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Dic 10 de 1948
Peláez y Gardeazábal agosto 1 de 2018
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PETRO QUE LADRA NO....

18 de marzo de 2012 | OPINIÓN | Por: CRISTINA DE TORO R.

Con los salvajes y demenciales episodios del pasado 9 de marzo en Bogotá, quedaron en evidencia, no solamente, los graves problemas del transporte público que está padeciendo esa ciudad, sino también los de cultura ciudadana y los de gobernabilidad.
Cuatro emisiones diarias de noticieros en los canales nacionales, 7:00 a. m., 12:30 p. m., 7:00 p. m. y 11:30 p. m. en los que cambian de presentador para repetir la misma noticia a mañana, tarde y noche, y cuyos contenidos están destinados, casi en su totalidad, a hablar sobre los problemas de la ciudad capital (el resto habla de farándula o bien, promociona la programación de sus respectivos canales), y en los que prácticamente a diario nos mostraban todos los tropiezos y las permanentes arremetidas en contra del servicio del transporte Transmilenio, hacían predecible lo acontecido.

Sí, porque una ciudad en la que pareciera que las modificaciones no son posibles conseguirlas con base en propuestas y consensos, en donde se había vuelto habitual que cualquier perico de los palotes expresara su inconformidad con ese, o con cualquier otro servicio de la ciudad, arrojándoles piedras a los buses articulados o dañando estaciones; o bien, obstruyendo con pancartas y arengas sus vías, etc., estaba condenada a que, tarde o temprano le sobreviniera una batalla campal que hiciera colapsar toda la red.

Lo curioso es que todos los sistemas de transporte masivo del mundo (Nueva York, Tokio, Buenos Aires, Medellín, etc.); trenes BRT (sigla en inglés para Bus de Tránsito Rápido), tranvías, metros, etc., son objeto de las mismas quejas y reparos por parte de los usuarios.

Como las ciudades están en permanente crecimiento sus sistemas siempre se quedan cortos y vienen las congestiones en horas pico, los sobrecupos y las demoras en las frecuencias; largas filas para compra de tiquetes, estrujones, robos, etc.

Sin embargo, los usuarios al protestar no los destruyen porque, son conscientes de que los daños empeoran el servicio y los más perjudicados van a ser ellos mismos.

Infortunadamente, en Bogotá, amén de todas las dificultades que por cuenta del incumplimiento en la entrega de algunas de las obras del ensanche del sistema están padeciendo, hay que sumarles la notoria falta de comportamiento cívico de los usuarios y la indolencia e ineptitud de sus gobernantes.

Y es que el cuentico ese de que "como en Bogotá lo que menos hay son bogotanos y por eso la ciudad no tiene dolientes", hace rato que dejó de ser excusa para no tener cultura ciudadana.

En Medellín, por ejemplo, como sucede en todas las ciudades grandes del país y del mundo, residen miles y miles de personas provenientes de otras latitudes y todos nos hemos visto forzados a aprender una serie de valores, actitudes y reglas mínimas para facilitar la convivencia y la manera como nos relacionamos con nuestra ciudad, enseñanzas que además, como la de la cultura metro, constantemente nos tienen que recalcar.

Ahora bien, independientemente del oscuro tejido político, de las peleas que hay entre los distintos movimientos de izquierda y de los tenebrosos organizadores que al parecer están detrás de los desafortunados incidentes, quedó claro que al señor Petro le falta capacidad y conocimiento para regir los destinos de la capital.

¿Por qué será que el enérgico y vehemente exsenador; el sabio, valiente y soberbio excandidato presidencial, aquel que dominaba toda la problemática nacional y local, ahora se ampara tras del Twitter?

No será propiamente porque, Petro que ladra no....

El Alcalde twitter

11 de marzo de 2012 | OPINIÓN | Por: María Isabel Rueda

Pero sin importar quién está detrás, el hecho es que los desórdenes se le salieron a Petro de las manos.

Petro en Twitter, a través del cual le gusta gobernar, con frecuencia entra en contradicciones.

El alcalde Petro descarta que los desórdenes vandálicos contra TransMilenio, que casi paralizaron económicamente a Bogotá el viernes, fueran hechos aislados, de jóvenes a los que, porque el viernes se les demoró el bus, decidieron bloquear el sistema. Afirma que fue un "plan orquestado de inseguridad de la ciudad". Vamos a creerle. ¿Pero por parte de quién?
Petro venía culpando de anteriores protestas a los "operadores del transporte", porque "coinciden con las consultas de cambios de la contratación y de tarifas a los ciudadanos". También, "al cartel de la contratación", como si los Nule estuvieran arengando a los manifestantes. La novedad es que, sorpresivamente, ahora el Alcalde de Bogotá está convencido de que es la propia izquierda la que le está soltando los perros. Sugiere que si algunos grupos han demostrado capacidad de organizarse para marchar, cerrar calles, encapucharse, enfrentarse al ESMAD, han sido los de izquierda, llámense JUCO, MOIR o PARTIDO COMUNISTA.
Y respetuosamente pregunto: ¿lo que sugiere el Alcalde es que estamos ante una pelea de la izquierda, de viejas comadres, en una esquina el MOIR-POLO-PARTIDO COMUNISTA y en la otra PETRO, NAVARRO y PROGRESISTAS? Por el bien de la ciudad, ojalá eso no resulte cierto.
Porque eso es lo que escribe Petro en Twitter, a través del cual le gusta gobernar, y con frecuencia entra en contradicciones no solo con sus subalternos, sino consigo mismo: "Dado que militantes del partido comunista y el Moir están detrás de los bloqueos, espero pronunciamiento de Clara López y de bancada del Polo".
La exalcaldesa Clara lo niega y recomienda a Petro que se calme. También lo niega el senador Jorge Enrique Robledo, líder del MOIR, para quien "en vez de buscar a quién culpar de hechos que están sucediendo de manera espontánea porque la gente no aguanta más, más bien se ponga a buscar las soluciones". Qué será lo que cree Petro: ¿que el MOIR quiere pasarle cuenta de cobro desestabilizando su administración?
Pero sin importar quién está detrás, el hecho es que los desórdenes se le salieron a Petro de las manos. Apoyamos al Alcalde en su preocupación de buscar a los responsables. Pero le ha llegado la hora de dejar de gobernar en 140 caracteres. Estos desórdenes anárquicos del viernes se van a seguir presentando en Bogotá si no anuncia rápido un plan de movilidad serio para la ciudad, en lugar de continuar diciendo babosadas por Twitter.
Lo cierto es que hasta ahora, las políticas de transporte de Petro han sido tremendamente contradictorias. El gerente de TransMilenio, Carlos García, hombre serio, se la ha tenido que pasar contradiciendo los twitters del Alcalde al respecto. Tuvo que salir a aclarar que hoy no es posible la tarifa diferencial que propone Petro para TransMilenio. Que para los buses híbridos que prometió y que valen 150 mil millones, no hay plata. Y que el Sistema Integrado de Transporte debe entrar a funcionar a más tardar en junio de este año, y no en el 2013, como dice su jefe, el Alcalde. Este hombre del TransMilenio, creo yo, no va a aguantar: renuncia pronto.
Alcalde Petro: a Samuel no le midieron el aceite de manera tan anárquica y descarada, ni siquiera en sus peores momentos. Por lo tanto, los bogotanos te exigimos que implementes cuanto antes unas medidas de choque para mejorar el servicio del TransMilenio (ampliación de paraderos, estímulos a la compra masiva de tiquetes para evitar colas, construcción de deprimidos sobre la Caracas para acortar los recorridos, agilizar la conexión de troncales, Caracas y calle 26 con carrera 30, por ejemplo).
Comienza a gobernar ¡ya!, Alcalde. Y en todo caso, perdóname por el tuteo.
Había una vez... en que no había peligro de que la Corte Suprema de Justicia armara una trinca con la Fiscal encargada. Hoy sí hay motivos de preocupación. ¡Que corra el Gobierno con esa terna!

¿A quién terminaron golpeando?

10 de marzo de 2012 | Voy y vuelvo | Por: ERNESTO CORTÉS FIERRO

¿Qué más se puede sentir después de ver los ataques contra TransMilenio el viernes pasado? No es ni siquiera rabia. Es algo parecido a la frustración y la impotencia.
Y, sin embargo, no es eso lo que más impacta de aquellas imágenes propias de los tiempos bárbaros.
Es la forma como estos energúmenos la emprendieron contra estaciones, buses y taquillas. Era odio puro, desprecio, tirria y una alta dosis de frustración personal y social. No de otra forma se entiende la manera como se destrozó, se rompió y se saqueó un sistema que les sirve a los más pobres. Lo hicieron con una sevicia apenas comparable con la que ejercen los grupos homofóbicos. ¿Quién pierde?, ¿Petro?, ¿Peñalosa?, ¿los dueños de los buses?, ¿los dueños del cemento? No. Pierden los conductores que al fin consiguieron un trabajo digno, la humilde expendedora de tiquetes que de ahí deriva el sustento para sus hijos, el bachiller de Policía que es tan pobre como la mitad de la gente de esta ciudad.
Hay que decirlo claro: allí no estaba el trabajador que se frustra por el mal servicio del sistema, ni la joven que debe soportar el bus lleno, ni el estudiante, ni la ama de casa, ni las personas representadas en los llamados comités de usuarios de TransMilenio. Y no estaban allí porque su objetivo no es acabar con TransMilenio, sino mejorarlo. ¿A quién se le ocurre hacer parte de unas mesas de negociación, participar, opinar y después salir a romper las estaciones? Es probable que un acto de protesta pacífica haya terminado en manos de vándalos, esos sí, con agenda propia.
Lo peor de todo es que mientras no se atiendan las demandas de los usuarios -que se conocen de sobra, pero que por alguna extraña razón llevan años sin resolverse-, TransMilenio seguirá siendo la disculpa perfecta para saboteadores y pescadores en río revuelto, como sucedió el viernes.
Petro no es el responsable de los desmanes, ni más faltaba, pero la ausencia de estrategias claras para empezar a paliar las fallas del sistema y de un plan detallado de lo que será su política de movilidad sí le está complicando la vida.
ERNESTO CORTÉS FIERRO
Editor Jefe EL TIEMPO
@ernestocortes28
erncor@eltiempo.com