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Carta a Iván Márquez

10 de marzo de 2012 | OPINIÓN | Por: María Jimena Duzán

Yo sí quisiera saber cómo es que el secretariado de las Farc le va a responder a las víctimas del secuestro, que tienen derecho a saber la verdad sobre lo que ocurrió con sus seres queridos.
La 'bacrimización' de las Farc es un fenómeno inevitable que no han podido controlar...
He leído con cuidado sus últimas comunicaciones y, aunque usted no ha sido tan explícito como sí lo ha sido Timochenko cuando dice que vale la pena apostar por la paz para romper ese círculo maldito, quisiera decirle que, como colombiana que añora la paz, valoro la decisión anunciada por ustedes de no volver a recurrir al secuestro extorsivo como un arma de guerra.

Ese anuncio lo entiendo no solo como un gesto importante, así a muchos les parezca retórico e intrascendente, sino como una constatación de que el secretariado de las Farc está por primera vez, después de muchos años, buscando más argumentos para la paz que para la guerra.  
Sin embargo, a pesar de valorar su gesto, no creo que vaya a ser lo suficientemente poderoso como para derrumbar ese escepticismo que se ha apoderado de un amplio sector de la sociedad colombiana cada vez que ustedes abordan el tema de la paz. Prueba de que ese escepticismo es grande y poderoso es que su decisión de abandonar el secuestro extorsivo no tuvo el impacto que debió haber tenido. El anuncio pasó prácticamente inadvertido por los medios, que casi no lo resaltaron, y por los políticos de toda índole, que lo ignoraron.

No sé si usted entiende desde su orilla lo que le voy a decir: en muchos sectores del país aún está latente la percepción -fabricada, dirán ustedes; real, diré yo, que no comparto la lucha armada- de que ustedes no fueron sinceros con el país cuando el gobierno de Pastrana abrió las compuertas de la paz para buscar una salida política. Y esa desconfianza, esa falta de credibilidad, pesa hoy más que nunca a la hora de volver a abrir cualquier compuerta hacia la paz por pequeña e insignificante que esta sea.

Por eso, me temo que para volver a construir esa confianza y esa credibilidad van a ser necesarios más gestos y hechos de paz. Y, aunque creo que el anuncio en el que ustedes se comprometen a abandonar el secuestro extorsivo como arma de guerra es un paso importante, tengo la convicción de que le falta mucho para volverlo creíble. Yo sí quisiera saber cómo es que el secretariado de las Farc le va responder a las víctimas del secuestro, que tienen el derecho a saber la verdad sobre lo que ocurrió con sus seres queridos. Y lo mínimo que estas esperan es que, por boca de usted, se sepa la verdad sobre cuántos son los secuestrados que tienen en su poder y en dónde están enterrados los que murieron en cautiverio. Esa sería una forma de ir construyendo confianza y credibilidad en el camino hacia la paz.

Aunque a usted y a mí nos separen muchas cosas y estemos en dos orillas completamente distintas, creo que podemos estar de acuerdo en una cosa: en que esta es la mejor oportunidad que ha tenido el país para hacer la paz desde que surgieron las guerrillas. Las razones para que esto sea cierto puede que no las comparta, pero igual se las doy. La primera de ellas es que desde el instante en que el gobierno de Juan Manuel Santos dijo que en el país existe un conflicto interno, implícitamente, se les reconoció a ustedes su naturaleza política. Ahora les toca a ustedes mostrar si ese gesto lo van a utilizar para construir puentes confiables hacia la paz o si lo van a utilizar para atizar la guerra. Yo aspiro a que sea lo primero y no lo segundo, porque aún tengo la esperanza de que mis hijas vivan en un país distinto al que me tocó.  

El problema, como usted bien lo debe saber, es que el tiempo corre a favor de la guerra y no de la paz. Ningún gobierno puede sentarse a esperar a que salga humo blanco del secretariado de las Farc porque en esta orilla también hay muchos intereses que le juegan más a la guerra que a la paz. Pero en el caso de ustedes esa máxima es dramáticamente cierta. La 'bacrimización' de las Farc es un fenómeno inevitable que no han podido controlar, así ustedes no lo mencionen en sus cartas ni lo planteen en sus reflexiones. Si hoy no se aprovecha esta oportunidad que se abre hacia la búsqueda de una salida política, el futuro que les espera es el de terminar convertidos en una banda criminal movida ya no por unas premisas políticas, sino por la inercia capitalista que produce la acumulación del capital derivada del narcotráfico. ¿Eso es lo que ustedes quieren después de tantos años de lucha armada? ¿Terminar en una hamaca, comiendo viandas exquisitas al calor de un buen ron, mientras parte de sus huestes se mueren en la guerra y otras se transforman en carteles?

A usted lo conocí cuando era congresista de la UP. Se salvó de que lo mataran, porque fue uno de los pocos que decidió volver a la guerrilla a retomar la lucha armada. Sin embargo, después de tantos años de andar con un fusil en las manos, me pregunto si sus ideales se le cumplieron.

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