miembros de las Farc como a traficantes de armas, para facilitar el negocio en el vecino país. Según el periódico, la operación se iba a realizar a orillas del río Negro, en el estado venezolano de Amazonas. El New York Times -que no es precisamente un diario de derecha ni una publicación al servicio de la CIA, a la que le ha destapado varios escándalos- se basa en un mensaje escrito por 'Iván Márquez', que complementa con algunos correos electrónicos de 'Raúl Reyes', todos ellos en poder de la inteligencia estadounidense, y que dan detalles sobre la compra de armas y el papel de Rangel Silva.
Pero hay más. En septiembre del 2008, el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos ordenó congelar cualquier cuenta bancaria o bienes que Rangel Silva pudiese poseer en ese país. ¿El motivo? Esa agencia del gobierno de Barack Obama tiene evidencias de que el militar ha apoyado materialmente a las Farc en sus operaciones de narcotráfico. En el 2011, cuando aumentaban los rumores sobre el cáncer que sufría el teniente coronel, Rangel Silva aseguró que las FF. AA. estaban "casadas con el proyecto político socialista" de Chávez, y dejó en claro que no permitirían un eventual gobierno de la oposición. Por esa razón, y porque fue su leal compañero en el fallido golpe de Estado de febrero de 1992, el mandatario venezolano decidió nombrar, la semana pasada, a semejante joyita como su nuevo ministro de Defensa.
Un premio a la lealtad a toda prueba, en momentos en que la enfermedad de Chávez genera inquietud en sus huestes. Inquietud y divisiones. Este fin de semana, el semanario The Economist aseguró que hay un pulso entre los chavistas y que lo están ganando los militares y los negociantes, los llamados 'boliburgueses' o 'boligarcas'. Y que el gran perdedor es el canciller Nicolás Maduro, el gran amigo de Colombia, a quien Chávez -según acaba de sugerir en declaraciones públicas- va a mandar como candidato a gobernador de Carabobo.
El teniente coronel ya consiguió los acuerdos comerciales con el presidente Juan Manuel Santos, que le garantizan un abastecimiento fundamental de víveres este año, para evitar que la campaña electoral con miras a las presidenciales de octubre se dé en medio de la escasez. Y el pago a tanta amabilidad, confianza y generosidad del gobierno colombiano es nombrar Ministro de Defensa a quien está señalado como el gran socio de las Farc, el hombre clave de sus intentos de comprar misiles tierra-aire y de sus negocios de narcotráfico.
Ni Santos ni la canciller María Ángela Holguín van a decir nada. Su apuesta ha sido esa, la del apaciguamiento, la misma que trataron de usar contra Hitler el inglés Neville Chamberlain y el francés Édouard Daladier, con la esperanza de que el líder nazi no expandiera más sus fronteras en Europa. Un año después, Hitler invadió Polonia. Guardadas las proporciones, Chávez apenas esperó unas semanas: tras la firma de los acuerdos comerciales con Santos, nombró como Mindefensa al mayor enemigo que Colombia tiene en la cúpula chavista. 

Fue una equivocación

1 de diciembre de 2011 | Reflector | Por: FERNANDO LONDOÑO HOYOS
Con Chávez a cuestas, nuestro Presidente se hunde más en el tremedal que se buscó.
Recordando a Fouché, cuando comentaba con su espíritu sagaz y malévolo el crimen del Duque d'Enghien por Bonaparte, diríamos que el viaje del presidente Santos a Caracas fue la peor equivocación de su gobierno.

El grosero y belicoso silencio de Chávez contra nuestros héroes y mártires del sur del Caquetá, cuando todavía estaban calientes sus cuerpos lacerados, lo podrán perdonar muy pocos y no lo olvidará nadie.

Verdad sabida y buena fe guardada, no hay quién ignore que los más altos comandantes de las Farc -'Timochenko', 'Márquez', 'Granda' y 'Grannobles', cuando menos- tienen albergue permanente en Venezuela. Para nadie es un secreto que los jefes del Eln -'Antonio García', 'Bautista', 'Pablito' y otros- gozan de la misma hospitalidad desde hace muchos años. Y nos vamos enterando con indignación creciente de cómo se ha vuelto invivible la frontera, desde el Catatumbo hasta la serranía del Perijá, con escalas intermedias en Arauca y La Guajira. Estamos perdiendo, por esa condescendencia incalificable, lo que costó tantos años reconquistar.

El homenaje de Chávez a 'Raúl Reyes', cuando fue abatido en la gloriosa operación Fénix, quedó marcado en nuestras almas. El minuto de silencio de la Asamblea Nacional por ese bandido y los homenajes a 'Tirofijo', en su momento, y a 'Cano' después de la operación Odiseo, son, por lo menos, para calificarlos suavemente, apología del terrorismo. La ira de Chávez cuando nuestro embajador ante la OEA demostró con videos y grabaciones y coordenadas los campamentos guerrilleros protegidos por el gobierno y el ejército de Venezuela sacó en limpio aquello de que el ladrón suele esconderse tras el bufón. Por eso no hemos sido capaces de digerir los amores de nuestro Presidente con ese tirano, que se constituyeron en el primer e irreparable motivo de distanciamiento con su antecesor. Los hechos que sobrevinieron demuestran el acierto de Uribe. La cercanía de Chávez con las personas y los regímenes de Ahmadinejad, Gadafi y Bashar Al Assad bastaría para desengañar incautos y confirmar dudosos.

Pues se fue nuestro Presidente para Venezuela. Y no consiguió una palabra amable del coronel paracaidista para las familias de los mártires, para los colombianos que nos sentimos todos heridos en la mitad del corazón, ni un reproche para los sanguinarios ejecutores del delito más canalla y miserable que se haya cometido. Hasta el representante de la ONU en Colombia, que no es el campeón de la derecha, declaró de lesa humanidad el delito y llamó terroristas a las Farc, repugnado por ese acto cobarde, vil y salvaje. Pero el nuevo mejor amigo de Santos guardó estridente silencio. Y esa agresión perversa la ejecutó Chávez, a plena conciencia, en presencia de nuestro Ministro de Defensa y nuestro Comandante de la Policía Nacional. A buen callar llaman, Sancho.
Cuando uno la busca y la encuentra, se la merece.

El presidente Santos ha querido ocultar esa monstruosidad hablando de un comercio que sabe muy bien imposible. El tema de vender no está en despachar, sino en cobrar. Y Santos, especialista consumado en la materia, se conforma con los aranceles y no pregunta por los giros. Está seguro de la respuesta.
Le queda 'Valenciano'. Le queda la prueba de que la mafia colombiana se guarece en Venezuela y quiere cambiar ese villano por la dignidad nacional, ultrajada en Caracas. Ni siquiera se habló del 'Cantante', porque la furibunda izquierda chavista no permite que lo toquen. Y mucho menos de 'Timochenko', sus secuaces y sus socios. En casa de ahorcado no se mienta la soga.
Definitivamente, aquella amistad también es, peor que un crimen, una equivocación.