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No es el de la U

OPINIÓN| Por: FERNANDO LONDOÑO HOYOS | Publicado: diciembre 09, 2013 
Hay tres meses para que todos los colombianos sepan que el partido de Uribe es el que encabeza Uribe y que el de la U es el de las treinta monedas de esta repugnante pantomima.
Desmontado el tinglado de esa farsa, el 9 de marzo Colombia dejará saber que no respeta ni ama a los traidores.
El de la U es un curioso partido que se quedó sin jefes, sin doctrina y sin adeptos. Descontado todo eso no hay partido. ¿De qué y cómo vive entonces el de la U?
El Partido del que hablamos fue fundado en honor de Uribe, para seguir políticamente a Uribe y para librar en su nombre las batallas electorales. Como Uribe era Presidente, se acordó llamarlo de Unidad, para que no fuera tan visible su procedencia y su destino.
A nombre del Partido de la U fueron electos numerosos parlamentarios, que a la sombra del árbol que tan buen cobijo ofrecía ganaron batallas y llegaron al Congreso. A nadie se le ocurría que los votos depositados por Senadores, Representantes, Diputados y Concejales que se presentaban bajo la enseña de la U no fueran uribistas.
Llegó la campaña de Juan Manuel Santos, derrotada como fuera en la Corte Constitucional la segunda reelección de Uribe y ahí estaba, disponible y exitoso, el Partido de la U.
Recordaremos que en aquella campaña hubo un momento en el que los consejeros de Santos resolvieron promover su nombre y su figura, dejando a un lado su origen uribista. Y fue el desastre. Las encuestas se vinieron al suelo y la derrota santista se presagiaba catastrófica.
No hubo más remedio que olvidarse de Santos y volver a Uribe. Y ese viraje permitió la elección del actual Presidente, no por sus merecimientos, ni por su imagen, ni por sus atractivos. El pueblo eligió a Santos, porque venía de Uribe.
Esa pequeña circunstancia la olvidó el doctor Santos desde la ceremonia de posesión el 7 de agosto de 2.010. En su discurso dejó claro, después de varias zalamerías protocolarias en homenaje a quien todo le debía, que tomaría rumbo contradictorio al que se había comprometido en la campaña.
Quedaba el Partido, que seguía llevando la letra que certificaba su linaje.  Pero los traidores no se paran en pelos. Santos se declaró Liberal, como no pierde ocasión de repetirlo, pero sigue usando el distintivo que cree le dará votos y curules en las elecciones próximas. Los congresistas de la U, de su lado, solo miran que el Presidente les reparta mermelada. Con dinero del Tesoro, que es de todos los colombianos y con contratos de la Nación, la U sigue su marcha………..hacia el abismo.
¿Qué piensa la U como Partido? Nada. ¿Qué posición ante la vida tiene el partido y tienen sus miembros? Ninguna. ¿Cómo sobrevive un Partido que no tiene cosa alguna, que no representa nada, que no aspira a nada? Es lo que conviene examinar.
La U no tiene sino una posibilidad de éxito. La de que fructifique el engaño que trama. Pretende que muchos colombianos voten por el partido, creyendo que votan por el de Uribe. Y no habrá marrulla que no se permita, ni bellaquería que no intente, ni trapisonda que le quede lejos con tal de conseguir resultados en su farsa.
Nadie va a votar por Roy Barreras, ni por Armando Benedetti, ni por el desprestigiado General Padilla. Pero calculan que serán muchos los que voten por ellos creyendo que la U significa Uribe.
Hay tres meses para que todos los colombianos sepan que el partido de Uribe es el que encabeza Uribe y que el de la U es el de las treinta monedas de esta repugnante pantomima. Desmontado el tinglado de esa farsa, el 9 de marzo Colombia dejará saber que no respeta ni ama a los traidores. 
Este es un espacio de opinión destinado a columnistas, blogueros, comunidades y similares. Las opiniones aquí expresadas pertenecen exclusivamente a los autores que ocupan los espacios destinados a este fin  y no siempre reflejan la opinión o posición de LA OTRA MITAD DE LAS VERDADES A MEDIAS.

¿Por qué soy paramilitar?

Por: ÁLVARO URIBE VÉLEZ | Publicado: septiembre 9, 2013 

El Gobierno que presidí combatió al paramilitarismo, lo desmontó, lo sometió a la Justicia y a la Reparación de Víctimas, llevó a muchos de sus integrantes a la cárcel y extraditó cabecillas.
La Corte Constitucional declaró exequible la norma de las Convivir. Acudí a la audiencia y defendí la validez de la norma.
1. ¿Soy paramilitar por haber sido amigo de Pedro Juan Moreno?
2. ¿Soy paramilitar por haber promovido las Convivir?
3. ¿Soy paramilitar por ser amigo del General Rito Alejo del Rio?
4. ¿Soy paramilitar porque militaricé la Comuna 13 de Medellín, bajo la dirección de los Generales Mario Montoya y Leonardo Gallego, con el fin de derrotar la dictadura de los violentos, enseñoreada de la ciudad?
5. ¿Soy paramilitar por haber negociado la ley de Justicia, Paz y Reparación con los paramilitares?
6. ¿Soy paramilitar por haber permitido la masacre del Aro durante mi período de Gobernador?
7. ¿Soy paramilitar por el General Santoyo, Jorge Noguera, María del Pilar Hurtado?
El Gobierno que presidí combatió al paramilitarismo, lo desmontó, lo sometió a la Justicia y a la Reparación de Víctimas, llevó a muchos de sus integrantes a la cárcel y extraditó cabecillas.
1. ¿Soy paramilitar por haber sido amigo de Pedro Juan Moreno?
Pedro Juan Moreno era miembro de una familia empresarial y honorable, respetada por años en Antioquia. Lo nombré Secretario de Gobierno en representación del grupo Conservador de Álvaro Villegas Moreno, que apoyó mi candidatura a la Gobernación de Antioquia. Como a la casi totalidad de quienes han sido colaboradores en mi carrera pública le tuve todo el afecto y la estima. Terminado el período de la Gobernación tuvo un enfrentamiento con la policía, cuyos términos no compartí, por una acusación falaz a la firma de su padre, Gilberto Moreno Peláez, fundada 35 años antes. Por ese enfrentamiento no pude considerarlo para ser Ministro de Defensa. Tampoco acepté su propuesta de tener una oficina de inteligencia en la Presidencia. Declinó un ofrecimiento como Embajador. Hizo muchas críticas al Gobierno que no alteraron mi afecto. Era totalmente firme en materia de orden público, cercano de corazón a las Fuerzas Armadas, oficial de la Reserva. Nunca manifestó cercanía con el paramilitarismo. Murió en 2006 en un accidente aéreo, en plena campaña al Senado por el Partido Conservador. Para mi dolor no ha faltado la sugerencia de que el Gobierno causó el accidente fatal. Con la cobardía de los delincuentes se ha acusado a Pedro Juan Moreno de ser promotor del paramilitarismo, acusación que apareció después de su muerte. ¿Por qué no lo hicieron en vida para que enfrentaran el vigor de su carácter?
El Gobierno que presidí combatió al paramilitarismo, lo desmontó, lo sometió a la Justicia y a la Reparación de Víctimas, llevó a muchos de sus integrantes a la cárcel y extraditó cabecillas.
2. ¿Soy paramilitar por haber promovido las Convivir?
Esta figura de organización privada de seguridad fue creada por una ley de 1994 y reglamentada por el Gobierno Nacional. Como Gobernador de Antioquia la apoyé y la promoví porque creo en la colaboración ciudadana con la Fuerza Pública. Esta colaboración construye confianza institucional en los ciudadanos, evita su postración ante el crimen o que busquen salidas contrarias a la ley. También la colaboración del ciudadano, al poner sus ojos en la Fuerza Pública, obliga a sus integrantes a ser más eficaces y a proceder con transparencia. El principio Constitucional de la solidaridad lo he entendido, además, como la obligación de cada persona de colaborar con las instituciones, en busca de los fines superiores del Estado, en este caso, la seguridad. Como Presidente promoví que cuatro millones de ciudadanos, sin armas, con comunicaciones, fueran cooperantes o informantes de la Fuerza Pública y de la Justicia.
Colombia tuvo casi 700 organizaciones Convivir, a partir de 1994, mucho después del nacimiento del paramilitarismo, en Antioquia aprobamos alrededor de 67. El Gobierno Departamental reconocía la personería jurídica pero la licencia operativa y la supervisión correspondían a la Superintendencia de Vigilancia del Gobierno Nacional. Revocamos la personería jurídica en dos casos por comprobadas irregularidades. Durante el ejercicio presidencial, un paramilitar desmovilizado, hasta entonces desconocido, apareció como integrante de una de las Convivir de Antioquia, caso que reconocí ante la opinión ciudadana.
La Corte Constitucional declaró exequible la norma de las Convivir. Acudí a la audiencia y defendí la validez de la norma. No estuve de acuerdo con la tesis del fallo que se basaba en el derecho a la defensa y no en el principio de solidaridad. El desacertado salvamento de voto simplemente las asociaba con criminales.
Entre el final del período de Gobernador, Enero 2 de 1998, y el inicio de la Presidencia, Agosto 7 de 2002, nada tuve que ver con tareas del Estado, ni con el orden público, ni con las Convivir, que fueron suspendidas por la administración Pastrana. Mi familia nunca participó en la Convivir que supuestamente actuaba en el área de la Hacienda Guacharacas, que fue destruida por la guerrilla después del asesinato de mi padre, años antes, también por la guerrilla, lo que obligó a mi familia a abandonarla y a mal venderla.
El Gobierno que presidí combatió al paramilitarismo, lo desmontó, lo sometió a la Justicia y a la Reparación de Víctimas, llevó a muchos de sus integrantes a la cárcel y extraditó cabecillas.
3. ¿Soy paramilitar por ser amigo del General Rito Alejo del Rio?
Conocí al General del Rio cuando el Ministerio de Defensa lo nombró Comandante de la Brigada de Urabá. Sucedió en el cargo al General Víctor Álvarez. A ambos se les dio apoyo desde el Gobierno Departamental, y se les pedía restablecer la seguridad. Se hizo lo mismo con los varios comandantes de la Brigada de Medellín, de Puerto Berrio, con sus Comandantes de División, establecidos entonces en Santa Marta y Bucaramanga, con los Comandantes de Policía como Metropolitana, Antioquia, y otras, con jurisdicción en municipios antioqueños, como Chocó y Córdoba. Además con el Comando de la Fuerza Aérea de Aeropuerto José María Córdoba.
Casi a diario realizábamos Consejos de Seguridad, participaban los Comandantes Regionales de las Fuerzas Militares y de Policía, la Fiscalía, jueces, la Procuraduría, la Defensoría, el Comisionado de Paz, alcaldes, representantes de comunidades afectadas por la violencia. Eran públicos. Se rotaban en municipios. Era nuestra manera de contribuir a restablecer la seguridad.
Ya de ex Gobernador recibí dos llamadas del Comandante de la Cuarta Brigada, General Herrera Berbel. En una me invitó a una reunión con varios ciudadanos, nos explicó el avance del proceso de paz con el ELN. Salí descorazonado porque el orden público empeoraba. En otra me pidió que me pronunciara para ayudar a doce generales cuya destitución había ordenado el Gobierno Nacional. Y esto condujo a mi posterior participación, como uno de los oradores, en el Hotel Tequendama, en homenaje de desagravio a los Generales Del Rio y Millán. En ese discurso recordé nuestra tarea social en Urabá, que tuvo un gran avance educativo gracias a la articulación con el Obispo Isaías Duarte, asesinado años después en Cali. En ese discurso, como los otros oradores, recordé nuestro compromiso exclusivo con la institucionalidad y el rechazo a criminales de toda pelambre.
Tengo aprecio por los integrantes de las Fuerzas Armadas, por el General del Rio, siento solidaridad por quienes son víctimas de injusticia. Creo que debe buscarse una salida Constitucional diferente a la oferta ominosa y humillante del Gobierno Santos de extender a los militares y policías los beneficios de impunidad que se ofrecen a los terroristas. Discrepo radicalmente de las decisiones del actual Gobierno de nivelar a los miembros de las Fuerzas Armadas con los terroristas, que valida la acción de asesinar a un soldado como válida ha sido la de dar de baja a un terrorista. Doctrina que ha sido una perversa contribución a que algunos administradores de justicia traten al uniformado como al terrorista, o incluso, peor. O que confundan la responsabilidad con el orden público con la promoción del paramilitarismo.
Como Gobernador y como Presidente interactué en innumerables ocasiones con miembros de las Fuerzas Armadas. Ninguno de ellos puede afirmar que recibió insinuación indebida en mi comportamiento o en mi palabra. Lo mismo reitero de los centenares de escoltas, siempre del Estado, nunca particulares, que me prestan seguridad desde mediados de 1988.
El Gobierno que presidí combatió al paramilitarismo, lo desmontó, lo sometió a la Justicia y a la Reparación de Víctimas, llevó a muchos de sus integrantes a la cárcel y extraditó cabecillas.
4. ¿Soy paramilitar porque militaricé la Comuna 13 de Medellín, bajo la dirección de los Generales Mario Montoya y Leonardo Gallego, con el fin de derrotar la dictadura de los violentos, enseñoreada de la ciudad?
A los pocos días de empezar el ejercicio presidencia, concluí que el inmenso avance de los grupos terroristas les había permitido pasar de ser delincuentes de ocasión y en movimiento, a tomar posiciones de sometimiento institucional y de dominio ciudadano, y en muchas sitios de la geografía. Recibí una llamada de un viejo dirigente político, estaba en sollozos, su nietecita había sido asesinada la noche anterior cuando se encontraba en el balcón de su casa, por una bala de aquellas que se cruzaban en todo momento los grupos delincuenciales. Eran 350 mil habitantes de la Comuna 13 de Medellín esclavizados por el terrorismo.
Militarizamos la Comuna 13, entre los muchos hallazgos se encontró a una persona secuestrada que llevaba dos semanas de pie al interior de un escaparate.
El Gobierno Nacional anterior había designado a los Generales Mario Montoya y Leonardo Gallego como comandantes de la Cuarta Brigada y de la Policía Metropolitana, respectivamente. En poco tiempo, antes de mi arribo al Gobierno, ambos se ganaron el respeto de los ciudadanos de bien de la ciudad. En la hoja de vida del General Montoya obraba su cargo anterior como Comandante de una Brigada anti narcotráfico del sur del País. Era depositario de toda la confianza institucional, la misma que yo le tuve. No conozco el recorrido anterior del General Gallego, pero también era un oficial destacado, generador de plena confianza.
Liberar a la Comuna 13 de Medellín del azote criminal fue una de nuestras primeras victorias parciales, que empezaban a construir fe en la posibilidad de construir un País seguro. Fue una operación eficaz y transparente que ahora los delincuentes pretenden mancillar.
Nuestra consigna fue una: enfrentar a todos los grupos terroristas por igual. Nunca albergamos la opción facilista de aliar al Estado con un sector criminal para acelerar la derrota del otro.
El Gobierno que presidí combatió al paramilitarismo, lo desmontó, lo sometió a la Justicia y a la Reparación de Víctimas, llevó a muchos de sus integrantes a la cárcel y extraditó cabecillas.
5. ¿Soy paramilitar por haber negociado la ley de Justicia, Paz y Reparación con los paramilitares?
“Habrá diálogo de paz con los criminales que acepten suspender unilateralmente las acciones delictivas como condición inicial”, afirmé repetidamente, como candidato y Presidente. También expresé que “un acuerdo humanitario para liberar secuestrados tenía dos inamovibles: que aquellos que salieran de la cárcel debían renunciar al grupo terrorista, e irse al extranjero, probablemente bajo la vigilancia de Francia o vincularse al proceso de reinserción bajo la tutoría de la Iglesia”.
No hubo avances con el ELN, en un proceso en Cuba, cuyos cimientos encontramos, porque la organización criminal no aceptó el cese unilateral y verificable de actividades criminales.
Los paramilitares dijeron, a través de la Iglesia, que aceptaban la condición. Se empezó el diálogo con Luis Carlos Restrepo, colombiano sobresaliente, hoy en el exterior para evadir una persecución que no encuentra calificativo. Nadie mejor que quienes representaban a la Iglesia pueden dar fe de cómo fue ese diálogo. El proyecto de Ley, el primero que introdujo la reparación a las víctimas, lo discutí exclusivamente o con el doctor Restrepo o con ministros y los parlamentarios competentes, en reuniones amplias, en el Salón Bolívar de la Casa de Nariño. Se introdujo la disminución de las penas privativas de libertad, pero nunca impunidad. Ni alteramos, ni pretendimos modificar las restricciones a la elegibilidad política de personas condenadas, que había introducido la Constitución de 1991, como ahora ha ocurrido, para mal del País, con el Marco para la Paz.
Nunca se negoció el texto legal con paramilitares, ni directamente ni por intermediarios.
Nunca he tenido reuniones con paramilitares. Tengo a varios denunciados por calumnia y hay uno en juicio. Por el rescate institucional de Colombia los combatí con la misma severidad que a la guerrilla y no vacilé en extraditar a algunos cuando hubo que hacerlo, siempre por razones superiores de interés público.
Caracol ha dicho que no tiene videos y grabaciones muy importantes: la parte de la primera entrevista televisada de Carlos Castaño, en ella dijo no conocerme y nunca apoyarme porque me consideraban guerrerista; la entrevista radial que al día siguiente me hizo esa cadena; la información radial, recién concluido mi segundo Gobierno, según la cual el Gobierno asignaba a la “mano negra” la autoría del carro bomba contra Caracol Radio, y anunciaban que una hipótesis apuntaba a extremistas amigos del ex Presidente Uribe para desestabilizar al Gobierno Santos; y la entrevista de un cabecilla que afirmó, desde el exterior, haber tenido reuniones conmigo, y que no concretó. En la denuncia penal solicité esa prueba, pero no ha aparecido.
El Gobierno que presidí combatió al paramilitarismo, lo desmontó, lo sometió a la Justicia y a la Reparación de Víctimas, llevó a muchos de sus integrantes a la cárcel y extraditó cabecillas.
6. ¿Soy paramilitar por haber permitido la masacre del Aro durante mi período de Gobernador?
Me preocupé más por la seguridad de lo que correspondía a la costumbre en el cargo de Gobernador. El CTI de la Fiscalía rectificó en detalle la infame acusación de que en compañía de mi hermano, y de Generales de renombre, uno fallecido meses antes, había ido al paraje La Caucana, a preparar la masacre del Aro. Y ahora me acusan de haber sido informado previamente y de no haber actuado. No entiendo qué prueba tienen. No entiendo cómo un administrador de justicia le da peso a una especie contraria a mi temperamento y manera de actuar. De haberlo sabido habría reaccionado con la misma prontitud con que lo he hecho en la vida pública. Cómo así que vale más la infamia que mi proceder que ha sido notorio!
7. ¿Soy paramilitar por el General Santoyo, Jorge Noguera, María del Pilar Hurtado?
El entonces Mayor Santoyo era Comandante del Gaula de Antioquia, organismo anti secuestro. Lo era por designación de competencia exclusiva del orden Nacional, que jamás interferí ni con la más mínima intriga. No lo conocía y realizó una excelente labor. El administrador de justicia debería conocer la realidad y las jerarquías: el Mayor Santoyo, Comandante del Gaula, estaba al servicio de la policía, no de la Gobernación de Antioquia. Sobre el tema he hablado en muchas ocasiones y remito a este link de mi página de internet.
http://primerocolombia.com/galerias/interna/1114
También sobre Jorge Noguera he hablado en muchas oportunidades. Él y su señora son provenientes de familias con rectitud de Santa Marta y Cúcuta. En mi opinión fue ostentoso en el DAS pero nunca criminal. Respeto pero no comparto la sentencia que lo vincula al asesinato del Profesor Correa D’Andreis en Barranquilla. Qué dolor que purgue esa injusta condena.
María del Pilar Hurtado llegó a mi Gobierno con antecedentes transparentes en administraciones anteriores. Por sugerencia de Andrés Peñate, probo director del DAS, la nombré en su remplazo. Venía desempeñándose como Secretaria General de la Entidad. Esta señora, honorable, es víctima de las influencias que de vieja data habían tejido en el Das grupos criminales.
El Gobierno que presidí combatió al paramilitarismo, lo desmontó, lo sometió a la Justicia y a la Reparación de Víctimas, llevó a muchos de sus integrantes a la cárcel y extraditó cabecillas.
Twitter: @AlvaroUribeVel
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Uribe en la gallera


 OPINIÓN| Por: MARIA ISABEL RUEDA | Publicado: febrero. 24, 2013 
No sé qué decisión tomará Álvaro Uribe. Lo único seguro es que, si resuelve encabezar una lista al Senado y entrar de lleno a la gallera, la política en Colombia se pondrá más enredada, pero más emocionante que nunca.
No pudo endosarles su carisma a sus candidatos a gobernador de Antioquia ni a la alcaldía de Medellín o Bogotá. Por lo tanto, para que esa eventual lista no sea un fracaso estruendoso, Uribe tiene que encabezarla.
El gran enigma político del momento es si Álvaro Uribe encabezará lista para el Congreso. ¿Debemos entender que sí, cuando dice cosas crípticas como que “no nos podemos retirar de la gallera mientras tengamos una gotica de energía”?
Vamos al grano. No pudo endosarles su carisma a sus candidatos a gobernador de Antioquia ni a la alcaldía de Medellín o Bogotá. Por lo tanto, para que esa eventual lista no sea un fracaso estruendoso, Uribe tiene que encabezarla. A los congresistas que podrían ponerle votos y que aún se le mantienen fieles, la ley del transfuguismo les frenó toda posibilidad de dejar ‘la U’ y trastearse para allá. Por lo tanto, le tocaría integrar su lista con varias “Palomas Valencias” o próceres sin ningún voto, a los que arrastrarían los votos de Uribe a prestar este “nuevo servicio a la patria”.
¿Cuántos senadores sacaría Uribe? Se abren las apuestas. Los más realistas dicen que entre 10 y 12. Los uribistas hablan de 30, sobre la base de que con un millón de votos se elige a 9 senadores. Ellos calculan que no más en Bogotá Uribe pondría 400.000 y en Antioquia, el doble de eso. Esos votos son posibles. Pero exageran en su optimismo, si se considera que habrá mil candidatos al Senado y cada uno le quitará votos a Uribe. También es cierto que con que este rasguñe otros 300.000 votos de opinión en provincia sacaría 12 o 13 senadores.
No hay que menospreciarlo. Con ese número, Álvaro Uribe se convertiría en un dolor de cabeza para el gobierno reelecto de Santos. ¿Se imaginan el susto de un ministro citado por el “senador Uribe” a un debate? ¿Al Ministro de Transporte para cuestionarlo por el atraso del tramo Cuatro Vientos-Codazzi? ¿Al de Defensa por el asesinato de un cabo en el camino a Sumapaz? ¿Al de Salud por la demora de las citas con los médicos especialistas? ¿Al de la Aeronáutica porque están sucios los baños del aeropuerto? Si algo tiene Uribe es que sabe mucho de muchas cosas del Estado. Y, frente a la ignorancia promedio del Congreso, resultaría una estrella muy brillante.
Pero también supongo que debe de estar dudando, por el enorme costo personal que pagaría. Le implicaría devolverse 30 años en su carrera política a sentarse en el Capitolio todos los días bajo el foco de los medios, que estarán pendientes de si faltó, de si se fue temprano o se aguantó oyendo bobadas hasta la medianoche, de si presentó ponencia o está colgado, de si chateó o estuvo concentrado; someterse a que congresistas como Iván Cepeda o algún primíparo que lo deteste lo cojan de sparring y lo enciendan a debates, obligándolo a frenar su carácter volátil y explosivo. Económicamente tendría que renunciar a los honorarios que le reportan las juntas directivas de las que es miembro y sus conferencias internacionales, con lo que mejora algo su modesta pensión de expresidente. Y con cualquiera de sus actuaciones se pondría en manos de la Corte Suprema: no es lo mismo la inmunidad presidencial protegida por una inoperante Comisión de Acusaciones de la Cámara, que un fuero parlamentario de única instancia a cargo de una Corte capaz de ser tremendamente antiuribista.
Una ventaja adicional es que tendría en el Congreso su propia tribuna donde hacer oposición, hoy ejercida a punta de efímeros tuits, y le quitaría ese espacio a la izquierda. Pero otra desventaja sería que, como abuelo novel que es, a Uribe le resulta más agradable pasar horas felices con su nieto que cuatro años oyendo el sonajero de puestos de Roy Barreras.
No sé qué decisión tomará Álvaro Uribe. Lo único seguro es que, si resuelve encabezar una lista al Senado y entrar de lleno a la gallera, la política en Colombia se pondrá más enredada, pero más emocionante que nunca.
Cuando el río suena… ¿Qué necesidad tenía la Corte de La Haya, supuestamente inventada para solución pacífica de diferendos, de dejar revolcadas al nivel de conflicto limítrofe las relaciones entre Colombia y Nicaragua?

María Isabel Rueda
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¿Para qué Uribe en el Senado?

  La Claridad | Por: PALOMA VALENCIA LASERNA  | Publicado: feb.9, 2013 
Uribe fue elegido con dos mandatos: por una parte restablecer la seguridad de los ciudadanos y por otra acabar con la politiquería.
La posibilidad de que Uribe vaya al Senado,  le abre la oportunidad de defender desde el Legislativo sus logros y le otorga la posibilidad de darle a Colombia la reforma política que añora.
Uribe fue elegido con dos mandatos: por una parte restablecer la seguridad de los ciudadanos y por otra acabar con la politiquería.
La descomposición del conflicto le imponía al Estado la obligación de actuar: los otrora insurgentes se convirtieron en los herederos de Pablo Escobar. Empezaron a usar los cultivos y las rutas; y también los mecanismos terroristas y corruptores que caracterizan a los carteles. Las Farc eran entonces, como son hoy, el mayor cartel de cocaína del mundo. Colombia venía esforzándose por derrotar el narcotráfico; fueron inmolados muchos colombianos, que aún nos duelen como Galán y Lara Bonilla. Consideraban, entonces, que no podíamos ceder ante el poder corruptor y terrorista del narcotráfico. Uribe tenía el mandado de recuperar a través de la Fuerza Pública el control del territorio. En aquel entonces era dudoso que pudiera hacerse; todavía nos sentíamos vencidos y arrinconados por la violencia y el narcotráfico.
La seguridad democrática demostró que los esfuerzos por recobrar la presencia del Estado sobre el territorio nacional, favorecían la seguridad de los colombianos. En eso Uribe cumplió y cambió la manera como se entendía hasta entonces la función del Estado frente a los violentos.
Esa gesta parece ahora descomponerse ante nuestros ojos, los mafiosos de las Farc ahora hablan de legalizar algunos cultivos y de participar en política. ¿Por qué no tranzamos con Pablo Escobar, o con los Rodríguez Orejuela? Muchas muertes y violencia nos habríamos evitado. ¿O es que la cocaína envuelta en hojas de ‘El Capital’ de Marx se purifica?
Cumplió Uribe con el legado de los mártires de la democracia colombiana, y con la exigencia de quienes consideramos que hay principios que no se negocian: el crimen debe ser castigado: así lo establece la ley de Colombia y del mundo.
La otra faceta de la elección de Uribe mostraba un deseo que sigue presente entre los colombianos; el fin de la politiquería. El presidente Uribe fue elegido por la inmensa mayoría, sin ayuda de los partidos ni de los políticos; estos llegaron a última hora y se subieron al gobierno. Uribe los dejó gobernar a su lado con los resultados que ya conocemos.
La posibilidad de que Uribe vaya al Senado, le abre al expresidente la oportunidad de defender desde el Legislativo sus logros en seguridad y su lucha contra el crimen. Además, y sobre todo, le otorga la posibilidad de reformar el Congreso y darle a Colombia la reforma política que añora.
El presidente Uribe representaba y sigue representado la esperanza de que el Estado sea capaz de actuar: que esté del lado de quienes cumplen la ley y haga que quienes la infringen vayan a la cárcel. Es ahora, como antes, la esperanza de que la política se transforme y hacer las reformas legales que requiere la nación.
El sólo anuncio de que Uribe regresa a la política, empezó a producir buenos efectos. Los partidos están buscando mejores candidatos. Y los vicios clientelistas han alejado de Uribe a esos políticos que sólo son afectos al poder. Se trata de personajes que no tienen ideología, que limitan su labor parlamentaria a burdas transacciones con el Ejecutivo que les permitan reelegirse. Esa es una ventaja de no tener poder, se depuran los aliados. El presidente Uribe no estará con los políticos, como no estuvo en sus elecciones; y no le hará falta porque tiene el respaldo de los colombianos.
Le quedarán todos esos viciosos políticos a la Unidad Nacional; y los colombianos podremos decidir en las urnas derrotarlos.

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