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Peláez y Gardeazábal agosto 1 de 2018
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Mamertología

OPINIÓN| Por: MAURICIO BOTERO CAICEDO | Publicado: enero 04, 2014 
Algunos, como Cristina de La Torre (El Espectador, Dic. 17/13), pronostican la llegada de la izquierda al poder: “El desplome definitivo de su máscara justiciera provocó una sacudida capaz de catapultar la centro-izquierda hacia la Presidencia el año entrante (2014)… una tercería que, unificada, derrotaría al uribismo en la primera vuelta y le disputaría el poder a Santos en la segunda”.
Los mamertos, como los bon-bon-bum, vienen de todos los tamaños, colores y sabores. Presumen de no convencionales, pero se visten todos con atuendos inconfundibles.
Respetuosamente no comparto dicho vaticinio, porque la inmensa mayoría de los colombianos no traga entero: la izquierda —como lo ha demostrado en Bogotá— cuando llega al poder suele dedicarse al saqueo, o a hacer gala de su incompetencia administrativa.
Para entender al izquierdista es oportuno repasar el origen de la palabra mamerto: engendro del economista Jorge Child, el mamerto era un apodo —más burlón que peyorativo— que se refería a la imposibilidad de tragarse los discursos y escritos eternos de varios de los líderes de la izquierda en la década de los sesenta: Gilberto Vieira, secretario del PCC, y Filiberto Barrero, que era su mano derecha.
Los mamertos, como los bon-bon-bum, vienen de todos los tamaños, colores y sabores. Presumen de no convencionales, pero se visten todos con atuendos inconfundibles que se pueden describir como ‘Calle del Cartucho Chic’, o la línea ‘Cuadrapicha’ de Giorgio Armani; algunos osados usan prendas peculiares como la boina de Petro o las camisas de ‘dependiente de peluquería de Nueva Delhi’ de Iván Cepeda. Son generosos a su manera… Es decir, abnegadamente están dispuestos a repartir el peculio ajeno. Firmes creyentes de que lo que unos tienen es porque se lo han quitado a otros, el mamerto pretende no tanto abolir la envidia y la codicia, sino repartir los bienes de las personas que la despiertan.
Es prudente repasar otras variantes del mamerto:
—Los neomamertos: se trata de una disidencia de los integrantes del partido político colombiano por excelencia, el ‘neoportunismo’, partido que congrega a la abrumadora mayoría de la clase política. Los neoportunistas, y los neomamertos comulgan con la sentencia del filósofo mexicano: “Vivir por fuera del presupuesto, es vivir en el error”. Es decir, la ‘mermelada’ es la que endulza la ‘tostada’.
—Los plutomamertos: algunos son herederos de fortunas basadas en la construcción y en el agio; otros, abogados de los “Colectivos” que se dedican a demandar al Estado en el exterior (embolsillándose una tajada tan grande de las condenas que en justicia se les debería llamar ‘chupasangres’); los ‘Jefes de Frente’ y el Secretariado de las Farc, ambos enriquecidos con el narcotráfico; y finalmente los que se dedicaron de tiempo completo a saquear las arcas públicas como los hermanos Moreno. “Patrocinar al pobre ha sido siempre, en política, el más seguro medio de enriquecerse”, afirmaba Gómez Dávila.
—Los ecomamertos: cargados de fanatismo e ideología, los mamertos ecológicos creen que la naturaleza es un remanso idílico, remanso que solo comprenden las culturas indígenas, sin darse cuenta de que a través de la historia son precisamente esas culturas indígenas las mayores depredadoras del medio ambiente. De agricultura entienden poco y se ven en ascuas para explicar si la papa es un tubérculo, un furúnculo o un testículo. Pero lo más grave es que no entienden una premisa elemental: son precisamente los países que se vuelven ricos con base en explotar con inteligencia sus recursos naturales como Canadá, los que más se preocupan por el medio ambiente; mientras que los que colocan talanqueras al desarrollo terminan convirtiéndose en basureros tóxicos como Zimbabue.
Este es un espacio de opinión destinado a columnistas, blogueros, comunidades y similares. Las opiniones aquí expresadas pertenecen exclusivamente a los autores que ocupan los espacios destinados a este fin  y no siempre reflejan la opinión o posición de LA OTRA MITAD DE LAS VERDADES A MEDIAS.

El hijo de Manuel Cepeda

OPINIÓN| Por: ERNESTO MACIAS TOVAR | Publicado: marzo. 20, 2013 
"Hay una cosa más terrible que la calumnia: la verdad", dijo el político francés Maurice De Talleyrand. Yo agregaría: terrible aquel para quien "el fin justifica los medios", porque transgrede la ética, la moral y la ley con tal de llevar a cabo sus planes.
Desde que logró una credencial de representante a la Cámara, Cepeda se dedicó a crear una organización paralela a la justicia con el único propósito de acusar al expresidente Álvaro Uribe y a su familia.
Hace varios años ingresaron como invitados al salón Elíptico del Capitolio tres paramilitares, y cuando intervenían allí, irrumpió un joven con cara de experto agitador quien portando una fotografía de su padre rechazó la presencia de quienes, según él, lo habían asesinado. Se trataba del hijo del dirigente de extrema izquierda Manuel Cepeda. Hasta ahí el rebelde tenía razón: inaudito que unos delincuentes pisaran el recinto de la democracia así fuera por dos horas. Sin embargo, aquel “revolucionario” es el mismo que hoy, con credencial de congresista, lucha porque a los cabecillas de las Farc, declarados terroristas por la comunidad internacional, les perdonen sus crímenes y lleguen al Congreso con plenos poderes y facultades para decidir el futuro de Colombia.
Pero, hay algo muy grave en el actuar del hijo de Manuel Cepeda, sobre lo cual quedan muchos interrogantes. Desde que logró una credencial de representante a la Cámara y a pesar de su condición de servidor público Cepeda se dedicó a usurpar funciones de investigador judicial o, mejor, a crear una organización paralela a la justicia con el único propósito de acusar al expresidente Álvaro Uribe y a su familia.
Se hizo delegar como observador de derechos humanos en las cárceles y, bajo esa fachada, según certificación del Inpec, visitó en 21 ocasiones a un criminal condenado por secuestro con el fin de elaborar testimonios en contra de Uribe y su hermano; esto con equipos de video que (Cepeda) ingresó al penal.
Ahora, dice (Cepeda) que las 21 visitas las realizó con el fin de “velar por la seguridad” del secuestrador. Preguntas: ¿qué tiene que ver esto con las funciones del Congreso?; ¿desde cuándo y amparado en qué ley un congresista hace investigaciones judiciales en las cárceles?; ¿qué tipo de facultad tiene un congresista para velar por la seguridad de un condenado por la justicia?; ¿por qué la Fiscalía recibe un supuesto testimonio recaudado de forma sospechosa y oscura por alguien que no tiene esa facultad legal? En este caso, ¿existen conductas que le otorguen castigos penales y disciplinarios?
Pero, más grave aún es la declaración del padre del secuestrador en la cual le dijo a la Fiscalía que Cepeda le entregó sumas de $1,2 millones durante tres meses, que recibió su esposa. Y que también les prometió asilo en Argentina y que, al no cumplirse la promesa, les dijo que los llevaría a vivir a Barranquilla. Preguntas: ¿por qué un congresista entrega dinero y promete asilo a cambio de “testimonios” judiciales?; ¿de dónde salió el dinero entregado?; ¿qué facultad legal tiene un congresista para ofrecer asilo? En este otro caso, ¿Qué delitos se configuran? 

Aunque las evidencias apuntan a que no se trata de una simple calumnia, las pruebas advierten que está aflorando una terrible verdad a través de la cual, el hijo de Manuel Cepeda, presumiblemente estaría utilizando medios oscuros para fines ilegales. 
Twitter: @emaciastovar
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