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La gran FARC-SA

19 de febrero del 2011 | OPINIÓN| Por Andrés Felipe Arias
El show mediático que hemos padecido con la liberación a cuentagotas de seis secuestrados por parte de las Farc alcanzó niveles surrealistas.
El pasado domingo nos dimos cuenta del vil engaño del grupo terrorista: dos de los secuestrados -el Mayor Guillermo Solórzano y el Cabo Salín Sanmiguel- no fueron liberados.

No hubo un colombiano que no sintiera rabia, dolor e indignación. ¿Hasta qué punto podría llegar la crueldad de las Farc? Pues hasta donde tuviera que llegar, dado que su objetivo era sacar provecho militar del tenebroso espectáculo y, de paso, lograr la reivindicación política de una persona que fue sancionada por vínculos con el terror.

En efecto, las Farc fueron capaces, sin sonrojarse, de engañar al gobierno, a la Cruz Roja y a Colombia entera mientras aprovechaban, militar y tácticamente, los ceses de operaciones escalonados -o mini despejes- que exigieron a cambio de los secuestrados. Pudieron mover a Cano y reacomodar, simultáneamente, las sangrientas columnas y cuadrillas de asesinos, secuestradores y torturadores que lo protegen.

A las Farc no les importó el dolor y la agonía de las familias que esperaban con frustración, angustia y desespero a Solórzano y a Sanmiguel. El objetivo de embobar al país, al Gobierno y a la Cruz Roja con unas coordenadas ficticias para simular una liberación frustrada se había logrado.

Cano y sus secuaces se reacomodaron estratégicamente. Un logro militar para las Farc que el secretariado sabe valorar y que a nuestro Ejército debe repugnar.

No contentas con la vergonzosa bofetada a Colombia, las Farc salieron a desmentir su engaño. En uno de los más grandes despliegues de cinismo que hayamos podido presenciar, emitieron un comunicado en el que afirmaron: "Lamentablemente, en el día de ayer, por razones que estamos investigando, no fue posible completar la liberación unilateral de la totalidad de los prisioneros de guerra anunciados por las Farc- EP".

Pobrecitos estos angelitos de las Farc que quedaron tan mal ante el país y ante el mundo sin quererlo. Fue sin querer queriendo. Ahora resulta que no sólo tenemos que aguantarnos el insulto que le propinan a la Fuerza Pública cuando denominan "prisioneros de guerra" al Mayor Solórzano y al Cabo Sanmiguel sino que, además, debemos extenderles el beneficio de la duda y esperar pacientemente el resultado de su investigación. ¡Hágame el favor!

Pero el cinismo del grupo criminal no tiene límite. A renglón seguido declararon: "Las dificultades que se generan eventualmente en el desarrollo de este tipo de gestiones, requieren alta dosis de responsabilidad en su manejo, dadas las graves consecuencias que se pueden ocasionar si priman la altisonancia, la descalificación y la ligereza en el análisis por parte de quienes, representando al Gobierno, deben procurar que todo culmine exitosamente".

Mejor dicho, la culpa del engaño y la cruel tortura que las Farc perpetraron sobre los secuestrados, sus familias y Colombia entera es del Dr. Eduardo Pizarro y del Gobierno por haber reclamado, con justa indignación, por el brutal atropello y la trampa trapera de estos criminales. Es decir, salimos a deberles porque se sienten descalificados con altisonancia. ¡Habrase visto!

Las Farc no pueden seguir saliéndose con la suya siempre que montan la macabra comedia de las liberaciones gota a gota. Entendiendo el dolor y la angustia de los secuestrados y sus familias, y pidiéndole al cielo que muy pronto los podamos tener a todos en libertad, es preciso insistir en que el único camino posible en este momento es la derrota militar completa al terrorismo y al secuestro. Es decir, rescate militar cuando sea posible y sin diálogos. De lo contrario continuará la gran FARC-SA.

Y Chávez feliz.

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