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Movice y Sintraunicol quisieron salvar a Cano

9 de noviembre de 2011 | COLUMNA| Por: JOSÉ OBDULIO GAVIRIA
Unas oenegés adscritas o cómplices de las Farc pusieron trabas a la acción de las autoridades.
En 20 de abril del 2010, el general González, comandante del Ejército, redondeó los preparativos para activar la fuerza de trabajo conjunta contra Alfonso Cano. Luego de la ceremonia inaugural -con asistencia del presidente Uribe-, el general Joya Duarte y su segundo, el coronel Herrera, abordaron un helicóptero; no querían perder un minuto. El afán produjo descoordinación, chocaron dos aeronaves y ambos oficiales murieron.

Los guerreros recogen los despojos, encomiendan a Dios el alma de sus compañeros, secan una lágrima furtiva y ocupan la trinchera de los caídos. Esa misma noche, el general Suárez ya estaba al frente de la Fuerza.

Combatir a los terroristas no es juego de niños. Muchos soldados cayeron asesinados en las operaciones contra Cano, quien ordenó minar los caminos, desplazar campesinos desafectos -o sospechosos de serlo-, asesinar indígenas y confiscarles casas, muebles y animales. Cano concentró toda la capacidad de fuego posible para defender su santuario -o, mejor, su guarida-. Durante los 18 meses de ofensiva de la civilización, representada por el Ejército, contra la barbarie de las Farc, la defensa y los ataques más activos y letales de Cano no provinieron de las montañas, sino desde Bogotá, Cali y Popayán. Unas oenegés adscritas o cómplices de las Farc, hicieron denuncias y pusieron trabas a la acción de las autoridades; mientras otras, que imitaban aquel canto de las sirenas que casi enloqueció a Odiseo, prometían 'solución política negociada' o liberación de secuestrados, pero, eso sí, si se dejaba tranquilo a Cano.

Los primeros días de este noviembre cundía el pánico entre los leales amigos 'legales' de Cano. No quedaba otra opción que la fuga. Había sido inútil enviar a centenares de combatientes desde la cercana costa pacífica. Se sentía la derrota. Desolado, el jefe de las Farc aceptó la humillación de tener que separarse de sus 'marxistas' barbas y de sus gafas de carey y asumió la pinta de un lampiño cooperador oenegero internacional. El 4, por la mañana, se dispuso a esperar un vehículo que lo alejara del infierno. Inteligencia militar, mientras tanto, nutría la acción de la tropa. No se permitió el acercamiento de carros de los 'cooperadores' y, al contrario, comenzó un desembarco masivo de hombres que realizarían una operación rastrillo definitiva.

Al comprobar esto, desesperados, los 'cooperadores' pidieron lanzar un SOS para salvar a Cano. A las 9:45 apareció el comunicado 'denunciando ante la comunidad nacional e internacional' que "desde las 9:00 a.m. (4 de noviembre), 24 helicópteros del Ejército bombardean indiscriminadamente las veredas (...) Chirriadero y Yarumal del Resguardo Indígena de Honduras (...). A su paso, el bombardeo ha dejado animales muertos y multitudes de niños, niñas, mujeres y hombres atemorizados...".

Mentían. La balacera fue desde tierra, contra los helicópteros y sus ocupantes. Los tipos del comunicado se jugaron el todo por el todo para obstruir la acción de las autoridades. Pidieron una avalancha de protestas para amilanarlas, porque bastaría un día sin presencia militar para salvar a su líder. Esa desembozada acción criminal no les sirvió. Cano murió y ahora las autoridades los investigan a ellos.

Entre las 'organizaciones firmantes' de la 'denuncia' vi a Sintraunicol. ¡Claro! Recordé que fueron ellos quienes otorgaron poder al Colectivo de Abogados para denunciarme por calumnia, aquella vez que participaron en una asamblea terrorista en Quito. ¡Ah, y otra vez el Colectivo! Escribí 'nomadesc' en Google y, ¡qué casualidad!, apareció su blog como un link del José Alvear Restrepo. Y, claro, no podía faltar 'movice', la tapadera fundada por Iván Cepeda, aquella que citó, conjuntamente con el Secretariado, la marcha del 6 de marzo contra el 'terrorismo de Estado'.

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