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Peláez y Gardeazábal agosto 1 de 2018
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La quinta columna

30 de noviembre de 2011 | Zona Franca | Por: JOSÉ OBDULIO GAVIRIA
Las Farc, desde un cálido estudio estrato cinco de Bogotá, pusieron en marcha su poderoso aparato de propaganda.
Escribo en medio del estado de conmoción que sufre el pueblo de Colombia por el aleve asesinato de cuatro servidores públicos. Las Farc los oprobiaron con cadenas por más de una década, y al final los acribillaron, con esa in-sania cobarde, idéntica a la de los nazis en los campos de concentración. Pero hablemos, más bien, del cinismo que prosiguió a esa cobardía.

Dice la última revista Semana que algunos ven "guerrilleros de civil entre los defensores de derechos humanos" y que eso es la causa de "muchos de los asesinatos y amenazas de los que han sido víctimas". Como bebés que se solazan con la repetición de una frase recién aprendida, revista Semana califica cualquier punto de vista negativo sobre las actuaciones de oenegés constituidas por el PC2 -partido político que fundó y dirige a las Farc- como "argumentos de la extrema derecha". ¿Es su falta de información y análisis; o es algo peor? Ya que Semana no los busca, regalémosle algunos datos recogidos por esta columna.

El sábado 26, conocida la noticia de la cruel y cobarde masacre, un atildado profesor universitario, sentado en mullida silla en su apartamento de las colinas bogotanas, redactó una primera reacción de las Farc. Al terminar, él mismo -tiene clave secreta para acceso a anncol.net- puso en circulación un artículo que tituló 'Santos el siniestro; culpable de la muerte de militares'.

Síntesis del panfleto: hubo intento de "rescate a sangre y fuego de los prisioneros de guerra" y, por eso, "el responsable número uno del asesinato fue Santos". Las Farc, con sus manos tintas en sangre, desde un cálido estudio estrato cinco de Bogotá, pusieron en marcha su poderoso aparato de propaganda, que, al minuto, se convirtió en referencia y punto de vista de algunas oenegés y de comentaristas políticos nacionales e internacionales contra una acción legítima del gobierno Santos.

Al final de aquel sábado infausto, Voz, periódico del PC2, hizo eco a Anncol: "La muerte de los cuatro integrantes de la fuerza Pública en poder de la guerrilla de las Farc (...) coloca una vez más en entredicho los operativos militares de rescate a sangre y fuego, que pueden terminar en desenlaces trágicos como ocurrió hoy (...)
Tienen razón los familiares de militares y policías, estos operativos no son aconsejables y nunca han sido respaldados por ellos". Como se ve, estaba en marcha la aplanadora fariana.

Al instante, la poderosa confederación "humanitaria" de Piedad Córdoba y Darío Arismendi, 'Colombian@s por la Paz', equiparó la masacre de los secuestrados con la muerte de alias 'Cano' y, como si saliera del cubilete de un mago, apareció (¿escribieron?) una carta, dizque recibida el viernes, que informaba que los asesinados marchaban hacia su liberación por voluntad generosa del 'secretariado'. Piedad, desde Bilbao, declaró al periódico Gara que "el presidente Santos fue el responsable de lo que pasó porque había otras formas de hacer (...) Han sido golpes muy fuertes, como el asesinato del comandante 'Alfonso Cano', con quien teníamos un muy fluido diálogo y (...) decisiones muy claras y contundentes de avanzar hacia la negociación política".

En 1936, el general Mola, quien dirigía el ataque a Madrid de cuatro columnas sublevadas, dijo que en la que más confiaba era en la quinta columna, la de sus simpatizantes dentro de la capital. Un ardid sencillo para desacreditar nuestros informes y argumentos es descalificarlos como de la "extrema derecha". Pero los hechos son los hechos; no tienen color político. Los textos transcritos ¿no son típicos de quintacolumnistas sublevados contra la acción del Estado?

Fuero Militar

15 de noviembre de 2011 | COLUMNA | Por: Álvaro Uribe Vélez*

Cuando nuestro Gobierno empezó a tener éxito frente a los grupos terroristas, varias ONG arreciaron su guerra política y jurídica
En buena hora el Congreso ha iniciado la aprobación de la norma que presume que la Jurisdicción Penal Militar debe ser la primera en conocer sobre hechos que correspondan a los soldados de la Patria.

Cuando nuestro Gobierno empezó a tener éxito frente a los grupos terroristas, varias ONG arreciaron su guerra política y jurídica y denunciaban cada baja como el asesinato de un campesino cuyo cadáver había sido vestido de guerrillero por los militares.

El entonces Ministro Camilo Ospina me propuso, y acepté, que para evitar falsas acusaciones, cada vez que se diera una baja, el reconocimiento correspondía a la justicia ordinaria, CTI de la Fiscalía.

El mecanismo ha demostrado fallas operacionales, como falta de presencia oportuna del CTI y erróneas interpretaciones que conducen a acusaciones infundadas.

El Ejército estima que de cada operativo surge un prontuario judicial, todo lo cual ha causado temor y desmotivación operativa.

En conversación con la Corte Interamericana, en Costa Rica, llegué a pensar que, dado el profesionalismo de nuestras Fuerzas Armadas, bastaba con la Jurisdicción Ordinaria.

Pero cuán equivocado estaba: subsisten factores ideológicos en algunos sectores de la justicia sesgados en contra de nuestros soldados o indiferentes frente a la necesidad de consolidar la seguridad, además, las labores del soldado requieren del juzgador un conocimiento profundo de su naturaleza y no solo del marco legal.

Errores y preocupaciones en sentencias como la condena de los militares que dirigieron la recuperación del Palacio de Justicia, de los jóvenes de la Fuerza Aérea que bombardearon a las Farc en Santo Domingo y del General Jaime Humberto Uzcátegui por la masacre paramilitar de Mapiripán, dan argumentos para fortalecer el Fuero Militar.

Por supuesto, se requiere gran solvencia académica y moral de los fiscales militares, que estén al nivel de los sobresalientes de la jurisdicción ordinaria.

Entonces que sean los fiscales militares quienes estimen cuándo un caso por ser violatorio de derechos humanos, por constituir delito por fuera del servicio, por tipificar homicidio fuera de combate, etc., debe pasar a conocimiento de la Fiscalía General.

Está pendiente el fuero policivo.

* @AlvaroUribeVel - ExPresidente de la República. Columna especial para EL COLOMBIANO.

Movice y Sintraunicol quisieron salvar a Cano

9 de noviembre de 2011 | COLUMNA| Por: JOSÉ OBDULIO GAVIRIA
Unas oenegés adscritas o cómplices de las Farc pusieron trabas a la acción de las autoridades.
En 20 de abril del 2010, el general González, comandante del Ejército, redondeó los preparativos para activar la fuerza de trabajo conjunta contra Alfonso Cano. Luego de la ceremonia inaugural -con asistencia del presidente Uribe-, el general Joya Duarte y su segundo, el coronel Herrera, abordaron un helicóptero; no querían perder un minuto. El afán produjo descoordinación, chocaron dos aeronaves y ambos oficiales murieron.

Los guerreros recogen los despojos, encomiendan a Dios el alma de sus compañeros, secan una lágrima furtiva y ocupan la trinchera de los caídos. Esa misma noche, el general Suárez ya estaba al frente de la Fuerza.

Combatir a los terroristas no es juego de niños. Muchos soldados cayeron asesinados en las operaciones contra Cano, quien ordenó minar los caminos, desplazar campesinos desafectos -o sospechosos de serlo-, asesinar indígenas y confiscarles casas, muebles y animales. Cano concentró toda la capacidad de fuego posible para defender su santuario -o, mejor, su guarida-. Durante los 18 meses de ofensiva de la civilización, representada por el Ejército, contra la barbarie de las Farc, la defensa y los ataques más activos y letales de Cano no provinieron de las montañas, sino desde Bogotá, Cali y Popayán. Unas oenegés adscritas o cómplices de las Farc, hicieron denuncias y pusieron trabas a la acción de las autoridades; mientras otras, que imitaban aquel canto de las sirenas que casi enloqueció a Odiseo, prometían 'solución política negociada' o liberación de secuestrados, pero, eso sí, si se dejaba tranquilo a Cano.

Los primeros días de este noviembre cundía el pánico entre los leales amigos 'legales' de Cano. No quedaba otra opción que la fuga. Había sido inútil enviar a centenares de combatientes desde la cercana costa pacífica. Se sentía la derrota. Desolado, el jefe de las Farc aceptó la humillación de tener que separarse de sus 'marxistas' barbas y de sus gafas de carey y asumió la pinta de un lampiño cooperador oenegero internacional. El 4, por la mañana, se dispuso a esperar un vehículo que lo alejara del infierno. Inteligencia militar, mientras tanto, nutría la acción de la tropa. No se permitió el acercamiento de carros de los 'cooperadores' y, al contrario, comenzó un desembarco masivo de hombres que realizarían una operación rastrillo definitiva.

Al comprobar esto, desesperados, los 'cooperadores' pidieron lanzar un SOS para salvar a Cano. A las 9:45 apareció el comunicado 'denunciando ante la comunidad nacional e internacional' que "desde las 9:00 a.m. (4 de noviembre), 24 helicópteros del Ejército bombardean indiscriminadamente las veredas (...) Chirriadero y Yarumal del Resguardo Indígena de Honduras (...). A su paso, el bombardeo ha dejado animales muertos y multitudes de niños, niñas, mujeres y hombres atemorizados...".

Mentían. La balacera fue desde tierra, contra los helicópteros y sus ocupantes. Los tipos del comunicado se jugaron el todo por el todo para obstruir la acción de las autoridades. Pidieron una avalancha de protestas para amilanarlas, porque bastaría un día sin presencia militar para salvar a su líder. Esa desembozada acción criminal no les sirvió. Cano murió y ahora las autoridades los investigan a ellos.

Entre las 'organizaciones firmantes' de la 'denuncia' vi a Sintraunicol. ¡Claro! Recordé que fueron ellos quienes otorgaron poder al Colectivo de Abogados para denunciarme por calumnia, aquella vez que participaron en una asamblea terrorista en Quito. ¡Ah, y otra vez el Colectivo! Escribí 'nomadesc' en Google y, ¡qué casualidad!, apareció su blog como un link del José Alvear Restrepo. Y, claro, no podía faltar 'movice', la tapadera fundada por Iván Cepeda, aquella que citó, conjuntamente con el Secretariado, la marcha del 6 de marzo contra el 'terrorismo de Estado'.

'Cano', ¿el golpe de gracia?

8 de noviembre de 2011 | OPINIÓN| Por: SAUL HERNANDEZ BOLIVAR
La muerte de 'Alfonso Cano' es un logro de la política de seguridad democrática que implementó el presidente Uribe y de la que el presidente Santos es el más eximio exponente.

Hay varios elementos que entorpecen el abandono de la lucha armada.

Mientras un antiguo guerrillero se apoltronaba en el segundo cargo de la nación, el bárbaro que comandaba la más nefasta agrupación terrorista del continente caía abatido por la Fuerza Pública. Pero la simultaneidad de estos hechos no implica, necesariamente, una paradoja. La pandilla de Petro -el 'presidente' electo de Bogotá- se cansó de la guerra hace más de dos décadas ya, de manera que muchos de sus electores -miles- ni habían nacido cuando los compinches del nuevo alcalde todavía cometían atrocidades como la de quemar el Palacio de Justicia.
Con la gente de 'Cano' ha sido distinto. Las Farc han sido una caterva ciega, sorda y muda. Bueno, no tan muda, más bien de una verborrea cínica y mentirosa, alejada del sentir nacional. Y de una arrogancia y soberbia tan asombrosas como para hacerle el asco a una propuesta de rendición del Estado, como la que les ofreció Pastrana en el Caguán al plantear una constituyente de 50 miembros, en la que ellos, que no representan a nadie, iban a ser las dos mitades: la una con sus comandantes y la otra con un hatajo de mamertos escogidos a dedo. No era la paz, era la entrega de Colombia en bandeja de plata, y estos chiflados, soñando con un triunfo por las armas -con ingreso victorioso a Bogotá y el pueblo batiendo pañuelos-, se patrasearon.
Ahora, diez años después, casi todos los que se creían intocables están muertos y los que no, no pueden ni dormir esperando que la muerte les caiga del cielo. Pero, aun así, siguen obcecados en mantener la lucha armada y permanecer cerrados al diálogo. Al contrario de lo que algunos sostienen, la muerte de 'Cano' no nos aleja de la paz porque él era un "radical antinegociación", aunque tampoco hay que hacerse ilusiones, puesto que hay varios elementos que entorpecen el abandono de la lucha armada.
Entre ellos están: 1) el negocio de la coca, que les aporta una cantidad enorme de dinero y ha narcotizado a la subversión convirtiendo a muchos de sus jefes en simples mafiosos. Y recordemos que a la mafia se entra, pero no se sale; 2) el apoyo que reciben del extranjero, principalmente el de la revolución bolivariana, a cuyo abrigo sobreviven varios miembros del Secretariado; 3) el hecho de que las Farc no buscan una reinserción a la vida civil (ni siquiera con la impunidad que se está proponiendo a nivel constitucional para que personajes como 'Cano', con 96 procesos judiciales a cuestas, puedan hacer política), sino un cambio de modelo social y político, que no es otra cosa que la pretensión de instituir el más hirsuto marxismo y ganar en el escritorio la guerra, y 4) el exitoso activismo de extrema izquierda (Movimiento Bolivariano, Juco, PC3, etc.), que tiene tomados o infiltrados partidos políticos, medios de comunicación, universidades públicas, ONG y hasta entidades del Estado.
¿Derrotadas? Hay que ser muy cegato para no ver que, si bien es cierto que los cabecillas de la guerrilla rural están cayendo, en los centros de poder -y no lo digo por Petro- la combinación de formas de lucha está dando frutos. Ahí las Farc están más vivas que nunca.
Y no nos engañemos: la muerte de 'Alfonso Cano' es un logro de la política de seguridad democrática que implementó el presidente Uribe y de la que el presidente Santos es el más eximio exponente. Pero eso no quiere decir que no haya desmoralización de las tropas, ni que las Farc no hayan recuperado terreno en los últimos meses.
Una cosa son los objetivos de alto valor, combatidos -con gran despliegue de alta tecnología y fina inteligencia- por la Fuerza Aérea y tropas élite del Ejército y la Policía, y otra muy distinta el mantenimiento del orden público en campos y ciudades con unos uniformados que hoy les temen más a los fallos judiciales que a las balas enemigas, y que ya no sienten la mística de luchar por una causa justa.

La desintegración molecular de las Farc

7 de noviembre de 2011 | OPINIÓN| Por: MAURICIO VARGAS
'Alfonso Cano' mató y murió por nada y para nada. Su grupo criminal se deshace en migajas.

El golpe contra Cano no fue de suerte: cuatro años de acoso.

La caída, durante un ataque a su campamento, del máximo jefe de las Farc, 'Alfonso Cano', marca un indiscutible éxito de la política de seguridad impulsada por el presidente Álvaro Uribe entre el 2002 y el 2010, y continuada por su sucesor, Juan Manuel Santos. Si Uribe no hubiese creído que era posible derrotar a la guerrilla, y si no hubiese convencido de eso al país con discursos y resultados, ninguno de los contundentes golpes propinados al grupo terrorista habría ocurrido. Y si Santos, después de los errores iniciales que permitieron un rebrote guerrillero, no hubiese sostenido el cerco contra el líder de las Farc, 'Cano' seguiría vivito y matando.

Ahora que Uribe y Santos andan de pelea, en cumplimiento de la maldición que desde Bolívar y Santander ha condenado a este país a que las relaciones entre sus presidentes consecutivos terminen siempre a sombrerazos, es bueno recordar que el mejor aliado que Uribe encontró para desarrollar su política de seguridad fue el entonces ministro de Defensa, Juan Manuel Santos. Y recordar también que Santos no habría llegado nunca a Presidente si Uribe no le hubiese dado la oportunidad de ocupar esa cartera, justo cuando las Fuerzas Armadas estaban listas para derrotar a las Farc.
Por fortuna para Colombia, mientras los dos líderes políticos peleaban, los comandantes de las tres fuerzas y de la Policía trabajaban de manera coordinada, en especial desde la llegada al ministerio del joven Juan Carlos Pinzón hace dos meses. El golpe contra Cano no fue de suerte: cuatro años de acoso obligaron al jefe terrorista a abandonar su tradicional refugio del cañón de Las Hermosas, en el oriente de la cordillera central, para exponerse en una zona mucho menos segura, en el norte del Cauca, donde encontró la muerte.

Al confirmarse la noticia hubo alegría. Y es explicable: además de los 11 diputados del Valle, cuya muerte 'Cano' mismo decidió, miles de colombianos inocentes murieron por cuenta de él, cientos de menores de edad fueron reclutados por sus hombres, miles soportaron la tortura del secuestro, miles de soldados, policías e infantes cayeron en sus emboscadas, miles de millones de pesos desaparecieron de las arcas públicas por el saqueo de las Farc en sus zonas de influencia, y miles de toneladas de cocaína producidas bajo su amparo alimentaron el mercado y enriquecieron a los carteles más sanguinarios del mundo.

Es un prontuario aterrador, un perfil muy alejado del intelectual que algunos ingenuos pretendían vendernos. Conocí a 'Cano' en 1991 en Caracas, durante los diálogos entre la guerrilla y el gobierno de César Gaviria. Yo no vi en esas semanas al intelectual del que tanto hablaban. Sólo al cínico que condujo las conversaciones de manera que no avanzaran ni un milímetro.

Pero debo decir que, después de la euforia inicial que produjo la noticia, explicable -repito- por tanta sangre derramada en el pasado y tanta sangre ahorrada en el futuro, me sobrevino un desasosiego. Ese personaje dedicó 33 años de su vida a matar, a secuestrar, a traficar cocaína. Lo hizo al principio con el trasnochado cuento de una revolución que ya fallaba en medio planeta. Y lo siguió haciendo después, más por inercia criminal que por ideología, hasta el viernes pasado.

Varias veces tuvo la oportunidad de recorrer el camino de la paz, el mismo que condujo a Gustavo Petro de la guerra al segundo cargo de elección popular del país. Prefirió seguir matando. Ya no sabía hacer otra cosa. Qué desperdicio de vida, qué cantidad de violencia inútil desatada. ¿Y las Farc? Sus migajas desperdigadas seguirán en sus andanzas, debilitadas, sin mando unificado, convertidas en otras 'bacrim', en un proceso que, el sábado, el procurador Alejandro Ordóñez definió con tino como "la desintegración molecular" del grupo terrorista.

mvargaslina@hotmail.com

El golpe a Cano

6 de noviembre de 2011 | COLUMNA| Por: Francisco Santos
¿Se aguantarán las Farc un líder que despache desde la comodidad que les ofrece nuestro nuevo mejor amigo? Lo cierto es que por primera vez en su historia, el jefe natural de las Farc, que ahora debe ser Márquez, da órdenes desde otro país.
Hay que empezar por felicitar al presidente Juan Manuel Santos, al Ministro de la Defensa y a la nueva cúpula militar por este gran golpe contra la cabeza de las Farc, Alfonso Cano. Nuevamente esta organización criminal queda sumida en una profunda crisis de liderazgo sin jefe natural ni jefe militar pues aún no ha encontrado sucesor al ‘Mono Jojoy’.
Alfonso Cano comenzaba a tomar las riendas de las Farc e implementar la estrategia renacer que tenía varios componentes: trasladar el eje de la guerra de las selvas del sur a la alta montaña del norte del Cauca, sur del Tolima y occidente del Huila para neutralizar la aviación y el transporte helicoportado; rehacer la retaguardia en el Pacífico; consolidar la guerra de guerrillas con énfasis en el uso de explosivos y ataques a las infraestructura.
La respuesta de las instituciones fue la fuerza de tarea del sur del Tolima que ahora deja este resultado histórico pues en los 47 años de existencia las Farc es la primera vez que pierde a su comandante no por muerte natural sino por muerte en combate. No podemos olvidar que tanto Jacobo Arenas como Manuel Marulanda murieron de viejos.
Con Cano ya son cinco los miembros del Secretariado que han muerto en los últimos tres años lo que plantea un quiebre definitivo en el balance la guerra. Si a esto se suman golpes como la muerte de ‘Mincho’, jefe del narcotráfico en el Pacífico y la captura de ‘Pacho chino’ ejecutor del secuestro de los diputados y hombre clave del bloque central, es innegable ya el momento crítico de las Farc.
Pero no hay que cantar victoria y pensar en salidas rápidas sería desconocer la capacidad de reciclaje y adaptación de la organización terrorista. La pregunta es qué sigue.
Un efecto de la muerte de Cano es que debe crecer el ascendiente de Pablo Catatumbo. Sin embargo, la definición del nuevo líder plantea interrogantes. El primero es si los miembros del secretariado que viven en Venezuela, ‘Iván Márquez’ y ‘Timochenko’, se regresan a Colombia a pelear como se los exigió duramente Cano. ¿Se aguantarán las Farc un líder que despache desde la comodidad que les ofrece nuestro nuevo mejor amigo? Lo cierto es que por primera vez en su historia, el jefe natural de las Farc, que ahora debe ser Márquez, da órdenes desde otro país. Una ironía para una organización que se precia de ser nacionalista y de querer resolver las cosas aquí y sin intermediarios.
El equilibrio de poderes y la representatividad regional de los bloques ha sido esencial de la composición del Secretariado. De ahí que es posible que suba Jacobo, de Urabá, o Bertulfo el del Magdalena Medio para suplir el cupo de Cano. La gran decisión es si el bloque sur, el de Joaquín un dogmático como Cano, y Fabián un campesino dedicado a la coca, logra imponerse en la escogencia del nuevo líder. Si la respuesta es positiva tendremos una Farc más comprometida con el narcotráfico y con alianzas más fuertes con las bandas criminales.
Las Farc aún tienen fuerza en el Pacífico, en las selvas del sur, en el Cauca y el sur de Tolima, Arauca y Norte de Santander. El refugio en Venezuela sigue siendo su oxígeno. Sin embargo, tras de ocho años de seguridad democrática y casi dos de Santos las Farc están en un proceso irreversible de derrota. Con un Chávez débil y un entorno político en Colombia cada vez más hostil a la lucha armada, a las Farc sólo les queda o una paz digna, que ya no es la del Caguán, o una guerra inútil que lentamente pierden.

¿Qué viene después de Cano?


6 de noviembre de 2011 | OPINIÓN| Por: RAFAEL NIETO LOAIZA
Las Farc comprueban una vez más que sus comandantes caerán y ahora tienen la certeza de que ello ocurrirá más temprano que tarde.
La muerte de Cano es el máximo éxito "en la estrategia de puño de hierro con guante de seda que [se] puso en marcha con Uribe. Por un lado, presión militar constante. Por otro, mano tendida para los guerrilleros que dejen las armas. La combinación ha sido letal para las Farc", dice El País de Madrid, no ciertamente un periódico de derecha.

Es el mejor resumen que he leído sobre la caída del Comandante de las Farc, ahora que las envidias y mezquindades están a la orden del día y tanto cínico de primera y político de segunda intentan aprovechar la oportunidad para demeritar al expresidente y hacer puntos con el Mandatario actual. Nada de esto hubiera ocurrido sin la visión estratégica, la decisión política y la férrea voluntad de Uribe de derrotar el terrorismo y la finura en el diseño y ejecución del actual Jefe de Estado. La muerte de Cano es resultado de la política de seguridad democrática.

Y como al César lo que es del César, hay que empezar por reconocerles el triunfo al Presidente y a Juan Carlos Pinzón, su ministro de Defensa, a quien tantos ya empezaban a criticar. Y a los hombres y mujeres de las Fuerzas Militares y la Policía, de los generales Naranjo, Navas, Pinilla y Mantilla hacia abajo, que diseñaron y ejecutaron el bombardeo y rastrillo que dieron como resultado la baja de Cano. Aunque la operación contra el jefe de las Farc empezó hace años, como con justicia lo reconoció el Ministro, es inevitable que los méritos se los lleven quienes la adelantaron hoy.

No cabe duda de que la caída de Cano es un paso fundamental en la lucha contra el terrorismo y que el futuro será otro. Las Farc comprueban una vez más que sus comandantes caerán y ahora tienen la certeza de que ello ocurrirá más temprano que tarde. Por lo mismo, es posible que el nuevo jefe viva fuera del territorio nacional. Aquí no hay madriguera segura. No lo fueron la selva impenetrable del Caguán, el gélido páramo de Las Hermosas o el tupido bosque caucano. De manera que el elegido estará entre Iván Márquez o Timochenko, los dos refugiados en Venezuela.

La consecuencia inmediata será una dificultad aun mayor en las comunicaciones, el comando y el control de las Farc, resultado de la distancia y de la desarticulación del grupo terrorista. Y un problema político de difícil resolución para el Presidente. Una cosa es tener al "mejor amigo" haciéndose el de la vista gorda frente a unos guerrilleros y otra muy distinta que proteja al máximo comandante de la organización. Mirar para otro lado no será una opción.

La desmoralización aumentará y con ella debería crecer también el número de desmovilizados, estancado desde hace meses. Para aprovechar la oportunidad es fundamental resolver de manera inmediata los múltiples problemas que vienen presentándose, por cuenta de decisiones de las cortes, con los mecanismos de solución jurídica para quienes dejen las armas. La incertidumbre frena a quienes quieren desmovilizarse.

También se acelerará la "bandolerización" del grupo. Perdida la perspectiva de la toma del poder y debilitado el liderazgo político, la tentación de dedicarse sólo al narcotráfico está a la mano.

¿Y la paz? No está a la vuelta de la esquina. Pero el golpe debería mostrarle al Presidente la inconveniencia de la reforma constitucional que está promoviendo. Asegurar constitucionalmente la impunidad de los crímenes de lesa humanidad y de guerra, como busca la reforma, en nada ayuda a ponerle fin al conflicto.

El cinismo moral del Colectivo (II)

2 de noviembre de 2011 | COLUMNA | Por: JOSÉ OBDULIO GAVIRIA

Los archivos de las Farc son demostración de que nunca descansan en la tarea de deslegitimar a Colombia.
Diciembre 2003. Las Farc, desesperadas por su aislamiento internacional, quieren convertir un viaje a Europa de Uribe en escenario para demostrar fuerza. Su intento de sabotear la gira tuvo la consigna ¡Stop Uribe!, y cada detalle de su infame gesta, la impronta del aparato legal de las Farc, ese que habla de la 'justicia y altruismo' de su lucha: 'Proyecto Colombia Nunca Más'.
    Ilustremos sobre el ambiente de la época: EL TIEMPO, en editorial (enero 2004), denunció: "El viaje del presidente Uribe a Europa estará acompañado de una agresiva campaña de un sector de ONG interesadas en enturbiar la visita. Ya están moviendo gente y recursos para adelantar un programa de agitación en distintos foros y escenarios para mostrar al Mandatario colombiano como un enemigo de los derechos humanos, que no merece el respaldo de la comunidad europea. Se (le) está gestando un ambiente hostil (...) como promotor de un "régimen de terror" (...) como un Presidente "narco-fascista", cuestionar el Plan Colombia y acusar al Gobierno de exterminar el movimiento social".
    Las Farc siempre han buscado arrebatar al Estado colombiano el trono moral. 'Proyecto Colombia Nunca Más', y su punta de lanza -o cuchillo de degüello-, el Colectivo de Abogados José Alvear Restrepo, ha sido instrumento para esa perfidia. La forma metódica y maliciosa como prepararon el saboteo a Uribe en Europa es una pequeña muestra de su maldad y eficiencia en todo.
    Los archivos de las Farc son demostración de que nunca descansan en la tarea de deslegitimar a Colombia. En noviembre del 2001, alias 'Esperanza' informó a Granda que tenía cooptada una vicepresidenta de los diputados de Ecuador. Con ella programaron foro para discutir "COMO ENFRENTAR LAS CONSECUENCIAS DEL PLAN COLOMBIA". Fue evento apoteósico, en el que los contribuyentes ecuatorianos pagaron pasajes a Shafik Handal (ex líder guerrillero de El Salvador), Hebe de Bonafini (la argentina que se atrevió a cantar loas al 11 S), Adán Chávez, Gustavo Larrea (jefe de la fracción profariana del gobierno Correa) y Jael Quiroga, miembro del Colectivo de Abogados José Alvear Restrepo.
    Por el éxito, hubo cruce de alabanzas. Granda, feliz, dice a 'Reyes': "Gracias por las felicitaciones para el colectivo del Foro que se lo merecen y las trasmitiremos"; y como la diputada se ofreció a seguir girando por cuenta de los ecuatorianos, programaron otro foro más grande, "todo bajo nuestra dirección (Farc). El programa se mantiene y en el constan los nombres de los expositores y los temas (...) Por el lado de acá se mantiene los pasajes para una persona del lado nuestro (Farc)". Adivina, adivinador, a quién se los asignaron: a Jael Quiroga, del Colectivo de Abogados. Todo por instrucciones de 'Reyes': "En cuanto a lo de Jael o Pablo Cruz (otro del 'colectivo') la idea es que participen como colombianos afectados por el conflicto no a nombre de las Farc, lo harán desde el punto de vista de defensores de los derechos humanos y ambos están en la lista de personas que podríamos disponer para ese tipo de eventos".
    ¿Comprenden ahora los lectores por qué no hay que extrañarse por las falsedades urdidas por el Colectivo para lograr la condena de Mapiripán? Detrás estaba la consigna de 'Jojoy' de 'sacarle todo el provecho y magnificar' el crimen de las Auc.
    Al colectivo, en su libro 'Que nada de esto vuelva a suceder', se le zafa esta atrocidad: para indemnizar a las víctimas (falsas o verdaderas) debe demostrarse 'responsabilidad del Estado'. El Colectivo la inventó y puso en cabeza del general Uscátegui. De ninguna manera abandonaría 15 mil millones...
@JOSEOBDULIO