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Dic 10 de 1948
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Los festejos del duopolio


  • Mauricio Vargas

    Si no hay tercer canal, perderán los televidentes, y los grupos Ardila y Santo Domingo se harán aún más ricos.

  • Cuenta el Teléfono Rosa de El TIEMPO de ayer que las directivas del canal Caracol celebraron el viernes hasta altas horas de la noche el derrumbe de la licitación que debía asignar un tercer canal nacional de televisión. Y no es para menos. La decisión les reportará decenas de miles de millones de pesos en ganancias extras tanto a Caracol como a RCN, los dos canales que han reinado en solitario desde 1998 y que, gracias a su duopolio, concentran mucho más de la mitad de la publicidad total del país, una torta que, como es lógico, no quieren compartir con nadie más. Y mientras más se demore el tercer canal, más plata les llegará.

    Por esa razón, los dos grupos contrataron a un ejército de abogados que, de seguro, también celebraron, pues sus bonos de éxito por haber detenido la adjudicación eran muy jugosos. Desfilaron varias semanas por los noticieros de esos mismos canales, presentados como expertos independientes y no como lo que eran: voceros de los intereses de dos de los mayores grupos económicos del país. Los televidentes, en cambio, no tuvieron quién los representara. Nadie habló por ellos. Nadie dijo que ellos tenían derecho al menos a una tercera opción de televisión, una diferente donde los capos que han masacrado a cientos de miles de colombianos no sean convertidos en héroes románticos, ni donde la escala de valores del traquetismo sea exaltada a diario, como lamentablemente ocurre hoy con la televisión nacional colombiana.

    A diferencia de esos abogados, yo sí lo digo con claridad: trabajo con EL TIEMPO y con el grupo Planeta, que conforman uno de los grupos interesados en obtener la licencia para ese tercer canal. Pero eso no me impide pensar ni decir algo tan obvio como que, según lo confirman todas las encuestas, una amplia mayoría de colombianos quiere otra opción de televisión, como la tienen otros países de Latinoamérica, donde hay cuatro y hasta cinco canales privados compitiendo al mismo tiempo. Una aspiración que ojalá no sea vea frustrada por el peso de los intereses de los dos grandes grupos, ni por las maniobras de sus abogados, ni por organismos de control temerosos de lo que esos grupos dijeran en sus noticieros.

    El argumento central de quienes echaron abajo la licitación es que iba a haber un solo proponente. Había unas reglas, como en toda licitación, y dos de los tres grupos interesados alegaron que no estaban de acuerdo con ellas. No sé si los dos -o al menos uno- al final se iban a presentar. Pero sí recuerdo que, cuando los actuales canales, Caracol y RCN, obtuvieron sus licencias, las ganaron casi a dedo por obra y gracia del gobierno de Ernesto Samper. En términos reales, eran solo dos proponentes para dos canales, de modo que siempre fue obvio que un canal era para el uno y el otro, para el otro, como en efecto ocurrió.

    Pagaron más de 100 millones de dólares, pero luego, por cuenta de la recesión de fines de los 90, consiguieron que el Estado -es decir, los contribuyentes- les devolviera buena parte de la plata, alegando el desequilibrio económico que dicha recesión había generado. Nada de eso lo recordaron los abogados a su servicio, que salían todas las noches en sus noticieros a criticar la adjudicación del tercer canal.

    Ojalá que la promesa de la Comisión Nacional de Televisión, de reiniciar en pocas semanas el proceso, se cumpla. Ojalá que ni los comisionados ni los organismos de control se dejen arrinconar otra vez por la presión de los dos grandes grupos. Y ojalá que, si ello es así, a mitad de año sea asignada una tercera opción para que los televidentes colombianos tengan al menos una posibilidad adicional de escoger. Si no, los propietarios y directivos de los dos canales actuales tendrán motivos de sobra para seguir celebrando el duopolio que ostentan.

    mvargaslina@hotmail.com

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